Cuando se apague la luz encenderá tu Estrella

Hay mensajes que recibes pero que tardas en leer y que como una señal quisieras que nunca se hubieran enviado.
Te estás marchando, no sé si serán horas o tal vez días pero poco a poco hay una parte de ti que inicia un camino donde esta vez no puedo seguirte.
Y joder es una mierda, una grande. No es justo para ti desde luego pero me sale el egoísmo y tampoco lo es para mi. Debería mostrar tu templanza pero no la tengo, tu sabiduría pero aún tenías mucho que enseñarme, tu silencio pero la rabia ni quiere ni sabe darme espacio.
Me duele. Sabías que esto pasaría, como lo sabía yo. Y me dijiste que no te preocupaba, que los psicólogos y los Coach sabíamos de cómo gestionar esto. Ves como soy un aprendiz… no me sale, que torpe, no sé cómo hacerlo… estoy demasiado implicado, hemos pasado todas las líneas y ahora que te mueres me faltan tablas.
Qué te costaba darme un poco más de tiempo? Me lo prometiste. No te irías antes de acabar y aún quedaba pendiente alguna sesión más… o dos… la última vez que hablamos me advertías que sería la última… te envié a la porra… y te reías.
Recuerdo aquella sesión donde te pregunté qué querías tratar y me dijiste que querías que te ayudara a saber explicarle a tu familia que te ibas a morir, que te estabas muriendo y que te preocupaba irte dejando malos rollos en este mundo, que de esos ya habían muchos y no querías que nadie te recordara por alguno de los que de desangraban. Querías encontrar las palabras adecuadas en frases cortas decías que abran el camino…
Aquella hora y media fue una lección de vida. Te felicité al finalizar por la entereza y claridad con la que habías caminado por un terreno que para la mayoría de nosotros sería una penitencia en vida. En cambio tú le diste forma de lección, liberación y aprendizaje.
Cuando salía de la habitación me dijiste… Jorge! No te preocupes, el miedo a morirme antes de terminar contigo me mantiene vivo. Así que al final va a resultar que hasta para eso te me has adelantado.
Muchos presuponen que los psicólogos estamos absolutamente preparados para asumir la pérdida de alguien a quien queremos, así como si tuviéramos una tecla, un botón rojo que todo lo activa y soluciona, como si gestionáramos nuestras emociones con los ojos cerrados y el corazón en una caja bajo llave. No, yo no.
Ya te decía que tal vez no soy tan bueno y tal vez no lo seré nunca, pero tú, cabezota, tenías que salirte con la tuya.
Bromeabas cuando te reenvíe algunos mensajes que preguntaban por ti tras mí tras publicar una de nuestras sesiones, te hacía gracia el interés que provocabas, te pedí permiso para una foto y me dijiste que no, que en mi Blog no había personalismos, que no querías quitarle espacio a P & J, que la bata de hospital no realzaba tu figura y que desde el anonimato uno se muere mejor.
“Ahora sé que pase lo que pase mi historia siempre estará en tu blog” me dijiste. Siempre me quedaré con la duda de qué hubieras pensado de estas líneas… sé que te hubieras metido conmigo por blandengue aunque por dentro estarías tan emocionado como yo al escribir de nuevo de ti.
Vete cuando consideres que es el momento. Te has ganado el derecho a decidir cuándo y yo el de echarte de menos todos los días.
Gracias por ser parte de mi camino.
Buen viaje.
Jorge Juan García Insua
“Nos pasamos los días mirando el reloj y seguimos llegando tarde a la vida”
Si quieres leer la primera publicación puedes ir a “Esos días que la vida me regala muerte” (marzo 2021): https://degarciaainsua.wordpress.com/2021/03/18/esos-dias-que-la-muerte-me-regala-vida/
El enemigo que llevamos dentro
“Una vez me dijeron que cuando una persona piensa en el suicido es porque quiere matar el dolor, no la vida”

Llevaba poco más de una hora en mi despacho cuando me llamó. Como otras mañanas pensaba que era para darme los buenos días, ese tipo de mensajes que te enamoran… pero no, esta vez fue distinto.
Su voz era débil, entrecortada y aunque llevaba días en un bucle que me preocupaba no me esperaba lo que me estaba diciendo. Pastillas, se había tomado un bote de pastillas… para dormir, para descansar, para olvidarse de todo lo que la atormentaba y le pesaba como una losa…
No sé cómo pero mientras le pedía que no dejara de hablarme llamé con el fijo a Urgencias para pedir que se desplazaran hasta su casa por un caso de intento de suicidio, y con el móvil de empresa llamé a su madre para explicarle lo que estaba pasando y que fuera rápidamente y facilitar la entrada de los médicos.
Aquellos minutos fueron eternos y cuando el médico me dijo que ya estaban en la casa y su madre que la llevaban al hospital me derrumbé en la silla. Recuerdo que la tensión era tal alta que tenía unas ganas inmensas de llorar y en cambio era incapaz de soltar una lágrima. No sé cómo fui capaz de llegar al hospital desde la oficina, mi mente no sabe procesar ese recuerdo. No fue hasta horas después ya en el hospital que empecé a llorar y a soltar. Soltar y soltar. Incapaz de hacer nada más que llorar.
Durante aquellas horas vagaba entre la sensación de vacío y mi incapacidad para lidiar con las emociones y lo extraño que se me hacía que alguien pudiera darme las gracias o incluso felicitarme por cómo había reaccionado. Me culpaba. Por no saber más, por no aprender más deprisa, por no haber acabado antes la carrera, por no haber estado atento a señales, por… por… por… Y cuánto más me culpaba más me pesaba todo.
Los días siguientes y estando ella aislada en psiquiatría mientras era evaluada y tratada me despertaba lleno de dudas, sentía como el estrés de la situación me seguía dominando y me provocaba un intenso dolor. Rabia, frustración, angustia, negar lo sucedido y una enorme sensación de culpa…
A los pocos días me examinaba de Psicología de la Muerte y Psicopatología. Coincidencia. Señales. La vida…
Mi segunda experiencia con el suicido fue ya como terapeuta. Contactó conmigo porque no podía superar el suicidio de su madre. Habían pasado años y no podía hablar de ella, no había visitado su tumba, había escondido cualquier cosa que la recordara a ella y me explicó que la odiaba por lo que la había hecho, tanto que su vida se había vuelto insoportable para cualquiera que compartía minutos y momentos con ella.
Estaba en estado de shock. A pesar del tiempo que había pasado desde el suicidio sentía estar en una pesadilla de que solo pensar en salir la sumergía en un inmenso dolor y vacío que la arrastraba. Explicaba que había perdido el control de su vida, no se veía capaz de tomar decisiones y que sin saber cómo a menudo se encontraba llorando, escondida en algún rincón de la casa. Su mirada estaba perdida y humedecida de horas y horas de llorar sin saber cómo salir de aquella situación que la estaba consumiendo hasta no reconocerse.

La primera vez que la ví y nos presentamos pensé que se parecía mucho a la que había sido mi pareja. Mucho. Incluso casi compartían la edad en la que había sucedido entonces. Coincidencia. Señales. La vida…
En sus palabras una y otra vez aparecía la culpa, el pensar que no supo hacer nada para evitarlo, que no estuvo a la altura, que tal vez no vio las señales… y que había perdido el derecho a vivir como penitencia.
Aquellas intensas sesiones transitaron en la aceptación de la pérdida, exteriorizar el dolor y todas las emociones contenidas y el aprendizaje de volver a vivir aceptando que tal vez nunca tenga las respuestas a su pregunta de por qué y que el mayor estigma sobre el suicidio de su madre es el que se ponía ella misma.
Con el paso de las sesiones la acompañé en el proceso de separar la forma de la muerte de la persona fallecida y según avanzó en ese proceso empezó a sanar sus heridas emocionales. Aceptó que lo importante era lo que había compartido hasta aquel trágico momento y se centró en el hecho de que ya no estaba con ella y no en la manera en que se había marchado.
Con el tiempo aquel proceso me cambió como no imaginaba. Me removió y en cierta forma me sanó a mí. Vivir el suicidio desde las dos perspectivas me dio una perspectiva completamente distinta a lo aprendido en la Facultad y me enseñó que no hay muerte más difícil de aceptar que la de un suicida.
El sentimiento de abandono y traición del familiar es insoportable y no puede evitar pensar en fantasmas y llenarse de dudas y culpas.. .que nunca dan respuesta ni explicaciones a lo sucedido… preguntas como ¿por qué lo hizo?, ¿cómo me pudo hacer tanto daño?, ¿acaso me merecía esto? se repiten y se convierten en un laberinto sin salida.
Comparto hoy esto por primera vez. Lo hago por necesidad y porque este blog tiene el propósito de dar voz a pensamientos que de otra forma no sabría reposar y expresar. Una publicación en las redes sociales sobre el Día Mundial para la Prevención del Suicido de mi buen y admirado amigo Dani Jerez, ha conectado todo y ha puesto orden a mis palabras.
Y lo hago porque es necesario avanzar en cómo vemos el suicidio, romper con el silencio y los estigmas que lo acompañan. Me siento en la obligación de ayudar a esa visibilidad. Cada vez que un terapeuta tiene contacto con el suicido o cualquier de su formas recibe un legado especial, emocionalmente intenso que hemos de aprender a gestionar para poder seguir ayudando a otros. La “muerte voluntaria” de una persona nos deja a los vivos grandes interrogantes, es un problema de aceptación para los vivos y cómo entender que alguien a quien quieres no quiera estar entre nosotros.
Fue mi querida socia Marta quien un día me dijo mientras pensábamos frases que definieran JOY una que hoy adquiere todavía más sentido… “Buscábamos una profesión y la profesión nos encontró a nosotros”. No lo habría decir mejor.
Ese esfuerzo siempre vale la pena, sin duda, sobre todo cuando ese esfuerzo da la vida.
Jorge Juan García Insua
Cuando el de menos me echa a mí

Te echo de menos hoy, ayer y te echaré mañana Y te echo de menos entre silencios y miradas Allá donde no pensé que cabría Allí donde solo nosotros sabemos No sé si el de menos me echa a mí tal vez no se acuerde tal vez sólo sea yo Quien tiene un espacio vacío cómo expresar qué deseo vaciarme que tengo tanto para dar Es extraño Y extraño la parte de mi que es contigo También la echo de menos No para que vuelva Mejor contigo que en mi te pertenece, te la entregué para siempre tuya es Extraño tu ausencia No tu pérdida cómo perder lo que perdura en mente y crece en pensamiento Sentir que lo pierdes y sentir que permanece Extraña forma de echar de menos Y siendo menos lo siento más y más y más y más y más Lejos de quedarme vacío me lleno echándote de menos porque no quiero irme ni mucho menos despedirme Echar de menos es abrazar sin necesidad de tocar acariciar sin yema escuchar con la piel comprender sin conocer Es silencio y es tristeza intención de estar sin estar Sentir que estás y pensar tu ausencia aceptar que no perteneces ni sabes de destino Echarte de menos para llenarme de recuerdos Atar los momentos a mis pensamientos vaciar la mente y llenarme de ti Te echo de menos y me siento extraño Extrañando lo que me sobra por dentro Necesitando lo que no está a mi lado añorar la primera vez Un abrazo sincero por todos los echo de menos sentir que vale la pena Desconectar de ti y de mi, de nosotros Y reconectar una y otra vez Porque tus cicatrices me marcaron Pero tus caricias también Echar de menos lo más parecido a un monstruo que guarda instantes para lanzarlos a traición Una vez echas de menos nada vuelve a ser igual Ni uno mismo Eternamente seremos de menos recordando que una vez fuimos de más
Jorge Juan García Insua

«Como no sabemos cuándo vamos a morir llegamos a creer que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todo sucede un cierto número de veces… y no demasiadas» – Paul Bowles
Coaching para un corazón herido de pena
Ha entrado muy nerviosa, mucho. Casi sin mirarme aunque no ha hecho falta para transmitírme un gran peso… sus pupilas, cómo caminaba hacia la sala, su mirada humedecida, su entrecortada respiración…
Antes de que llegara a sentarse le he ofrecido agua y he propuesto comenzar la sesión no sentados sino estirados haciendo un ejercicio de relajación. Me ha mirado sorprendida y ha asentido con una tímida sonrisa.
Tumbados he puesto un mantra de fondo y mientras mi voz la guiaba observaba cómo su cuerpo iba relajándose, respirando y su rostro conectaba consigo misma y yo con ella. A su lado he sincronizado mi respiración a la suya y cuando he creído que era el momento he preguntado…
– Qué traes hoy a la sesión?
-Bloqueo, mucho bloqueo !!
-Qué supone para ti ese bloqueo?
-No quiero hacer nada, nada! No quiero responderle… pero cuando más tiempo paso sin hacer algo más bloqueada me siento hasta que me cuesta respirar, me ahogo…
Y ha respirado profundo y poco a poco su respiración empezaba a encauzar su ansiedad.
Tumbados en paralelo sin mirarla podía sentirla mientras escuchaba con total atención. Mientras la sesión avanzaba ha recorrido el camino hasta la conciencia de decidir no hacer, porque esa también es una decisión cuando la tomas sabiendo qué esperas de ella y no por miedo, por haber fallado antes o por falta de interés. Sin angustia ni ansiedad.
La vida me ha ido enseñando poco a poco a dar espacio a lo que siento y a moverse por ello, a esperar y confiar en mi intuición y en cerrar la puerta cuando conviene (y se deja) a esa lógica que siempre me acompaña. He aprendido a no librar batallas que no quiero tener, más allá de poder ganar o perder… porque a veces necesitas perderlas aún sabiendo el resultado final para estar a gusto contigo mismo y es muy difícil digerir victorias con sabor amargo.
En ese camino también he aprendido que no hacer nada es una opción tan válida como cualquier otra si la tomas de forma consciente y asumes las consecuencias. Erróneamente se piensa que no hacer es renunciar a aquello por lo que luchabas y en cambio ofrece un gran aprendizaje y demuestra una enorme gestión emocional si lo hacemos respetándonos.
No hacer nada también es una forma de vivir el presente, de hacer que aún no haciendo pasar algo estén pasando cosas y decidiendo qué postura queremos tomar, sabiendo que en ocasiones no hacer implica un desgaste emocional que por desgracia algunos no sabrán valorar.
Tomarte tiempo para equilibrar y entender tu estado emocional y alejarte de motivos de sufrimiento te da una visión más clara de un conflicto pudiendo mesurar tu decisión, lejos del estrés. Y no, aunque lo hayas escuchado antes, eso no significa en absoluto que seas egoísta.
Cuando hemos finalizado le he dicho que mirándola tenía la sensación de necesitar un abrazo y que yo después de acompañarla durante la sesión también necesitaba dárselo… y sin saber cómo el fondo de mantra se ha transformado en I can’t go on without you de Kaleo, una canción especial para mi que ha dado al cierre y al abrazo una atmósfera muy personal.
Las personas que nos gusta abrazar sabemos que no se trata de rodear con los brazos sino de acercar el corazón y esa es la sensación y la emoción que me he llevado hoy.
Gracias por compartir tu herida.

Jorge Juan García Insua
“Qué valiente te ves temblando de miedo pero arriesgándote a vivirlo” – J. Guerrero
Si te apetece escuchar el tema de Kaleo “I can’t go on without you” puede ir al siguiente enlace: https://youtu.be/gpG9QRV9gTk
Torpe Carta de Presentación

Qué necesitas saber?
– No te conozco…
Más de lo que piensas y crees
– Tú crees?
Sabes que te imagino con una sonrisa cuando te escribo… sabes que imagino tu voz… sabes que te pienso e imagino que tú a mi
– Sí… es una locura
Locura es la forma en la que has entrado y locura es no querer que te vayas…
–Suena imposible…
Suena bonito. Suena a tener tantas cosas por decir… a ganas de que no acabe esto… a miradas que se amontonan… a veces que te quiero abrazar
–Y el miedo?
A que un día llegue el fin… a que no me de tiempo de ir más allá… a perderme tardes llenas de besos que te quise dar… al recuerdo de lo que nunca llegué a contarte
– Por qué yo?
Porque para desearlo debes soñarlo y para soñarlo debes ser capaz de imaginarlo… a mí me sucede cada noche y me gusta soñar tu vida para perseguir mis sueños
– Cómo puedes llegar a escribir de mí sin conocerme?
Qué necesito saber que no sepa…
– Sabes muy poco de mi…
Sólo es necesaria una sensación y menos de un segundo para cambiar un mundo… y aunque te resulte extraño de creer es lo que generas en mi.
-Y si no soy como me imaginas…
Te imagino en un abrazo…único, poderoso, intenso, tierno, especial, donde somos uno…
–Me encantaría que lo hicieras… que con mirarte vea que lo deseas también
Déjame mirarte entonces
– Me dejas sin palabras…
Déjame que las ponga yo…
Eres el viaje soñado Los días excitantes de cuenta atrás Quisiera ser el pasajero la Llamada a casa el turista retratista que te guarda emoción, pensamiento... sentimiento Sólo para no encontrarte lejos y no echarte tanto de menos Quiero dejar de soñar tu voz y escucharla desde el otro extremo Tal vez estás al final del extremo cerca y lejos Para ser mi ventana al mundo mi palabra exacta la caricia perfecta enredadera para mi travesura mi cuerpo,mi mente, mi alma Tú el lazo y la conexión Tal vez el camino te muestre como mi anfitriona inalcanzable ante mis ojos que siempre me ofrece resguardo y calidez Y si eres la musa? el milagro? y yo el creyente que lo desea ver Buscaré entonces la señal Como si siempre hubieras estado aquí Utopía y redención Expectativa y espejismo Todas promesas mirarán al cielo y tú la única señal Lo único real Entra sin miedo conoce mi alterego imperfecto como todo en mi entra… déjale regalar instantes Intensidad y temeridad No quiero morir esperando Prefiero arder hasta el final Eres mi estrella Polar el más firme de los argumentos la más clara interpretación La oportunidad de convencer a los más escépticos que existen personas entre las que no cabe el punto final Eres baile... la vida un inmenso musical … te apetece bailar? Bailemos...acércate... abrazo... Bailemos abrazados al compas de tu respiración besando tu piel Y quédate así, conmigo Deja que el sentimiento deje atrás el sentido quiero tenerte pegada a mi aquí estoy, sin tí me haces falta... no imaginas cuánto Escribí para llamar tu atención Y ahora si quieres viaja ojalá no te vayas dónde no pueda llegar yo
Jorge Juan García Insua

Lo cerca que te siento

Y te escribí que te echaba de menos…
Me respondiste … mucho?
Y no encontré las palabras.
Cuál es la palabra para decirte que tanto como para sentir dolor en el pecho hasta no poder más, tanto como para buscarte con los ojos cerrados porque no hay luz si no estás, que hay una parte de mi que sólo está contigo, tanto que mi respiración es distinta y le falta compás si no la respiras tú.
Leí una vez que en oriente echar de menos se cuenta por estaciones… a mi me faltan ya primaveras, veranos, otoños… y no dejo de acumular inviernos en pleno agosto.
Y yo deseo el invierno contigo… a tu lado.
No encuentro palabras… es el precio a pagar… por tenerte, por recordarte… por enamorarme… Y cuanto más intento buscarlas más me doy cuenta de que cuanto más te quiero más te extraño y que te extrañaré más de lo que pueda querer jamás.
Ese el el precio. Pagado está. Mañana, volveré a pagar.
Y lo seguiré pagando. Quiero seguir pagándolo.
Extrañarte es estar lleno de ti.
Extrañarte es tocarte en sueños y sentir la caricia.
Extrañarte es dónde pertenezco.
Extrañarte es buscar tus labios y besarlos en la distancia, tan cerca…
Lo pagado es poco a cambio de tanto y mucho más.
Hay quien echa de menos lo que pudo haber sido y no fue, afortunado yo que echo de menos verte porque dejar de sentirte no puedo.
Respirar, amar, extrañar.
Me preguntabas … Mucho?
Mucho… y mucho más.

Jorge Juan García Insua
El verano que aprendí a levantar las orejas

Ha sido un viaje especial. No especialmente largo, lo de menos era la distancia. Lo importante era el motivo.
Apenas 20 km los que separan la casa familiar de La Barquiña a la granja de conejos de Boiro, donde me regalaron hace apenas 15 días una coneja a la que días atrás P ya había prebautizada como ScoobyDoo.
Días donde algunos allegados al conocer al nuevo componente familiar de 4 patas y una cola me decía … “uy, qué mal lo va a pasar P cuando lo devuelvas”, “no crees que es mejor llevarlo para Barcelona que los niños se lleven semejante disgusto”… y opiniones del mismo estilo, siempre automáticas y dando por sentado lo qué supuestamente debería suceder llegado el momento. Ideas preconcebidas, sesgadas…
A todas iba respondiendo de la misma forma. Si darles cabida y confiando ciegamente en P y J y su capacidad emocional para gestionar ese momento y sobre todo, sabiendo que para ellos lo más importante es y será que ScoobyDoo esté donde mejor pueden cuidarlo y dónde mejor que con sus centenares de padres y hermanos.
Va a ser imposible olvidar con qué cariño le daba las buenas noches y me recordaba a mi que se las diera antes de dormir, como lo primero que hacía cada mañana aún con los ojos medio cerrados era cogerlo y comprobar que estaba bien… construyendo lazos tan fuertes que seguro que pasarán los años y seguirán recordando el verano que pasaron en Galicia con Scooby.
Mientras conducía de camino a la granja miraba por el espejo como P sereno le hablaba a su mascota… le recordaba lo vivido estos días, lo aprendido juntos y cómo le decía bajo la atenta mirada de su hermano y su prima cuánto lo quería y lo iba a echar de menos.… “No te olvidaremos nunca…”
Escuchándolo me emocionaba con él y en silencio me llenaba de orgullo de ver cómo convertía una despedida y en cierto modo un duelo en una escena tan bonita como solo unos niños son capaces de hacer, poniendo el corazón y anteponiendo su mascota a sus propios deseos, que lógicamente serían llevársela a Barcelona.
Llegado el momento P no ha dudado en bajar del coche con él y secundado por su hermano y María llevarlo hasta su jaula en el interior de la granja. No sé de dónde han sacado la entereza para abrazarlo y mientras lo besaban decirle cuánto lo querían y que ojalá puedan verse el próximo año…
Miraba la escena y al dueño de la granja. Posiblemente lo último que esperaba es que volviéramos para devolverle el conejo y devolverlo con su familia… Sorprendido y con lágrimas en los ojos no se creía la escena en la que tres niños enamorados de un conejo prestaban más atención al bienestar de éste y que se adaptara lo mejor posible a la nueva jaula que al dolor de separarse de su amigo de largas orejas. Así de generosos son los niños… cuánto podemos aprender de ellos.
Cuando al final se ha agachado para decirles que el próximo año pueden volver ellos le han respondido con un sentido abrazo. Sobraban palabras. Ese tierno abrazo hablaba por sí solo y ponía sello a ese lazo que se ha ido tejiendo durante estos días.
Mis hijos me han enseñado estos años a confiar en ellos y en su inmensa capacidad para entregarse, para gestionar momentos y situaciones emocionalmente intensas que para un adulto resultarían amargas y difíciles de digerir con naturalidad y sencillez.
Esta vez he podido ver y me han enseñado cómo soltar para seguir, cómo soltar para construir sobre el recuerdo de lo aprendido y compartido en lugar de quedarse atados al pensamientos de no verlo más, a la creencia de que les pertenece o el miedo a no saber disfrutar si no es con él.
Y yo, que a menudo vivo sesiones y procesos de duelos llenos de dolor y con dificultades para avanzar, que acompaño a personas que no saben cómo soltar y seguir me llevo una lección de cómo hacerlo desde una mirada distinta, inocente y generosa a rabiar.

Me llevo de esta experiencia el orgullo de ver a los tres pequeños de la familia crecer y entender que dar sin esperar a cambio es el mayor de los regalos y que hasta el más pequeño de los conejos tiene mucho que enseñar… sólo hace falta estar dispuesto a abrir los ojos, levantar las orejas y mirar como mira un niño, viviendo cada momento como una nueva posibilidad de explorar y disfrutar del mundo que nos rodea, sabiendo que cada día es único y que incluso abrir la puerta de una jaula es motivo suficiente para ser feliz.
Mientras los adultos nos atormentamos y preocupamos muchas veces en exceso, nos atamos a recuerdos aún sabiendo que nos hacen daño… ellos rápidamente cambian el chip y exprimen cada situación para jugar y ser felices, cuando se sienten libres y seguros sueltan y llenan su mochila de risas y sonrisas y en eso, niños y conejo, nos llevan mucha ventaja. Ser y estar. Ese es su secreto.
Gracias Scooby por compartir con nosotros un verano… Hay equipajes que no se pueden llevar en un bolsillo y que sólo se llevan en el corazón.
Gracias P, J y María por seguir dando lecciones de humanidad y no dejar que pierda la mirada infantil que a estas alturas me pueda quedar.
Jorge Juan García Insua
* Mil gracias de corazón al dueño de la granja de conejos de Boiro. Sin tu generosidad aquella tarde al regalar a un desconocido un conejo para sorprender a sus hijos nada de esto hubiera podido suceder.

La brújula y la más preciosa de las sonrisas

Te miro en la penumbra, no necesito luz para que mis ojos recorran tu cadera, muevo torpemente mis dedos buscando tu tacto, se guían siguiendo tu calor, alimentados por la electricidad de tu figura bajan suben por ella… y me siento afortunado, sigues aquí…
Siento el millón de besos que me diste antes de caer rendida, siento tu cabeza en mi pecho donde aún resuena tu cabeza y como tu respiración recuperaba el aliento mientras me dabas la mano… así apretadas, unidas… trazando una línea invisible e indestructible de mi boca a la tuya.
Ay amor… eres una invitación a vivir la vida con vestido largo, a corbata a medio desanudar tirada por el suelo, a despertar soñando durmiendo junto a ti repartiéndonos sonrisas y disfrutar de lo poco que tengo entregándotelo a ti. Quiero disfrutar de lo que tenemos, ver dónde nos lleva y trasnochar una noche tan larga como el camino que quede por recorrer.
Eres presente con sabor a futuro, de ese que se va tal como viene y vuelve a venir, ese que no puedes ni sabes entender poner, eres musa y próximo baile, eres ganas de escribir en tu espalda con boca cada palabra de la que habrá de ser nuestra canción, para dejarla grabada, para recitarla suavemente, para susurrarla de forma escandalosa mientras la toco con los dedos en el aire y mi piel haciendo arpegios…
Decirte que aún cuando siento tu piel dentro de mi no puedo dejar de pensar en ti, que abrazarte es deshacer el corazón y desear que se quede dentro tuyo, que no lo dejes salir porque ya no sabe sobrevivir si no late dentro de ti… No quiero dejarme nada, quiero sentir las sábanas mojadas de ti y de mi, vacío de todo y llenarme de ti.
No sé cómo he llegado a ser lo que ves, pero cada vez que me tocas deseo convertirme en aquello que sólo tú sabes ver. Quiero darte besos, besos y sólo besos… no dejar ninguno por dar ni por perdido, coger los tuyos y construir con ellos sueños hasta no saber si son vida o son sueños donde te los robó cuando quiero.
Y pensar que todo comenzó en el sueño de un brazo que sentías mucho antes de recibir, el deseo de caminar descalzos y ensuciarnos los pies y embarrarnos de vida.

Apréstame el corazón, desliza tus uñas por mi pecho hasta mi abdomen y a cada parada separa tus labios de mi piel y dime quién soy yo, hazme nacer con cada palabra, déjame ser quien ves… tan educado como bufón , tan razón como locura, tan verdad como de extraño camino, tan malote como travieso… ansioso por perderse en tu mirada.
Mientras te recorro nos imagino abrazados dentro de una botella… llevados por la corriente, viviendo de tu tacto, simbiosis de tu aroma, salitre y sal, soñar con ser conquistador de los mares a tu lado, este y oeste, norte y sur, llenarte cada mañana de amaneceres imposibles y de besos a cada puesta de Sol.
… Y después de todo pensaré que sí ha valido la pena, aunque sólo fuera para convertirme en coleccionista de guías y brújulas que me recondujeran a la más bonita de las sonrisas.

Jorge Juan García Insua
Siempre te todo tú
Rápido … No sea que llegue el amor Puede ser el amor rápido? Cuál es el tempo del amor? No sé, no lo sé Desconozco las respuestas no sé si sabría formular las preguntas Lo siento Lo que siento me emociona Puedo pararlo? Pararlo para darle tiempo? Y si el tiempo lo echa a perder? Y si me pierde la vida? Y si te pierdo a ti? Sentir miedo a perder y sentirme de todo menos perdido Tiempo Para amar, ser amado Ahora? Cómo saber si es el momento? Lo siento Lo que siento me emociona Esa es la respuesta, a cualquiera que sea la pregunta Tú. Siempre tú Sientes tú? Qué sientes? Cómo lo sientes? Hasta dónde lo sientes? Ahora. Ahora a cada momento Ahora a cada minuto Momento presente para un tiempo perfecto Imperecto para ser Perfecto para amar Perfecto para amarte Ahora. Siempre Lo siento, lo deseo Te deseo siempre, para siempre Tú, a ti, a tu tempo Lento o rápido Decide tú cómo quieres quererme Yo lo haré queriéndote, mimándote con ansia, sin mañana A cada momento A cada minuto En presente y en siempre Te todo contigo Rápido te lo digo No sea que el tiempo se acabe No sea que sea cruel y el final No sea contigo Y te eche de menos a cada momento a cada minuto Por si todo vuela si todo desaparece En presente y en siempre Te todo tú Siempre te todo tú Jorge Juan García Insua





