
Siendo adolescente un Sensei me habló de una leyenda que explicaba que los japoneses tienen la creencia de que las personas predestinadas a conocerse se encuentran unidas por un hilo rojo atado al dedo meñique. Esta leyenda surge cuando se descubre que la arteria ulnar conecta el corazón con el dedo meñique. Siempre me ha parecido tan romántica y llena de emoción y sentimiento que a lo largo de los años he defendido la existencia de esos lazos y que existen personas que sencillamente son lazos.
Creo que con el tiempo vamos tomando consciencia de esos lazos con personas que llegan a nuestra vida, para enriquecerla y para enseñarnos que todos y cada uno de esos lazos nos hace especiales, dando rienda suelta a nuestros sueños, fantasías e ilusiones.
Claro que no todos los tenemos presentes, y muchos vienen y se van de nuevo, sin romperse se alejan porque tal vez no era su momento o quizás el momento ya ha pasado, pero otros… otros se acercan y se alejan de forma natural. Y cada vez que se acercan es para recordarte que ese lazo sigue ahí, que merce el riesgo cogerlo fuerte y tirar suavemente para que desparezcan las distancias y disfrutar de todo lo que nos ha mantenido unidos, sin darnos cuenta de que estaba ahí ofreciéndonos un extremo y suficientemente fuerte para resistir el tirón.
Hace unas semanas una clienta me decía, sin hacer referencia a la leyenda y mientras reflexionaba sobre sus relaciones, que sentía que había lazos que la mantenían unida a algunas personas, incluso cuando deberían haberse roto, más fuertes que la distancia y el tiempo. Explicaba que quería pensar que eso pasaba porque algunos de ellos le estaban diciendo que estaba predestinada, aquellos que la ilusionaban y la hacían soñar… Qué bonita forma de darse cuenta de cuales quería estirar y cuales quería dejar ir.
Sería maravilloso pensar que podemos pasar por la vida sin tener experiencias complicadas, sin equivocarnos, sin pensar “qué hubiera pasado si”, sin temores y sin miedos… y nos lleva unos años entender (y no me negareis que así es mucho más romántico e intenso) que las cicatrices que vamos acumulando siguen ahí para decirnos algo, para recordarnos que hay alguien al otro lado del lazo, esperando la señal, a que tiremos suavemente a que probemos si es el momento de enseñarnos algo nuevo y que nos recuerden que nos hace diferentes del resto.
“Nadie aparece en nuestro camino por casualidad y nadie entra en nuestra vida sin ninguna razón” (Anónimo)
Jorge Juan García Insua


Hace semanas me habían pedido peluches… me decían que echaban de menos tener peluches…

El otro lado es un sitio oscuro, frío, solitario y a menudo de puertas cerradas. Cuando estás al otro lado a menudo no quieres salir de él, a menudo te sientes pequeño, insignificante y culpable por lo que crees que eres y por lo que piensas que podrías haber sido.
Hay historias que son eternas, que van allá del momento en que las has vivido y que pasará el tiempo y los años y la seguirás sintiendo reales.
Llegaste el día justo, en el momento adecuado y como dice la canción «a la la hora señalada». Y sigues aquí… buena observadora, amiga que sabe escuchar mis desvaríos y siempre dispuesta a regalarme tu aroma y una sonrisa a cualquier hora del día o de la noche.
El primer día de clase, la maestra doña Tomasa les dijo a sus alumnos de quinto grado, que ella siempre trataba a todos por igual, que no tenía preferencias ni tampoco maltrataba ni despreciaba a nadie.



