
No he podido apagar la música y escuchar la conversación.
El padre debe tener mi edad y el niño poco más que mis hijos.
– … pues si lo vuelven a hacer tú haces lo mismo! Así lo entenderán
– Papá, no lo entiendes
– Tú tienes que hacer como ellos, las cosas funcionan así y tienes que aprenderlo
El niño estaba compungido en el asiento, frustrado y negando la mirada al padre, que no acaba de “leer” a su hijo…
– Hijo, esos niños son así y no cambiarán y si quieres que no lo hagan más
– No me escuchas papá…
– Sí te escucho pero es que tu padre ya tiene muchos tiros pegados -insistía cortándole
– No sé qué tiros has hecho pero no me escuchas!
– Qué no he escuchado?
– No lloro porque me decían cosas, lloro porque no quiero ser como ellos y decir esas cosas yo. Me dices lo que harías tú pero tú no estás ahí y cuando me ves así no ves, no me escuchas!
El padre se ha quedado sin saber qué decir. Podría imaginarme que tenía ganas de abrazarlo pero no lo ha hecho. Sentía que el niño necesitaba ese tacto y contacto de su padre pero no lo ha recibido. El padre escuchaba para responder, el niño escuchaba para crecer.
Me he sentido incómodo observándolo y he vuelto a escuchar música… Someone you loved de Lewis Capaldi… y pensaba en las veces que un niño o un adolescente expresan esos sentimientos en sesión, las veces que no encuentran esa escucha, las veces que me siento con padres y les oriento en no centrarse en resolver sino en escuchar… y pensaba en todas las veces que tras esas sesiones me pregunto si yo hago bien eso que explico y si yo no habré sabido dárselo a mis hijos.
He pensado en los padres que llegan nerviosos, desorientados y dolidos con las palabras que sus hijos “les han dedicado” y no saben entender cómo han sido capaces de pronunciar y no darse cuenta del daño que llegan a hacer, heridos en lo más profundo cuando sus hijos les enfrentan. Y También pensaba en el padre que miraba porque en su expresión había angustia y no saber. Me pongo en su lugar y puedo sentir frustración por no poder eliminar con una varita mágica los problemas que un día pueda tener uno de mis hijos, porque me duelen y me duele verlos afectados, hasta perder objetividad y distancia y no saber tener la paciencia para estar y dejar que lo resuelvan solos, cuando inconscientemente estoy seguro que lo sabrán hacer infinitamente mejor que yo a su edad.
Nos equivocamos porque cuando esto sucede queremos escuchar desde el pasado. Ese pasado de miedo que solo nosotros entendemos y que ha conectado al ver a nuestro hijo. El pasado nunca ha sido bueno escuchando, tiene a hacerse el sordo y a alimentar nuestra inseguridades y hacernos bajar la cabeza, para no ver. Y ese niño hablaba desde el presente, el suyo y tan distinto del pasado de su padre.
Los niños no necesitan aprender a escuchar, lo hacen de forma natural, con los ojos abiertos, deseosos de entender, sin limitaciones… y a menudo queremos protegerlos tanto que les dejamos de escuchar, les ponemos tapones y buscamos donde conectar el pen-drive con nuestros «aprendizajes de la vida»… los nuestros claro, no los suyos…
Y los adultos no queremos aprender a ser meros acompañantes, queremos aparentar que eso es poco y nos empeñamos en querer que quemen etapas y aprendan rápido para que no tengan que pasar por lo que nosotros hemos pasado. Cuando en realidad nadie asegura que eso suceda, que tenga que ser así pero lo justificamos en nuestro supuesto conocimiento del mundo y de la vida, que siempre ha sido absolutamente limitado porque nuestra vida no puede ser la suya.
He salido del metro con esa escena en la cabeza y pensando que escuchar a niños y adultos nos acerca y alimenta relaciones de confianza y compplicidad. Escuchando y siendo escuchados nos sentimos respetados, valorados y aprendemos a hacerlo con quienes nos rodean. Cuántas de las personas que estábamos en el vagón habían pensado algo de todo esto al ver la escena? Cuántos estarán ahora divagando como lo hago yo? Cómo le irá mañana a ese niño?
Bien, seguro que bien. A un niño que sabe escuchar y hacerse escuchar siempre le irá bien. Sigue creciendo y escuchando… y te escucharán. Conmigo ya lo has conseguido.

Jorge Juan Garcia Insua
“No esperes a que te toque el turno de hablar: escucha de veras y serás diferente.” – Charles Chaplin