Cantando me encantas

Me encantas.

Me encanta, me encantas, me encantas… me encantas.

Una y mil veces te lo he dicho, nunca de la misma forma, nunca con el mismo sentido nunca sintiendo lo mismo.

Cada vez me encantas distinto porque yo soy distinto, porque te veo distinta y me encanta que me sigas encantando… y yo a ti.

Me encanta que me hagas sentir y que sueñe cursi y a veces hasta rosa.

Me encantas. Sé que estoy pesado, pero es así, es verdad.

Me encanta cuando me doy cuenta que estoy en la babia y encantado de ti. Imaginarte conmigo, junto a ti, contigo, junto a mi… encantadora y encantado… 

Encantado de estar y ser contigo, de que me digas que necesitas que esté, que te abrace, abrazarme, desconectar e imaginar que estamos solos, encantados, desconectados y conectados con nuestro mundo. Ese que solo sentimos y reconocemos nosotros. A ratos tuyo y a ratos mio, donde somos, nos encantamos y….

No es que me llames la atención, que sí. No es que gustes (a rabiar), que también. No es que necesite saber de ti, que no puedo negarlo. No es que me brillen los ojos cuado me escribes, que sí… una y mil veces sí. Me encantas porque contigo soy imperfecto, me siento tan grande como pequeño, siento dudas y el convencimiento de que sí, tú sí. Ni antes ni después. Llegaste tú, en el momento y tiempo justo para encantarme y enamorarme de ti.

Pon tu yema en mi boca… sssssshhhhh… cállame con un beso mientras la bajas por mi garganta hasta donde empieza mi camisa… supera el primer botón… otro más… ábrela y llega a mi pecho. Ahí donde lo siente latir para, aprieta y bésame otra vez. Vuelve a apretar. Dibuja una S… Sueña. Salvadora. Satisfacción. Secreto. Sensible. Serenidad. Silencio. Silueta. Sinfonía. Suave. Sensación. Suspiro. Sutil. Sorpresa.Sensibilidad. Sonrisas…. eScantadora… Ssshhhhhhh… me pasé de frenada. Cómo parar? Para qué parar? Sigo?

Me encanta cuando imagino que hablas de mi porque no puedes imaginarte cómo lo hago yo de ti. Con los ojos grandes y palabras cortas, porque te quiero no necesita grandes escrituras ni tipografías extrañas, ni tamaños que no quepan… Porque es visceral, instintivo, necesario, intenso, transparente… lo siento, y te siento… así como eres.

Mira que no soy de llamar la fortuna pero que suerte que te encantara, que apareciste así un día cualquiera sin esperar, sin pretender. Para cambiar la forma de mi mundo, para hacerlo grande y dulce, como tu sonrisa… me encanta tu sonrisa, que me sonrías con la mirada y quedarme mirándola, sonriendo… encantado.

Tal vez alguien me quería bien… me deseo lo mejor… y llegaste tú. Encantado del regalo, de vivirlo, de verte encantada y que lo estés junto a mi. Es mi regalo, vivirlo, soñarlo… aquí me quedo. Me planto. Encantado de ti. Abrázame y ciera los ojos… Sabes que te imagino bailando, te tomo de la mano… y con cada paso nos encantamos. Deslizo las manos por tu espalda… por tu… Encantadora, encantado de…

Por si no lo sabes eres el motivo de mis encantos y hay tanto que me encanta de ti que necesito más de una vida para expresarlo, para sentirlo, para vivirlo… encantado… de ti… de estar junto a ti. Te muerdo el labio… ya sabes el por qué…es mi forma de decirte que me encantas… y que tú me lo muerdas a mí.

Eres el me encantas más sincero que he escrito. He sentido. He vivido… y es para tí.

Me encantas. Y punto. Seguido. Aparte. No me digas que te encanto o no sabré separarme de tí.

Jorge Juan Garcia Insua

Descendientes de la Patrulla Canina

Hoy en sesión un todavía niño me ha comentado que le disgustaba que una familiar que a menudo cuida de él critique airadamente a otras personas y que no entendía porque los “mayores” hacemos esas cosas.


Le he dicho que no es algo que hagamos “todos los mayores” aunque sí tenía razón en que algunos lo hacen sin querer valorar el daño que hacen con ello pero no tanto a quien critican sino a ellos mismos.


Al decirle esto me ha mirado pensativo y me ha dicho que le gustaría que su familiar viniera a verme para “no ser tan critona” (queriendo decir criticona).


El caso es que sus razonamientos han llevado la sesión a entender y enseñarle a ver cómo algunas personas necesitan la crítica vacía para sentir que ejercen algún tipo de poder, aumentar ante los demás su autoestima o sencillamente llamar la atención.


Estos razonamientos nos han llevado a ver cómo puedo resolver conflictos cuando se sienta criticado, a entender el por qué otros pueden comportarse de esa forma sin que se vea afectada su seguridad ni la confianza en sus capacidades, y sobretodo evitar ser partícipe de la crítica.


Al final de la sesión hacía con él un resumen de todo lo que habíamos trabajado y ha visto uno de los gorros de mis hijos. Se lo ha quedado mirando, ha sonreído y me ha dicho…


– Ahora entiendo que mi mamá debería ir unos días a entrenar con la Patrulla Canina…


– Para que crees que le sería útil ir esos días con Chase y Cía?


– A ser todo oídos…


Y así hemos cerrado la sesión. No he necesitado añadir nada a eso y mientras esperábamos a que lo recogieran lo miraba pensando en cuántas cosas pueden enseñarnos los más pequeños.

No he visto nunca a un niño en sesión hacer una crítica velada y vacía hacia nadie. Al contrario siempre lo hacen mirando hacia dentro, buscando respuestas en su inocencia y en la necesidad de entender lo que hasta para algunos adultos sigue sin tener sentido.

Hay mucha nobleza en ese pensamiento y es una pena que en demasiadas ocasiones no sepamos reorientarlos y reforzar ese aspecto para que el paso de los años no acabe por darle la vuelta y generarles culpa. Hoy en ti he visto mis raíces.


Ver lo mejor de las personas solo puede ayudarnos a acercarnos a los demás sin miedo y ser tan autentico y espontáneo como un niño… o un “cachorro canino”…

Jorge Juan García Insua

Punto y seguido para un Funambulista

Llego a estos días de fin de todo y otro año más no tengo la sensación de acabar nada, y este año mucho menos, pero sí de continuar, de seguir, sin saber muy bien hacia dónde ni tener muy claro el final (si es que lo hay) pero teniendo muy claro los siguientes pasos. Y es un lujo.


Me he despedido de muchas cosas este año, algunas incluso con mucho dolor, pero tras cada despedida ha sucedido algo que enlazaba y me llevaba por nuevos caminos, reforzando lazos y sin saber muy bien cómo acercándome a quién soy y a quién quiero ser.


Una persona que me conoce desde hace mucho y que ha sabido de mi periplo por este 2021 me decía que tengo alma de funambulista, que me he pasado todo el año en una línea muy fina y además sin red… y que como me suele suceder he llegado al final con algunas cicatrices y con la serenidad y tranquilidad que “son marca de la casa”.

Tal vez sea una metáfora muy acertada y sin el alambre mi vida hubiera sido distinta y caminar sobre él es la mejor forma de acompañar a otros a atravesarlo. El riesgo de este alambre no está buscado, no lo pretendo ni disfruto de él pero sentirme ahí es la forma más absoluta de conectar conmigo mismo y cuando estoy ahí arriba no pienso en quien me mira desde abajo, llegar al otro lado depende única y exclusivamente de mi, de poner toda mi atención y mis sentidos y sabiendo que nunca llego al otro lado siendo el mismo.


Alguna cicatriz de las que duelen me llevo… no creáis, pero he aprendido con los años que enseñarlas enseñan y que incluso te hacen más interesante.


A estas alturas he aceptado que tiene razón y dónde mejor me muevo es en la incerteza, en el no saber con seguridad, en dejar que las cosas vayan sucediendo y mantener los ojos y los brazos abiertos. Me siento más cómodo en el dar que en el recibir, en el estar, en la confianza, en el silencio, en el abrazo y estoy orgulloso que en lugar de ser esto una losa quienes me quieren lo vean como una virtud.

Acepto que soy imperfecto y lo soy 365 días. Serlo me mantiene observador y curioso, me empuja hacia quien quiero ser, me aleja de la vergüenza de querer aparentar, del rumor, del chisme y del victimismo de culpar a otros por lo que no soy todavía capaz de cambiar por mi mismo.


Así quiero acabar este año y así quiero empezar el siguiente. Sin expectativas pero sobre todo sin limitaciones ni prejuicios. Abierto a lo que me llegue e intentando disfrutar de cada momento, creciendo personal y profesionalmente y estando para todos aquellos que quieren que esté. Fiel a mi compromiso a pesar de las dificultades y cicatrices… y con 365 nuevas oportunidades por delante.


Gracias a todos los que durante este año habéis compartido momentos conmigo y junto a mi. Me apetece nombraros a tod@s pero me aterra dejarme a alguien, no sería justo y me dolería. Si me leéis sabéis quienes sois. Me siento afortunado de haber estado, poco o mucho, ahí. Nada me gustaría más que seguir compartiendo camino, cariño y respeto durante el 2022.


Cuando la vida te regala personas tan extraordinarias nos extrañamos y tal vez es todo mucho más sencillo, simplemente nos las merecemos… y con esa sensación quiero poner punto (y seguido) a este año.

Suelta, agradece, entrégate y continúa tu camino. Te acompañaré desde el mío y quién sabe si alguno de esos futuros pasos inspirarán una publicación en este blog.

Feliz 2022!

Jorge Juan García Insua


“No todas las tormentas vienen a desordenar tu vida, algunas vienen a limpiar tu camino” -El Principito

La edad de las camisas

Al acabar el día ayer uno de mis hijos me dijo “papá llevas la camisa arrugada” y hasta ese momento no me había dado cuenta.


-Tú te la plancharías?


-No papá, no lo haría. Esta arrugada porque has hecho cosas y si la planchas sería como no haberlas hecho y esta mañana ya la tenías “un poco arrugada”


-Ah sí? Pues tienes razón, al menos no recuerdo haberla planchado. Y no me has dicho nada?


-Es que si te la plancharas como de fiesta no hubieras hecho esas cosas

Y me lo quedé mirando y recordando una frase que algún día leí “las arrugas nos recuerdan el lugar en el que han estado las sonrisas”. Sí al final del día tuvo que ser de nuevo un niño quien me recodara que algunas de esas arrugas comenzaron con lágrimas pero que al final de día la mayoría eran sonrisas.

Y todas, lágrimas y sonrisas, son ya parte de mi y he entendido que yo (y mi maltrecha camisa) no envejeceremos por el paso de los años ni por la acumulación de arrugas mientras lleguemos al final de día orgullosos de cada una de esas arrugas nuevas.

A todas vosotras… bienvenidas a mi camino.

Jorge Juan García Insua

“Déjenme todas las arrugas. No me quiten ni una. He tardado toda una vida para procurármelas”-Anna Magnani a su maquillador antes de un rodaje

A ver cómo te lo digo…

A ver cómo te lo digo…

A ver cómo te lo escribo…

La vida cambia en un segundo… el que necesitamos para cruzar miradas, el que mide la vida que pasa, el de pasa entre la duda incrédula y el latido que marca el primer encuentro…

Ven, acércate y déjame saborear tu boca. Lentamente… muérdeme y vuélveme a morder.

Quiero un sueño diferente, uno como tú que me invite a soñar sin pensar que despertaré y será mentira, que no viva sólo en la oscuridad de mis pensamientos, que se rebele y sea capaz de llenar cada uno de mis momentos y grabarlos en cuarzo rosa.

Te soñé y entre sueños te busqué y no dejaba de buscarte. Y me encontraste o te encontré…

Ven, dame tu mano. Si deliro chútame algo al oído, bajito como si fuera solo para mí. Mójame la boca y pellízcame… no sea que este sueño se acabe y siga sin saber si eres real o te he inventado yo… o me has inventado tú… Tienes sabor a tarde de feria, a caricias deseadas entre miradas de vergüenza, a sonrisas inocentes y transparentes de niño.

Ven, deja que pase mi mano por tu espalda y note tu piel erizando la mía y recordemos que te vi y me viste de lejos… y de lejos me has hecho sentir y sentir hasta convencerme que este viaje es largo y va lejos. Deliro? Dime que no, bésame diciendo que no.

Llegaste para recordarme que no vale la pena dormir cuando te puedes pasar la vida soñando. Quiero un lejos a tu lado, lo más cerca de ti… verte de lejos y desearte deseando no quedarme con las ganas. Quiero el sueño de esperarte, de tu mano… o de la mía, de miradas perdidas en la claridad de saber que la quieres y quieres querer quererla.

Me conoces por culpa de la casualidad, del destino, de mis ganas de vivirte y te preocupa que no te conozca… Te conozco por la forma que me miras y me haces sentir, por estos seres que me susurran a la espalda que te mire, que no deje de hacerlo, que lo haga transparente, que te acaricie la mejilla, que acerque mis labios esperando los tuyos, que cierre los ojos, que los abra y compruebe si sigues ahí… que me dicen respira, respira… juraría que cada uno de esos momentos son los mejores de mi vida.

Qué te puedo escribir para que lo entiendas… que te suene tan real como lo escribo y que no se amontonen las palabras… las sensaciones, los sentimientos… A ver cómo te lo digo…

Seguiré pensándote, leas cuando leas esto… incluso si nunca sabes que lo escribí. Seguiré abrazándote incluso aunque nunca sepa si te llega mi calor… mereces alguien que te mire como se miran las cosas maravillosas que solo ocurren una vez en la vida y me he dado cuenta que es la única forma en que la que sé mirarte. Que se entere el mundo. Mírate no es de este planeta ni de ningún otro conocido o por conocer.

Sabes el miedo de un “te echo de menos”? Ese que se queda esperando “yo también”…. Me quedo, aquí me quedo. Esperándote, mirándote, acariciándote, soñándote… a ti, solo a ti, para ti… aquí.


Aquí dónde no caben los miedos, aquí dónde sólo somos, dónde no necesitamos más que el uno al otro, dónde el tiempo se acelera y pasa y pasa y pasa como si no hubiera mañana… aquí donde no quiero despedirme, donde estoy… para ti, en ti, para nosotros…

Aquí… donde te pienso, dónde tú estás. Aquí quiero estar.

No miento cuando te digo que te añoro. Es cierto que contigo no quiero prisas, que te llevo clavada en la mente. Es cierto que estas palabras se quedan cortas, que salen tan natural que se me avanzan y no atino a ponerles filtro, que me quedo sin saber qué decir cuando te miro y te tengo a milímetros, que aún no te he besado y ya siento tus labios, que cuando lo hago el mundo se hace pequeño, que solo deseo que te quedes, que me dejes darte todo el amor de una vez como si no hubiera mañana y mañana… que descubras que vaciarme es el motivo perfecto para no separarme de ti…

… que me mataría pensar que te fuiste y no te abracé suficiente.

A ver cómo te lo digo…no pierdo la vida por cualquiera y la que me queda quiere verte. Sí, te echo de menos. Lo escribo y tiemblo… Te…

A ver cómo lo digo para que creas que es de verdad… le doy vueltas pero es sencillo, tan facil como mirarte, tan fácil como quererte.

Siento. Te siento. Lo siento. Aquí y ahora.

Jorge Juan García Insua

Sesión para un Coach cobarde

Habíamos acabado la sesión y mientras la cerrábamos le reconocía los pasos que esta dando en su proceso… justo al levantarnos me dice “…es que mostrarse vulnerable duele”

Y cómo es ese dolor? – le he preguntado mientras volvíamos a sentarnos…


-Es un dolor incómodo, molesto… como una herida mal cerrada, parece curada por fuera pero que hace daño si la tocas, pero que necesitas… – mientras suspira amargamente y su mirada se pierde en el infinito.


Ha hecho silencio unos segundos… para seguir…


– …necesitas tocarla y sentir ese dolor


– Necesidad…Tocarla para sentir… sentir?


– Miedo. Siento miedo cuando la toco o cuando pienso en tocarla. Miedo a ser vulnerable, a que me conozcan, que sepan de mi y lo aprovechen para meter el dedo, para hurgar… hacerme daño aunque no sea nada malo y que de algo bonito hagan algo doloroso – y sus ojos se humedecieron.

Instintivamente me he echado hacia atrás, dándole espacio mientras lo miraba con ternura y abrazándolo imaginariamente.


– Por eso me cuesta – prosiguió. Porque cuando lo hice no respetaron la confianza que yo tenía, es como… cómo decirlo… como una traición, una flecha aquí aquí (tocándose el pecho)… necesitas abrirte, lo cuentas y compartes pensando que es parte de un vínculo especial y luego otros lo toman para burlarse, para convertirlo en carne de cañón y de burla que acompaña un café con leche… y te duele, te duele tanto que suceda otra vez que la herida crece… y te sangra… y sin curarla casi te la coses aunque se infecte por dentro.

Ha cerrado los ojos y ha permanecido en silencio. Las lágrimas caían lentamente por sus mejillas.

Silencio.

Silencio.

Pocas veces somos conscientes del valor de nuestra vulnerabilidad y del valor que tiene cuando alguien la comparte con nosotros.

Lejos de ser una debilidad, cuando decidimos compartirla con alguien le estamos diciendo cómo de importante es esa persona para nosotros y en nuestra vida. Ponemos en sus manos aquella parte de nosotros que nos hace especiales y al mismo tiempo la que más tememos y más dolor nos puede causar. Y romper.

Cuántas veces vemos cómo se valora la seguridad, el mostrarse seguro y capaz aunque sea a costa de ponernos un disfraz… que pocas se nos anima a no huir de aquello que nos hace frágiles, indefensos o sentimentales.

Cuántas nos guardamos las cosas “para adentro” y no hemos querido que nos vean cuando estamos mal, por guardar las apariencias, por hacer ver que vivimos una vida que no es la nuestra ni la de nadie y que lo único que nos aporta es parecer de piedra cuando todos estamos hechos de cristal. Así somos de frágiles por dentro.

Todos somos imperfectos y todos hemos llevado ó llevamos una coraza en algún momento de nuestro camino. Pretender vivir siempre con ella es solo un acto de cobardía que nos condena a vivir una vida que no reconocemos como propia.

Ser vulnerable es para valientes. Hay que tener mucho valor para compartirla y superar el miedo de que al hacerlo te hagan daño.

Es imposible conectar con alguien si no mostramos nuestra fragilidad,’si no confiamos, si no nos quitamos el corcho y el orgullo que protege nuestro cristal y dejamos reflejar y traspasar la luz.

Recuerda que cuando eso pasa es un regalo y que ese regalo es para ti, sólo para ti. Si te van a confiar la vulnerabilidad de otra persona piensa si estás preparado para esa responsabilidad… es una de las muestras de respeto más auténticas que puedes tener hacia alguien.

Las personas más fuertes que he conocido en mi camino son las más vulnerables y frágiles. Ellas me han enseñado que la verdadera fortaleza está en entender y aceptar que te puedes y te pueden romper, sí… hasta en mil pedazos… pero cada vez que te rompes tienes la oportunidad de recomponerte en alguien nuevo, en una versión mejorada que te haga brillar más que antes.

Y todas ellas se han reconstruido a pesar de infinidad de heridas y cicatrices… es lo que pasa cuando dejas entrar la luz. Te ilumina los ojos y te enamora la mirada.

Pocas personas tienen tanta luz como aquellas que comparten sus sombras. Cuando recibas este regalo cuídalo como se merece, te están entregando la llave de sus cicatrices y de sus mayores virtudes.

Y cuando lo recibes sin pedirlo… vale el doble.

Jorge Juan García Insua