Así me gusta escribir

Sé que no es la primera vez que lo digo,

como sé que ni una de esas veces lo he dicho sin sentirlo.

Me gustas…

Me gustas porque no eres de viajes cortos cuando se trata de conocer tu cuerpo. Me gusta conocerte y reconocerte a través del tacto y el olor de tu piel. Me gusta que me gustes y soñar que te guste y que gustes junto a mí.

Gustar, gustarte, me gustas. Sí. Lo sabes. Te lo he dicho, repetido y he querido hacértelo sentir.

Cómo me gustas… quería ponerle palabras pero no, no me llegan, son… tan cortas y tanto, tanto me…

Me gusta no ser de paso y a ti que insista y me quiera quedar. Me gusta que nunca me hayas dicho adiós y que yo no sepa irme, no quiera ni me salga hacerlo. Por eso me quedo, por eso me gusta estar, estarte… para ti. Contigo.

Me gusta pensarte sin querer y quererte sin pensar. Pensar que te beso y cuando lo hago pensar que no es un sueño y que en cada beso me sientes y te dejas sentir.

Me gusta que recordemos momentos y que pocos o muchos sean intensos, verdaderos como lo que siento y más fuertes que un “te imaginas”… y te imagino a mi lado o yo al tuyo o de la mano o mirándote y que me escuches un “me gustas” verdadero.

Te mereces mucho más que un me gustas. Lo sé. Pero me gusta la paz que hay en tu mirada cuando va acompasada de esa sonrisa… esa en la que me gusta perderme y me gusta mirarte y mirarte besarte mirarte y mirarte besarte y sentir que no es suficiente, que quiero… más.

Te extraño y me gusta. Qué estupido verdad?

Tal vez muchos lo piensen. Pobres. Ellos no te han mirado, sentido, besado, abrazado ni soñado como lo hago yo…. Cada noche.

Me gusta ser estúpido si en eso consiste. Y podría ser mucho más, como nunca nadie lo ha sido antes para que sepas que me gustas, que no lo olvides, que lo recuerdes, que lo sientas… A ratitos, en silencio, en secreto… aunque yo lo escriba y lo publique. Para ti.

Y que te guste que me guste y que nos gustemos, que estemos y nos sobre ir a ninguna parte. Qué gusto que me gustes, que me leas, que te guste leerme.

Me gusta escribir y que sepas que lo hago para ti pensando en ti.

Siempre pensando en ti.

Así me gustas y me gusta escribir.

Jorge Juan García Insua

Una de Juanita

Cuando me ha visto ha levantado los brazos y se ha echado a llorar. Sentirla así me ha roto por dentro.

“No quiero morirme, no quiero morirme…”

Abrazados sobre la camilla ha pasado el tiempo. El suficiente para calmarnos los dos y recuperar el aliento.

“Lo siento Jorge, lo siento sobrino”

Y hemos necesitado tiempo para volver a

Recuperar el aliento.

“No quiero ser una carga, prefiero morirme que haceros perder el tiempo, a la nena, a ti, a tu hermano… Soy mayor pero quiero vivir, vivir… Dios tantos años… Mira lo que me tenía preparado… cumplir años para estar aquí… no quiero ser una carga”

Y más abrazo y más lágrimas.

“Y ahora pobre Patri…”

La he acariciado la mejilla, se la besado. El Nolotil empezaba a entrar por la vía.

Durante unos momentos con sus 92 años y esa locura que la acompaña ha empezado a explicar instantes de su vida. Desordenados, de sacrificio y entre emociones me ha dicho que no somos sus sobrinos… “sois mis hijos… como Marc, como Paula, la pequeña María… como los tuyos… quiero veros a todos… He pensado en tu padre Jorge y en mis hermanos, se fueron tan pronto y al pobre Avelino… no pude despedirme de él Jorge, pobre Avelino… ahora hará un año…

…Le dije a tu hermana que me quería morir en casa, pero no quiero, no quiero morir y si quiero es para no daros trabajo, sois muy buenos, no os lo merecéis, tenéis que cuidar de tu madre no de mi…”

“Recuerdas que un dia te dije que teníamos más de una madre?”

Durante unos minutos me he quedado en silencio, cogiendo su mano y dejando que se fuera tranquilizando y yo con ella

“Crees que irá bien?” – ha seguido.

“Sí, sé que irá bien y sabes que aquí estaremos contigo

“Habrá que ir reservando para el próximo año…”

“Cuando te arreglen ese hueso dichoso y vuelvas a estar en tu casa le decimos a mi hermana que haga la reserva”

“Vale…”

Y como si no hubiéramos hablado nada… “Sobrino y hoy aquí cuál es el menú?”

Un menú muy gallego por cierto hoy en St Pau, como debe ser para una veterana de la vida tan ilustre.

Salía del hospital y al subir al coche pensaba en el miedo que me provoca esa operación pero también me sentía lleno de orgullo de ser su sobrino, de mi familia, de mis hermanos y de que a pesar de los estragos de la edad en su mente mantenga momentos de lucidez emocional tan maravillosos y que pueda seguir compartiéndolos conmigo.

Hoy me ha dado un fémur roto y 92 lecciones de vida. Que sean 93…

Te queremos mucho.

Jorge Juan García Insua

Por si decide repetir, volver y avanzar

Una noche al acabar sesiones miré los mensajes recibidos y uno de ellos era un audio. Al escucharlo me hablaba con una voz casi sin fuerza pidiéndome ayuda.

No había foto en su perfil. Me pedía que la pudiera atender telefónicamente, no quería hacer sesiones presenciales ni tampoco que utilizáramos ninguna forma de sesión que implicara imagen.

Cuando me facilitó sus datos evitó y tapó cualquier atisbo de su cara.

La primera sesión conocí a una persona aislada. Un accidente, un abandono de su pareja, un despido, un aumento de peso y muchos miedos e inseguridades la habían llevado a no salir de su habitación y a cortar prácticamente cualquier lazo social. 

Sesión a sesión fue creando zonas de seguridad en su casa. Lentamente íbamos asociando cada avance con cada uno de esos miedos. Había ocasiones donde la sesión quedaba representada con una marca en la pared, para recordar el avance, para dejar que al día siguiente la luz entrara fuerza y consciente del paso dado y del camino recorrido. Sesión a sesión sumábamos marcas y conquistábamos espacios.

Así hasta ayer. Ayer teníamos sesión y cuando le escribí diciéndome que le enviaba enlace para la sesión me contestó…

– Te pico y me abres, pero sin luz por favor 

Al instante sonó el timbre. Abrí y apagué las luces de la recepción y las de la consulta. Dejé sólo una vela que apagué al instante temeroso y dubitativo.

Entró cubierta por una sudadera muy ancha, era difícil distinguir su rostro bajo unas grandes gafas de sol. Su voz seguía débil pero muy serena, pausada y aparentemente tranquila.

Me costó unos minutos situarme y sentirme cómodo, me preocupaba no saber, no respetar la distancia y el espacio y sobre todo gestionar la sorpresa de tenerla en la consulta.

Le pedí permiso para abrir yo la sesión. Necesitaba expresarle como me sentía… torpemente le dije…

– Antes de empezar y para poder situarme necesito reconocer mi sorpresa. Me alegro mucho de tenerte aquí y quiero reconocerte y felicitarte por el esfuerzo que has hecho. De todos los pasos que has ido dando este tiene un valor incalculable.

Discúlpame si he sido frío al recibirte, he dudado cómo haberlo y me ha dado miedo que habiendo dado ese paso no respetara el espacio o la distancia que suponía que necesitabas. Por eso he movido mi butaca para atrás y confieso que había encendido la vela y la he apagado para no molestarte.

– Gracias Jorge, siempre tan atento… muchas gracias. Gracias por ser tan sincero y lo siento, debería haberte avisado pero me ha salido así, daba un paso para delante y uno para atrás… temblaba.

No sé decirte qué se me ha pasado por la cabeza pero es algo que llevaba unos días pensando. Viendo tan cerca… hacía tanto tiempo que no salía… pensaba en cuando te pregunté cómo hacías estas sesiones telefónicas y me decías que te sentabas en la butaca con los cascos y sin luces, que era tu forma de conectar con la voz y así evitabas descentrarte y sentías que la sesión fluía. Pensé que no era justo dejarte tan solo – me dijo mientras reía tímidamente.

Cuando la sesión anterior pactamos aquella marca en la puerta de casa… no sé, activó algo en mí y de alguna forma empecé a pensar en salir… en volver a salir y en todos esos miedos, en todo lo que habíamos hablado sobre ellos. Pero me asustaba y quería volver a mi habitación. Pero entonces miraba las marcas… todas, todas Jorge. Las tocaba y tocaba… tocaba todas esas marcas que hemos ido haciendo…

– Bien. Y ahora que estás aquí que significan todas esas marcas para ti?

Y la sesión ha fluido. A pesar de mis temores y de los suyos. Los hemos puesto ahí, delante y durante algo más de una hora se han hecho pequeños. A ratos sentía que hubiera podido cerrar los ojos y seguir conectado y presente.

Al despedirse me ha pedido que no me levantara…

– No te preocupes, sé que lo harías. Seguro que lo haces siempre pero me sentiría incómoda y todo ha ido tan bien…

– … tan bien como para que la siguiente sea presencial?

– No lo sé. Tal vez. Alguna más seguro que es presencial. Tal vez si escribes me lo piense – y volvió a reír tímidamente.

– No lo sé… tal vez lo haga, si me lo permites.

– Permitido quedas.

Cuando salía de la consulta se giró…

– Puedo pedirte algo?

– Dime.

– Ahora que me has visto… Bueno más o menos… si nos cruzamos, si nos encontramos en cualquier sitio que no sea esta consulta…

– Prefieres que actúe como si no te conociera?

– Sí, por favor. 

– Así lo haré. Puedes estar tranquila.

– No te molesta verdad?

– No en absoluto. 

– Gracias… pero si escribes no pongas esto… qué vergüenza.

Hace no mucho me recordaban en una formación que el terapeuta, como el coach, debemos entrar en sesión con la mente abierta, receptiva, sin juicios. De lo contrario las mismas situaciones que pueden generar impotencia o frustración al paciente pueden convertirse en barreras y limitaciones para nosotros. Digas lo que digas eres cómo lo haces.

Yo tuve miedo al escuchar el timbre y abrir. Algo tan natural como recibir a una persona y ofrecerle la consulta como un espacio seguro me resultó incómodo por momentos. Reconocerlo, sacarlo y compartirlo me ayudó a vaciarme de esos miedos y dándole su espacio encontré el mío.

Ella se marchó cerrando la puerta con mucho cuidado y dejando una marca. Una que no he visto hasta esta mañana. Ahí seguirá, solo visible para ella, para mí o tal vez para algún paciente que lea estas líneas y curioso la busque.

Por si decide repetir, volver y avanzar.

Jorge Juan García Insua

Como si siempre hubiera estado escrito

Y sigo… seguimos…

In… disimulable

cómo esconder en el armario de habitación de hotel donde descansas 

para abrigarte y darte calor 

cuando llegues cansada y se dé ese segundo al día que dices que piensas en mi

ese en me desearías sentirme

ese que soñamos a km de distancia

y empezamos a recrear

y nos perdemos entre las sábanas

In… consciente

para explicarte al amanecer por qué bes

Tu espalda cuando me despierto

mis labios buscan donde nacen tus alas

Esas que veo extendidas cuando estás encima de mi

ese que mueves y mueves

volar… volar…

In… audito

como cuando no crees que te siga mirando

y yo no puedo dejar de hacerlo 

Te digo que lo hago para qué cuando muera 

lo haga tranquilo

Porque te llevaré tan en las pupilas 

que en la eternidad no te pueda olvidar

In.. creíble

cuando fluye y parece de otro mundo

como lo es que notes cuando me tocas 

que tu nombre lo llevo escrito

que mis venas se rompieron en una vida

Para formar tu nombre en las siguientes

In… controlable

como nuestro plan

como ser y estar 

como estar siendo

Y ser cuando estoy contigo

como repetirnos que es ahora

Como si necesitáramos convencernos,

explicarlo o hacerlo terrenal 

como si lo pudiéramos disimular

como si me importara el momento, el dónde, el cuándo o el cómo llegar

In… namorado

Como si me pudiera dar

sin pensar que en cada querer te doy la vida 

como si estando contigo 

Pudiera tener un solo pensamiento

que no sea un juntos contigo

como si pudiera dejar de escribir

de ti sobre ti acerca de ti

con cuidado, muy despacio 

para que me leas

para que me digas que ese segundo

ese que dices que has pensado en mi

ha sido bonito tan bonito tan bonito

como fuerte y lento

como si siempre hubiera estado escrito

Jorge Juan García Insua

* continuación de “Por si alguien no eras tú”… y con la sensación de seguir sin estar terminado.

Viaja tranquilo

Nunca esperas una llamada de despedida, ni siquiera cuando sabes que está muy cerca. Tampoco esperaba la tuya.

Me has llamado con la voz cansada pero todavía con ese punto canalla que te caracteriza y me has dicho que lo hacías porque era de “justos despedirse a quien te ha querido bien, que a todos nos llega la hora y que la tuya estaba muy cerca”. 

Y me has pedido que no llore, porque sabes que lo haré en silencio y que nadie me verá cuando lo haga. “No llores… porque no quiero irme pensando que te causo malestar, dolor o que sientas que tal vez con más tiempo…”. Me has pedido que no dijera nada, que como siempre necesitabas que escuchara… “Debería haberlo hecho antes pero ha estado muy bien, has estado perfecto y hace unos días en tu consulta sin saber que sería la última pero sabiendo los dos que perfectamente podía ser me ayudaste a irme con la conciencia tranquila”.

“Gracias por todo Jorge, de corazón gracias por todo”.

He dado un golpe en la mesa (qué impropio de mi, verdad?) mientras y sí, he llorado. Se me humedecían los ojos con el móvil en la mano y me han caído lágrimas. No he pensado en el tiempo que nos haya podido faltar ni en nuestras sesiones… lloraba de rabia. La contenida, la que me recuerda que estamos de paso y que a veces el camino se acelera y el fin llega antes de lo previsto o lo deseado. Rabia porque en ocasiones me digo que no más pero me miento y sé que diré sí, que no sabré decir que no…. Que volveré a sentir rabia.

Rabia porque es cierto que por instantes me siento responsable y frustrado.. una vez más. Sé que no deberia pero no quiero hacerlo de otra forma. No quiero y no me sale. Recuerdo en nuestro primer encuentro que te pregunté cómo me habías conocido y me dijiste que buscando en redes temas relacionados con la muerte te apareció algo que yo había escrito e «investigaste sobre mi”. Me dijiste que la forma en que relataba mi relación con la muerte te hizo sentir que sería la persona adecuada y que para ti, que nunca te habías abierto con nadie te aterraba hacerlo con un “extraño” que solo hubiera hablado de la muerte porque “se había empapado un montón de libros”.

Nunca te pregunté cómo pensabas que era mi relación con ella y nunca te pregunté por la tuya. Si lo pienso qué poco hemos hablado de muerte y cuánto lo hemos hecho de lo que te llevabas de esta vida. “Cuánto más me muero más pienso que debe haber otra después. Así que estate atento a las señales Jorge”. No sé si lo dijiste para consolarme cuando llegara este momento o porque realmente lo creías así, pero lo haré. Estaré atento a tus señales de dondequiera que vengan.

Y casualidades esta mañana me despierto con alguien me que recuerda una publicación del blog, algo muy íntimo y personal que hace ya algunos años decidí compartir. Sobre eso. Sobre la enfermedad y sobre la muerte. Sobre eso que te hizo pensar que conmigo sí podrías. Eso que al final me puso en tu camino. Y sí, también mientras lo recordaba se me han humedecido los ojos tras una noche que no he dormido mucho.

Ahora entiendo que no son sólo lágrimas de rabia e ira, también lo son de cariño mutuo y de la necesidad de compartir y sentir que somos compartidos.

Gracias a ti, de corazón. Por lo compartido, por tu confianza y por dejarme acompañarte en los últimos metros del camino. Ha sido un honor y tú, un regalo.

Viaja tranquilo.

Jorge Juan Garcia Insua

Por si alguien no eras tú

Im… posible

pasar de ti un solo instante

sería como pasar del sueño a la pesadilla

como controlar un abrazo que nunca he dado a nadie

por si no lo hacía bien, por si no sabia

por si se lo daba a alguien que no eras tú

In… controlable 

como lo es luchar contra el paso del tiempo

cómo evitar que mi locura se enamore de la suerte 

suerte de encontrarte, de tropezarme contigo

así de pronto, de repente

In…correcto

como el deseo de mi deseo

como los sueños que te comparto y los que no

como la vergüenza compartida y la que me callo

y sellas con un beso

Im…pensable

como tenerte entre los brazos

en silencio mientras los segundos pasan de mi cabeza a tu mente

como sentir que respiras en mi pecho

y se detiene el tiempo

que llegue un día que no pueda darte más 

In…finita

como tu mirada reflejada en la mia

esa que no te crees y no quieres ver 

la misma que siento y guardo con celo

Im… pagable, im… profanable, im… procedente, im… pronunciable

In… describible

Im…perdonable

como decir que no por miedo a que no salga bien

como mentirme cuando deseo que te quedes a dormir

como escribir pensando que no me leerás 

como repetirme que si no se da está bien 

como pasar dos vidas sin saber que eras tú 

In…combustible 

como las ganas de… y las de… y las…

sentir que te quemas y querer salir ardiendo

que me vuelvo cenizas y me respiras hondo

que un latido tuyo me lleva hasta cada uno de tus poros y me quedo en tu piel

In… explicable

como el ver que no se nos pasaron las ganas 

como las sensaciones al hacerlo otra vez

como asustarme de que te asuste…

… tanto corazón 

In… terminable

como todo lo que en esta vida me he perdido

como tu cuerpo a media luz

como susurrarte no quiero que te muevas

que pegado a ti soy feliz

In…olvidable

como cada encuentro 

como cada intento de borrar las despedidas 

como cada sueño que empieza en mí y siempre acaba donde estás tú 

como las cosas que pasan de repente

y pasan de palabras y pasan a ser sentido

… y sentimiento

Jorge juan García Insua

Chaplin, un metro cualquiera y la parada de Maragall

No he podido apagar la música y escuchar la conversación.

El padre debe tener mi edad y el niño poco más que mis hijos. 

– … pues si lo vuelven a hacer tú haces lo mismo! Así lo entenderán 

– Papá, no lo entiendes 

– Tú tienes que hacer como ellos, las cosas funcionan así y tienes que aprenderlo

El niño estaba compungido en el asiento, frustrado y negando la mirada al padre, que no acaba de “leer” a su hijo…

– Hijo, esos niños son así y no cambiarán y si quieres que no lo hagan más

– No me escuchas papá…

– Sí te escucho pero es que tu padre ya tiene muchos tiros pegados -insistía cortándole 

– No sé qué tiros has hecho pero no me escuchas!

– Qué no he escuchado?

– No lloro porque me decían cosas, lloro porque no quiero ser como ellos y decir esas cosas yo. Me dices lo que harías tú pero tú no estás ahí y cuando me ves así no ves, no me escuchas!

El padre se ha quedado sin saber qué decir. Podría imaginarme que tenía ganas de abrazarlo pero no lo ha hecho. Sentía que el niño necesitaba ese tacto y contacto de su padre pero no lo ha recibido. El padre escuchaba para responder, el niño escuchaba para crecer.

Me he sentido incómodo observándolo y he vuelto a escuchar música…  Someone you loved de Lewis Capaldi… y pensaba en las veces que un niño o un adolescente expresan esos sentimientos en sesión, las veces que no encuentran esa escucha, las veces que me siento con padres y les oriento en no centrarse en resolver sino en escuchar… y pensaba en todas las veces que tras esas sesiones me pregunto si yo hago bien eso que explico y si yo no habré sabido dárselo a mis hijos.

He pensado en los padres que llegan nerviosos, desorientados y dolidos con las palabras que sus hijos “les han dedicado” y no saben entender cómo han sido capaces de pronunciar y no darse cuenta del daño que llegan a hacer, heridos en lo más profundo cuando sus hijos les enfrentan. Y También pensaba en el padre que miraba porque en su expresión había angustia y no saber. Me pongo en su lugar y puedo sentir frustración por no poder eliminar con una varita mágica los problemas que un día pueda tener uno de mis hijos, porque me duelen y me duele verlos afectados, hasta perder objetividad y distancia y no saber tener la paciencia para estar y dejar que lo resuelvan solos, cuando inconscientemente estoy seguro que lo sabrán hacer infinitamente mejor que yo a su edad.

Nos equivocamos porque cuando esto sucede queremos escuchar desde el pasado. Ese pasado de miedo que solo nosotros entendemos y que ha conectado al ver a nuestro hijo. El pasado nunca ha sido bueno escuchando, tiene a hacerse el sordo y a alimentar nuestra inseguridades y hacernos bajar la cabeza, para no ver. Y ese niño hablaba desde el presente, el suyo y tan distinto del pasado de su padre.

Los niños no necesitan aprender a escuchar, lo hacen de forma natural, con los ojos abiertos, deseosos de entender, sin limitaciones… y a menudo queremos protegerlos tanto que les dejamos de escuchar, les ponemos tapones y buscamos donde conectar el pen-drive con nuestros «aprendizajes de la vida»… los nuestros claro, no los suyos…

Y los adultos no queremos aprender a ser meros acompañantes, queremos aparentar que eso es poco y nos empeñamos en querer que quemen etapas y aprendan rápido para que no tengan que pasar por lo que nosotros hemos pasado. Cuando en realidad nadie asegura que eso suceda, que tenga que ser así pero lo justificamos en nuestro supuesto conocimiento del mundo y de la vida, que siempre ha sido absolutamente limitado porque nuestra vida no puede ser la suya.

He salido del metro con esa escena en la cabeza y pensando que escuchar a niños y adultos nos acerca y alimenta relaciones de confianza y compplicidad. Escuchando y siendo escuchados nos sentimos respetados, valorados y aprendemos a hacerlo con quienes nos rodean. Cuántas de las personas que estábamos en el vagón habían pensado algo de todo esto al ver la escena? Cuántos estarán ahora divagando como lo hago yo? Cómo le irá mañana a ese niño? 

Bien, seguro que bien. A un niño que sabe escuchar y hacerse escuchar siempre le irá bien. Sigue creciendo y escuchando… y te escucharán. Conmigo ya lo has conseguido.

Jorge Juan Garcia Insua

“No esperes a que te toque el turno de hablar: escucha de veras y serás diferente.” – Charles Chaplin

Muy valiente y siempre gracias

Hoy me he cruzado con alguien especial.

Alguien que entró hace un tiempo en mi consulta con la cabeza baja, la mirada perdida, respirando miedo y los brazos y las piernas llenas de cortes y hematomas.

Me ha tocado el hombro consciente que estaba más pendiente de otras cosa y al girarme y verla nos hemos abrazado.

Sólo hemos tenido tiempo de cruzar unas palabras, de saber si estábamos bien y de desearnos lo mejor. Pero al despedirse con dos besos me ha cogido la mano y me ha dicho “Gracias Jorge, siempre siempre siempre gracias” y se alejado con un niño pequeño que daba los primeros pasos de su mano.

El día que acabó su proceso le di yo las gracias y hoy he sido lento y torpe para volver a hacerlo. No aprendo…

Hubieron sesiones dónde me creí al límite de lo que la podía ayudar. Lo compartía con ella y aquello le era fuente de reflexión y de una extraña motivación. Eran sesiones donde sólo podía escuchar, mostrar comprensión, empatía y ayudarla a “abrazar” (como decíamos tantas veces en sesión) toda aquella oscuridad y tristeza en la que vivía.

Me llevaste a un límite emocional que no había sentido antes en sesión. Aprendí que a veces eso es todo lo que puedo dar. Entendí que el tiempo te pertenecía y que debía seguir confiando y dando apoyo, validación emocional, escucha y una fe inquebrantable en ti. Y que está bien, que es suficiente cuando no sé dar más y no me dejo nada por dar.

A lo largo de aquellos meses y tiempo después encontró su camino y la fuerza para coger el timón y seguir su camino. El suyo. Uno sin amenazas, sin golpes, sin sangre y sin miedos. Era el momento se seguir sin mi.

Aceptó que tenía un trastorno de personalidad pero que eso nunca sería motivo para ser menos que nadie y que incluso “con eso” podía ser feliz y sentirse emocionalmente estable.

Gracias a ti… por no abandonar, por confiar, por compartir, por recordarme en días oscuros que la terapia suma vida, que como terapeuta no estoy obligado a saber de todo y que la diferencia está en no dejarme nada por dar.

Mis hijos me han preguntado si te conocía y que quién eras… “Sí, la conozco. Es alguien muy muy muy valiente”.

Feliz camino. A los dos.

Jorge Juan García Insua

VY 1677 25A

Años ya me bajé

dejé de sumar millas de vuelo

dejé de soñar con una casa gigante

donde perderme cuando quisiera estar solo

No sabía que se me cruzaría

algo tan bonito y dulce como tú

no lo sabía…

Abandoné los días en los que estaba 

más ocupado que Dios en cielo 

decidí echar el ancla en mi ciudad

llenar mi agenda de miradas compartidas

un día sales de mi imaginación

y llegas tú

Aprendí que huir te lleva a no tener ganas

y te cierra las ventanas del mundo

Aprendí que sólo las personas se desnudan

que la piel limpia huele a laurel

y a estar a tu lado

De lo poco que he hecho bien

llegaron 4 manos pequeñas

que nunca quiero ver como me dicen adiós 

ahora tampoco soltaría tus manos

ni te quiero decir adiós

Soy egoísta para entender que nunca sabes

Cuál será la última vez

Demasiado simple para entender que nunca

nunca hay una última vez… 

si lo deseas, si quieres

sólo despiértame y dime bajito

que tienes mis ganas

Intacto al niño que todavía queda en mi

miedica, idealista y soñador

Tengo lo que necesito y me sobra

poco necesito como respirar

pero de lo poco que necesito

me quedo con tus besos

esos que me has regalado 

susurrándome que son solo para mi

Me los llevo

porque esperarte

es esperar el momento perfecto

para que me acompañen y me den calor

para dártelos cuando me bailes

o me acurruques en silencio

Descuida, prometo devolvértelos

a cambio de otros nuevos

un instante para nosotros

para darte los que se hayan quedado sin dar

Me preguntas si soy así con todo

Sí… con todo lo que me impulsa, mueve,

remueve, me vacía, me llena, me lleva a soñar 

y se desatan mis ganas entre tus… 

Te das cuenta? Hablo de mi.. y de ti

Te escribo por si el vuelo

se queda en las nubes 

si ya no soy el héroe que sale de todas 

Y solo me queda la vida y el pasado 

de sentirme a tu lado

Serás el último milagro

que mis ojos vieron sonreir

si eso sucede quiero que sepas 

que seré el avión que verás

cada vez que mires las nubes

y juro que renunciaría a todos los cielos

para volverte a ver

Jorge Juan García Insua

No quiero hablar de amor

No quiero hablar de amor.

A estas alturas estoy más convencido que nunca que no existe. Sí tal vez algo parecido, un espejismo, uno que me devuelva abrazos y besos y que me acaricie con ternura el pelo cuando estoy cansada y no doy para más.

Uno que si llamo conteste. Incluso si lo alejo conteste. Incluso si huyo conteste. Y me siga.

Y corra tras de mi.

Uno que no se rompa, o que se rompa poquito o conmigo. Pero que sea fuerte sin mi, que no me rompa a mi o si me rompe que sea con cariño, bonito, sin querer queriendo… y que esté.

Esté para ver cómo me reconstruyo, crezco, vuelo. Hasta dónde pierda el vértigo, dónde el miedo a caer se diluya y si vuelve me tome con fuerza de la mano.

Nuestras manos… apretadas, agarradas hasta no poder más. Juntos. Siempre.. Que lo intenten de nuevo y que busquen tiempo. Tiempo para un juntos, para un siempre.

Siempre tiempo. El que necesite el corazón para salir de su coraza y creerse querido. Espacio para tomar carrerilla y llegar a él o acercarme o dejar que se acerque. Así de juntos.

No quiero hablar de amor. Porque si no se da, porque si se da y lo dejo pasar, porque si pasa y lo ahuyento de puro miedo… me convenceré que no era, que no existía, que no era para mi.

Tal vez de que yo no estoy hecha para él.

Y entonces qué? Vuelta e empezar. A escapar, a huir, a temblar, a no hablar… a no sentir? Qué? Cuánto? Un año, dos, diez, veinte… una vida?

Casilla de empezar. Mierda. Ves? Vaya mierda. Por eso no quería hablar de amor. Mejor pensar que no que arriesgarte a vivirlo un segundo, una semana, un año… un resto de vida. O es al revés?

El amor es demasiado complicado. O yo lo hago complicado. No puede ser fácil que alguien te quiera dar los buenos días y las buenas noches, no lo puedes ser. No puede ser que para alguien siempre tengas la sonrisa bonita y te bese la mejilla.

El problema del amor es que no se piensa, no se puede. No tiene reglas… por eso nos empeñamos en perderlo o en no verlo cuando lo tenemos delante. Joder… mira que soy… lo fácil que sería decirle te quiero cuando siento amor o hablo de él o pienso en él.

No quiero hablar de él. Sólo quiero verle, olerle y quedarme y si quiere y puede… si le apetece, se quede.

Jorge Juan García Insua

Mi Musa

Eres mi musa, pensarte es sentir el universo en la punta del lápiz, ese que me desnuda entre tu figura y que avisa que de alguna forma llegará el trazo final. El secreto ssssshhhhh… ninguna línea se junta a otra en el lienzo por azar.

Me niego a entenderlo y por eso lleno de enredaderas las esquinas, pinto sobre lo que de tu boca he escuchado y que aunque no entendía sentía que te hacían feliz. Tu sonrisa y tu mirada en el centro con tinta de oro… 

He intentado pintar mi vicio en tu piel pero no he sido capaz, demasiado intenso… todo se puede dibujar, todo… menos el corazón y el silencio que me llena cuando te miro. Me falta lienzo, aire, corazón… ese que te pertenece,

Ese que se expande en mi pecho, crece y crece, te echa de menos, ese que se alimenta del miedo a perder lo que no tenemos y del ruido roto de un punto final.

Ssshhhhhh no. No toca. No quiero. Te quiero. Te toco. Y punto. Seguido. Hay tanto lienzo por llenar…

No es el miedo a la última vez, es el miedo a no saber hacerlo mejor, a no tener tinta suficiente para llegar a un “para siempre”, es el no estar dispuesto a sacrificar lo que por ti siento. Que egoísta. No quiero. Te quiero. No dibujo lo que siento. Siento porque te dibujo. A ti. Así te siento.

Sobre el blanco dibujo el frío que me provoca tu ausencia, aprieto la punta buscando calidez en tu forma, tu recuerdo… quiero ser parte de una vida que no me toca ni me pertenece pero me droga.

Lo acabaré y llegará la maldición. La de saber qué significa, cuál es la lectura verdadera, saber ver en todos esos pequeños detalles lo que significas para mi.

Un lienzo, unas simples líneas de un viejo lápiz deslizándose entre dedos casi tan viejos como él … porque como sucede en un abrazo cuando estás en él todo se siente. Y si tú lo sientes al leerlo estas líneas torpes tendrán sentido… y sentimiento.

No pido mucho.

Un lienzo en blanco para pintarnos y una vida para esperarte.

Esperaré.

Jorge Juan García Insua

Somos algo más

Hazlo

A gritos o a susurros

con pasión o resignación

confórmate o dime que sí

pero sólo porque lo deseas tanto como yo

Hazlo 

como si no hubiera mañana

como si no tuviéramos un mañana

Hazlo

porque mientras escribo el tiempo pasa

porque mientras lees el tiempo pasa

porque pasa un mientras dejamos de sentir

Hazlo

con los ojos cerrados

respirando hondo

con tantas ganas

sin sitio para la vergüenza

Hazlo

porque no quiero que se acabe

porque me niego a perder la tensión

Hazlo

9 de cada 7 días

400 días de 365

Hazlo

que se nos vaya de las manos

que sea más y más complicado

Hazlo

antes que el miedo 

nos secuestre y nos empuje al fondo

Hazlo

porque no es cierto que hay una sola vida

porque a mi no me quedan

Hazlo

arranco yo? Arrancas tú?

hagamos que esto sea lo que parece

Hazlo

de repente

no te preocupes por mi

no sé dejar de creer

es demasiado grande la emoción 

de volver a verte

Hazlo

porque lo que siento 

cambia tanto como fuerte permanece

porque ya no es un de repente

Hazlo

para no mentirme y decirme

que no era para tanto

que tenía que ser así

que así es la vida

para decirle al mundo que se equivocan

Hazlo

si no tienes otro plan

si no verme te hace la la vida extraña

Hazlo

porque a mi me pasa

y mi momento pasa por ti

Hazlo

mientras mi boca se desliza 

por tus piernas

para que se pare y te diga

cuánto me haces falta

Hazlo

podemos compartirlo 

o vivir del recuerdo

con el alma inquieta

con la ausencia de quien nos hace falta

Hazlo

mirándome a los ojos

atándome a tu mirada

minutos y horas

Hazlo

susúrrame una promesa suicida

olvida el cómo y por qué

y yo dibujando en mi mente tu sonrisa

Hazlo

enséñame a caer de pie

a por una maldita vez

convencerme que no me ha reclutado

el bando equivocado

Hazlo

con miedo que esto se me escape

que desaparezca

que se apague

que se me vuelva extraño

que un día deje de ser sincero

Hazlo

pensarte es llenar mis páginas en blanco

me quedaría contigo

todo pasa por ti por mi por nada por todo

Hazlo

porque vuelvo a creer

porque no tengo marcha atrás

porque me empeño en cruzarme en tu camino

porque quiero saber si crees conmigo

Hazlo

y haremos que el mundo no gire tan deprisa

acariciaré tus razones de correr

susurraré que de todas las cosas 

eres la única que no quiero perder

Hazlo

y te escribiré cada noche

y besaré cuando nadie nos ve

Hazlo

que se marchen los fantasmas para no volver

Hazlo

otra vez

Hazlo

…porque somos algo más

Jorge Juan García Insua

Tu nombre en la voz

Volamos.

Coges altura y todo se hace pequeño a tus pies.

Incluso yo.

Volaba la imaginación y ahora vuelan los recuerdos. Instantáneas que llevan nombre y un nudo. Las que un día visualizamos y soñamos por separado. Las mismas que ahora vuelan… juntas.

Seguirán volando porque no puedo controlarlo, porque es más fuerte que yo, porque no quiero, porque lo deseo como antes lo deseaba y porque no quiero dejar de desearte.

Tengo un plan para los miedos. Quédate. Te lo explicaré mientras te beso. Haré guardia por los dos. Ahora que me conoces has visto la verdad de mi mirada, esa que te siempre te hablaba en susurro y a voces.

Me ofrezco sin complejos. Nada que esconder. Prometo siempre responder. Nada es por casualidad, nada es cómo, cuándo, dónde ni por qué. Soy tu secreto a voces. Uno al que escuchaste sus latidos y por el que pasaste tus dedos.

Te abracé de verdad. Te besé de verdad. Qué bonito es soñarte y tocar los sueños. Qué bonito sentir que es el momento exacto, ese que contra pronóstico nació.

Tal vez la vida no se hace tarde, será que nos lo merecíamos y tenías que llegar para tocarme el pecho. Hoy perdono a la vida y me disculpo si antes le tuve remordimiento, hoy me deja el regalo, ese que pensaba que el tiempo olvidó y me lo trajo en presente, nocturno y con alevosía.

Vuela. Pero hazlo de enero a diciembre. Déjame la maleta llena de sonrisa y déjame así de cambiada la mirada. Esa que te pertenece. Esa que enseña que la distancia no lo es todo. Vuela sabiendo que subes y tendrás que bajar.

Te espero. Me dejas más feliz. Te lo debo. El tiempo no es todo. Un solo instante nos cambia y lo puede todo.

Ha valido la pena. Lo sientes tú. Lo siento yo. Siempre presente. Siempre. Un vida sin conocerte y unas horas para ser para siempre importante.

Tiempo. A media luz. Quizás te conocía en alguna otra vida que quedó atrás. Será que antaño fui cobarde y esta vez el mensaje me llegó de casualidad, sereno para entenderlo, paciente para calmarte, lento para decirte no tengas miedo, estaré aquí… 

Hoy falta menos para verte. No tendré que decir mucho. Me acercaré y verás que llevo tu nombre en la voz.

Jorge Juan García Insua