
Empecé a escribir porque había cosas que necesitaba contar. Porque siempre he encontrado en las palabras una manera de acercarme a los demás, de mostrar cómo veo el mundo y, seguramente, de entender un poco mejor lo que ocurre dentro de mí. No tenía grandes pretensiones. Quería escribir sobre aquello que me emocionaba, que me incomodaba, que me hacía pensar o que, sencillamente, no conseguía quitarme de la cabeza. Y hacerlo con la libertad de no tener que demostrar nada a nadie.
Desde entonces han pasado muchas cosas. He vivido, he conocido a personas extraordinarias, me he equivocado, he aprendido algunas cosas y he tenido que cuestionarme otras que creía tener bastante claras. También he descubierto que escribir sobre los demás acaba siendo, inevitablemente, una manera de escribir sobre uno mismo. Porque en muchas de las historias que cuento hay algo de mí, incluso cuando parece que estoy hablando de otra persona.
Soy psicólogo y llevo muchos años escuchando historias que difícilmente pueden dejarte indiferente. Historias de miedo, de amor, de pérdidas, de contradicciones, de personas que intentan entenderse y que, en ocasiones, simplemente necesitan que alguien las escuche sin juzgarlas. Mi profesión forma parte de mi manera de mirar la vida, pero este blog no pretende ser un manual de psicología ni un lugar donde encontrar respuestas para todo. Aquí también escribe el hombre que hay detrás del psicólogo. El que tiene dudas, el que se emociona, el que se equivoca, el que recuerda, el que quiere y el que sigue intentando comprender muchas cosas.
Siempre he procurado respetar una única regla: no escribir por escribir. No publicar algo simplemente porque toca hacerlo o porque pueda gustar. Necesito reconocerme en cada texto, incluso cuando lo que encuentro no me resulta especialmente cómodo. Por eso muchas de estas publicaciones nacen de manera espontánea, sin demasiadas correcciones y sin intentar disimular aquello que las ha provocado. No busco escribir de una manera perfecta. Prefiero escribir de una manera que sienta mía.
Con el tiempo, este blog ha ido creciendo hasta convertirse en algo que nunca imaginé. De muchas de estas reflexiones, experiencias y emociones han nacido cuatro libros: …de García a Insua…, Making Off, Antes de que vuelva la luz y Cuando se vaya el último. Cuatro maneras distintas de acercarme a la escritura, de explorar aquello que me preocupa y de compartir una parte de quien soy. Todos están disponibles en Amazon, aunque me gusta pensar que su verdadero recorrido empieza cuando alguien los abre y encuentra en sus páginas algo que también le pertenece.
Y sigo escribiendo aquí. Porque publicar libros no ha cambiado lo que me llevó a abrir este espacio. Continúo necesitando sentarme delante de una página en blanco cuando algo me remueve lo suficiente como para querer compartirlo. Algunas veces será una conversación, otras un recuerdo, una experiencia personal, una historia que alguien me ha confiado o una reflexión que llevaba demasiado tiempo esperando encontrar sus palabras. Siempre desde el respeto a las personas que forman parte de esas historias y desde la conciencia de que no todo lo que vivimos necesita una explicación ni todo lo que nos duele acaba convirtiéndose en una enseñanza.
Durante mucho tiempo pensé que escribía para que los demás pudieran conocerme. Hoy creo que también escribo porque hay partes de mí que solo consigo conocer cuando las pongo por escrito. Y porque, de vez en cuando, alguien me cuenta que se ha reconocido en algo que he publicado. Que ha sentido algo parecido. Que una historia le ha hecho recordar a alguien. Es entonces cuando entiendo que aquello que comenzó siendo tan personal ha dejado de pertenecerme por completo.
Aquí encontrarás trocitos de mi vida, de mi profesión y de las personas que, de una manera u otra, han formado parte de mi camino. Algunas historias serán bonitas. Otras no tanto. Porque la vida tampoco lo es siempre y no tengo ninguna intención de presentarla de otra manera.
Hace años escribí que, de todas las formas que existen de conocerme, leerme posiblemente fuera la más tierna de ellas.
Sigo pensando lo mismo.
Bienvenido. Nos vemos en el camino.