Hoy tras una sesión he tenido ganas de gritar, de decir algo alto y fuerte. No por mí o sí, también, pero sobretodo por ella.
No nos engañemos.
No perdonar no te hace una mala persona, no todo debe ser perdonado, menos aún olvidado.
Sí, sí tienes derecho a no perdonar y derecho a que no te juzguen por eso.
Y eso no significa que vivirás odiando el resto de la vida, eso es una falacia que nos limita además de hacernos daño, pero tampoco es sano ni justificable emocionalmente forzarse a perdonar algo que dolió.
Nos han vendido que sanar supone perdonar y no. No necesariamente es así y lo he visto en decenas y decenas de pacientes que han sanado aceptando que hay algo en sus vidas que no perdonarán nunca. Bien, está bien así porque el perdón impuesto no sana, solo maquilla. Y el mundo ya está lleno de demasiadas personas con maquillaje.
Y no siempre libera, en ocasiones solo silencia. Y lo que se silencia, tarde o temprano, encuentra otra forma de gritar.
Hay heridas que necesitan tiempo, otras necesitan distancia, y algunas simplemente necesitan ser reconocidas sin presión, sin discursos moralistas y sin frases hechas de algún “coach barato”.
No perdonar también puede ser un acto de amor propio. Puede ser un límite. Puede ser la forma en que tu dignidad se pone de pie y dice: “hasta aquí”.
El perdón no puede ser una exigencia externa ni una “medalla moral”. Cuando se convierte en obligación, pierde su sentido y se transforma en otra forma de violencia silenciosa, una que invalida lo que sentimos.
A veces no perdonar es simplemente reconocer que algo cruzó un límite. Y los límites no se negocian para quedar bien. Se honran para poder seguir enteros a pesar del dolor.
Y también digamos claro que no perdonar no significa quedarse atrapado en el rencor. Significa aceptar que todavía hay una herida abierta, o que tal vez ya cerró, pero dejó cicatriz. Y las cicatrices no se borran por decreto, se integran. Se llevan.
El tiempo no siempre convierte el dolor en perdón. A veces lo convierte en aprendizaje, distancia o quizás en claridad.
Perdonar no es una obligación espiritual ni una prueba de madurez. Es una decisión íntima, absolutamente personal y desde la conciencia. Y como toda decisión íntima, requiere verdad, no imposición.
Algunos pacientes me han enseñado que la verdadera paz no llega cuando perdonas, sino cuando dejas de exigirte hacerlo.
Cuando aceptas que lo que pasó te marcó. Que dolió. Que cambió cosas y tal vez te cambió para no poder volver a ser quien eras.
Y eso no te hace rencoroso. Sí, tal vez… pero sobretodo te hace humano.
Tal vez un día perdone. Tal vez no. Ambas opciones pueden convivir con una vida tranquila, plena y consciente.
Porque sanar no siempre significa absolver, pero siempre significa recordar sin romperte.
Nací y me siento especialmente unido a Badalona y a su mar, tal vez por el origen gallego materno. Soy el mediano de tres hermanos y tuve en mi padre el mejor modelo de vivir según tus valores, el valor de las cosas y el sentido de sacrificarte por aquello que realmente es importante. Amante del deporte, inquieto, intenso, apasionado, observador, con vocación de servicio, con fuerte conciencia social, receptivo, emotivo y me llena ayudar a los demás de forma desinteresada.
Mi vida ha estado marcada por dos experiencias médicas... Un déficit de una proteína relacionada con la coagulación y tres trombosis cuando aún no había llegado a mi mayoría de edad me obligaron a afrontar e intentar superar situaciones poco habituales para un todavía adolescente, así como aceptar aspectos que me acompañaran el resto de mi vida.
Ya superados los 30 me detectaron una Hepatitis C crónica grave que me hizo replantearme mi vida y lo que realmente era importante, cinco años de desgaste físico y emocional donde recorrí un camino de miedos y frustraciones acompañado de tratamientos y efectos secundarios.
Superado todo quise devolver una pequeña parte de lo mucho que había recibido a los demás, y encontré la forma en aquello que me apasiona... las personas.
Psicólogo de formación por la Universitat de Barcelona, Máster en Dirección de Recursos Humanos por Les Heures (UB), Técnico Superior de PRL, Máster en Liderazgo, Inteligencia Emocional y Coaching por EAE Business School, Coach certificado por ICF y actualmente realizando un Máster en Psicología Clínica y de la Salut mientras realizo estudios superiores como padre de mellizos, que son mi principal fuente de aprendizaje.
Mi experiencia vital y mi pasión por la personas y por acompañarlas en la superación de situaciones, problemas y dificultades me ha llevado a estar siempre ligado a la psicoterapia, al voluntariado y a la consultoría organizacional en empresas de todo tipo con especial interés al desarrollo de personas. Actualmente atiendo como Psicólogo y Coach en Consulta Privada en Badalona (y On Line para cualquier punto del planeta), al tiempo que trabajo como Director Técnico para Residencias y Psicólogo para la Fundació Nen Déu.
Mi propósito es acompañar desde mi formación y experiencia de más de 20 años en Psicología y Coaching a personas a enfrentar y solucionar sus problemas, a descubrir y trabajar esas limitaciones que impiden seguir el camino que consideran adecuado y alcanzar los objetivos personales y profesionales que se propongan. Especialmente a aquellas que como yo luchan con enfermedades o con sus efectos y secuelas, así como asesorar y acompañar a familiares y su entorno en la gestión de emociones, sentimientos y miedos.
Si quieres saber más de mi... sólo has de leerme o visitar mi perfil en Instagran, Facebook o LinkedIn.
Bienvenid@s a mi camino.
Jorge
Ver más entradas