La mala (Cap. II)

No lo supo hasta después de dos meses, tal vez un poquito más. Se lo confesó en una cena rápida, rápida para poder volver a casa antes que “en su casa lo echaran de menos”.

Aún no entiende por qué no salió corriendo aquel día. Tal vez porque ya estaba enganchada, tal vez porque le explicó que su matrimonio estaba ya roto y que no podía aguantar más, tal vez porque le dijo que estaba enamorado de ella y eso es todo lo que quería escuchar.

Nunca estaba cuando lo necesitaba y se siente muy sola, está con alguien, siente que está con alguien pero pasa mucho tiempo sola, más del que pasa acompañada.

Se pasa los días mintiendo, solo la mentira puede sostener esa historia que existe a escondidas, siempre a la media luz de promesas que nunca se cumplen. Promesas que se intenta creer y de tanto querer creer y de tanto mentirse se ha perdido. Y perdida se enfada con el mundo y el mundo con ella.

Cuántas veces ha sentido que pierde el tiempo. Lo ha sentido cuando ha anulado una cita en el último momento porque su mujer lo ha reclamado y claro, debía ir corriendo. Lo ha sentido cuando se ha asustado y ha tenido miedo de ser descubierto. Lo ha sentido cuando sencillamente verla era demasiado esfuerzo o la deja horas y horas en espera.

Cuántos días que no vuelven esperando, esperando a alguien que nunca quiere venir y si viene nunca viene del todo. “Por qué? Por qué no salí corriendo?”.

No hay paseos de la mano, no hay cine de domingo por la tarde y cena de sábado por la noche. No se puede, siempre hay un motivo, una excusa. Y ella se resigna a vivir las migajas. “Por qué?”.

Ahora recuerda las conversaciones donde la convencía de tener paciencia, donde conseguía de ella un cheque temporal en blanco para dormir casi siempre sola. Y ahora cuando lo recuerda siente rabia, hacia él y sobretodo hacia ella misma.

Tres años, casi cuatro, mendigando amor. Casi cuatro de no ser prioridad, de auto engañarse soñando momentos que nunca iban a ocurrir, de crear instantes de la nada para no caer en la tristeza más profunda, en un por qué sigo aquí?

Y lo más duro es que ya no puede fingir que no lo ve. Antes, la ilusión lo podía todo. Una historia que se contaba a sí misma para poder quedarse: “está a punto de hacerlo”, “solo necesita un poco más de tiempo”, “lo nuestro es real aunque sea difícil”. Ese discurso la sostenía. Era frágil, pero suficiente.

Ahora no. Ahora el día a día duele. Porque cuando acaba el día y se tumba sola en la cama su mente repasa todo y no hay épica romántica, no hay amor imposible digno de sacrificio. Hay esperas, silencios, mensajes a deshoras, sexo sin alma y por necesidad… y despedidas apresuradas… y vacíos. 

Viene a la consulta una vida vivida a medias, encajada en los huecos que otro deja libres. Y se acaba durmiendo, cuando duerme, de puro cansancio, agotada y llorando de lo insoportable que le hace darse cuenta que no fue él quien la mantuvo ahí, fue ella.

Ella lo aceptó y hasta, inconscientemente, lo quiso. Una y otra vez. Cada vez que él se excusaba, que le pedía paciencia… ella dijo sí. No porque no lo viera, sino porque no quería perderlo. Tenía miedo a perderlo. Qué llegamos a hacer para no perder…

Miedo a que lo poco que tenía desapareciera. A que la otra ganara. Miedo a quedarse completamente sola. Miedo a admitir que había invertido años en algo que no iba a convertirse en lo que soñaba y sin ser pronunciado con exactitud creía haber sido prometido.

Pero ese miedo ya no pesa igual, porque hoy, y son 3 (casi cuatro) años, hay otro más grande. El miedo a no saber ya qué quiere más allá de ser elegida por él, el miedo a que aunque ahora eso sucediera, ya no… ya no podría ser todo.

Llora pensando en cómo ha ido reduciendo su mundo para que esa “maldita” relación quepa. Llora porque ha normalizado su ausencia. Llora porque se siente la segunda.

Veo a una mujer rota, que todavía necesita la ambivalencia y casi, las recaídas para afianzarse cuando su cabeza le dice “¿y si ahora sí?”, mientras la culpa empieza a ser insoportable y se siente la mala, esa mala que muchos ven en ella, la mala en esta historia triangular

Hoy me ha dicho que seguir no es amor, que el amor no es eso y que esto es abandono a si misma.  Me ha dicho que esto no lo quiere más, que se va, que esta vez se va.

Irse para empezar a quererse.

Jorge Juan García Insua

*”La mala” es continuación de “La segunda”

Publicado por Jorge Juan García Insua

Nací y me siento especialmente unido a Badalona y a su mar, tal vez por el origen gallego materno. Soy el mediano de tres hermanos y tuve en mi padre el mejor modelo de vivir según tus valores, el valor de las cosas y el sentido de sacrificarte por aquello que realmente es importante. Amante del deporte, inquieto, intenso, apasionado, observador, con vocación de servicio, con fuerte conciencia social, receptivo, emotivo y me llena ayudar a los demás de forma desinteresada. Mi vida ha estado marcada por dos experiencias médicas... Un déficit de una proteína relacionada con la coagulación y tres trombosis cuando aún no había llegado a mi mayoría de edad me obligaron a afrontar e intentar superar situaciones poco habituales para un todavía adolescente, así como aceptar aspectos que me acompañaran el resto de mi vida. Ya superados los 30 me detectaron una Hepatitis C crónica grave que me hizo replantearme mi vida y lo que realmente era importante, cinco años de desgaste físico y emocional donde recorrí un camino de miedos y frustraciones acompañado de tratamientos y efectos secundarios. Superado todo quise devolver una pequeña parte de lo mucho que había recibido a los demás, y encontré la forma en aquello que me apasiona... las personas. Psicólogo de formación por la Universitat de Barcelona, Máster en Dirección de Recursos Humanos por Les Heures (UB), Técnico Superior de PRL, Máster en Liderazgo, Inteligencia Emocional y Coaching por EAE Business School, Coach certificado por ICF y actualmente realizando un Máster en Psicología Clínica y de la Salut mientras realizo estudios superiores como padre de mellizos, que son mi principal fuente de aprendizaje. Mi experiencia vital y mi pasión por la personas y por acompañarlas en la superación de situaciones, problemas y dificultades me ha llevado a estar siempre ligado a la psicoterapia, al voluntariado y a la consultoría organizacional en empresas de todo tipo con especial interés al desarrollo de personas. Actualmente atiendo como Psicólogo y Coach en Consulta Privada en Badalona (y On Line para cualquier punto del planeta), al tiempo que trabajo como Director Técnico para Residencias y Psicólogo para la Fundació Nen Déu. Mi propósito es acompañar desde mi formación y experiencia de más de 20 años en Psicología y Coaching a personas a enfrentar y solucionar sus problemas, a descubrir y trabajar esas limitaciones que impiden seguir el camino que consideran adecuado y alcanzar los objetivos personales y profesionales que se propongan. Especialmente a aquellas que como yo luchan con enfermedades o con sus efectos y secuelas, así como asesorar y acompañar a familiares y su entorno en la gestión de emociones, sentimientos y miedos. Si quieres saber más de mi... sólo has de leerme o visitar mi perfil en Instagran, Facebook o LinkedIn. Bienvenid@s a mi camino. Jorge

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