La edad de las mariposas

No me entenderás… no podrás si no te has sentido en un abrazo que no sabes cómo empezó pero sabes que no quieres que acabe.

Y no podrás porque para sentirlo debes imaginarlo con todas tus fuerzas… hasta emocionarte en él, hasta sentir su piel y besarla suavemente… casi sin hacerlo pero dejando parte de ti… que resbale, que la recorra, que lo sienta…

De madrugada… te despiertas y sigues en él. Y te despiertas aún oscuro y sigue ahí. No lo entiendes verdad? No puedes… porque no eres ella. Porque tú puedes leerme pero ella… sólo ella puede sentirlo.

No entenderás que mi piel lleve sus huellas si necesidad de tocarme. Y no podrás creerlo cuando te las enseñe. Las verás y pensarás que es tan imposible como intenso cómo las puedo sentir. Me recorren dejando un suspiro grabado a cada milímetro… hasta faltarme el aire y oprimir mi pecho que ya es suyo.

Un abrazo. Sólo uno. El principio de todo. Soñado, deseado, ansiado, realizado, sentido, emocionado. Uno. Sólo uno? Te lo creías si hubieras probado fugazmente su cuello antes de quedarse dormida. Emocionado yo, emocionada ella… Conexión. Vida. La tuya, la mía, la nuestra.

Susurro tu nombre mientras imagino recuerdos, deseando que me pienses tanto que me sientas a tu lado y olvides los días que no existía para ti. De pijama tu sonrisa para dormir y soñar, soñar despierto, dormido… bonito es que te abracen toda la noche y que cada segundo respire un trocito de ella.

Me lo preguntarás y no sabré contestar y dudarás si existe. Cómo saber si es persona, emoción o sentimiento? No sé separarlo. Esa es la mágica, la mariposa… una, dos, tres… mil… millones… has intentado abrazarlas? Podrías? No? Eso me pasa a mi. Ella es demasiado y a la vez insuficiente cuando la echo de menos y tanto tanto tanto la echo a faltar… pero las mariposas, siguen ahí.

Sintiendo y con los ojos cerrados me ha dicho “ los ojos no mienten” y le he susurrado… los míos aún sin verte no podrían dejar de mirarte.

Te abrazaré una vida por cada segundo que te he echado de menos.

Me quedaré. Estaré.

Abrazare tu alma y besaré tus pensamientos. Palabra.

Jorge Juan García Insua

Cuando se apague la luz encenderá tu Estrella

Hay mensajes que recibes pero que tardas en leer y que como una señal quisieras que nunca se hubieran enviado.


Te estás marchando, no sé si serán horas o tal vez días pero poco a poco hay una parte de ti que inicia un camino donde esta vez no puedo seguirte.


Y joder es una mierda, una grande. No es justo para ti desde luego pero me sale el egoísmo y tampoco lo es para mi. Debería mostrar tu templanza pero no la tengo, tu sabiduría pero aún tenías mucho que enseñarme, tu silencio pero la rabia ni quiere ni sabe darme espacio.

Me duele. Sabías que esto pasaría, como lo sabía yo. Y me dijiste que no te preocupaba, que los psicólogos y los Coach sabíamos de cómo gestionar esto. Ves como soy un aprendiz… no me sale, que torpe, no sé cómo hacerlo… estoy demasiado implicado, hemos pasado todas las líneas y ahora que te mueres me faltan tablas.


Qué te costaba darme un poco más de tiempo? Me lo prometiste. No te irías antes de acabar y aún quedaba pendiente alguna sesión más… o dos… la última vez que hablamos me advertías que sería la última… te envié a la porra… y te reías.

Recuerdo aquella sesión donde te pregunté qué querías tratar y me dijiste que querías que te ayudara a saber explicarle a tu familia que te ibas a morir, que te estabas muriendo y que te preocupaba irte dejando malos rollos en este mundo, que de esos ya habían muchos y no querías que nadie te recordara por alguno de los que de desangraban. Querías encontrar las palabras adecuadas en frases cortas decías que abran el camino…

Aquella hora y media fue una lección de vida. Te felicité al finalizar por la entereza y claridad con la que habías caminado por un terreno que para la mayoría de nosotros sería una penitencia en vida. En cambio tú le diste forma de lección, liberación y aprendizaje.

Cuando salía de la habitación me dijiste… Jorge! No te preocupes, el miedo a morirme antes de terminar contigo me mantiene vivo. Así que al final va a resultar que hasta para eso te me has adelantado.

Muchos presuponen que los psicólogos estamos absolutamente preparados para asumir la pérdida de alguien a quien queremos, así como si tuviéramos una tecla, un botón rojo que todo lo activa y soluciona, como si gestionáramos nuestras emociones con los ojos cerrados y el corazón en una caja bajo llave. No, yo no.

Ya te decía que tal vez no soy tan bueno y tal vez no lo seré nunca, pero tú, cabezota, tenías que salirte con la tuya.

Bromeabas cuando te reenvíe algunos mensajes que preguntaban por ti tras mí tras publicar una de nuestras sesiones, te hacía gracia el interés que provocabas, te pedí permiso para una foto y me dijiste que no, que en mi Blog no había personalismos, que no querías quitarle espacio a P & J, que la bata de hospital no realzaba tu figura y que desde el anonimato uno se muere mejor.

“Ahora sé que pase lo que pase mi historia siempre estará en tu blog” me dijiste. Siempre me quedaré con la duda de qué hubieras pensado de estas líneas… sé que te hubieras metido conmigo por blandengue aunque por dentro estarías tan emocionado como yo al escribir de nuevo de ti.

Vete cuando consideres que es el momento. Te has ganado el derecho a decidir cuándo y yo el de echarte de menos todos los días.

Gracias por ser parte de mi camino.

Buen viaje.


Jorge Juan García Insua


“Nos pasamos los días mirando el reloj y seguimos llegando tarde a la vida”


Si quieres leer la primera publicación puedes ir a “Esos días que la vida me regala muerte” (marzo 2021): https://degarciaainsua.wordpress.com/2021/03/18/esos-dias-que-la-muerte-me-regala-vida/

Cuando el de menos me echa a mí

Te echo de menos
hoy, ayer y te echaré mañana
Y te echo de menos
entre silencios y miradas
Allá donde no pensé que cabría 
Allí donde solo nosotros sabemos

No sé si el de menos me echa a mí 
tal vez no se acuerde 
tal vez sólo sea yo 
Quien tiene un espacio vacío 
cómo expresar qué deseo vaciarme 
que tengo tanto para dar

Es extraño
Y extraño la parte de mi que es contigo 
También la echo de menos 
No para que vuelva
Mejor contigo que en mi
te pertenece, te la entregué
para siempre tuya es

Extraño tu ausencia
No tu pérdida 
cómo perder lo que perdura en mente
y crece en pensamiento 
Sentir que lo pierdes 
y sentir que permanece 
Extraña forma de echar de menos

Y siendo menos
lo siento más
y más y más y más y más 
Lejos de quedarme vacío
me lleno echándote de menos
porque no quiero irme 
ni mucho menos despedirme

Echar de menos 
es abrazar sin necesidad de tocar
acariciar sin yema 
escuchar con la piel
comprender sin conocer

Es silencio y es tristeza
intención de estar sin estar
Sentir que estás 
y pensar tu ausencia 
aceptar que no perteneces
ni sabes de destino

Echarte de menos
para llenarme de recuerdos
Atar los momentos a mis pensamientos
vaciar la mente
y llenarme de ti

Te echo de menos
y me siento extraño 
Extrañando 
lo que me sobra por dentro
Necesitando 
lo que no está a mi lado
añorar la primera vez

Un abrazo sincero
por todos los echo de menos 
sentir que vale la pena
Desconectar
de ti y de mi, de nosotros
Y reconectar una y otra vez
Porque tus cicatrices me marcaron
Pero tus caricias también 

Echar de menos
lo más parecido a un monstruo 
que guarda instantes
para lanzarlos a traición
Una vez echas de menos
nada vuelve a ser igual
Ni uno mismo
Eternamente seremos de menos 
recordando que una vez fuimos de más 

Jorge Juan García Insua

«Como no sabemos cuándo vamos a morir llegamos a creer que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todo sucede un cierto número de veces… y no demasiadas» – Paul Bowles