Alguien que entró hace un tiempo en mi consulta con la cabeza baja, la mirada perdida, respirando miedo y los brazos y las piernas llenas de cortes y hematomas.
Me ha tocado el hombro consciente que estaba más pendiente de otras cosa y al girarme y verla nos hemos abrazado.
Sólo hemos tenido tiempo de cruzar unas palabras, de saber si estábamos bien y de desearnos lo mejor. Pero al despedirse con dos besos me ha cogido la mano y me ha dicho “Gracias Jorge, siempre siempre siempre gracias” y se alejado con un niño pequeño que daba los primeros pasos de su mano.
El día que acabó su proceso le di yo las gracias y hoy he sido lento y torpe para volver a hacerlo. No aprendo…
Hubieron sesiones dónde me creí al límite de lo que la podía ayudar. Lo compartía con ella y aquello le era fuente de reflexión y de una extraña motivación. Eran sesiones donde sólo podía escuchar, mostrar comprensión, empatía y ayudarla a “abrazar” (como decíamos tantas veces en sesión) toda aquella oscuridad y tristeza en la que vivía.
Me llevaste a un límite emocional que no había sentido antes en sesión. Aprendí que a veces eso es todo lo que puedo dar. Entendí que el tiempo te pertenecía y que debía seguir confiando y dando apoyo, validación emocional, escucha y una fe inquebrantable en ti. Y que está bien, que es suficiente cuando no sé dar más y no me dejo nada por dar.
A lo largo de aquellos meses y tiempo después encontró su camino y la fuerza para coger el timón y seguir su camino. El suyo. Uno sin amenazas, sin golpes, sin sangre y sin miedos. Era el momento se seguir sin mi.
Aceptó que tenía un trastorno de personalidad pero que eso nunca sería motivo para ser menos que nadie y que incluso “con eso” podía ser feliz y sentirse emocionalmente estable.
Gracias a ti… por no abandonar, por confiar, por compartir, por recordarme en días oscuros que la terapia suma vida, que como terapeuta no estoy obligado a saber de todo y que la diferencia está en no dejarme nada por dar.
Mis hijos me han preguntado si te conocía y que quién eras… “Sí, la conozco. Es alguien muy muy muy valiente”.
A estas alturas estoy más convencido que nunca que no existe. Sí tal vez algo parecido, un espejismo, uno que me devuelva abrazos y besos y que me acaricie con ternura el pelo cuando estoy cansada y no doy para más.
Uno que si llamo conteste. Incluso si lo alejo conteste. Incluso si huyo conteste. Y me siga.
Y corra tras de mi.
Uno que no se rompa, o que se rompa poquito o conmigo. Pero que sea fuerte sin mi, que no me rompa a mi o si me rompe que sea con cariño, bonito, sin querer queriendo… y que esté.
Esté para ver cómo me reconstruyo, crezco, vuelo. Hasta dónde pierda el vértigo, dónde el miedo a caer se diluya y si vuelve me tome con fuerza de la mano.
Nuestras manos… apretadas, agarradas hasta no poder más. Juntos. Siempre.. Que lo intenten de nuevo y que busquen tiempo. Tiempo para un juntos, para un siempre.
Siempre tiempo. El que necesite el corazón para salir de su coraza y creerse querido. Espacio para tomar carrerilla y llegar a él o acercarme o dejar que se acerque. Así de juntos.
No quiero hablar de amor. Porque si no se da, porque si se da y lo dejo pasar, porque si pasa y lo ahuyento de puro miedo… me convenceré que no era, que no existía, que no era para mi.
Tal vez de que yo no estoy hecha para él.
Y entonces qué? Vuelta e empezar. A escapar, a huir, a temblar, a no hablar… a no sentir? Qué? Cuánto? Un año, dos, diez, veinte… una vida?
Casilla de empezar. Mierda. Ves? Vaya mierda. Por eso no quería hablar de amor. Mejor pensar que no que arriesgarte a vivirlo un segundo, una semana, un año… un resto de vida. O es al revés?
El amor es demasiado complicado. O yo lo hago complicado. No puede ser fácil que alguien te quiera dar los buenos días y las buenas noches, no lo puedes ser. No puede ser que para alguien siempre tengas la sonrisa bonita y te bese la mejilla.
El problema del amor es que no se piensa, no se puede. No tiene reglas… por eso nos empeñamos en perderlo o en no verlo cuando lo tenemos delante. Joder… mira que soy… lo fácil que sería decirle te quiero cuando siento amor o hablo de él o pienso en él.
No quiero hablar de él. Sólo quiero verle, olerle y quedarme y si quiere y puede… si le apetece, se quede.
Vuelvo porque me siento parte de aquí o tal vez porque hay una parte de mí que nunca se marcha de este lugar.
Vuelvo porque pasan los años y siempre hay alguien que me recuerda con cariño quién fue mi abuela y ahora mi tío.
Vuelvo a este lugar porque tiempo atrás llegue a casi odiarlo. Un tiempo donde llegaba aquí al empezar vacaciones y me separaba de mi padre hasta que el podía venir con nosotros. Ver a mi padre llorar porque nos iba a echar de menos ha condicionado para siempre cómo me afecta separarme de los míos.
Vuelvo porque precisamente mi padre me ayudó a reconciliarme con él y de su mano grabé recuerdos que me acompañan siempre.
Los mismos que cada año que puedo venir intento compartir con mis hijos y que ahora que pueden empezar a entender nuestra historia familiar me esfuerzo en hacerles partícipes.
Vuelvo porque aquí las estrellas están llenas de personas que vieron crecer a un niño tan trasto como soñador, a las que quise, quiero y sigo teniendo muy presentes. Aunque cada año hay más arriba y menos abajo…
Vuelvo porque aquí cada lágrima va acompañada de una risa, el tiempo se vive lento, se saborea y siempre hay alguien que me miente y dice que estoy más joven cada año. Espejito espejito…
Vuelvo porque el sol no ilumina hasta el mediodía y se marcha al atardecer para que un abrazo te caliente y reconforte durante las noches.
Vuelvo para sanar algunas heridas, recuperar lo que durante el año he podido dejar olvidado y llenarme entre los que por encima de todo me quieren.
Vuelvo a medio camino entre la alegría y la nostalgia y me embobo mirando la ría desde la huerta, bajando a Paralada y perdiendo la vista en la aldea al atardecer.
Vuelvo porque hay nuevos lazos y puentes que me unen a esta tierra, porque una vez aquí me enamoré y vuelvo enamorado.
Vuelvo porque hoy me han dicho si de verdad no me veo aquí para siempre… y por un segundo no he sabido qué responder.
Vuelvo porque hoy mi madre vuelve a tener una higuera en su huerta y los ojos se le han humedecido al verla.
Vuelvo porque es un tiempo de primos, de hermanos, de hijos y no quiero perdérmelo… y la vida pasa muy deprisa.
Hace unos días alguien especial se despedía de mi porque lo hace siempre con las personas que quiere antes de un viaje. Le dije que me parecía muy bonito que hiciera y lo hiciera conmigo así que Vuelvo para despedirme por si no puedo volver.
Vuelvo porque mucho de lo que hoy soy lo soy desde aquí y me gusta esa parte de mi.
Vuelvo para seguir teniendo excusas para a La Barquiña volver y que quede el recuerdo de la mejor de mis versiones.
Eres mi musa, pensarte es sentir el universo en la punta del lápiz, ese que me desnuda entre tu figura y que avisa que de alguna forma llegará el trazo final. El secreto ssssshhhhh… ninguna línea se junta a otra en el lienzo por azar.
Me niego a entenderlo y por eso lleno de enredaderas las esquinas, pinto sobre lo que de tu boca he escuchado y que aunque no entendía sentía que te hacían feliz. Tu sonrisa y tu mirada en el centro con tinta de oro…
He intentado pintar mi vicio en tu piel pero no he sido capaz, demasiado intenso… todo se puede dibujar, todo… menos el corazón y el silencio que me llena cuando te miro. Me falta lienzo, aire, corazón… ese que te pertenece,
Ese que se expande en mi pecho, crece y crece, te echa de menos, ese que se alimenta del miedo a perder lo que no tenemos y del ruido roto de un punto final.
Ssshhhhhh no. No toca. No quiero. Te quiero. Te toco. Y punto. Seguido. Hay tanto lienzo por llenar…
No es el miedo a la última vez, es el miedo a no saber hacerlo mejor, a no tener tinta suficiente para llegar a un “para siempre”, es el no estar dispuesto a sacrificar lo que por ti siento. Que egoísta. No quiero. Te quiero. No dibujo lo que siento. Siento porque te dibujo. A ti. Así te siento.
Sobre el blanco dibujo el frío que me provoca tu ausencia, aprieto la punta buscando calidez en tu forma, tu recuerdo… quiero ser parte de una vida que no me toca ni me pertenece pero me droga.
Lo acabaré y llegará la maldición. La de saber qué significa, cuál es la lectura verdadera, saber ver en todos esos pequeños detalles lo que significas para mi.
Un lienzo, unas simples líneas de un viejo lápiz deslizándose entre dedos casi tan viejos como él … porque como sucede en un abrazo cuando estás en él todo se siente. Y si tú lo sientes al leerlo estas líneas torpes tendrán sentido… y sentimiento.
No pido mucho.
Un lienzo en blanco para pintarnos y una vida para esperarte.
Ha pasado los 40 y por primera vez “le he dicho a alguien te quiero”.
¿Cómo fue ese primer te quiero?. Le pregunté.
Luego cuando me he quedado solo en la butaca miraba la que hasta hacía unos minutos había sido ocupada por ella. Pensaba en el paso que había dado, cuánto de importante era para ella, en lo mucho que había trabajado pero luego mientras tomaba notas de la sesión para no olvidarme de nada significativo pensaba en todo lo que había sucedido para que hasta ese momento nunca hubiera pronunciado un te quiero sentido y verdadero.
Lo sucedido tiene forma de invalidación de emociones, de un preocuparse más porque no le faltara nada que se pudiera comprar, un tras otro no saber disculparse “porque soy así y es lo que es”, un no querer reconocer límites ajenos ni necesidades más allá de las propias, un “pues yo más” cada vez que entre angustia conseguía sacar la cabeza y sobresalir, un “ya estás tumbada en el sofá en lugar de hacer cosas productivas”, un “no vayas a ser tan puta como esa con la que vas” y tantas veces que le daban la espalda porque no sabían qué hacer cuando lloraba y se sentía mal.
Ha tenido que pasar los 40 para aprender a mirarse sin verse reflejada en nadie, incluso alejarse de aquellos que la “quieren mal” aunque les debe la vida, otros que decían te quiero con la mano levantada para acabar corriendo de los que la forzaban a abrirse de piernas. Ha tenido que pasar de los 40 para darse cuenta que te pueden querer (y querer bonito) aunque esté aprendiendo a quererse ella.
Más de 40 para entender que no había hecho nada malo para merecer todo eso ni para que la vida le pusiera un maltratador “a su vera”. Algunos más de 40 para que la abracen y se sienta en calma, para escuchar sus latidos y querer respirar la seguridad que le ahora sí le dan ellos.
¿Y si ahora es tarde Jorge?
Tarde… cómo alguien que ha pasado por todo eso puede pensar que es tarde? Cuánto debe haber sufrido para no poder lanzarse a ciegas a lo que tiene por delante. Cómo nos cuesta ver la luz cuando llevamos tanto tiempo en la oscuridad y cuánto nos pesa vivir en un mundo donde somos un montón de ceros a la izquierda.
Es ahora cuando se siente aceptada como es, ahora que empezaba a aceptar que sabía vivir sola y amanece acompañada, acompañada con mayúsculas. Ahora que había aceptado que nadie la escribía recibe un buenos días cariño y un corazón de buena noches. Ahora que se siente respetada y que es capaz de decidir cuándo le apetece y cuándo se deja buscar. Ahora que le he dicho que valore si el proceso debe acabar aquí.
¿Lo crees? ¿ Crees que no tengo más para trabajar?
Creo que aquello que buscabas, necesitabas y te trajo aquí lo has encontrado y sabes cómo y qué sitio quieres que tenga en tu vida. Si tienes más “cosas” a trabajar tendrás que decidirlo tú y si eso fuera así decidir si quieres trabajarlo en terapia, conmigo o si en el camino hasta aquí has aprendido a seguir tú sola.
Has crecido suficiente para mostrar tu corazón, empezar lo que hasta este momento no te atrevías y confiar en lo que viene.
Te invito a que mires tu mochila, esa que no recordabas ya que existía, la misma que has ido vaciando y soltando lastres… sigue regalándote la oportunidad de llenarla, sin prisas, sin miedos, a tu tempo, con momentos, sola o con él… de aquello que no solo no te pese sino que te de alas. Vive, vuela.
Más de 40 y lo bonito cuesta pero cuando se cree y lo sientes se construye, se transforma y te transforma. Llegaste con una losa de 40 y sales con 40 millones de ganas de vivir, de querer y ser querida como deseas, como quieres y como te mereces.
Ojalá que también tengas 40 te quiero cada día.
Te lo mereces.
Te esperan. Nunca más será tarde.
Gracias por dejarme ser parte del camino. Yo me quedo aquí….
Volaba la imaginación y ahora vuelan los recuerdos. Instantáneas que llevan nombre y un nudo. Las que un día visualizamos y soñamos por separado. Las mismas que ahora vuelan… juntas.
Seguirán volando porque no puedo controlarlo, porque es más fuerte que yo, porque no quiero, porque lo deseo como antes lo deseaba y porque no quiero dejar de desearte.
Tengo un plan para los miedos. Quédate. Te lo explicaré mientras te beso. Haré guardia por los dos. Ahora que me conoces has visto la verdad de mi mirada, esa que te siempre te hablaba en susurro y a voces.
Me ofrezco sin complejos. Nada que esconder. Prometo siempre responder. Nada es por casualidad, nada es cómo, cuándo, dónde ni por qué. Soy tu secreto a voces. Uno al que escuchaste sus latidos y por el que pasaste tus dedos.
Te abracé de verdad. Te besé de verdad. Qué bonito es soñarte y tocar los sueños. Qué bonito sentir que es el momento exacto, ese que contra pronóstico nació.
Tal vez la vida no se hace tarde, será que nos lo merecíamos y tenías que llegar para tocarme el pecho. Hoy perdono a la vida y me disculpo si antes le tuve remordimiento, hoy me deja el regalo, ese que pensaba que el tiempo olvidó y me lo trajo en presente, nocturno y con alevosía.
Vuela. Pero hazlo de enero a diciembre. Déjame la maleta llena de sonrisa y déjame así de cambiada la mirada. Esa que te pertenece. Esa que enseña que la distancia no lo es todo. Vuela sabiendo que subes y tendrás que bajar.
Te espero. Me dejas más feliz. Te lo debo. El tiempo no es todo. Un solo instante nos cambia y lo puede todo.
Ha valido la pena. Lo sientes tú. Lo siento yo. Siempre presente. Siempre. Un vida sin conocerte y unas horas para ser para siempre importante.
Tiempo. A media luz. Quizás te conocía en alguna otra vida que quedó atrás. Será que antaño fui cobarde y esta vez el mensaje me llegó de casualidad, sereno para entenderlo, paciente para calmarte, lento para decirte no tengas miedo, estaré aquí…
Hoy falta menos para verte. No tendré que decir mucho. Me acercaré y verás que llevo tu nombre en la voz.
En una playa perdida en mi ciudad resisto al calor y al frío, aquí dónde cada mañana despierta el día y se tiñe de sabor salado que dejan los recuerdos.
La arena se hace transparente, cierro los ojos y te veo a través de las primeras líneas de sol, te imagino caminando entre palabras que escribí entre la vigila y el sueño profundo, tu desnudez fue anfitriona para aquellas exactas que te llenaban de calidez. Te giras, me besas y te elevas hasta llegar a la orilla de la ría de mi niñez, caminas por ella mojando tu vestido en la marea que lentamente va subiendo. El agua pega el vestido a tu piel, el contraluz provoca mi traviesa imaginación, me miras, sonríes, te acercas y me besas mientras me susurras… hasta donde estas dispuesto a llegar?
Hasta dónde no queden velas que soplar, hasta negar el destino natural, hasta arder en el fuego por negarme a seguir las normas de lo lógico y del tiempo, hasta enseñarte las marcas que llevo de cada golpe de mar, hasta pedirte el favor de dejar que vaya antes que tú.
Antes de que te eche de menos, antes de se me acaben las ideas para hacerte cada noche un homenaje, antes de deje de pensar que es el último, antes que entienda de una puñetera vez que para todo hay un final, antes que la vida me enseñe que llegará el día que dejaré de estar presente, antes que me olvide que estoy hecho de más errores que proezas, antes que me intenten convencer de lo que no creo, antes que pierda la inocencia, antes que alguien me pregunte porque tu nombre siempre lo escribo en tinta de oro, antes que alguien escriba antes que yo que haría lo que fuera por estar en tu mundo…
Todo se resumen en este momento, atemporal, reservado para ti y para mi. Abrirás los ojos y te diré que me desperté, te vi, me llene de paisajes y relatos luminosos como tú, mezclé palabras e idiomas con nuestra saliva, me volví pasajero del sueño de tu almohada y de los anhelos que no te he confesado.
Luces apagadas y tus dedos y los míos cruzados. Aguanto la respiración me acomodo detrás y aún así no puedo dejarte de mirar.
Necesito que sientas cuando lo haces y saber si te hago sentir…
Necesito espacio para tantas tantas tantas ganas, para guardártelas junto a los abrazos y mimos prometidos…
Necesito dejarme llevar por tus notas y tu tempo, creerme que es tan real como imposible esconderlo…
Necesito saber si a ratitos me extrañas e imagines que soy. Si puedes. Si lo sientes…
Necesito saber a qué huelo cuando te imagino junto a mi…
Necesito que eso que imaginas de mí sea tan intenso que un día lo puedas tocar. Porque eso que imaginas está en mi, esperando el momento de ser y ser para ti. Lo deseas? Lo deseas tanto como yo?
Necesito que imagines piel con piel, que sueñes el calor y te estremezcas buscando cobijo…
Necesito que sientas que te pierdes, que vamos demasiado deprisa, que podríamos estrellarnos, que tires de ese freno hasta casi enloquecer y conseguir parar, parar y pienses… y si no…
Necesito subir a lo más alto, morderme y sangrar mis labios de ilusiones y gritar que hay sentimientos más grandes que la distancia entre ciudades…
Necesito que te sientas imperfecta para que te muestres tan vulnerablemente encantadora…
Necesito que sonrías y me dejes sin oxigeno cuando me dices… cielo…
Necesito que creas en el momento, que me pienses y me mientas para decirme que despiertas con mi nombre en tu cabeza…
Necesito que sin tocar mi cuerpo te creas que nos pertenece a los dos….
Necesito que no se acaben las preguntas, que sobre la razón y la ropa…
Necesito que sientas el impulso cuando no me atreva a más…
Y yo a cambio te escribiré… tan posible como impredecible e incierto encadenado a emociones que intento atar a palabras que deseo que leas, que necesito que leas y te hablen de mi…
Las palabras son mías… el sentimiento quiere ser tuyo.
Me quedo porque todavía me despierto pensando que sí. Es tan fácil caminar sabiendo que me acompañarás, como si mi voluntad saliera de algún sitio dentro de ti.
Me marcharé cuando no me conozca buscando momentos para ser sincero, cuando ya no sea suficiente cogerte la mano, cuando no recuerde su tacto, cuando sienta que no me sueñas, que no tengo sitio en tu vida, que este este es forzado y cuando no me excite un sencillo beso.
Forever. Mi piel te memoriza, tus huellas me delatan. Contigo voy y si no es suficiente vengo. Porque no me pides ser perfecto, porque sin buscarte me encuentras.
Me iré cuando esté tan agotado que no sepa encontrar la forma de volver, cuando me duela echar de menos to sonrisa, tu mirada y tu voz. Cuando me mate tener fingir.
Enraizaré a tu lado. Me inspiras. Mi vida cambió lentamente para volver a sonreír y no desesperar porque alguien me diga que no.
Me rendiré cuando me de por saltar de un puente, cuando me descubra buscando razones, cuando las ganas se oculten tras vaciados lo siento’s. Cuando me mate tener que fingir. Cuando no me extrañes y yo todavía te extrañe a ti.
Aquí porque pudiendo no deseo irme lejos tanto como pueda si no es para acercarme a ti. Porque si quisiera desaparecer te dejaría coordenadas en la pared, tan clarito porque si no me encuentras lloraré. Por no decirlo, por negármelo, por no escuchártelo.
Me terminaré. No que quedará valor para saltar de tu mano, para intentar robar un segundo de tus labios. Fin cuando no sienta fuerzas para volar, cuando ya no sepa curarme las alas rotas y ese angel que una madrugada soñé ser ya no pueda recodar la última vez que te abrazó y haya olvidado el olor de tu cama.
Firme para ti porque me lo merezco, porque me siento bonito en tus manos. Porque haces más grandes mi sueños, porque amarte hace real el mundo que un día tras otro he soñado. Creí que le estaba dando forma y llegaste tú para modelarlo.
Me consumiría olvidando lo que fuimos una vez y me faltarían fuerzas para seguir corriendo, no las encontraría, no sabría si hay meta o si alguien me espera allí.
Estoy porque antes de verte por fuera te he visto por dentro y caí rendido. Y así sigo porque soy de esos raros que morirían por vivir sintiendo así.
Seguiría si confiara en que tal vez me buscarías, no perderías la esperanza y romperías tú las lanzas. Me recordarías que nos unen las líneas de nuestras manos y me susurrarías un quiero verte.
Despareceré. Mentiré y diré que no pensaré ni sentiré. Daré pena como un Príncipe de saldo que sabe que no tiene armas para dejarlo todo atrás. Sin culpa. Sin rencor. Desapareceré de todo lo que hemos vivido… fotografías que el tiempo envolverá en blanco y negro.
Será el momento de no volver y entender que que no tengo el derecho a echarte de menos porque nunca te he tenido ni he sido de más. De vaciar la maleta. De alejarme como el aire. De buscarme. Perderme. De abrazar el insomnio. De salir a caminar solo, con la garganta en un nudo y sabiendo que todo queda aquí, que si algo de lo que siento no lo pronuncié queda escrito y fue como aquí es.
Hubo una noche que sin quererlo nos vimos sin vernos y nos vamos descubriendo los pecados entre el cuidado, la sorpresa, la sonrisa con risa, la curiosidad y las ganas de dejarnos llevar.
No sé si con los años he aprendido a confiar pero si me he de equivocar que sea aprendiendo a ser vulnerable junto a ti, pidiéndote la mano cada vez que me por tropezar. A la mierda si pongo el cartel de cerrado por descanso. Potsdata: lo hice para saber de ti. Mentira. La verdad es que quería que supieras que pensaba en ti. Bonito.
Cuando el día se vuelve cansancio, la luz baja su intensidad y la mente desconecta te imagino aquí a mi lado y pienso en cómo llamar tu atención. Cuando la distancia no es capaz de convencerme que no es cierto, que no es porque hace tanto tiempo que empezaba a pensar que escribía para soltar y olvidar.
Cómo no quererlo y pretender no querer. Cómo negarse a vivir de recuerdos cuando sumas uno por cada momento y todos juntos hace que se me olvide olvidar.
Cómo negar que cada despedida de madrugada es el deseo de soñarte para que se acerque el día de volverte a ver.
Será que se trata de eso y la vida no vive ni mata. La vida es vida si tiene momentos para vivirlos junto a ti.
Ha entrado con prisa y evitando mirarme a los ojos. Notaba como me evitaba y no he querido forzar la situación. Aunque nos separaba la distancia entre los sillones podía notar su ansiedad. Temblaba.
Le he propuesto presentarme yo y dejar así que ambos fuéramos entrando en sesión y a pesar de no haber recibido respuesta he comenzado a explicarle quién soy y qué puede aportarle este espacio.
Tras esos breves minutos me he quedado mirándola. Seguía sentada, emocionada, con los ojos llorosos ha cogido aire y entrecortada ha empezado a hablar.
«Yo soy esa Jorge. Esa que es rompe matrimonios, esa a la que criticarían y destrozarían con insultos y comentarios si supieran que estoy casada pero que hace mucho que no siento nada por él y sí estoy enamorada de otro. Otro que también está casado. Otro con el que probablemente no me pueda permitir estar, nunca, nunca… salvo unas pocas horas cuando se alinean los planetas. Nunca es suficiente.“
Las lágrimas han impedido que siguiera y el silencio le ha permitido recuperarse y coger aire de nuevo. Y ha seguido…
“No sé para qué vengo, para soltar supongo, no sé qué pero necesito hablar y que me escuchen. Hay días que lo veo, que puedo estar con él y me mata el saber que no puedo pasar una noche con él, que tal vez nunca pueda hacerlo. Ni puedo yo ni puede él. No podemos permitirnos separarnos o divorciarnos… yo no podría, no podría pagarlo y él, bueno él tampoco. Así que me resigné a saber que está ahí, que lo siento mío pero que solo puedo tenerlo a ratos, a escondidas… No sabes las veces que deseo poder pasear con él, que me vieran, hacer algo tan sencillo como ir de la mano sin llevar escrito en la frente que soy la otra, la puta… si supieran cómo te mata amar a escondidas, qué fácil es el adjetivo, el decir sin saber, sin sentir. Me culpo, siempre, a todas horas. No por ser la otra, no. Me culpo por no tener el valor, por ser tan cocarte, por perderme la vida así y por auto convencerme cada día que será así. Ni a él se lo digo. De gilipollas verdad?”
De nuevo silencio. Un minutos, dos, tres… de nuevo coge aire. Y ha seguido…
“Y sé que me esto no es vida. Lo sé, ni para mi ni para él… ni para su mujer ni mi maridos, nuestros hijos… pero no puedo permitirme otra cosa. Me condeno a la clandestinidad. Sabes, me da vergüenza decirlo pero alguna vez he deseado que se muriera mi marido… soy lo peor verdad? Así podría pedirle que dejara a su mujer… y soy tan mala persona que he deseado que ella lo dejara, que nos abriera las puertas…”
Llora y de nuevo el silencio…
“Cómo de retorcida tiene que ser una persona para desear esto Jorge, cómo? Igual no es un psicólogo lo que necesito, deberían encerrarme, aislarme… porque te juro que hago esto y soporto esto por amor. Lo único que tengo claro es que lo quiero Jorge, lo quiero. Y quererlo así y que me quiera así… pensaba que podría, que él podría, que sería fácil… me equivoqué, hay noches que desearía poder escribirle, desearle las buenas noches, abrazarme a él… y el no poder, el miedo me llena de ideas que… joder, la de locuras que he estado a punto de hacer. Y sé que él también, lo sé…”
Y de nuevo un largo silencio.
Siempre he dicho que es rara la terapia donde no aparece el amor, pero pocas veces aparece en la sesión de una forma tan descarnada, intensa y dolorosa. Qué difícil no poder vivir lo que sientes, expresarlo, enseñarlo… y qué fácil como dice ella juzgar sin sentir ni saber. Cómo renunciar sin consumirnos por dentro?
Es de las pocas veces que me encuentro con una persona que me pide que la ayude a no cambiar, a soportar, a resistir, a seguir queriendo de la misma forma que la está consumiendo. Sólo eso.Eso me ha pedido. No he sabido responder. No recuerdo haber tenido antes la sensación que he tenido hoy en sesión. He asentido en silencio y la sesión ha seguido su curso.
No es la primera vez que alguien quiere gestionar una infidelidad en un proceso, sí es la primera vez que me piden acompañar a no olvidarla ni cambiarla jamás.
Cuando se ha marchado y repasaba notas he apuntado una frase que leí no se donde ni a quien corresponde… “para creerse infiel es necesario creerse amado”.
Siento que un día dudaste de si era yo y yo en cambio siempre ha sabido que eras tú. Recuerdo la primera vez que te pedí un beso y llevo grabados los siguientes. Qué selectiva es la memoria cuando observas salir el Sol.
Aquella noche hubiera deseado que cayeras en mis brazos sólo para ser yo quien muriera entre los tuyos. Sólo para comprobar si la muerte puede hacer desaparecer la increíble sensación de estar vivo entre ellos.
Y si sucede ojalá en otra vida siga siendo yo y tú sigas siendo tú. Ojalá tal vez podamos seguir donde nos quedamos o sencillamente perdonarme que no supe hacerlo mejor, que lo mejor de mí todavía se quedó por dar, en algún paso del camino entre un primer beso y un recuerdo que nos acompañará por siempre.
Y si las teorías son ciertas y aún perdiendo no dejo de soñarte cada noche?
Supongo que solo me queda un lo siento. Siento no saber más para expresar todo lo que siento por ti. Siento lo que siento y sé que lo siento por ti. Siento darme cuenta tarde que no supe decirte que no quería estar, quería ser y sentía que era y sería contigo.
Me gustaría ser caro, carísimo. No por mi precio, sería absurdo. Sólo para que alguien una noche abrace y me diga que sentirme no tiene precio. Seguiré soñando que te tumbas a mi vera… soñando que me quieres contigo como te que quiero conmigo.
Me confieso no saber que tienes fantasías conmigo. Culpable de no saber dejar de tenerlas contigo.
Confieso que el día que te dije sí, un millón de veces contigo sí sería suficiente. Malditas matemáticas. Me traicionaron los números. Debería hacerte confesado que todos los contigo llevan un Te Quiero en su interior.
Más para sentir. Lo siento. Siento a Neruda y su “siento que he vivido” y que lo he hecho contigo.
Todos tenemos a alguien con quien hemos sentido por primera vez. Yo fui contigo. Tú fuiste con quien…
Eres la canción que cada vez que escuche me hará sentirme feliz. Temblaré moviéndome torpemente, girando sobre mí buscando tus manos e imaginando tu sonrisa cada vez que el payaso salía de mí. No lo verás pero seguirá ahí para ti.
Quién me lo iba a decir, empeñado en cambiar el mundo y llegaste tú para cambiarme a mi. Quise mirar el mundo a través de tus ojos y me cegué.
Y sabes? No le arrepiento. De nada. Llegaste para hacerme soñar que era especial en la vida de alguien. No importa si ha sido por unas horas, unos días, unas semanas o unos meses. Es el regalo de haberte conocido.
Mi pena no haber sido suficiente para saber cubrir tus heridas, sólo supe quererte mucho. Cerraré los ojos y te seguiré besando. No me enamoré de lo que me dejaste conocer de ti, fue de lo que me hiciste sentir.
Y aún siendo imaginarios en cada beso me siento contigo porque en tus ojos me reflejo de sangre roja y de mirada azul.
Tal vez sea que por más Jordi que lleve mi carnet me siento más cercano al dragón, por eso mis padres me pusieron Jorge. Soy ese “bicho” tan grande de alas rotas, temeroso del caballero que blande de la espada y enamorado de la princesa que cree proteger. Qué ironía… La leyenda dirá que de mi sangre nacerán rosas y que será símbolo del amor del caballero por la persona que yo amo. Nadie explicará ni entenderá que me sacrifiqué, que nunca creí que el amor sepa de imposibles, que me abandoné a la espada para que eternamente un día al año cada año en cada flor roja te reflejes tú.
Una conversación con una amiga y una sesión han conectado con algo que escribí hace ya tiempo.
Algo sobre una sesión que entonces no publiqué. No sé por qué no lo he borrado como otras tantas veces que las palabras no pasan ese extraño filtro mío.
Lo escribí y lo guardé y hasta hoy nunca había tenido el impulso de compartirlo… Hace algún tiempo durante una sesión en un hospital…
– Sabes por qué insistí tanto en hacer la sesión hoy?
– No, no lo sé. Hay una razón concreta? – pregunté.
– Sí, hoy según los pronósticos expertos debería ser mi último día. Hace 3 meses todo apuntaba que no pasaría del día de hoy. Todo desde este día es “extra”.
Esta mañana sabiendo que venías pensaba que en ningún momento me has recordado el paso del tiempo, ese límite que cada día se acerca. Empezamos hablando de mi miedo a la muerte, de por qué no quería irme de esa forma, que lo que me angustiaba no dejar como atado… y no recuerdo ni una sola vez que me insistieras, me recordarás o me resituaras en el tiempo que me quedaba para … bueno, poner orden.
– No lo he hecho y ha sido algo consciente por mi parte. Acompañarte en esta fase de tu vida supone respetar tu ritmo y aceptar que es único para ti y para los que quieres y te quieren. Poner el foco en el tiempo sin que tú lo propusieras o plantearas hacerlo creo que hubiera sido hacer muy mal aquello que me pediste hacer.
– No se te da mal esto… y yo he aprendido a morirme. Bueno, eso pensaba. Ahora resulta que sigo vivo, que alguien se quedó corto en sus pronósticos, que el cielo, la ciencia o ese Dios con el que me he cabreado tanto han decidido que hoy no… y claro, sin preguntar. Joder, nadie me ha dicho si quería más, si me iba bien o si ya me había hecho a la idea. Es
Cómo jugar con la puta Nintendo, crees que es el final de la partida y de golpe… bonus extra! Premio para niño! Pensaba que todo esto está para llegar hasta aquí y marcharme sin hacer ruido y mira… me ha tocado una vida extra!
Silencio… rompe a llorar.
– Una vida extra. (Ríe llorando). A quién coño se le ocurre darle una vida extra a un moribundo! Jorge, a quién? Me jode, no te imaginas como me jode.
– Te jode el no saber por qué? El que te la hayan dado y no te crees merecerla o o el que ha pillado tan de improviso después de tanto esfuerzo atando cabos y curando cicatrices que ahora no sabes qué quieres hacer con esa vida extra?
– Buffff
Silencio. Rabioso.
– Buffff? Hay tantos sentidos y significados posibles para tu bufff que necesito preguntar qué significa para tí.
– Me da vergüenza decirlo… y estoy llorando!
– Esa misma vergüenza que hace meses decidiste enviar a la porra para poder morir “bien”?
– Eres un capullo Jorge. Desde el cariño…
– Posiblemente, alguna vez me lo han dicho y tengo asumido que no eres el primero ni serás el último que piense eso de mi. Pero estábamos con tu vergüenza y no con mi “capullez”…
– He estado tan preocupado de marcharme dejando…. heridas, mierdas, desorden en la vida de otros, conversaciones pendientes… y siempre he echado una cosa de menos.
Largo silencio.
Decirle que la quiero, que hace mucho mucho que la quiero. Si tuviera una vida extra sería para quererla y no separarme de ella hasta el último suspiro.
Largo silencio.
Estaba delante mirándolo. Ya no lloraba y sus ojos a pesar de estar muy apagados por la enfermedad parecían abrirse e iluminarse. No era difícil ver lo que estaba pensando y en quien estaba pensando.
Le di espacio y cuando sentí que debía…
– Me voy. Creo que la sesión de hoy debe acabar aquí.
– Ya? Tienes prisa “doctor”?
– No, ninguna. Pero hoy no puedo aportarte más. Hay momentos para reflexionar, para entender y acompañar y momentos para pasar a la acción.
He visto en tu mirada qué sabes perfectamente lo que quieres hacer con esta vida extra y si me quedo me sentiré que malgastas un tiempo demasiado precioso. Sabes qué quieres hacer, no me necesitas para hacerlo y no es conmigo con quien quieres vivirla.
Sólo recuerda que llegado el momento en qué consideres que tengo que aportar estaré.
– Gracias Jorge, de verdad que no sabes lo que está sesión significa.
– Gracias a ti por compartirla conmigo. Ha sido precioso ver cómo has conectado con ella, seguro que a ella también se lo parece.
– Pero… y si me dice que no…
– Y si te dice que Sí?
– Bufffff
– Exacto, bufffff. Este sí me queda claro.
Me acerqué a la cama, lo abracé como si tuviera miedo a romperlo y él me apretó con fuerza.
Salí de allí lento, como saboreando y digiriendo lo que había sucedido y llorando como una magdalena.
Ahora que vuelvo a leer estas líneas, tanto tiempo después me doy cuenta que sabía que aquella era nuestra despedida, ya no fue él quien me volvió a llamar, y que aún sin necesitar saberlo entonces sé que en esa vida extra amó y se sintió amado hasta el último suspiro.
Creo que no he borrado estas líneas porque entonces no estaba preparado para soltar y aún tenía que aprender a amar. Tal vez publicarlo es saber que lo estoy para las dos cosas.
Recordarlo me lleva a esa frase de que nos equivocamos buscando al amor de nuestra vida y deberíamos buscar a quien dé vida a nuestro amor.
Él lo hizo. Seguro que quién o qué decidió darle esa nueva oportunidad sabía que sería así.
Jorge Juan García Insua
Gracias Sílvia y gracias Belen por acompañarme en este cierre.