Llego muy silenciosa y entró dándome los buenos días muy flojito, tanto que me costó escucharla. Cuando la invité a entrar en la consulta casi sin darme tiempo a indicarle cuál era su butaca ella se sentó en la que habitualmente es la mía. No dije nada, no fui capaz y me pareció descortés, asíSigue leyendo «Sentarse, temblar… y hablar»