Te miro cuando el mundo se vuelve ruido y, sin decir nada, consigues que todo dentro de mí encuentre calma. Hay algo en tu manera de existir que me abraza incluso cuando estás lejos, y no necesito saber por qué.
Cómo decirle a otros que la calma que ellos creen encontrar en mí la encuentro yo en ti, sin esfuerzo y natural, y no necesito saber cómo lo haces ni necesito saber por qué.
A veces pienso que llegaste a mi vida como llegan las cosas buenas: sin aviso, sin promesas, pero quedándote en cada rincón importante de mi corazón, y no necesito saber por qué.
Me gusta cómo tus ojos hablan incluso cuando callas, cómo tus manos parecen conocer mis miedos antes que mis palabras, y no necesito saber por qué.
Contigo aprendí que el amor no siempre hace ruido, a veces simplemente se sienta a tu lado, te toma el alma despacio y se queda ahí, y no necesito saber por qué.
Si algún día me preguntan qué fue lo que vi en ti, creo que jamás podría explicarlo del todo, porque hay sentimientos que no nacieron para entenderse sino para sentirse… y no necesito saber por qué.

Llegaste y todo se hizo distinto. Algo así como si los días más cotidianos escondieran algo bonito solo porque tú existes dentro de ellos. A veces me descubro sonriendo sin razón aparente, recordando una palabra tuya, una mirada, algo pequeño que ya se volvió parte de mí… y no necesito saber por qué.
Me gusta observarte cuando no te das cuenta. Cuando hablas con emoción de algo que amas, cuando te ríes de verdad, cuando te quedas en silencio pensando demasiado. Hay una magia tranquila en cada detalle tuyo, algo que me hace sentir en casa incluso en medio del caos… y no necesito saber por qué.
Antes de ti creía que el amor tenía que ser perfecto para ser real, y escribía sobre eso, pero contigo entendí que el verdadero amor vive en lo cotidiano: en preguntar si ya comiste, en esperar un mensaje, en abrazarte un poco más fuerte cuando el día fue difícil. Contigo aprendí que amar también es cuidar, quedarse y elegir todos los días… y no necesito saber por qué.
Hay noches en las que pienso en todo lo que hemos vivido y me parece increíble que dos caminos tan distintos hayan terminado encontrándose. Entre millones de personas, la vida decidió cruzarme contigo y convertirte en mi lugar favorito del mundo… y no necesito saber por qué.
Tu voz tiene la extraña capacidad de silenciar mis pensamientos más oscuros. Tus palabras llegan donde nadie más sabe llegar. Incluso cuando estoy roto, cansado o perdido, basta un poco de ti para sentir que todo puede mejorar… y no necesito saber por qué.
A veces tengo miedo del tiempo, de lo rápido que pasan los días, de lo mucho que cambia la vida. Pero hay personas que se sienten eternas incluso en lo frágil, y tú eres una de ellas… y no necesito saber por qué.
No sé si alguna vez lograré explicarte todo lo que provocas en mí. Cómo haces que salga lo mejor de mí, sin pedírmelo y de mil maneras que ni siquiera entiendo… y no necesito saber por qué.
Quizás el amor verdadero se parece a esto: a encontrar a alguien que, sin hacer promesas imposibles, logra quedarse en cada pensamiento, en cada sueño y en cada parte del corazón. Alguien que sin darse cuenta se convierte en refugio, destino y calma al mismo tiempo… y no necesito saber por qué.
Cuando leas esto tal vez encuentres respuestas a la pregunta que en ocasiones me haces, esa de qué fue exactamente lo que me enamoró de ti. Es verdad cuando te digo que no podría darte una sola respuesta. Sí empecé te he dicho que fue tu forma de mirar, de sentir, de existir… fue todo y no necesito saber por qué.
Porque hay amores que no nacieron para entenderse con lógica, sino para sentirse con el alma, y no necesito saber por qué.
Jorge Juan García Insua