Ha entrado muy nerviosa, mucho. Casi sin mirarme aunque no ha hecho falta para transmitírme un gran peso… sus pupilas, cómo caminaba hacia la sala, su mirada humedecida, su entrecortada respiración… Antes de que llegara a sentarse le he ofrecido agua y he propuesto comenzar la sesión no sentados sino estirados haciendo un ejercicio deSigue leyendo «Coaching para un corazón herido de pena»