Cuando se apague la luz encenderá tu Estrella

Hay mensajes que recibes pero que tardas en leer y que como una señal quisieras que nunca se hubieran enviado.


Te estás marchando, no sé si serán horas o tal vez días pero poco a poco hay una parte de ti que inicia un camino donde esta vez no puedo seguirte.


Y joder es una mierda, una grande. No es justo para ti desde luego pero me sale el egoísmo y tampoco lo es para mi. Debería mostrar tu templanza pero no la tengo, tu sabiduría pero aún tenías mucho que enseñarme, tu silencio pero la rabia ni quiere ni sabe darme espacio.

Me duele. Sabías que esto pasaría, como lo sabía yo. Y me dijiste que no te preocupaba, que los psicólogos y los Coach sabíamos de cómo gestionar esto. Ves como soy un aprendiz… no me sale, que torpe, no sé cómo hacerlo… estoy demasiado implicado, hemos pasado todas las líneas y ahora que te mueres me faltan tablas.


Qué te costaba darme un poco más de tiempo? Me lo prometiste. No te irías antes de acabar y aún quedaba pendiente alguna sesión más… o dos… la última vez que hablamos me advertías que sería la última… te envié a la porra… y te reías.

Recuerdo aquella sesión donde te pregunté qué querías tratar y me dijiste que querías que te ayudara a saber explicarle a tu familia que te ibas a morir, que te estabas muriendo y que te preocupaba irte dejando malos rollos en este mundo, que de esos ya habían muchos y no querías que nadie te recordara por alguno de los que de desangraban. Querías encontrar las palabras adecuadas en frases cortas decías que abran el camino…

Aquella hora y media fue una lección de vida. Te felicité al finalizar por la entereza y claridad con la que habías caminado por un terreno que para la mayoría de nosotros sería una penitencia en vida. En cambio tú le diste forma de lección, liberación y aprendizaje.

Cuando salía de la habitación me dijiste… Jorge! No te preocupes, el miedo a morirme antes de terminar contigo me mantiene vivo. Así que al final va a resultar que hasta para eso te me has adelantado.

Muchos presuponen que los psicólogos estamos absolutamente preparados para asumir la pérdida de alguien a quien queremos, así como si tuviéramos una tecla, un botón rojo que todo lo activa y soluciona, como si gestionáramos nuestras emociones con los ojos cerrados y el corazón en una caja bajo llave. No, yo no.

Ya te decía que tal vez no soy tan bueno y tal vez no lo seré nunca, pero tú, cabezota, tenías que salirte con la tuya.

Bromeabas cuando te reenvíe algunos mensajes que preguntaban por ti tras mí tras publicar una de nuestras sesiones, te hacía gracia el interés que provocabas, te pedí permiso para una foto y me dijiste que no, que en mi Blog no había personalismos, que no querías quitarle espacio a P & J, que la bata de hospital no realzaba tu figura y que desde el anonimato uno se muere mejor.

“Ahora sé que pase lo que pase mi historia siempre estará en tu blog” me dijiste. Siempre me quedaré con la duda de qué hubieras pensado de estas líneas… sé que te hubieras metido conmigo por blandengue aunque por dentro estarías tan emocionado como yo al escribir de nuevo de ti.

Vete cuando consideres que es el momento. Te has ganado el derecho a decidir cuándo y yo el de echarte de menos todos los días.

Gracias por ser parte de mi camino.

Buen viaje.


Jorge Juan García Insua


“Nos pasamos los días mirando el reloj y seguimos llegando tarde a la vida”


Si quieres leer la primera publicación puedes ir a “Esos días que la vida me regala muerte” (marzo 2021): https://degarciaainsua.wordpress.com/2021/03/18/esos-dias-que-la-muerte-me-regala-vida/

El enemigo que llevamos dentro

Una vez me dijeron que cuando una persona piensa en el suicido es porque quiere matar el dolor, no la vida”

Llevaba poco más de una hora en mi despacho cuando me llamó. Como otras mañanas pensaba que era para darme los buenos días, ese tipo de mensajes que te enamoran… pero no, esta vez fue distinto.

Su voz era débil, entrecortada y aunque llevaba días en un bucle que me preocupaba no me esperaba lo que me estaba diciendo. Pastillas, se había tomado un bote de pastillas… para dormir, para descansar, para olvidarse de todo lo que la atormentaba y le pesaba como una losa…

No sé cómo pero mientras le pedía que no dejara de hablarme llamé con el fijo a Urgencias para pedir que se desplazaran hasta su casa por un caso de intento de suicidio, y con el móvil de empresa llamé a su madre para explicarle lo que estaba pasando y que fuera rápidamente y facilitar la entrada de los médicos.

Aquellos minutos fueron eternos y cuando el médico me dijo que ya estaban en la casa y su madre que la llevaban al hospital me derrumbé en la silla. Recuerdo que la tensión era tal alta que tenía unas ganas inmensas de llorar y en cambio era incapaz de soltar una lágrima. No sé cómo fui capaz de llegar al hospital desde la oficina, mi mente no sabe procesar ese recuerdo. No fue hasta horas después ya en el hospital que empecé a llorar y a soltar. Soltar y soltar. Incapaz de hacer nada más que llorar.

Durante aquellas horas vagaba entre la sensación de vacío y mi incapacidad para lidiar con las emociones y lo extraño que se me hacía que alguien pudiera darme las gracias o incluso felicitarme por cómo había reaccionado. Me culpaba. Por no saber más, por no aprender más deprisa, por no haber acabado antes la carrera, por no haber estado atento a señales, por… por… por… Y cuánto más me culpaba más me pesaba todo.

Los días siguientes y estando ella aislada en psiquiatría mientras era evaluada y tratada me despertaba lleno de dudas, sentía como el estrés de la situación me seguía dominando y me provocaba un intenso dolor. Rabia, frustración, angustia, negar lo sucedido y una enorme sensación de culpa…

A los pocos días me examinaba de Psicología de la Muerte y Psicopatología. Coincidencia. Señales. La vida…

Mi segunda experiencia con el suicido fue ya como terapeuta. Contactó conmigo porque no podía superar el suicidio de su madre. Habían pasado años y no podía hablar de ella, no había visitado su tumba, había escondido cualquier cosa que la recordara a ella y me explicó que la odiaba por lo que la había hecho, tanto que su vida se había vuelto insoportable para cualquiera que compartía minutos y momentos con ella.

Estaba en estado de shock. A pesar del tiempo que había pasado desde el suicidio sentía estar en una pesadilla de que solo pensar en salir la sumergía en un inmenso dolor y vacío que la arrastraba. Explicaba que había perdido el control de su vida, no se veía capaz de tomar decisiones y que sin saber cómo a menudo se encontraba llorando, escondida en algún rincón de la casa. Su mirada estaba perdida y humedecida de horas y horas de llorar sin saber cómo salir de aquella situación que la estaba consumiendo hasta no reconocerse.

La primera vez que la ví y nos presentamos pensé que se parecía mucho a la que había sido mi pareja. Mucho. Incluso casi compartían la edad en la que había sucedido entonces. Coincidencia. Señales. La vida…

En sus palabras una y otra vez aparecía la culpa, el pensar que no supo hacer nada para evitarlo, que no estuvo a la altura, que tal vez no vio las señales… y que había perdido el derecho a vivir como penitencia.

Aquellas intensas sesiones transitaron en la aceptación de la pérdida, exteriorizar el dolor y todas las emociones contenidas y el aprendizaje de volver a vivir aceptando que tal vez nunca tenga las respuestas a su pregunta de por qué y que el mayor estigma sobre el suicidio de su madre es el que se ponía ella misma.

Con el paso de las sesiones la acompañé en el proceso de separar la forma de la muerte de la persona fallecida y según avanzó en ese proceso empezó a sanar sus heridas emocionales. Aceptó que lo importante era lo que había compartido hasta aquel trágico momento y se centró en el hecho de que ya no estaba con ella y no en la manera en que se había marchado.

Con el tiempo aquel proceso me cambió como no imaginaba. Me removió y en cierta forma me sanó a mí. Vivir el suicidio desde las dos perspectivas me dio una perspectiva completamente distinta a lo aprendido en la Facultad y me enseñó que no hay muerte más difícil de aceptar que la de un suicida.

El sentimiento de abandono y traición del familiar es insoportable y no puede evitar pensar en fantasmas y llenarse de dudas y culpas.. .que nunca dan respuesta ni explicaciones a lo sucedido… preguntas como ¿por qué lo hizo?, ¿cómo me pudo hacer tanto daño?, ¿acaso me merecía esto? se repiten y se convierten en un laberinto sin salida.

Comparto hoy esto por primera vez. Lo hago por necesidad y porque este blog tiene el propósito de dar voz a pensamientos que de otra forma no sabría reposar y expresar. Una publicación en las redes sociales sobre el Día Mundial para la Prevención del Suicido de mi buen y admirado amigo Dani Jerez, ha conectado todo y ha puesto orden a mis palabras.

Y lo hago porque es necesario avanzar en cómo vemos el suicidio, romper con el silencio y los estigmas que lo acompañan. Me siento en la obligación de ayudar a esa visibilidad. Cada vez que un terapeuta tiene contacto con el suicido o cualquier de su formas recibe un legado especial, emocionalmente intenso que hemos de aprender a gestionar para poder seguir ayudando a otros. La “muerte voluntaria” de una persona nos deja a los vivos grandes interrogantes, es un problema de aceptación para los vivos y cómo entender que alguien a quien quieres no quiera estar entre nosotros.

Fue mi querida socia Marta quien un día me dijo mientras pensábamos frases que definieran JOY una que hoy adquiere todavía más sentido… “Buscábamos una profesión y la profesión nos encontró a nosotros”. No lo habría decir mejor.

Ese esfuerzo siempre vale la pena, sin duda, sobre todo cuando ese esfuerzo da la vida.

Jorge Juan García Insua

Cuando el de menos me echa a mí

Te echo de menos
hoy, ayer y te echaré mañana
Y te echo de menos
entre silencios y miradas
Allá donde no pensé que cabría 
Allí donde solo nosotros sabemos

No sé si el de menos me echa a mí 
tal vez no se acuerde 
tal vez sólo sea yo 
Quien tiene un espacio vacío 
cómo expresar qué deseo vaciarme 
que tengo tanto para dar

Es extraño
Y extraño la parte de mi que es contigo 
También la echo de menos 
No para que vuelva
Mejor contigo que en mi
te pertenece, te la entregué
para siempre tuya es

Extraño tu ausencia
No tu pérdida 
cómo perder lo que perdura en mente
y crece en pensamiento 
Sentir que lo pierdes 
y sentir que permanece 
Extraña forma de echar de menos

Y siendo menos
lo siento más
y más y más y más y más 
Lejos de quedarme vacío
me lleno echándote de menos
porque no quiero irme 
ni mucho menos despedirme

Echar de menos 
es abrazar sin necesidad de tocar
acariciar sin yema 
escuchar con la piel
comprender sin conocer

Es silencio y es tristeza
intención de estar sin estar
Sentir que estás 
y pensar tu ausencia 
aceptar que no perteneces
ni sabes de destino

Echarte de menos
para llenarme de recuerdos
Atar los momentos a mis pensamientos
vaciar la mente
y llenarme de ti

Te echo de menos
y me siento extraño 
Extrañando 
lo que me sobra por dentro
Necesitando 
lo que no está a mi lado
añorar la primera vez

Un abrazo sincero
por todos los echo de menos 
sentir que vale la pena
Desconectar
de ti y de mi, de nosotros
Y reconectar una y otra vez
Porque tus cicatrices me marcaron
Pero tus caricias también 

Echar de menos
lo más parecido a un monstruo 
que guarda instantes
para lanzarlos a traición
Una vez echas de menos
nada vuelve a ser igual
Ni uno mismo
Eternamente seremos de menos 
recordando que una vez fuimos de más 

Jorge Juan García Insua

«Como no sabemos cuándo vamos a morir llegamos a creer que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todo sucede un cierto número de veces… y no demasiadas» – Paul Bowles

Torpe Carta de Presentación

Qué necesitas saber?

– No te conozco…
Más de lo que piensas y crees

– Tú crees?
Sabes que te imagino con una sonrisa cuando te escribo… sabes que imagino tu voz… sabes que te pienso e imagino que tú a mi

Sí… es una locura
Locura es la forma en la que has entrado y locura es no querer que te vayas…

Suena imposible…
Suena bonito. Suena a tener tantas cosas por decir… a ganas de que no acabe esto… a miradas que se amontonan… a veces que te quiero abrazar

Y el miedo?
A que un día llegue el fin… a que no me de tiempo de ir más allá… a perderme tardes llenas de besos que te quise dar… al recuerdo de lo que nunca llegué a contarte

Por qué yo?
Porque para desearlo debes soñarlo y para soñarlo debes ser capaz de imaginarlo… a mí me sucede cada noche y me gusta soñar tu vida para perseguir mis sueños

Cómo puedes llegar a escribir de mí sin conocerme?
Qué necesito saber que no sepa…

Sabes muy poco de mi…
Sólo es necesaria una sensación y menos de un segundo para cambiar un mundo… y aunque te resulte extraño de creer es lo que generas en mi.

-Y si no soy como me imaginas…

Te imagino en un abrazo…único, poderoso, intenso, tierno, especial, donde somos uno…

Me encantaría que lo hicieras… que con mirarte vea que lo deseas también

Déjame mirarte entonces

Me dejas sin palabras…
Déjame que las ponga yo…

Eres el viaje soñado
Los días excitantes de cuenta atrás 
Quisiera ser el pasajero
la Llamada a casa
el turista retratista que te guarda
emoción, pensamiento... sentimiento

Sólo para no encontrarte lejos
y no echarte tanto de menos
Quiero dejar de soñar tu voz 
y escucharla desde el otro extremo

Tal vez estás al final del extremo
cerca y lejos
Para ser mi ventana al mundo
mi palabra exacta 
la caricia perfecta
enredadera para mi travesura
mi cuerpo,mi mente, mi alma
Tú el lazo y la conexión 

Tal vez el camino
te muestre como mi anfitriona 
inalcanzable ante mis ojos
que siempre me ofrece 
resguardo y calidez
Y si eres la musa? 
el milagro?
y yo el creyente que lo desea ver

Buscaré entonces la señal
Como si siempre hubieras estado aquí
Utopía y redención 
Expectativa y espejismo
Todas promesas mirarán al cielo
y tú la única señal
Lo único real

Entra sin miedo
conoce mi alterego
imperfecto como todo en mi
entra… déjale regalar instantes 
Intensidad y temeridad
No quiero morir esperando
Prefiero arder hasta el final 

Eres mi estrella Polar 
el más firme de los argumentos
la más clara interpretación
La oportunidad de convencer
a los más escépticos
que existen personas 
entre las que no cabe el punto final
Eres baile...
la vida un inmenso musical
… te apetece bailar?
Bailemos...acércate... abrazo...

Bailemos abrazados
al compas de tu respiración
besando tu piel
Y quédate así, conmigo
Deja que el sentimiento 
deje atrás el sentido
quiero tenerte pegada a mi
aquí estoy, sin tí
me haces falta... no imaginas cuánto

Escribí para llamar tu atención
Y ahora si quieres viaja
ojalá no te vayas
dónde no pueda llegar yo

Jorge Juan García Insua

Lo cerca que te siento

Y te escribí que te echaba de menos…

Me respondiste … mucho?

Y no encontré las palabras.

Cuál es la palabra para decirte que tanto como para sentir dolor en el pecho hasta no poder más, tanto como para buscarte con los ojos cerrados porque no hay luz si no estás, que hay una parte de mi que sólo está contigo, tanto que mi respiración es distinta y le falta compás si no la respiras tú.


Leí una vez que en oriente echar de menos se cuenta por estaciones… a mi me faltan ya primaveras, veranos, otoños… y no dejo de acumular inviernos en pleno agosto.

Y yo deseo el invierno contigo… a tu lado.

No encuentro palabras… es el precio a pagar… por tenerte, por recordarte… por enamorarme… Y cuanto más intento buscarlas más me doy cuenta de que cuanto más te quiero más te extraño y que te extrañaré más de lo que pueda querer jamás.


Ese el el precio. Pagado está. Mañana, volveré a pagar.

Y lo seguiré pagando. Quiero seguir pagándolo.

Extrañarte es estar lleno de ti.

Extrañarte es tocarte en sueños y sentir la caricia.

Extrañarte es dónde pertenezco.

Extrañarte es buscar tus labios y besarlos en la distancia, tan cerca…

Lo pagado es poco a cambio de tanto y mucho más.

Hay quien echa de menos lo que pudo haber sido y no fue, afortunado yo que echo de menos verte porque dejar de sentirte no puedo.

Respirar, amar, extrañar.

Me preguntabas … Mucho?

Mucho… y mucho más.

Jorge Juan García Insua

El verano que aprendí a levantar las orejas

Ha sido un viaje especial. No especialmente largo, lo de menos era la distancia. Lo importante era el motivo.


Apenas 20 km los que separan la casa familiar de La Barquiña a la granja de conejos de Boiro, donde me regalaron hace apenas 15 días una coneja a la que días atrás P ya había prebautizada como ScoobyDoo.

Días donde algunos allegados al conocer al nuevo componente familiar de 4 patas y una cola me decía … “uy, qué mal lo va a pasar P cuando lo devuelvas”, “no crees que es mejor llevarlo para Barcelona que los niños se lleven semejante disgusto”… y opiniones del mismo estilo, siempre automáticas y dando por sentado lo qué supuestamente debería suceder llegado el momento. Ideas preconcebidas, sesgadas…

A todas iba respondiendo de la misma forma. Si darles cabida y confiando ciegamente en P y J y su capacidad emocional para gestionar ese momento y sobre todo, sabiendo que para ellos lo más importante es y será que ScoobyDoo esté donde mejor pueden cuidarlo y dónde mejor que con sus centenares de padres y hermanos.

Va a ser imposible olvidar con qué cariño le daba las buenas noches y me recordaba a mi que se las diera antes de dormir, como lo primero que hacía cada mañana aún con los ojos medio cerrados era cogerlo y comprobar que estaba bien… construyendo lazos tan fuertes que seguro que pasarán los años y seguirán recordando el verano que pasaron en Galicia con Scooby.

Mientras conducía de camino a la granja miraba por el espejo como P sereno le hablaba a su mascota… le recordaba lo vivido estos días, lo aprendido juntos y cómo le decía bajo la atenta mirada de su hermano y su prima cuánto lo quería y lo iba a echar de menos.… “No te olvidaremos nunca…”

Escuchándolo me emocionaba con él y en silencio me llenaba de orgullo de ver cómo convertía una despedida y en cierto modo un duelo en una escena tan bonita como solo unos niños son capaces de hacer, poniendo el corazón y anteponiendo su mascota a sus propios deseos, que lógicamente serían llevársela a Barcelona.

Llegado el momento P no ha dudado en bajar del coche con él y secundado por su hermano y María llevarlo hasta su jaula en el interior de la granja. No sé de dónde han sacado la entereza para abrazarlo y mientras lo besaban decirle cuánto lo querían y que ojalá puedan verse el próximo año…

Miraba la escena y al dueño de la granja. Posiblemente lo último que esperaba es que volviéramos para devolverle el conejo y devolverlo con su familia… Sorprendido y con lágrimas en los ojos no se creía la escena en la que tres niños enamorados de un conejo prestaban más atención al bienestar de éste y que se adaptara lo mejor posible a la nueva jaula que al dolor de separarse de su amigo de largas orejas. Así de generosos son los niños… cuánto podemos aprender de ellos.

Cuando al final se ha agachado para decirles que el próximo año pueden volver ellos le han respondido con un sentido abrazo. Sobraban palabras. Ese tierno abrazo hablaba por sí solo y ponía sello a ese lazo que se ha ido tejiendo durante estos días.

Mis hijos me han enseñado estos años a confiar en ellos y en su inmensa capacidad para entregarse, para gestionar momentos y situaciones emocionalmente intensas que para un adulto resultarían amargas y difíciles de digerir con naturalidad y sencillez.

Esta vez he podido ver y me han enseñado cómo soltar para seguir, cómo soltar para construir sobre el recuerdo de lo aprendido y compartido en lugar de quedarse atados al pensamientos de no verlo más, a la creencia de que les pertenece o el miedo a no saber disfrutar si no es con él.

Y yo, que a menudo vivo sesiones y procesos de duelos llenos de dolor y con dificultades para avanzar, que acompaño a personas que no saben cómo soltar y seguir me llevo una lección de cómo hacerlo desde una mirada distinta, inocente y generosa a rabiar.

Me llevo de esta experiencia el orgullo de ver a los tres pequeños de la familia crecer y entender que dar sin esperar a cambio es el mayor de los regalos y que hasta el más pequeño de los conejos tiene mucho que enseñar… sólo hace falta estar dispuesto a abrir los ojos, levantar las orejas y mirar como mira un niño, viviendo cada momento como una nueva posibilidad de explorar y disfrutar del mundo que nos rodea, sabiendo que cada día es único y que incluso abrir la puerta de una jaula es motivo suficiente para ser feliz.

Mientras los adultos nos atormentamos y preocupamos muchas veces en exceso, nos atamos a recuerdos aún sabiendo que nos hacen daño… ellos rápidamente cambian el chip y exprimen cada situación para jugar y ser felices, cuando se sienten libres y seguros sueltan y llenan su mochila de risas y sonrisas y en eso, niños y conejo, nos llevan mucha ventaja. Ser y estar. Ese es su secreto.

Gracias Scooby por compartir con nosotros un verano… Hay equipajes que no se pueden llevar en un bolsillo y que sólo se llevan en el corazón.

Gracias P, J y María por seguir dando lecciones de humanidad y no dejar que pierda la mirada infantil que a estas alturas me pueda quedar.

Jorge Juan García Insua


* Mil gracias de corazón al dueño de la granja de conejos de Boiro. Sin tu generosidad aquella tarde al regalar a un desconocido un conejo para sorprender a sus hijos nada de esto hubiera podido suceder.

La brújula y la más preciosa de las sonrisas

Te miro en la penumbra, no necesito luz para que mis ojos recorran tu cadera, muevo torpemente mis dedos buscando tu tacto, se guían siguiendo tu calor, alimentados por la electricidad de tu figura bajan suben por ella… y me siento afortunado, sigues aquí…

Siento el millón de besos que me diste antes de caer rendida, siento tu cabeza en mi pecho donde aún resuena tu cabeza y como tu respiración recuperaba el aliento mientras me dabas la mano… así apretadas, unidas… trazando una línea invisible e indestructible de mi boca a la tuya.

Ay amor… eres una invitación a vivir la vida con vestido largo, a corbata a medio desanudar tirada por el suelo, a despertar soñando durmiendo junto a ti repartiéndonos sonrisas y disfrutar de lo poco que tengo entregándotelo a ti. Quiero disfrutar de lo que tenemos, ver dónde nos lleva y trasnochar una noche tan larga como el camino que quede por recorrer.

Eres presente con sabor a futuro, de ese que se va tal como viene y vuelve a venir, ese que no puedes ni sabes entender poner, eres musa y próximo baile, eres ganas de escribir en tu espalda con boca cada palabra de la que habrá de ser nuestra canción, para dejarla grabada, para recitarla suavemente, para susurrarla de forma escandalosa mientras la toco con los dedos en el aire y mi piel haciendo arpegios…

Decirte que aún cuando siento tu piel dentro de mi no puedo dejar de pensar en ti, que abrazarte es deshacer el corazón y desear que se quede dentro tuyo, que no lo dejes salir porque ya no sabe sobrevivir si no late dentro de ti… No quiero dejarme nada, quiero sentir las sábanas mojadas de ti y de mi, vacío de todo y llenarme de ti.

No sé cómo he llegado a ser lo que ves, pero cada vez que me tocas deseo convertirme en aquello que sólo tú sabes ver. Quiero darte besos, besos y sólo besos… no dejar ninguno por dar ni por perdido, coger los tuyos y construir con ellos sueños hasta no saber si son vida o son sueños donde te los robó cuando quiero.

Y pensar que todo comenzó en el sueño de un brazo que sentías mucho antes de recibir, el deseo de caminar descalzos y ensuciarnos los pies y embarrarnos de vida.

Apréstame el corazón, desliza tus uñas por mi pecho hasta mi abdomen y a cada parada separa tus labios de mi piel y dime quién soy yo, hazme nacer con cada palabra, déjame ser quien ves… tan educado como bufón , tan razón como locura, tan verdad como de extraño camino, tan malote como travieso… ansioso por perderse en tu mirada.

Mientras te recorro nos imagino abrazados dentro de una botella… llevados por la corriente, viviendo de tu tacto, simbiosis de tu aroma, salitre y sal, soñar con ser conquistador de los mares a tu lado, este y oeste, norte y sur, llenarte cada mañana de amaneceres imposibles y de besos a cada puesta de Sol.

… Y después de todo pensaré que sí ha valido la pena, aunque sólo fuera para convertirme en coleccionista de guías y brújulas que me recondujeran a la más bonita de las sonrisas.

Jorge Juan García Insua

Siempre te todo tú

Rápido …
No sea que llegue el amor
Puede ser el amor rápido? 
Cuál es el tempo del amor?
No sé, no lo sé 
Desconozco las respuestas 
no sé si sabría formular las preguntas


Lo siento 
Lo que siento me emociona
Puedo pararlo? 
Pararlo para darle tiempo? 
Y si el tiempo lo echa a perder? 
Y si me pierde la vida? Y si te pierdo a ti?
Sentir miedo a perder
y sentirme de todo menos perdido

Tiempo
Para amar, ser amado
Ahora? Cómo saber si es el momento?
Lo siento 
Lo que siento me emociona
Esa es la respuesta, a cualquiera que sea la pregunta 
Tú. Siempre tú 
Sientes tú? Qué sientes? Cómo lo sientes?
Hasta dónde lo sientes?
Ahora. Ahora a cada momento
Ahora a cada minuto
Momento presente para un tiempo perfecto 

Imperecto para ser
Perfecto para amar
Perfecto para amarte
Ahora. Siempre
Lo siento, lo deseo 
Te deseo siempre, para siempre
Tú, a ti, a tu tempo 
Lento o rápido 
Decide tú cómo quieres quererme
Yo lo haré queriéndote, mimándote
con ansia, sin mañana
A cada momento
A cada minuto
En presente y en siempre

Te todo contigo
Rápido te lo digo 
No sea que el tiempo se acabe
No sea que sea cruel y el final 
No sea contigo 
Y te eche de menos 
a cada momento
a cada minuto 
Por si todo vuela
si todo desaparece
En presente y en siempre

Te todo tú
Siempre te todo tú


Jorge Juan García Insua