Hay mensajes que llegan a la consulta y que, durante unos minutos, consiguen que uno se olvide de todo lo que tenía previsto hacer. Son mensajes que alguien escribe desde la emoción, sin saber demasiado bien qué hacer con ella, y que acaban encontrando al otro en un lugar que ninguno de los dos esperaba. Esta mañana he recibido uno de esos mensajes. Era de una paciente que había asistido a la presentación de … de García a Insua …. Me explicaba que había vuelto a coger el libro, que lo estaba releyendo con más calma y que, esta vez, se había detenido especialmente en aquellos fragmentos que, de una manera u otra, habían tenido protagonismo durante la presentación. Tal vez quería comprobar cómo sonaban sobre el papel aquellas palabras que había escuchado en voz alta, o recuperar algo de lo que había sentido aquella tarde. Porque hay una diferencia enorme entre leer una historia e identificar en ella el momento exacto en que alguien se emocionó a nuestro lado.. Me hablaba especialmente de uno de aquellos fragmentos. El que dediqué a las madres, a mi madre. Recuerdo perfectamente aquel momento de la presentación. Habían hablado otras personas, se habían leído algunos fragmentos del libro y yo había procurado mantenerme en un segundo plano, dejando que las historias encontraran su sitio en las voces de quienes habían aceptado compartirlas. Hasta que algo dentro de mí me llevó ha hacer algo que había imaginado. Una de esasSigue leyendo «El día que leí para dos madres»