Querido 2024…

Querido 2024…

Tengo la sensación que no hemos hablado mucho y mira que hemos tenido 365 días para hacerlo. Siento que todo ha ido demasiado rápido y que supongo tienes ganas de marcharte, a mi no me apetece tanto. Debe ser que tú y yo hemos ido este año a ritmos distintos y tú lo acabas acabas tan acelerado como lo empezaste y yo con el privilegio que me da la pausa.

Llegan estas fechas e irremediablemente todos miramos atrás y si miro ha sido un año de parar en muchos sentidos. Cambiaron muchos planes, tocó empezar otra vez, volví a perder a demasiadas personas que quería y quiero, me equivoqué muchas veces, lo hice lo mejor que pude y supe, no lo acabo como imaginaba pero con el regado de poder bajar el ritmo para tener tiempo para mi y tiempo de decidir… qué extraño me resulta. He tenido que de bajar el ritmo y de alguna forma casi parar para darme cuenta que no sabía hacerlo, que las veces que lo había hecho antes fueron a medias y que parar desde la tranquilidad, el silencio y el despacito es un lujo, un privilegio.

Así acabaré éste tu 2024… con el regalo de cierta pausa, para esperarme sin forzarme ni forzar a nadie, para dejar que todo siga encajando, para permitirme coger carrerilla cuando llegue el momento. 

Y acabaré un año más con mucho por agradecer, mucho mucho mucho. Gracias a todas las personas que habéis confiado en mi. Tengo el lujo y la suerte de un profesión que me acerca a vidas, a emociones, a sentimientos, a cambios… y creerme que es tanto lo compartido en esta consulta durante este año que necesitaría 100 para poder explicarlo.

Gracias a todas las personas que en algún momento me babéis leído, compartido y escrito. No os podéis imaginar lo que significa para mí que personas anónimas y conocidas dediques un tiempo vuestro en algo que yo haya escrito… hace unos días, unos meses o años, que conectéis y me hagáis reconectar con palabras que una vez fueron mías.

A todos los que pensáis que plantar a cara a la depresión, a la ansiedad, a la rutina, a la pérdida, a la soledad, a los miedos, a la enfermedad, a la muerte y a muchos cientos de problemas… os admiro. Os tengo una profunda y sincera admiración porque lo habéis hecho muy bien. Joder… pero que muy bien.

Felices fiestas y entrada en el  2025.

Un fuerte abrazo.

Nos vemos en el camino.

Jorge Juan García INSUA

Del silencio al te quiero

Me he sentado en una cafetería a ponerme al día de mensajes y al ponerme los cascos ha salido sin saber bien de donde una canción que repetía que el pasado es silencio. No la he dejado sonar más de un minuto, no conectaba con ella ni con el momento.

El pasado rara vez es silencio y cuando está en obligado silencio transmite rabia, rencor y necesidad de olvido.  El pasado siempre me ha resonado ruidoso a veces, molesto otras entre abrazos las demás.

Ruidoso como esa emisora que no acabas de sintonizar y cuyo ruido no puedes soportar más de unos segundos. Molesto como esos pensamientos invasores que muchos pacientes intentan eliminar y me dicen que son incapaces de dejar la mente en blanco. Ante lo que les propongo lo contrario… y si en lugar de luchar contra ese pensamiento le das espacio. Qué tiene que decirte? Para qué necesitas que insista e insista hasta dedicarle el tiempo necesario para entenderlo y entenderte? Qué tiene que enseñarte?

Molesto porque nadie entiende el silencio de la misma forma, como el pasado. Hay quienes pueden vivir días entre el silencio y quienes se angustian cuando se alarga unos minutos. Nadie nos enseña a entenderlo ni a gestionarlo, como el pasado. 

El silencio no se aprende, se siente y cuando lo sientes y lo entiendes da paz porque es más dificil aprender a estar en silencio que saber elegir las palabras. El silencio también es espacio, reflexión, respeto, no confrontación y, sobre todo, aprendizaje sin prejuicios ni complejos.

El pasado como el silencio da forma a nuestras emociones y a nuestros actos. Buenos y malos son pasado y se mantienen en nosotros, en silencio, creciendo hasta que se rebela, se muestra duro e insensible y nos recuerda que aún no ha dicho su última palabra.

A mi me rompe. Cada vez que le abro las puertas al silencio y al pasado me rompo. Lo abrazo, lo escucho y me veo. Y me rompe.

Me rompe pensar que tal vez pude ser diferente y hacerlo distinto. Me rompe verme en el espejo y ver cómo me ha costado, me rompe saber que tal vez nunca aprenda del todo.

Y lo gestiono desde el silencio de mi terraza, le pongo maquillaje y sonrisa amable. Me quito ropa, cojo papel y un viejo lápiz que antes me servía para dibujar y escribo “Silencio… quiero un silencio…”

Quiero un silencio para que veas lo más bonito que aún queda en mi.

Quiero un silencio para enseñarte lo que una noche escribí, nadie ha leído antes y llegado el momento sólo leerás tú.

Quiero un silencio para que me mires a los ojos y veas mi reflejo y lo sientas dentro de ti.

Quiero un silencio para darte un beso antes de irnos a dormir.

Quiero un silencio para que otra vez la vida saque a este torpe a bailar. Bailar, bailar, bailar, bailar…

Quiero un silencio para imaginarmos.

Quiero un silencio para soñar con un abrazo que me descubra todo lo que llevas dentro.

Quiero un silencio para que me des candela.

Quiero un silencio para respirar tu espalda y no creer en nada más que no seas tú.

Quiero un silencio para despertar y pedirte que te quedes a mi lado.

Uno, sólo uno. Quiero un pasado que haga ruido y un presente lleno de silencios. Silencios para llenarlos de un “te quiero” pasado que no quiere dormir, que despierte en presente y que suena y resuena maravillosamente bien cuando es con tu voz.

Jorge Juan García Insua

Mataría monstruos por ti

Ha creado un monstruo, uno verde y amarillo.

Es grande y tiene ojos transparentes durante el día y son de espejo cuando se va la luz.

Dice que lo creó una noche amarga que escucho llorar a sus padres y no puede ni quiere recordar más. Hasta hoy.

Ese monstruo verde desde hace algunos años se le aparece cuando menos lo espera, sin permiso y cada vez más maleducado y cabrón. La noche se le ha quedado corta y no se conforma con despertarla a media noche o asustarla cuando quería ir a hacer pipí… atrás quedaron las veces que se hacía pipí en la cama por el miedo al monstruo, aunque sus padres nunca supieron el motivo y creían que eran otros.

Hubo un tiempo que el monstruo no la molestaba, incluso le hacía gracia encontrárselo por la casa, abrir los ojos bajo las mantas y ver que la observaba tras las cortinas o que la seguía con sigilo. Era su secreto, ese que se escondía tras “su” monstruo. Pensaba que lo estaba adiestrando, que le enseñaba a esconderse y no veía que en realidad si no quería ver que nadie lo podia ver es que tal vez tampoco ella estaba convencida de querer verlo o tal vez empezaba a ver lo que vendría después.

Un tiempo que dice que él sonreía y que acostaba a su lado intentando no despertarla y que siempre había desaparecido cuando abría los ojos.

Algunas noches la llevaba a las estrellas, viajaba de su mano o subida a él. Pasaba miedo y vértigo pero cerraba los ojos y luego a pesar de temblar hacía ver que los había tenido abiertos y que había visto paisajes increíbles.

Se disfrazaba para buscar excusas que la hicieran reír. Disney y los malditos payasos daban cobijo a sus manipulaciones… le gritaba por favor pero nadie escuchaba la voz y el monstruo, socarrón no decía nada, se burlaba y le susurraba “no volverás a tener sueños donde dejes de verme” y ella se lo creía. Cómo no hacerlo, imposible no hacerlo.

Dormir se hacía cada vez más imposible, los sueños se rompían de golpe, los sueños se convertían en pesadillas de una vida sin dormir, de sueños rotos donde no quería ir con él ni estar con él pero él hacía oídos sordos y se imponía. Cada noche se hacía más grande y más verde y más verde hasta hacerse negro.

Y a más negro más miedo, más dientes y ojos más profundos cristalinos, donde se veía reflejaba y veía como hacía de tripas corazón. Ya no la abrazaba por la noche para darle calor y podía sentir el frío de su aliento.

Y la ya menos niña empezó a creer que sería siempre así. Llegaron momentos donde sin verlo temblaba y lloraba. Lo creía ver delante suyo mirándola escondido y detrás intentando que ella no se diera cuenta, haciendo putadas para que las cosas no le salieran bien. 

Empezó a aguantarse las lágrimas y hablar bajito para que él no la pudiera escuchar y robara la poca ilusión que dice le quedaba. Pasó de viajar por la estrellas a sentirse estrellada, a vivir en un lugar oscuro donde los rayos del sol muchos días no llegan porque él es ya tan grande que lo tapa todo.

Ahora sale poco o no sale. Así nadie verá las marcas en su cuerpo. Lo que antes eran besitos del “Verde” ahora son marcas y cicatrices de mordeduras. Avisos las llama él, solo para que recuerde que debe pensar en él.

A pesar de los años y de haberle puesto muchos apodos, algunos cariñosos y tiernos, ahora sólo puede nombrarlo como Monstruo. Es lo que es y ahora ya sabe quién está detrás. Ahora sabe quien detrás de ese Monstruo pero decidió no decir nada, porque creía que no había nada que decir, que no cumplirá los 20 y que no hay sitio para ella en este “mundo de monstruos”.

Hoy me ha presentado al Monstruo y entiendo que le tenga tanto miedo. Lo he sentido yo también. Escucharla me ha permitido verlo yo también…

– Lo ves? -me ha preguntado

– Si, lo veo.

– Entonces estás también en mi mundo.

– En tu mundo sí, pero la parte del mundo donde yo estoy él no tiene cabida. No puede estar aquí.

– Puedo yo estar ahí, hay sitio para mí?

– Sí claro. Tienes todo el sitio del mundo.

– Seguirá el monstruo ahí?

– Posiblemente sí y deberás aceptar que el monstruo un día te hizo daño pero aprenderás a ponerle límites y que no pueda volver a hacerlo.

– Y si es demasiado difícil para mí y no soy capaz de hacerlo bien?

– Escuchándote pienso que lo más difícil ya lo has vivido.

No se lo he dicho pero al final de la sesión en mi cabeza resonaba una frase… y mataría monstruos por ti.

Jorge Juan García Insua 

La higuera de mi madre

Ha venido a verme porque le hacía ilusión conocerme en persona. Me ha dicho que en persona soy más alto y delgado pero que “en persona” le he trasmitido la misma serenidad y tranquilidad.

Y entre presentaciones y abrazos nos hemos sentado bajo la higuera mirando la ría.

– Yo me crie en una aldea como ésta, luego la vida y el trabajo me llevó para otros sitios. Entiendo perfectamente cuando escribes sobre esta tierra.

– Te veo con la misma serenidad que en nuestra última sesión y me gusta que sea así.

– Me acuerdo mucho de aquella última sesión, entender que el proceso también consiste en no entender todo lo que va sucediendo y va cambiando en mí y que la calma llega no cuando nos resignamos sino cuando aceptamos nuestro propio caos.

– Así es. Todo lo que nos sucede es parte de la vida y de nosotros.

– Me llegó muy hondo lo que una vez me dijiste, que tenia que abrazar mi tristeza y seguir haciéndolo hasta entender qué mensaje tenía para mí. Hasta entonces las peores decisiones las había tomado estando triste y queriendo huir de ese sentimiento, en cambio las mejores también las tomé estando triste.

– Te arrepientes de todas esas “nuevas” decisiones?

– No, sabes que no. Las mejores que he tomado, no fue fácil, me costó verlo, dar el paso… pero las mejores que he tomado nunca. No las cambiaría.

Ella es una mujer fuerte, muy fuerte que pensaba que las mujeres fuertes tenia que sentirse solas, que si se caía debía levantarse sola y antes que nadie y que alguien la viera hacerlo.

Era de esas mujeres fuertes que pensaban que el dolor (no el físico sino el mental y el del corazón) se callan y si duran es que debe haber una pastilla que lo mitigue.

De esas que a menudo se enfrentaban a vida a base de rabia y rencor. Con mucho miedo y con dolor en la mandíbula de apretar los dientes. Pensando que todo el mundo esperaba de ella que estuviera en 20 sitios a la vez y ella sintiendo que no llegaba o que si llegaba lo hacía mal y total… para sentirse culpable y sola.

Era de esas mujeres fuertes que mientras otros miran las estrellas ellas a pesar de todo, se sienten estrelladas. De esas que no quería ver todo el amor que podía llegar a dar aunque no se amaba a sí misma. De esas que pensaba que la vida le decía “no!” Una y otra vez y solo le decía “así no, espera…”.

Hubo un tiempo que la vida se le puso del revés y que por más que lo intentaba no había forma de ponerla del derecho. No tuvo más opción que ser doblemente fuerte, demasiado tiempo, tanto como para no darse cuenta que las reservas se agotaban y que eso en lo que nos educan de que si te esfuerzas y te esfuerzas mucho llegan siempre las recompensas. Ella seguirá fuerte, se obligaba a serlo cada vez más rota por dentro esperando la promesa, esa de que las cosas buenas llegan.

Muchos la veían como una héroe por aparentar poder con todo, sonrisa siempre puesta. Por dentro se consumía, rabiaba y empezaba a odiar a todos por pedirle tanto y no darse cuenta que no podía más. Esperaba de otros el primer paso, ese que solo ella podía dar.

Por eso fue tan importante no entender durante un tiempo el proceso, dejar de automedicar sus sentimientos y poco a poco conocerse y reconocerse.

Hoy he visto a la mujer fuerte, ahora sí que siempre fue pero su fortaleza no viene de todo lo que dejó atrás sino de la tranquilidad de ser dueña de sus pasos y responsable de sus decisiones.

Sigue habiendo miedo, como lo tengo yo y lo tiene cualquiera, pero ahora pesa poco y sube y baja… con las mareas. Como las personas son más bonitas de bajada, cuando se descubren y no tienen como ocultarse.

Gracias por la visita y si nos vemos que sea así, compartiendo higuera, huerta y confidencias. 

Aquí siempre tendrás la de mi madre.

Jorge Juan García Insua

“El mundo rompe a cualquiera, muchos se hacen fuertes en los momentos rotos” 

E. Hemingway

Un niño no sabe ir lejos

“Lo primero que quería era irme bien lejos,

Lejos de todo, hasta de los mosquitos. Irme hasta mirar a mi alrededor y sentir que no había nadie, nadie para nada, nadie… que me volviera a hacer daño.

Lejos del dolor del recuerdo de aquellos niños que se burlaban de mí, que me maltrataron por primera vez a los ojos de todos y que nadie quiso ni supo ver… aún me duele Jorge, solo tú ahora lo sabes. Roto… desde entonces y para siempre. Eran solo niños pero me hicieron tanto daño, tanto que me mataron en vida.

Siempre roto.

Lejos de esa primera lección de la vida, de bajar la cabeza, cerrar los ojos y apretar los dientes mientras recibí otras, no te la imaginas… me follaban como se folla a una muñeca, así… de usar y tirar… y que pase el siguiente. No sé cuántos, cuántas… qué más dá. A nadie pareció importarle. Si me hubiera tirado a una cuneta nadie me habría buscado.

Y un niño no sabe ir lejos, hasta en eso me engañaron. Un niño aprende a soltar todo eso a través de los puños, a romper puertas, a decir que me hice daño con un martillo cuando el martillo lo cogí para romperme los huesos, para castigarme, para matarme ya que un niño no sabe matarlos a ellos.

No era suficiente. La vida debió pensar que no era suficiente y dedicion que otros a su antojo dispusieran de mí. Así llegaron los 11, los 12, los 13…

Los 13 me dieron luz para empezar a pensar que merecía morir pero ni eso me enseñaron bien y la mierda de vida decidió que debía vivir arrastrándome ahora que me había empeñado en destrozar hasta convertir en polvo algunos de mis huesos…

(Largo silencio… coge aire)

Crees que alguien tuvo compasión? Nadie levantó la mirada a mi paso. Si alguna vez fui o tuve algo esos días lo perdí. Crecí sin nada, pasando los días y esperando la noche parado con los brazos en cruz a oscura en carreteras de mala muerte rezando… rezando que pasará un camión, un grande grande y me llevará por delante. 

Soy tan cabrón que cada dia me despertaba tumbado en esas jodidas carreteras, supongo que caía muerto de cansancio y joder joder… algunos días olía meao, no sé si mío o de algún puto animal que se acercaría hambriento y ni por esas me mordía.

Tal vez así llegaría al cielo porque hasta eso parecía que no era para mí. No para un puto suicida, parece ser que allá arriba tampoco nos quieren. Para eso si valía! Para ser pecado! A la mierda el derecho de admisión Jorge! A la mierda todos.

De eso sí que tengo, mierda. Me sobra mierda, por dentro y por fuera y sabes lo que pasa con la mierda? La recoges pero sigue oliendo. Joder, yo debo oler a kilómetros.

Por eso mi padre me… en fin, desapareció. Igual no soportaba mi olor, tal vez apestaba más que yo y… no te creerás lo único que recuerdo ya de él… “espabila, ten agallas, sé un hombre”. Te imaginas? Ten agallas… pero espera que aún lo remató con un “lo último que quiero en esta vida es un hijo maricón”.

Maricón. El marica nace o se hace Jorge? Tendrás que ayudarme también en eso porque no sé lo que soy o lo que me han hecho ser o si puedo ser algo…

Aquella noche no dormí, bueno llevaba muchas sin dormir pero aquella… te faltarían folios para apuntar todo lo que me metí, fumé… hasta por las orejas, hasta por el culo… como quería mi puto padre. Y por más que me metía me despertaba al día siguiente o a los dos días o a los cuatro, respirando. Increíble verdad? No me quieren arriba pero tienen la mente tan retorcida como para que siga vivo. Debo ser el circo de feria más entretenido que han tenido, luego dicen que los psicopatías estamos abajo…

Bueno, no sé si lo soy? Lo soy Jorge? No estaría mal. Un suicida psicópata tiene glamour. Joer y que lo sepa mi padre. Mejor un suicida psicópata que un suicida maricón.

No puedes entender cuando ves que otros si lo han hecho, sí lo han conseguido… me cago en… qué valientes! Ellos sí y yo, aquí explicándole mi vida a un loquero. No te enfades, te lo digo de buen rollo.

Entiendes por qué quería irme lejos. Nadie quiere escuchar esto, nadie quiere escuchar a la mierda. Y tú vas y hasta escribes sobre ello? Pensé… a este tengo que conocerlo, está más loco que yo o ha visto mucha mierda.

No sé si vengo para que me ayudes a encontrar el valor para volver a intentarlo o para acojonarte, que me digas que no puedes ayudarme y así tenga una excusa más. Como si las necesitara, como si no tuviera suficientes.

Igual no llego a la siguiente sesión. Nadie me echará de menos, tú… pareces buena persona. A las buenas personas les caen las grandes mierdas. Has pasado por mierdas Jorge? Joder, será que soy una buena persona? Qué cabrón el de arriba! Ala! No había más buenos que tenia de dejar caer toda la mierda sobre mi. Toda para mi!

(Llora. Largo silencio)

Entonces, cuándo nos vemos? Si llego… si no llego es gratis no?”

No he pronunciado una palabra en la sesión. Salvo presentarme, pedir permiso para grabar y luego para cerrar día, hora y pedir permiso para publicar.

Se ha levantado varias veces, se ha sentado en la alfombra, se ha estirado… cogido a la caja de pañuelos. En todos esos movimientos he sentido que no debía hacer, que si para él así estaba bien, así estaba bien. Imposible no sentir, removerte y emocionarte cuando alguien llega a ti así.

Cuando se ha marchado solo pensaba desde el suelo que hay que ser muy valiente, mucho más de lo que puedo llegar a concebir para con todo dar el paso y venir hoy aquí.

El resto me llevará unos días bajarlo o tal vez me dé la oportunidad de hacerlo juntos.

Jorge Juan García Insua

Antes de acompañar somos acompañados

Hoy una paciente en sesión mientras reflexionaba sobre sus relaciones ha conectado con la dificultad de “acompañar” y me ha comentado que los psicólogos deberíamos explicar más el significado y sentido de “acompañar en terapia y fuera de terapia” porque sería de gran ayuda para otras muchas personas.

He querido coger el guante. Primero porque como psicólogo me siento responsable y tienes razón, deberíamos dedicar más tiempo a explicar la necesidad de acompañar y desde dónde acompañar y segundo porque hacer este ejercicio también implica ser responsable, a tus ojos y a los ojos de quien me lea y escuche, con mi trabajo como psicólogo y psicoterapeuta.

Te diré lo que significa acompañar…

Acompañar es construir contigo una relación cercana y de absoluta confianza.

Acompañarte es sentarme delante tuyo de igual a igual.

Acompañar es crear un espacio de seguridad y tranquilidad para ti.

Acompañar es darte las gracias por compartir y escucharte agradecido.

Acompañar es que te permitas sentir y que te sientas tú mismo en el momento presente.

Acompañar es callar mi voz interior cuando empezamos la sesión y regalarte silencio.

Acompañar es ser altavoz de la tuya y sólo de la tuya.

Acompañar es permitirte ser, dentro y fuera de la consulta.

Acompañar es estar aunque no te sientas bien, aceptar que está bien que te sientas asi y ayudarte a aceptar que tras ese sentirse mal hay un para qué.

Acompañar es respetar tus tiempos y tu pasos.

Acompañar es aceptar que es tu proceso, tuyo es el timón y la dirección.

Acompañar es no decirte qué se supone que tienes que hacer y darte las herramientas para que vivas y actúes según lo que piensas y sientes.

Acompañar es escuchar activamente, en mayúsculas. 

Acompañar es ayudarte a ser responsable de tus pensamientos, emociones, actitudes y conductas 

Acompañar es estar a tu lado paraa entender el para qué de tus conductas y pensamientos para que tú decidas cómo recuperar el control.

Acompañarte es enseñarte cómo identificar y expresar las emociones, incluso aquellas más incómodas. 

Acompañar es dar contención y apoyo emocional para que te permitas sentir, reflexionar y decidir en consonancia.

Acompañar es estar emocionalmente a tu lado cuando te enfrentas a los desafíos del día a dia y te permites Vivir de una forma más plena y satisfactoria para ti.

Acompañar es mostrarme comprensivo y empático. sin dirigir, invadir ni intentar gestionar, cambiar o apropiarme de tus emociones ni de cómo las experimentas.

Acompañarte es saber estar no saber hacer porque todos antes de acompañar hemos sido acompañados.

Espero que ahora sí haya sabido explicar lo que significa acompañar pero sobre todo que veas reflejado todo eso en cada una de las sesiones que llevamos juntos.

Espero seguir acompañándote.

Gracias por permitir acompañarte.

Jorge Juan Garcia Insua

Vidas de rosas y dragones (Casi 23 de abril)

He soñado que volvía a nacer, otro siglo, otro país, otro color de piel y al abrir los ojos los tuyos.

He soñado que me perdía en ellos, que me gananan una vida más, poquito a poco y escucho como me hablan, flojito… al oído, susurrándome que deje de buscar la palabra, que tal vez no exista una exacta… que hay un destino para cada vida y todas las mías son ya tuyas.

Y me cuesta poco cerrar los ojos y dejarme soñar. Querer soñar y tú entre una colección de recuerdos, apasionados, eternos y sueño creyendo que esos, todos esos nos pertenecen y con los ojos cerrados quiero creer que todos y cada uno de ellos son verdad.

Tan verdad como que cuando yerras queriendo querer alguien se apiada y te deja volver a intentarlo y sanar… no con palabras que curarán heridas sino con saliva que te cubre la piel, por eso mis labios te recorren cada mañana.

Si sigo soñando poquito a poco voy cayendo en tus manos, en esas que me acarician el pecho cuando el sueño te vence y me convencen que seguirás en él cuando despierte…

Soñaré que abriré los ojos en nuevo nacer y lo haré convenciéndote que nunca es tarde si volver y volver es hacerlo junto a ti. Vidas perdidas para ganar el instante de besarte, cerrar los labios y abrir el corazón mientras siento que algo se mueve dentro,

Si volviera a nacer pediría hacerlo dentro de ti, en las coordenadas precisas, muy dentro y profundo para seguir recreando que cada parte de ti es mía, para acariciarte de todas las formas imposibles que nos atrevamos a imaginar y alimentarme (de ti) hasta que mi espacio sea de nuevo tuyo.

Volveré porque hay una lengua que solo contigo me atrevo y creo saber hablar. Volver para querer y vivir. Volver para pedirte perdón porque intenté dejar de ver lo bueno que hay en ti en un intento absurdo de olvidarte y alejarme… y cuando creí haberlo conseguido vi que no quedaba nada que ver.

Puedo imaginarme recorriendo tu cuerpo hasta deshacerme en tus labios, en los que me saboreas y te mordisqueas. Poco a poco olvidando mi nombre y mis apellidos, cada historia que hice mía, mi reflejo y cada cosa que en algún momento ha sido mío, los recuerdos de los que no has participado, algunos fantasmas y me alejo de tu olvido…

Si alguna de estas vidas la empiezo en la cuna gatearé hasta el lugar donde nos encontramos y crecimos, tú y yo, tú y yo con un mundo tan grande que no nos cabe en las manos y que nos moja de lluvia hasta entender que te moja distinto cuando estás enamorado

En cada vida corregiré las líneas del destino para que la casualidad nos cruce antes, que me lleve allá donde estés para ser tu almohada cuando te duermes antes de que la película empiece. Te acariciaré hasta convencerte que todas las vidas son nuestras y nos pertenecen, que no tenemos remedio… ni disculpa ni perdón.

Otra vida para aprender a escribir poesía y para descubrir que aún recreo tu sabor. Buscarte para darme la razón, donde mis labios sacan lo mejor de ti y hay algo mágico en nuestro poco a poquito, otra vida y otra y otra y gritar hasta quedarme sin voz que… no cambiaría nada.

Una para no tener que fingir, para decirte cómo brillas y desear que algún día brilles así pensando en mi, verte como el arte que eres, mirarte perdido y asustado, sin saber decirte que he sido en todas las vidas tan pobre como desastre y que no echo nada de menos cuando me abrazas y entonces siento que todo está bien.

Una para esperarte. Misma hora. Mismo lugar. Aunque me digas que sales tardes. Aunque te diga que me iré temprano sabiendo que querré quedarme un poco más.

Una para hacernos viejos sintiendo que alguien cuida de mi y yo de ti. Ver que mis canas ponen orden a mi mundo interior, me calman y te calma hasta casi olvidos momentos que en vidas pasadas lo pasamos mal. Darte una mano para enseñarte el cielo y convencerte que ya no quedan tormentas mientras en la otra te escondo un paraguas estampado en estrellas…

Una última para escuchar en bucle todas las canciones de amor que en silencio te he dedicado y abrazarte con devoción, tanta que cuando empiece a desaparecer, cuando se acerque mi último segundo puedas grabar mi mirada, esa que te dice que sabía que llegaría el momento, que llegaría el instante de no ser capaz de evitar que esto acabe, que tantas veces habremos sido inicio y a cambio debe haber una último final…

Confía, cree en mí y haré un último intento. Trataré de explicarle a San Pedro lo que significan todas estas vidas contigo. Le diré que no puede atarme al cielo sin antes dejarme las vidas necesarias para desatarme de la tierra, que habiéndote conocido no estoy dispuesto a irme y no puedo mientras tenga vidas donde encontrarte. Sabe Dios que me sobra fe para saber que no se puede renunciar si hacerlo algo dentro te duele.

Le diré que fue conocerte y soñar bonito, que nunca soñé que fuera tan bonito como vivirlo contigo y que si me marcho nunca será junto a ti y siempre será por ti.

Una más para irme antes que tú, para tener la edad suficiente de entender que podemos vivir, seguir como si nada y sin haber aprendido nada, una más para que no llegue un día que dejes de creerte mi Princesa y yo tu espolique, embobado deje de ser dueño de mis deseos para desear los tuyos y a ti.

Nacer de nuevo en medio de un 23 da abril de una año cualquiera en plenas Ramblas firmando libros que llevan tu nombre. Me imagino como cada vez que alguien me pida que lo dedique se me escapa una sonrisa pícara de quien te sabe protagonista porque tu recuerdo vale una vida, una que no necesita escribirse en páginas blancas para saber que los dragones son más reales que los caballeros y casi todo es posible… si es contigo.

Volver a sonreír aún sabiendo que las he gastado hasta quedarme sin ninguna. Culparme porque no sé cómo todo a veces sale todo al revés, que lo único real fue quererlo y soñar quererte para siempre, que todos los deseos entran en un último aliento… y su recuerdo depende más de ti que de mi.

Una.

Para un te espero hoy, para un te espero mañana, para un te espero… sin más, que tal vez ahora cada vez que veas a alguien firmando un libro te acuerdes de mí susurrándote que algunas historias son verdad y algunas, sólo algunas, además son bonitas.

Casi tan bonitas como tú.

Jorge Juan García Insua

(Un casi 23 de abril…)

Mucha mierda

En un momento de la sesión me ha dicho…

– No puedo mirarte y decirlo, no puedo… me da vergüenza…

Sin intervenir he esperado a que decidiera seguir, las palabras parecían no querer salir de su boca. Y ha seguido…

– Vergüenza y… miedo. Necesito decirlo, la de veces que me lo he dicho…

– Déjame que te proponga algo, te ayudaría si no me ves, si no estoy delante tuyo?

-Lo dices en serio? No quiero que te molestes…

– No es ninguna molestia, es tu sesión recuerdas? Tú mandas en tu espacio.

Y me he sentado en el suelo detrás de su butaca. He permanecido en silencio mientras ella respiraba profundamente, miraba la butaca vacía y su sesión ha continuado…

– Soy defectuosa, algo hicieron mal conmigo porque no recuerdo un solo momento de mi vida donde haya tomado una decisión correcta… siempre he estado rota, sigo estando rota y buscaba alguien que me arreglara y una rota solo ve a los rotos como ella y dos piezas rotas difícilmente encajan, difícilmente pueden ni parecer una… creo que he intentado tantas veces encajar con alguien que perdí la cuenta de como de rota estaba y cuánto me seguía rompiendo… he nacido tan defectuosa que dudo que algún día deje de estar rota…

Y así ha seguido la sesión, prácticamente sin yo intervenir. Solo acompañaba, estaba.

La escuchaba mirando la butaca, mi butaca. Escuchaba y conectaba. Espejo y reflejo. He acompañado desde ese sentirse tan rota, ese transitar por su “vida de mierda”.

De hecho todas las sesiones de hoy han coincidido en eso, en sentirse en un momento “de mierda” y “sentirse como una mierda”. 

Amo mi profesión pero ahora que apago las luces de la consulta no puedo evitar pensar que es una mierda acompañar desde aquí, saber que lo que necesita el paciente es precisamente eso, que valide la mierda, que lo aoompañe desde ahí y que la sienta junto a él.

Ni delante ni detrás, al lado, De tú a tú con le máximo respeto y validación que sea capaz de dar. 

Acompañar es aceptar el momento vital de la otra persona, no para dar consejos ni decir lo que creemos saber sino para ayudarle a crear un espacio de aceptación, seguridad y confianza para que llegado el momento vuelva a creer en sus capacidades y posibilidades.

Entonces sí, creo que hoy también he acompañado. Espero que ellos también lo piensen…

Jorge Juan García Insua

Adiós Sr. Pérez!

Todo ha empezado buscando el diente que se le había caído a Jan esta mañana y que había guardado en la mochila en una servilleta que le había dado su abuela.

Cuando finalmente ha aparecido le he dicho sin pensar…

– Menos mal o el Ratoncito no hubiera venido..

Me han sentado los dos y entre bromas me han dado a entender que el Ratoncito, como los Reyes, el Tió, Papá Noel… en fin… que soy yo.

Me he quedado sin palabras mientras ellos bromeaban. Al ver mi expresión Jan me ha dicho bajo la atenta mirada de Pol…

– Pareces triste… no sabias que eras tú?

No he sabido responder excepto… “jo.. ya no creéis… me da pena…”.

– Ya hace algún tiempo que lo sabemos papá pero no sabíamos si lo podíamos decir… – ha dicho Pol.

– Papá no te pongas triste… yo por ti creo y creeré – me ha dicho Jan mientras me abrazaba y besaba.

Así hemos estado unos minutos.

Una vez en la cama al darle las buenas noches a Pol me ha preguntado si ya no estaba triste..

– No cariño, estoy triste pero es normal que lo esté. Que lo sepáis para papá es importante, era muy feliz imaginando que creíais y cuando creíais yo creía con vosotros.

– Por qué es tan importante para ti que creamos?

– Porque yo creí, quise creer muchos años más de cuando sabía que no todo era mágico. Y sigo buscando esa magia en todo, en las ilusiones, en las historias, en las personas, en los corazones… y me pone triste pensar que ahora podáis perder esa inocencia, que dejéis de soñar y de creer que por imposible que parezca todo es posible. Eso lo quiero para vosotros y lo quiero para mi.

Pol me ha abrazado muy fuerte y hemos llorado juntos. Ha venido Jan, nos ha abrazado a los dos y hemos llorado juntos.

Pol ha cogido aliento y serenidad y mirándome me ha dicho…

– Papa… yo no quiero dejar de creer ni de soñar, quiero ser como tú 

Escuchar esas palabras ha sido de los momentos más especiales que ahora puedo recordar con mis hijos. El corazón se ha hecho grande, muy grande y lo he llenado a besitos.

– No sé cariño si has entendido todo lo que he dicho y creo que aún no puedes entender lo que significa para mí lo que acabas de decir. Algún día lo entenderás y espero que te acuerdes de este momento, de este instante que yo no olvidaré nunca y que recuerdes que hoy me has hecho muy feliz…

Los he mirado…

– … y que es imposible quereros más de lo que os quiero.

Jan ha buscado su sitio, se ha acurrucado en mi pecho… “ y nosotros te queremos mucho a ti”.

Y sigo triste pero también lleno y no soy capaz de ponerle palabras. Tal vez sea porque no son necesarias y lo que se podía decir ha sido sentido.

Me he puesto triste porque hoy se cierra una etapa, para ellos y para mí. Pero como todos los finales este va seguido de un inicio…

Es curioso pero cuando me imaginaba de padre podía visualizar estos primeros años pero rara vez los años siguientes.

Tal vez porque alguna vez pensé no llegar a estar vivo llegado este momento, tal vez porque me daba miedo dejar de soñar con ser padre, tal vez porque tengo miedo de no saber hacerlo en esta nueva etapa.

Hoy han decidido que duermen conmigo, uno a cada lado… más Pinguï. Qué mejor forma de acompañarme, de sentir conmigo y enseñarme a soñar con mañana, con pasado y con el siguiente.

Siento que una parte del niño que hay en mí hoy a crecido, ese niño que se niega a perder la poca inocencia que todavía me pueda quedar. Y me duele despedirme de él. Y los quiero con el alma.

Cuánto tienen por enseñarme y yo cuánto por aprender.

Jorge Juan García Insua 

”Once upon a time… not so long ago”

Cincuentenario, quincuagenario… suena hasta señorial. No sé si voy a acostúmbrame. Me dicen que a partir de hoy todo es cuesta abajo, que hoy sí puedo decir eso de “cuando era joven…”.

Cuando lo era seguía persiguiendo sueños y hasta me cambiaba el nombre cuando firmaba en el camino de encontrarme a mí mismo. Jorgito, Coke, Ferran DaFonseca… y alguno más que ni llegado al medio centenar me atrevo a confesar.

Cuando era joven me castigaban por pelearme contra decenas por no poder soportar que pegaran o se metieran en la escuela con mi mejor amigo Paco. Y mi padres siempre lo respetaron. Los suyos también.

Cuando lo era seguía durmiendo de un tirón al llegar a la cama, debí aprender a vivir durmiendo poco y es ahora cuando la pereza surge en las fiestas de guardar.

Entonces soñaba con pelotear algún día con mis hijos… ahora maldeciré el día que deje de hacerlo.

En el camino he perdido buenísimo pero sigo sobrado de impulso y energía cuando algo me conmueve y apasiona. Ahora incluso algunos dicen que escribo y se hacen ideas de mí que ni por asomo y sí acepto que lo hago para no dejar de ser lo contrario a un libro abierto.

El primer y último cigarro que fumé me lo dio mi padre en una boda. La primera y última calada a un porro fue en Hospitalet y fue por amor. La de veces que he hecho algo por primera y última vez por amor…

Me he defraudado más veces que años cumplo… menos a Hacienda. Perdí la cuenta de las veces que me he sentido defraudado, será memoria selectiva o que acumulo años suficientes para aprender a soltar, perdonarme y perdonar.

Me reconozco y reconozco que muchas veces pensé no llegar a cumplirlos y tener una temprana fecha de caducidad. Llego sin tener ganas de saber ni cuándo ni dónde ni dispuesto a dar pasos atrás.

Soy el último de los que conocí en mis años más oscuros. Aquellos que me enseñaron que puedo ganar perdiendo, que las batallas nunca te hacen fuerte si no tienes claro qué te mueve a pelearlas y qué estás dispuesto a perder. Aquellos que una vez me dijeron que valía la pena perder su batalla si a cambio ganaba la mia.

Perder. Aún no he aprendido eso. Soy el torpe que nunca ha sido el más listo ni el más fuerte, sigo tropezándome con las misma piedras pero ahora caigo con más estilo, hago selfies de los hematomas y hasta me dan likes.

Ya no castigo mi cuerpo y lo trato con más cariño. Dejé de buscar su límite y me reconcilié poco a poco con cada una de las cicatrices. Me costó eso de encajar que correr no es de cobardes y que no tengo nada de caballero excepto cada 23 de abril que me da por presumir de ello.

Aprendí a pensar en mi salud y hacerlo casi me cuesta perderla. Nunca mais. Y más costó entender que preocuparme por mi futuro me alejaba del presente.

Sigo sin acabar de escribir esa canción que un día prometí poner letra… tiene alguna frase en gallego y la última frase que de momento tiene es “sigo teniendo ganas ti”…

Como un gusano me encierro cuando me hacen daño o me superan las emociones. Necesito la distancia y el espacio para sentir, entender y volver a creer que algún día tendré algo de mariposa.

Cuantas veces pensé que no daba más, que no podía más, que no vería más y en cambio… nada es tan grave cuando te das un largo abrazo y mucho cariño. Si has conocido a alguien sonriendo sabiendo que estaba roto por dentro también me has conocido a mi. Curioso que ahora sean muchas las veces que acompaño a otros mientras se reparan y poco se imaginan cuantas de ellas me han reparado a mí y cuánta es mi deuda por ello con ell@s.

Y eso que me he callado más de 50 cosas. Algunas siguen haciéndome daño cuando me recuerdan que siguen ahí y me hacen vulnerable. Otras se han convertido en cosas y personas bonitas que me ensanchan las pupilas aún cuando no las ve nadie. Es verdad eso de que todos estamos hechos de Estrellas, las mías forman galaxias de historias, momentos y recuerdos.

Doy lo mejor de mí cuando abrazo y cierro los ojos. Los años y la serenidad me permitieron soñar que era algo parecido al hombre de los abrazos perfectos. Tal vez ya no hago con la misma fuerza pero me sigo emocionando cuando lo hago y no puedo evitar pensar que tal vez no daré otro.

Me he sentido vacío y me he vaciado. Sigo sufriendo cuando sucede aunque ahora no dudo al pensar que no hay otra forma de estar preparado para llenarme otra vez.

No recuerdo en todos estos años haber visto bailar a mi madre pero cómo reprocharle nada a quien tanto le debo sabiendo que soy parte de la música de su banda sonora. Sigo echando de menos a mi padre. Todos los días y sigo esforzándome en hacer que siga estando orgulloso de la persona que soy y seré. No puedo soportar la idea de pensar que mis hijos no lleguen a estarlo de mi.

He pasado horas y horas en atascos, caminando en transbordos eternos, escuchado la misma música con los ojos cerrados, he llevado hasta tres móviles y nada de eso acabó por hacerme feliz. Soy fruto de muchas personas que dieron una primera oportunidad, que confiaron y creyeron ver en mi algo especial. Antes de saber dar es tanto lo que recibí que siempre estaré en deuda.

No te creerás los Km que acumulo entre mis piernas y mi corazón. Durante años me llevaban los demonios pero se calmaron y con ellos el miedo a caer y no poder dar un paso. He perdido la cuenta de los amaneceres que he disfrutado a la orilla del mar. Me he vuelto adicto a hacerlo fácil, a agarrarme a lo que me hace feliz y dejar atrás aquello que me quite el sueño.

Me cuesta recordar cómo era con 30… y con 20 ni lo intento ni lo necesito. Pasar por los 20, los 30 y todos los 40 me ha llenado de momentos. Vivir es lo único urgente, el resto es cosa de la edad.

Sigo sin cumplir tantos años como para superar al número de personas que han llegado a mí para intentar seguir cumpliendo edad, solo por eso vale la pena llegar al 5…

Si lo pienso llego aquí sonriendo todos los días aunque sea un poquito, pintando canas y con el pelo más largo de lo que apuntaban ciertos genes familiares. Lo de mis genes y la familia necesita de 50 años más para ser entendido por la ciencia. Tal vez sigo vivo para darles tiempo a estudiarme con conciencia.

Me sobran ganas para más. Me sobran para que me des 50 abrazos más los de propina… y un beso al final. Me sobran para seguir sin darle mucha importancia a mis años porque sea el año que sea poco refleja lo que a lo largo de ellos he vivido y compartido.

Y todo esto que te escribo está bien. Todo esto es gracias a mi edad, a mis canas, a mi locura y a mis ganas… sean 50 o sean muchas más. Tengo la experiencia que me dan los años y la edad que aún no han cumplido mis sueños.

Si tienen razón y en mi camino empieza la caída voy a dejarme llevar, sí y lo voy a hacer planeando. Alguien pensará que lo hago por joder a los que tienen prisa (y no les falta razón) pero lo haré porque ya que he llegado hasta aquí no quiero caer sin más y quiero disfrutar de las alturas.

Quiero fingir que tengo miedo para tener excusa de cogerte fuerte de la mano y tocarte por debajo de tu espalda mientras dure la bajada, quiero sentirme pequeño y soñar en grande mientras escucho una y otra vez la historia de Tommy y Gina… Caer aprendiendo, acompañar y ser acompañado, sentir cómo se acelera el corazón para seguir mirando cuando el viento me cierre los ojos y cuando irremediablemente me acerque al suelo convencerme que todavía no es suficiente, que quiero más, más más más… y soñar que mis alas se extienden,  tanto tanto tanto que me olvide de todos estos 50 años excepto de las personas a quienes tanto quiero y querré 50 más.

Jorge Juan García Insua

Para que lo sepas tú

Para que lo sepas te diré que lo vales todo.

Lo vales todo. Tú lo vales. Lo que puedo imaginar y lo que nunca llegaré a soñar. Para que lo supieras te dije que quería un contigo.

Aunque fuera un solo segundo un contigo era apretar el lazo un poquito más, era un poquito hacer más eterno lo que nada es para siempre. Tienes el don de la presencia incluso cuando no hablas no me escribes o no quieres estar. No te había conocido y te dedicaba frases en silencio, tan infantil que sin enviarlas esperaba que te llegaran y que mis musas no lo supieran, que ni se enteraran… Pues de saber tu nombre me odiarían por no tener el valor. Tú, yo, ellas o los dos.

Y no lo entenderían. No entenderían que no sepa explicar como estar contigo a pecho descubierto es todo y nada y no va más. No entenderían que cada mirada es un sentir y que mirarte es sentir miedo a perderte mientras aquí me quedo, temblando… esforzándome en retenerte, grabarte para no arrepentirme si mi memoria se olvida y se me olvida el momento.

Yo todavía me arrepiento de no dedicarte aquellas palabras. Aquellas y las siguientes. Lo intenté, no puedes imaginarte cómo y cuánto y quise tantas tantas tantas tantas veces que perdí la cuenta. Estar contigo es… era… será…

Estar contigo sin buscarte y dándome cuenta de haberte encontrado. A veces cerrar los ojos y desear que me alcances, otras soñar que te espero llegar. Ay los sueños… Saber que me lees y revives los sueños, esos que recreo cada noche y donde lo hacemos juntos… de la mano, mano con mano, entre manos… sin manos. Sintiendo lo que siento y entendiendo cada palabra que escribo.

Yo? Quería y quiero estar contigo. Sin un adiós, un aquí estaré o un para ti… Estar antes de que te vayas, te alejes y no quede nada y no va más porque mis Musas te descubran. Me siento extraño y escribo sin sentido sabiendo que si desapareces mi inspiración me abandonará en señal de protesta. No la inspiración de escribir, esa te pertenece, hablo de la de respirar, de esa que si falta faltaré. Faltarás.

Sabes?

Me quedaré sin hablar antes de perderte para siempre. Me niego a sentirlo y a aceptar que si sucede sea para un hasta siempre. Silencio, me haré silencio, seré silencio para acordar y recordarme de ti y de cómo tu tacto me hacía feliz.

Me niego a bajar la cabeza, a dejar de vivir… a no sentirme de ti. Quererte crece con la edad, los años todavía me hacen hervir la sangre y no quiero perder trozos del pasado de cuando tu sonrisa me hizo feliz.

Un contigo aunque me haga más mayor y sea el último sobre la faz de la tierra que todavía hable y escriba de amor. Aunque ya nadie me lea y entienda que nada de lo que dejo me hará inmortal. 

Tal vez se trata de eso, de que lo sepas tú, de que sientas que me fui sin dejar de sentir por ti. Y todo eso el año que empieza y soñaba estar contigo, todo eso el año que justo empieza y ya me ha enseñado que se puede tener miedo y amar y que no existe una mejor versión de mí de la que vivió un contigo.

Jorge Juan García Insua

Así me gusta escribir

Sé que no es la primera vez que lo digo,

como sé que ni una de esas veces lo he dicho sin sentirlo.

Me gustas…

Me gustas porque no eres de viajes cortos cuando se trata de conocer tu cuerpo. Me gusta conocerte y reconocerte a través del tacto y el olor de tu piel. Me gusta que me gustes y soñar que te guste y que gustes junto a mí.

Gustar, gustarte, me gustas. Sí. Lo sabes. Te lo he dicho, repetido y he querido hacértelo sentir.

Cómo me gustas… quería ponerle palabras pero no, no me llegan, son… tan cortas y tanto, tanto me…

Me gusta no ser de paso y a ti que insista y me quiera quedar. Me gusta que nunca me hayas dicho adiós y que yo no sepa irme, no quiera ni me salga hacerlo. Por eso me quedo, por eso me gusta estar, estarte… para ti. Contigo.

Me gusta pensarte sin querer y quererte sin pensar. Pensar que te beso y cuando lo hago pensar que no es un sueño y que en cada beso me sientes y te dejas sentir.

Me gusta que recordemos momentos y que pocos o muchos sean intensos, verdaderos como lo que siento y más fuertes que un “te imaginas”… y te imagino a mi lado o yo al tuyo o de la mano o mirándote y que me escuches un “me gustas” verdadero.

Te mereces mucho más que un me gustas. Lo sé. Pero me gusta la paz que hay en tu mirada cuando va acompasada de esa sonrisa… esa en la que me gusta perderme y me gusta mirarte y mirarte besarte mirarte y mirarte besarte y sentir que no es suficiente, que quiero… más.

Te extraño y me gusta. Qué estupido verdad?

Tal vez muchos lo piensen. Pobres. Ellos no te han mirado, sentido, besado, abrazado ni soñado como lo hago yo…. Cada noche.

Me gusta ser estúpido si en eso consiste. Y podría ser mucho más, como nunca nadie lo ha sido antes para que sepas que me gustas, que no lo olvides, que lo recuerdes, que lo sientas… A ratitos, en silencio, en secreto… aunque yo lo escriba y lo publique. Para ti.

Y que te guste que me guste y que nos gustemos, que estemos y nos sobre ir a ninguna parte. Qué gusto que me gustes, que me leas, que te guste leerme.

Me gusta escribir y que sepas que lo hago para ti pensando en ti.

Siempre pensando en ti.

Así me gustas y me gusta escribir.

Jorge Juan García Insua

Una de Juanita

Cuando me ha visto ha levantado los brazos y se ha echado a llorar. Sentirla así me ha roto por dentro.

“No quiero morirme, no quiero morirme…”

Abrazados sobre la camilla ha pasado el tiempo. El suficiente para calmarnos los dos y recuperar el aliento.

“Lo siento Jorge, lo siento sobrino”

Y hemos necesitado tiempo para volver a

Recuperar el aliento.

“No quiero ser una carga, prefiero morirme que haceros perder el tiempo, a la nena, a ti, a tu hermano… Soy mayor pero quiero vivir, vivir… Dios tantos años… Mira lo que me tenía preparado… cumplir años para estar aquí… no quiero ser una carga”

Y más abrazo y más lágrimas.

“Y ahora pobre Patri…”

La he acariciado la mejilla, se la besado. El Nolotil empezaba a entrar por la vía.

Durante unos momentos con sus 92 años y esa locura que la acompaña ha empezado a explicar instantes de su vida. Desordenados, de sacrificio y entre emociones me ha dicho que no somos sus sobrinos… “sois mis hijos… como Marc, como Paula, la pequeña María… como los tuyos… quiero veros a todos… He pensado en tu padre Jorge y en mis hermanos, se fueron tan pronto y al pobre Avelino… no pude despedirme de él Jorge, pobre Avelino… ahora hará un año…

…Le dije a tu hermana que me quería morir en casa, pero no quiero, no quiero morir y si quiero es para no daros trabajo, sois muy buenos, no os lo merecéis, tenéis que cuidar de tu madre no de mi…”

“Recuerdas que un dia te dije que teníamos más de una madre?”

Durante unos minutos me he quedado en silencio, cogiendo su mano y dejando que se fuera tranquilizando y yo con ella

“Crees que irá bien?” – ha seguido.

“Sí, sé que irá bien y sabes que aquí estaremos contigo

“Habrá que ir reservando para el próximo año…”

“Cuando te arreglen ese hueso dichoso y vuelvas a estar en tu casa le decimos a mi hermana que haga la reserva”

“Vale…”

Y como si no hubiéramos hablado nada… “Sobrino y hoy aquí cuál es el menú?”

Un menú muy gallego por cierto hoy en St Pau, como debe ser para una veterana de la vida tan ilustre.

Salía del hospital y al subir al coche pensaba en el miedo que me provoca esa operación pero también me sentía lleno de orgullo de ser su sobrino, de mi familia, de mis hermanos y de que a pesar de los estragos de la edad en su mente mantenga momentos de lucidez emocional tan maravillosos y que pueda seguir compartiéndolos conmigo.

Hoy me ha dado un fémur roto y 92 lecciones de vida. Que sean 93…

Te queremos mucho.

Jorge Juan García Insua

Por si decide repetir, volver y avanzar

Una noche al acabar sesiones miré los mensajes recibidos y uno de ellos era un audio. Al escucharlo me hablaba con una voz casi sin fuerza pidiéndome ayuda.

No había foto en su perfil. Me pedía que la pudiera atender telefónicamente, no quería hacer sesiones presenciales ni tampoco que utilizáramos ninguna forma de sesión que implicara imagen.

Cuando me facilitó sus datos evitó y tapó cualquier atisbo de su cara.

La primera sesión conocí a una persona aislada. Un accidente, un abandono de su pareja, un despido, un aumento de peso y muchos miedos e inseguridades la habían llevado a no salir de su habitación y a cortar prácticamente cualquier lazo social. 

Sesión a sesión fue creando zonas de seguridad en su casa. Lentamente íbamos asociando cada avance con cada uno de esos miedos. Había ocasiones donde la sesión quedaba representada con una marca en la pared, para recordar el avance, para dejar que al día siguiente la luz entrara fuerza y consciente del paso dado y del camino recorrido. Sesión a sesión sumábamos marcas y conquistábamos espacios.

Así hasta ayer. Ayer teníamos sesión y cuando le escribí diciéndome que le enviaba enlace para la sesión me contestó…

– Te pico y me abres, pero sin luz por favor 

Al instante sonó el timbre. Abrí y apagué las luces de la recepción y las de la consulta. Dejé sólo una vela que apagué al instante temeroso y dubitativo.

Entró cubierta por una sudadera muy ancha, era difícil distinguir su rostro bajo unas grandes gafas de sol. Su voz seguía débil pero muy serena, pausada y aparentemente tranquila.

Me costó unos minutos situarme y sentirme cómodo, me preocupaba no saber, no respetar la distancia y el espacio y sobre todo gestionar la sorpresa de tenerla en la consulta.

Le pedí permiso para abrir yo la sesión. Necesitaba expresarle como me sentía… torpemente le dije…

– Antes de empezar y para poder situarme necesito reconocer mi sorpresa. Me alegro mucho de tenerte aquí y quiero reconocerte y felicitarte por el esfuerzo que has hecho. De todos los pasos que has ido dando este tiene un valor incalculable.

Discúlpame si he sido frío al recibirte, he dudado cómo haberlo y me ha dado miedo que habiendo dado ese paso no respetara el espacio o la distancia que suponía que necesitabas. Por eso he movido mi butaca para atrás y confieso que había encendido la vela y la he apagado para no molestarte.

– Gracias Jorge, siempre tan atento… muchas gracias. Gracias por ser tan sincero y lo siento, debería haberte avisado pero me ha salido así, daba un paso para delante y uno para atrás… temblaba.

No sé decirte qué se me ha pasado por la cabeza pero es algo que llevaba unos días pensando. Viendo tan cerca… hacía tanto tiempo que no salía… pensaba en cuando te pregunté cómo hacías estas sesiones telefónicas y me decías que te sentabas en la butaca con los cascos y sin luces, que era tu forma de conectar con la voz y así evitabas descentrarte y sentías que la sesión fluía. Pensé que no era justo dejarte tan solo – me dijo mientras reía tímidamente.

Cuando la sesión anterior pactamos aquella marca en la puerta de casa… no sé, activó algo en mí y de alguna forma empecé a pensar en salir… en volver a salir y en todos esos miedos, en todo lo que habíamos hablado sobre ellos. Pero me asustaba y quería volver a mi habitación. Pero entonces miraba las marcas… todas, todas Jorge. Las tocaba y tocaba… tocaba todas esas marcas que hemos ido haciendo…

– Bien. Y ahora que estás aquí que significan todas esas marcas para ti?

Y la sesión ha fluido. A pesar de mis temores y de los suyos. Los hemos puesto ahí, delante y durante algo más de una hora se han hecho pequeños. A ratos sentía que hubiera podido cerrar los ojos y seguir conectado y presente.

Al despedirse me ha pedido que no me levantara…

– No te preocupes, sé que lo harías. Seguro que lo haces siempre pero me sentiría incómoda y todo ha ido tan bien…

– … tan bien como para que la siguiente sea presencial?

– No lo sé. Tal vez. Alguna más seguro que es presencial. Tal vez si escribes me lo piense – y volvió a reír tímidamente.

– No lo sé… tal vez lo haga, si me lo permites.

– Permitido quedas.

Cuando salía de la consulta se giró…

– Puedo pedirte algo?

– Dime.

– Ahora que me has visto… Bueno más o menos… si nos cruzamos, si nos encontramos en cualquier sitio que no sea esta consulta…

– Prefieres que actúe como si no te conociera?

– Sí, por favor. 

– Así lo haré. Puedes estar tranquila.

– No te molesta verdad?

– No en absoluto. 

– Gracias… pero si escribes no pongas esto… qué vergüenza.

Hace no mucho me recordaban en una formación que el terapeuta, como el coach, debemos entrar en sesión con la mente abierta, receptiva, sin juicios. De lo contrario las mismas situaciones que pueden generar impotencia o frustración al paciente pueden convertirse en barreras y limitaciones para nosotros. Digas lo que digas eres cómo lo haces.

Yo tuve miedo al escuchar el timbre y abrir. Algo tan natural como recibir a una persona y ofrecerle la consulta como un espacio seguro me resultó incómodo por momentos. Reconocerlo, sacarlo y compartirlo me ayudó a vaciarme de esos miedos y dándole su espacio encontré el mío.

Ella se marchó cerrando la puerta con mucho cuidado y dejando una marca. Una que no he visto hasta esta mañana. Ahí seguirá, solo visible para ella, para mí o tal vez para algún paciente que lea estas líneas y curioso la busque.

Por si decide repetir, volver y avanzar.

Jorge Juan García Insua