Un niño no sabe ir lejos

“Lo primero que quería era irme bien lejos,

Lejos de todo, hasta de los mosquitos. Irme hasta mirar a mi alrededor y sentir que no había nadie, nadie para nada, nadie… que me volviera a hacer daño.

Lejos del dolor del recuerdo de aquellos niños que se burlaban de mí, que me maltrataron por primera vez a los ojos de todos y que nadie quiso ni supo ver… aún me duele Jorge, solo tú ahora lo sabes. Roto… desde entonces y para siempre. Eran solo niños pero me hicieron tanto daño, tanto que me mataron en vida.

Siempre roto.

Lejos de esa primera lección de la vida, de bajar la cabeza, cerrar los ojos y apretar los dientes mientras recibí otras, no te la imaginas… me follaban como se folla a una muñeca, así… de usar y tirar… y que pase el siguiente. No sé cuántos, cuántas… qué más dá. A nadie pareció importarle. Si me hubiera tirado a una cuneta nadie me habría buscado.

Y un niño no sabe ir lejos, hasta en eso me engañaron. Un niño aprende a soltar todo eso a través de los puños, a romper puertas, a decir que me hice daño con un martillo cuando el martillo lo cogí para romperme los huesos, para castigarme, para matarme ya que un niño no sabe matarlos a ellos.

No era suficiente. La vida debió pensar que no era suficiente y dedicion que otros a su antojo dispusieran de mí. Así llegaron los 11, los 12, los 13…

Los 13 me dieron luz para empezar a pensar que merecía morir pero ni eso me enseñaron bien y la mierda de vida decidió que debía vivir arrastrándome ahora que me había empeñado en destrozar hasta convertir en polvo algunos de mis huesos…

(Largo silencio… coge aire)

Crees que alguien tuvo compasión? Nadie levantó la mirada a mi paso. Si alguna vez fui o tuve algo esos días lo perdí. Crecí sin nada, pasando los días y esperando la noche parado con los brazos en cruz a oscura en carreteras de mala muerte rezando… rezando que pasará un camión, un grande grande y me llevará por delante. 

Soy tan cabrón que cada dia me despertaba tumbado en esas jodidas carreteras, supongo que caía muerto de cansancio y joder joder… algunos días olía meao, no sé si mío o de algún puto animal que se acercaría hambriento y ni por esas me mordía.

Tal vez así llegaría al cielo porque hasta eso parecía que no era para mí. No para un puto suicida, parece ser que allá arriba tampoco nos quieren. Para eso si valía! Para ser pecado! A la mierda el derecho de admisión Jorge! A la mierda todos.

De eso sí que tengo, mierda. Me sobra mierda, por dentro y por fuera y sabes lo que pasa con la mierda? La recoges pero sigue oliendo. Joder, yo debo oler a kilómetros.

Por eso mi padre me… en fin, desapareció. Igual no soportaba mi olor, tal vez apestaba más que yo y… no te creerás lo único que recuerdo ya de él… “espabila, ten agallas, sé un hombre”. Te imaginas? Ten agallas… pero espera que aún lo remató con un “lo último que quiero en esta vida es un hijo maricón”.

Maricón. El marica nace o se hace Jorge? Tendrás que ayudarme también en eso porque no sé lo que soy o lo que me han hecho ser o si puedo ser algo…

Aquella noche no dormí, bueno llevaba muchas sin dormir pero aquella… te faltarían folios para apuntar todo lo que me metí, fumé… hasta por las orejas, hasta por el culo… como quería mi puto padre. Y por más que me metía me despertaba al día siguiente o a los dos días o a los cuatro, respirando. Increíble verdad? No me quieren arriba pero tienen la mente tan retorcida como para que siga vivo. Debo ser el circo de feria más entretenido que han tenido, luego dicen que los psicopatías estamos abajo…

Bueno, no sé si lo soy? Lo soy Jorge? No estaría mal. Un suicida psicópata tiene glamour. Joer y que lo sepa mi padre. Mejor un suicida psicópata que un suicida maricón.

No puedes entender cuando ves que otros si lo han hecho, sí lo han conseguido… me cago en… qué valientes! Ellos sí y yo, aquí explicándole mi vida a un loquero. No te enfades, te lo digo de buen rollo.

Entiendes por qué quería irme lejos. Nadie quiere escuchar esto, nadie quiere escuchar a la mierda. Y tú vas y hasta escribes sobre ello? Pensé… a este tengo que conocerlo, está más loco que yo o ha visto mucha mierda.

No sé si vengo para que me ayudes a encontrar el valor para volver a intentarlo o para acojonarte, que me digas que no puedes ayudarme y así tenga una excusa más. Como si las necesitara, como si no tuviera suficientes.

Igual no llego a la siguiente sesión. Nadie me echará de menos, tú… pareces buena persona. A las buenas personas les caen las grandes mierdas. Has pasado por mierdas Jorge? Joder, será que soy una buena persona? Qué cabrón el de arriba! Ala! No había más buenos que tenia de dejar caer toda la mierda sobre mi. Toda para mi!

(Llora. Largo silencio)

Entonces, cuándo nos vemos? Si llego… si no llego es gratis no?”

No he pronunciado una palabra en la sesión. Salvo presentarme, pedir permiso para grabar y luego para cerrar día, hora y pedir permiso para publicar.

Se ha levantado varias veces, se ha sentado en la alfombra, se ha estirado… cogido a la caja de pañuelos. En todos esos movimientos he sentido que no debía hacer, que si para él así estaba bien, así estaba bien. Imposible no sentir, removerte y emocionarte cuando alguien llega a ti así.

Cuando se ha marchado solo pensaba desde el suelo que hay que ser muy valiente, mucho más de lo que puedo llegar a concebir para con todo dar el paso y venir hoy aquí.

El resto me llevará unos días bajarlo o tal vez me dé la oportunidad de hacerlo juntos.

Jorge Juan García Insua

Antes de acompañar somos acompañados

Hoy una paciente en sesión mientras reflexionaba sobre sus relaciones ha conectado con la dificultad de “acompañar” y me ha comentado que los psicólogos deberíamos explicar más el significado y sentido de “acompañar en terapia y fuera de terapia” porque sería de gran ayuda para otras muchas personas.

He querido coger el guante. Primero porque como psicólogo me siento responsable y tienes razón, deberíamos dedicar más tiempo a explicar la necesidad de acompañar y desde dónde acompañar y segundo porque hacer este ejercicio también implica ser responsable, a tus ojos y a los ojos de quien me lea y escuche, con mi trabajo como psicólogo y psicoterapeuta.

Te diré lo que significa acompañar…

Acompañar es construir contigo una relación cercana y de absoluta confianza.

Acompañarte es sentarme delante tuyo de igual a igual.

Acompañar es crear un espacio de seguridad y tranquilidad para ti.

Acompañar es darte las gracias por compartir y escucharte agradecido.

Acompañar es que te permitas sentir y que te sientas tú mismo en el momento presente.

Acompañar es callar mi voz interior cuando empezamos la sesión y regalarte silencio.

Acompañar es ser altavoz de la tuya y sólo de la tuya.

Acompañar es permitirte ser, dentro y fuera de la consulta.

Acompañar es estar aunque no te sientas bien, aceptar que está bien que te sientas asi y ayudarte a aceptar que tras ese sentirse mal hay un para qué.

Acompañar es respetar tus tiempos y tu pasos.

Acompañar es aceptar que es tu proceso, tuyo es el timón y la dirección.

Acompañar es no decirte qué se supone que tienes que hacer y darte las herramientas para que vivas y actúes según lo que piensas y sientes.

Acompañar es escuchar activamente, en mayúsculas. 

Acompañar es ayudarte a ser responsable de tus pensamientos, emociones, actitudes y conductas 

Acompañar es estar a tu lado paraa entender el para qué de tus conductas y pensamientos para que tú decidas cómo recuperar el control.

Acompañarte es enseñarte cómo identificar y expresar las emociones, incluso aquellas más incómodas. 

Acompañar es dar contención y apoyo emocional para que te permitas sentir, reflexionar y decidir en consonancia.

Acompañar es estar emocionalmente a tu lado cuando te enfrentas a los desafíos del día a dia y te permites Vivir de una forma más plena y satisfactoria para ti.

Acompañar es mostrarme comprensivo y empático. sin dirigir, invadir ni intentar gestionar, cambiar o apropiarme de tus emociones ni de cómo las experimentas.

Acompañarte es saber estar no saber hacer porque todos antes de acompañar hemos sido acompañados.

Espero que ahora sí haya sabido explicar lo que significa acompañar pero sobre todo que veas reflejado todo eso en cada una de las sesiones que llevamos juntos.

Espero seguir acompañándote.

Gracias por permitir acompañarte.

Jorge Juan Garcia Insua

Vidas de rosas y dragones (Casi 23 de abril)

He soñado que volvía a nacer, otro siglo, otro país, otro color de piel y al abrir los ojos los tuyos.

He soñado que me perdía en ellos, que me gananan una vida más, poquito a poco y escucho como me hablan, flojito… al oído, susurrándome que deje de buscar la palabra, que tal vez no exista una exacta… que hay un destino para cada vida y todas las mías son ya tuyas.

Y me cuesta poco cerrar los ojos y dejarme soñar. Querer soñar y tú entre una colección de recuerdos, apasionados, eternos y sueño creyendo que esos, todos esos nos pertenecen y con los ojos cerrados quiero creer que todos y cada uno de ellos son verdad.

Tan verdad como que cuando yerras queriendo querer alguien se apiada y te deja volver a intentarlo y sanar… no con palabras que curarán heridas sino con saliva que te cubre la piel, por eso mis labios te recorren cada mañana.

Si sigo soñando poquito a poco voy cayendo en tus manos, en esas que me acarician el pecho cuando el sueño te vence y me convencen que seguirás en él cuando despierte…

Soñaré que abriré los ojos en nuevo nacer y lo haré convenciéndote que nunca es tarde si volver y volver es hacerlo junto a ti. Vidas perdidas para ganar el instante de besarte, cerrar los labios y abrir el corazón mientras siento que algo se mueve dentro,

Si volviera a nacer pediría hacerlo dentro de ti, en las coordenadas precisas, muy dentro y profundo para seguir recreando que cada parte de ti es mía, para acariciarte de todas las formas imposibles que nos atrevamos a imaginar y alimentarme (de ti) hasta que mi espacio sea de nuevo tuyo.

Volveré porque hay una lengua que solo contigo me atrevo y creo saber hablar. Volver para querer y vivir. Volver para pedirte perdón porque intenté dejar de ver lo bueno que hay en ti en un intento absurdo de olvidarte y alejarme… y cuando creí haberlo conseguido vi que no quedaba nada que ver.

Puedo imaginarme recorriendo tu cuerpo hasta deshacerme en tus labios, en los que me saboreas y te mordisqueas. Poco a poco olvidando mi nombre y mis apellidos, cada historia que hice mía, mi reflejo y cada cosa que en algún momento ha sido mío, los recuerdos de los que no has participado, algunos fantasmas y me alejo de tu olvido…

Si alguna de estas vidas la empiezo en la cuna gatearé hasta el lugar donde nos encontramos y crecimos, tú y yo, tú y yo con un mundo tan grande que no nos cabe en las manos y que nos moja de lluvia hasta entender que te moja distinto cuando estás enamorado

En cada vida corregiré las líneas del destino para que la casualidad nos cruce antes, que me lleve allá donde estés para ser tu almohada cuando te duermes antes de que la película empiece. Te acariciaré hasta convencerte que todas las vidas son nuestras y nos pertenecen, que no tenemos remedio… ni disculpa ni perdón.

Otra vida para aprender a escribir poesía y para descubrir que aún recreo tu sabor. Buscarte para darme la razón, donde mis labios sacan lo mejor de ti y hay algo mágico en nuestro poco a poquito, otra vida y otra y otra y gritar hasta quedarme sin voz que… no cambiaría nada.

Una para no tener que fingir, para decirte cómo brillas y desear que algún día brilles así pensando en mi, verte como el arte que eres, mirarte perdido y asustado, sin saber decirte que he sido en todas las vidas tan pobre como desastre y que no echo nada de menos cuando me abrazas y entonces siento que todo está bien.

Una para esperarte. Misma hora. Mismo lugar. Aunque me digas que sales tardes. Aunque te diga que me iré temprano sabiendo que querré quedarme un poco más.

Una para hacernos viejos sintiendo que alguien cuida de mi y yo de ti. Ver que mis canas ponen orden a mi mundo interior, me calman y te calma hasta casi olvidos momentos que en vidas pasadas lo pasamos mal. Darte una mano para enseñarte el cielo y convencerte que ya no quedan tormentas mientras en la otra te escondo un paraguas estampado en estrellas…

Una última para escuchar en bucle todas las canciones de amor que en silencio te he dedicado y abrazarte con devoción, tanta que cuando empiece a desaparecer, cuando se acerque mi último segundo puedas grabar mi mirada, esa que te dice que sabía que llegaría el momento, que llegaría el instante de no ser capaz de evitar que esto acabe, que tantas veces habremos sido inicio y a cambio debe haber una último final…

Confía, cree en mí y haré un último intento. Trataré de explicarle a San Pedro lo que significan todas estas vidas contigo. Le diré que no puede atarme al cielo sin antes dejarme las vidas necesarias para desatarme de la tierra, que habiéndote conocido no estoy dispuesto a irme y no puedo mientras tenga vidas donde encontrarte. Sabe Dios que me sobra fe para saber que no se puede renunciar si hacerlo algo dentro te duele.

Le diré que fue conocerte y soñar bonito, que nunca soñé que fuera tan bonito como vivirlo contigo y que si me marcho nunca será junto a ti y siempre será por ti.

Una más para irme antes que tú, para tener la edad suficiente de entender que podemos vivir, seguir como si nada y sin haber aprendido nada, una más para que no llegue un día que dejes de creerte mi Princesa y yo tu espolique, embobado deje de ser dueño de mis deseos para desear los tuyos y a ti.

Nacer de nuevo en medio de un 23 da abril de una año cualquiera en plenas Ramblas firmando libros que llevan tu nombre. Me imagino como cada vez que alguien me pida que lo dedique se me escapa una sonrisa pícara de quien te sabe protagonista porque tu recuerdo vale una vida, una que no necesita escribirse en páginas blancas para saber que los dragones son más reales que los caballeros y casi todo es posible… si es contigo.

Volver a sonreír aún sabiendo que las he gastado hasta quedarme sin ninguna. Culparme porque no sé cómo todo a veces sale todo al revés, que lo único real fue quererlo y soñar quererte para siempre, que todos los deseos entran en un último aliento… y su recuerdo depende más de ti que de mi.

Una.

Para un te espero hoy, para un te espero mañana, para un te espero… sin más, que tal vez ahora cada vez que veas a alguien firmando un libro te acuerdes de mí susurrándote que algunas historias son verdad y algunas, sólo algunas, además son bonitas.

Casi tan bonitas como tú.

Jorge Juan García Insua

(Un casi 23 de abril…)

Mucha mierda

En un momento de la sesión me ha dicho…

– No puedo mirarte y decirlo, no puedo… me da vergüenza…

Sin intervenir he esperado a que decidiera seguir, las palabras parecían no querer salir de su boca. Y ha seguido…

– Vergüenza y… miedo. Necesito decirlo, la de veces que me lo he dicho…

– Déjame que te proponga algo, te ayudaría si no me ves, si no estoy delante tuyo?

-Lo dices en serio? No quiero que te molestes…

– No es ninguna molestia, es tu sesión recuerdas? Tú mandas en tu espacio.

Y me he sentado en el suelo detrás de su butaca. He permanecido en silencio mientras ella respiraba profundamente, miraba la butaca vacía y su sesión ha continuado…

– Soy defectuosa, algo hicieron mal conmigo porque no recuerdo un solo momento de mi vida donde haya tomado una decisión correcta… siempre he estado rota, sigo estando rota y buscaba alguien que me arreglara y una rota solo ve a los rotos como ella y dos piezas rotas difícilmente encajan, difícilmente pueden ni parecer una… creo que he intentado tantas veces encajar con alguien que perdí la cuenta de como de rota estaba y cuánto me seguía rompiendo… he nacido tan defectuosa que dudo que algún día deje de estar rota…

Y así ha seguido la sesión, prácticamente sin yo intervenir. Solo acompañaba, estaba.

La escuchaba mirando la butaca, mi butaca. Escuchaba y conectaba. Espejo y reflejo. He acompañado desde ese sentirse tan rota, ese transitar por su “vida de mierda”.

De hecho todas las sesiones de hoy han coincidido en eso, en sentirse en un momento “de mierda” y “sentirse como una mierda”. 

Amo mi profesión pero ahora que apago las luces de la consulta no puedo evitar pensar que es una mierda acompañar desde aquí, saber que lo que necesita el paciente es precisamente eso, que valide la mierda, que lo aoompañe desde ahí y que la sienta junto a él.

Ni delante ni detrás, al lado, De tú a tú con le máximo respeto y validación que sea capaz de dar. 

Acompañar es aceptar el momento vital de la otra persona, no para dar consejos ni decir lo que creemos saber sino para ayudarle a crear un espacio de aceptación, seguridad y confianza para que llegado el momento vuelva a creer en sus capacidades y posibilidades.

Entonces sí, creo que hoy también he acompañado. Espero que ellos también lo piensen…

Jorge Juan García Insua

Adiós Sr. Pérez!

Todo ha empezado buscando el diente que se le había caído a Jan esta mañana y que había guardado en la mochila en una servilleta que le había dado su abuela.

Cuando finalmente ha aparecido le he dicho sin pensar…

– Menos mal o el Ratoncito no hubiera venido..

Me han sentado los dos y entre bromas me han dado a entender que el Ratoncito, como los Reyes, el Tió, Papá Noel… en fin… que soy yo.

Me he quedado sin palabras mientras ellos bromeaban. Al ver mi expresión Jan me ha dicho bajo la atenta mirada de Pol…

– Pareces triste… no sabias que eras tú?

No he sabido responder excepto… “jo.. ya no creéis… me da pena…”.

– Ya hace algún tiempo que lo sabemos papá pero no sabíamos si lo podíamos decir… – ha dicho Pol.

– Papá no te pongas triste… yo por ti creo y creeré – me ha dicho Jan mientras me abrazaba y besaba.

Así hemos estado unos minutos.

Una vez en la cama al darle las buenas noches a Pol me ha preguntado si ya no estaba triste..

– No cariño, estoy triste pero es normal que lo esté. Que lo sepáis para papá es importante, era muy feliz imaginando que creíais y cuando creíais yo creía con vosotros.

– Por qué es tan importante para ti que creamos?

– Porque yo creí, quise creer muchos años más de cuando sabía que no todo era mágico. Y sigo buscando esa magia en todo, en las ilusiones, en las historias, en las personas, en los corazones… y me pone triste pensar que ahora podáis perder esa inocencia, que dejéis de soñar y de creer que por imposible que parezca todo es posible. Eso lo quiero para vosotros y lo quiero para mi.

Pol me ha abrazado muy fuerte y hemos llorado juntos. Ha venido Jan, nos ha abrazado a los dos y hemos llorado juntos.

Pol ha cogido aliento y serenidad y mirándome me ha dicho…

– Papa… yo no quiero dejar de creer ni de soñar, quiero ser como tú 

Escuchar esas palabras ha sido de los momentos más especiales que ahora puedo recordar con mis hijos. El corazón se ha hecho grande, muy grande y lo he llenado a besitos.

– No sé cariño si has entendido todo lo que he dicho y creo que aún no puedes entender lo que significa para mí lo que acabas de decir. Algún día lo entenderás y espero que te acuerdes de este momento, de este instante que yo no olvidaré nunca y que recuerdes que hoy me has hecho muy feliz…

Los he mirado…

– … y que es imposible quereros más de lo que os quiero.

Jan ha buscado su sitio, se ha acurrucado en mi pecho… “ y nosotros te queremos mucho a ti”.

Y sigo triste pero también lleno y no soy capaz de ponerle palabras. Tal vez sea porque no son necesarias y lo que se podía decir ha sido sentido.

Me he puesto triste porque hoy se cierra una etapa, para ellos y para mí. Pero como todos los finales este va seguido de un inicio…

Es curioso pero cuando me imaginaba de padre podía visualizar estos primeros años pero rara vez los años siguientes.

Tal vez porque alguna vez pensé no llegar a estar vivo llegado este momento, tal vez porque me daba miedo dejar de soñar con ser padre, tal vez porque tengo miedo de no saber hacerlo en esta nueva etapa.

Hoy han decidido que duermen conmigo, uno a cada lado… más Pinguï. Qué mejor forma de acompañarme, de sentir conmigo y enseñarme a soñar con mañana, con pasado y con el siguiente.

Siento que una parte del niño que hay en mí hoy a crecido, ese niño que se niega a perder la poca inocencia que todavía me pueda quedar. Y me duele despedirme de él. Y los quiero con el alma.

Cuánto tienen por enseñarme y yo cuánto por aprender.

Jorge Juan García Insua 

”Once upon a time… not so long ago”

Cincuentenario, quincuagenario… suena hasta señorial. No sé si voy a acostúmbrame. Me dicen que a partir de hoy todo es cuesta abajo, que hoy sí puedo decir eso de “cuando era joven…”.

Cuando lo era seguía persiguiendo sueños y hasta me cambiaba el nombre cuando firmaba en el camino de encontrarme a mí mismo. Jorgito, Coke, Ferran DaFonseca… y alguno más que ni llegado al medio centenar me atrevo a confesar.

Cuando era joven me castigaban por pelearme contra decenas por no poder soportar que pegaran o se metieran en la escuela con mi mejor amigo Paco. Y mi padres siempre lo respetaron. Los suyos también.

Cuando lo era seguía durmiendo de un tirón al llegar a la cama, debí aprender a vivir durmiendo poco y es ahora cuando la pereza surge en las fiestas de guardar.

Entonces soñaba con pelotear algún día con mis hijos… ahora maldeciré el día que deje de hacerlo.

En el camino he perdido buenísimo pero sigo sobrado de impulso y energía cuando algo me conmueve y apasiona. Ahora incluso algunos dicen que escribo y se hacen ideas de mí que ni por asomo y sí acepto que lo hago para no dejar de ser lo contrario a un libro abierto.

El primer y último cigarro que fumé me lo dio mi padre en una boda. La primera y última calada a un porro fue en Hospitalet y fue por amor. La de veces que he hecho algo por primera y última vez por amor…

Me he defraudado más veces que años cumplo… menos a Hacienda. Perdí la cuenta de las veces que me he sentido defraudado, será memoria selectiva o que acumulo años suficientes para aprender a soltar, perdonarme y perdonar.

Me reconozco y reconozco que muchas veces pensé no llegar a cumplirlos y tener una temprana fecha de caducidad. Llego sin tener ganas de saber ni cuándo ni dónde ni dispuesto a dar pasos atrás.

Soy el último de los que conocí en mis años más oscuros. Aquellos que me enseñaron que puedo ganar perdiendo, que las batallas nunca te hacen fuerte si no tienes claro qué te mueve a pelearlas y qué estás dispuesto a perder. Aquellos que una vez me dijeron que valía la pena perder su batalla si a cambio ganaba la mia.

Perder. Aún no he aprendido eso. Soy el torpe que nunca ha sido el más listo ni el más fuerte, sigo tropezándome con las misma piedras pero ahora caigo con más estilo, hago selfies de los hematomas y hasta me dan likes.

Ya no castigo mi cuerpo y lo trato con más cariño. Dejé de buscar su límite y me reconcilié poco a poco con cada una de las cicatrices. Me costó eso de encajar que correr no es de cobardes y que no tengo nada de caballero excepto cada 23 de abril que me da por presumir de ello.

Aprendí a pensar en mi salud y hacerlo casi me cuesta perderla. Nunca mais. Y más costó entender que preocuparme por mi futuro me alejaba del presente.

Sigo sin acabar de escribir esa canción que un día prometí poner letra… tiene alguna frase en gallego y la última frase que de momento tiene es “sigo teniendo ganas ti”…

Como un gusano me encierro cuando me hacen daño o me superan las emociones. Necesito la distancia y el espacio para sentir, entender y volver a creer que algún día tendré algo de mariposa.

Cuantas veces pensé que no daba más, que no podía más, que no vería más y en cambio… nada es tan grave cuando te das un largo abrazo y mucho cariño. Si has conocido a alguien sonriendo sabiendo que estaba roto por dentro también me has conocido a mi. Curioso que ahora sean muchas las veces que acompaño a otros mientras se reparan y poco se imaginan cuantas de ellas me han reparado a mí y cuánta es mi deuda por ello con ell@s.

Y eso que me he callado más de 50 cosas. Algunas siguen haciéndome daño cuando me recuerdan que siguen ahí y me hacen vulnerable. Otras se han convertido en cosas y personas bonitas que me ensanchan las pupilas aún cuando no las ve nadie. Es verdad eso de que todos estamos hechos de Estrellas, las mías forman galaxias de historias, momentos y recuerdos.

Doy lo mejor de mí cuando abrazo y cierro los ojos. Los años y la serenidad me permitieron soñar que era algo parecido al hombre de los abrazos perfectos. Tal vez ya no hago con la misma fuerza pero me sigo emocionando cuando lo hago y no puedo evitar pensar que tal vez no daré otro.

Me he sentido vacío y me he vaciado. Sigo sufriendo cuando sucede aunque ahora no dudo al pensar que no hay otra forma de estar preparado para llenarme otra vez.

No recuerdo en todos estos años haber visto bailar a mi madre pero cómo reprocharle nada a quien tanto le debo sabiendo que soy parte de la música de su banda sonora. Sigo echando de menos a mi padre. Todos los días y sigo esforzándome en hacer que siga estando orgulloso de la persona que soy y seré. No puedo soportar la idea de pensar que mis hijos no lleguen a estarlo de mi.

He pasado horas y horas en atascos, caminando en transbordos eternos, escuchado la misma música con los ojos cerrados, he llevado hasta tres móviles y nada de eso acabó por hacerme feliz. Soy fruto de muchas personas que dieron una primera oportunidad, que confiaron y creyeron ver en mi algo especial. Antes de saber dar es tanto lo que recibí que siempre estaré en deuda.

No te creerás los Km que acumulo entre mis piernas y mi corazón. Durante años me llevaban los demonios pero se calmaron y con ellos el miedo a caer y no poder dar un paso. He perdido la cuenta de los amaneceres que he disfrutado a la orilla del mar. Me he vuelto adicto a hacerlo fácil, a agarrarme a lo que me hace feliz y dejar atrás aquello que me quite el sueño.

Me cuesta recordar cómo era con 30… y con 20 ni lo intento ni lo necesito. Pasar por los 20, los 30 y todos los 40 me ha llenado de momentos. Vivir es lo único urgente, el resto es cosa de la edad.

Sigo sin cumplir tantos años como para superar al número de personas que han llegado a mí para intentar seguir cumpliendo edad, solo por eso vale la pena llegar al 5…

Si lo pienso llego aquí sonriendo todos los días aunque sea un poquito, pintando canas y con el pelo más largo de lo que apuntaban ciertos genes familiares. Lo de mis genes y la familia necesita de 50 años más para ser entendido por la ciencia. Tal vez sigo vivo para darles tiempo a estudiarme con conciencia.

Me sobran ganas para más. Me sobran para que me des 50 abrazos más los de propina… y un beso al final. Me sobran para seguir sin darle mucha importancia a mis años porque sea el año que sea poco refleja lo que a lo largo de ellos he vivido y compartido.

Y todo esto que te escribo está bien. Todo esto es gracias a mi edad, a mis canas, a mi locura y a mis ganas… sean 50 o sean muchas más. Tengo la experiencia que me dan los años y la edad que aún no han cumplido mis sueños.

Si tienen razón y en mi camino empieza la caída voy a dejarme llevar, sí y lo voy a hacer planeando. Alguien pensará que lo hago por joder a los que tienen prisa (y no les falta razón) pero lo haré porque ya que he llegado hasta aquí no quiero caer sin más y quiero disfrutar de las alturas.

Quiero fingir que tengo miedo para tener excusa de cogerte fuerte de la mano y tocarte por debajo de tu espalda mientras dure la bajada, quiero sentirme pequeño y soñar en grande mientras escucho una y otra vez la historia de Tommy y Gina… Caer aprendiendo, acompañar y ser acompañado, sentir cómo se acelera el corazón para seguir mirando cuando el viento me cierre los ojos y cuando irremediablemente me acerque al suelo convencerme que todavía no es suficiente, que quiero más, más más más… y soñar que mis alas se extienden,  tanto tanto tanto que me olvide de todos estos 50 años excepto de las personas a quienes tanto quiero y querré 50 más.

Jorge Juan García Insua

Para que lo sepas tú

Para que lo sepas te diré que lo vales todo.

Lo vales todo. Tú lo vales. Lo que puedo imaginar y lo que nunca llegaré a soñar. Para que lo supieras te dije que quería un contigo.

Aunque fuera un solo segundo un contigo era apretar el lazo un poquito más, era un poquito hacer más eterno lo que nada es para siempre. Tienes el don de la presencia incluso cuando no hablas no me escribes o no quieres estar. No te había conocido y te dedicaba frases en silencio, tan infantil que sin enviarlas esperaba que te llegaran y que mis musas no lo supieran, que ni se enteraran… Pues de saber tu nombre me odiarían por no tener el valor. Tú, yo, ellas o los dos.

Y no lo entenderían. No entenderían que no sepa explicar como estar contigo a pecho descubierto es todo y nada y no va más. No entenderían que cada mirada es un sentir y que mirarte es sentir miedo a perderte mientras aquí me quedo, temblando… esforzándome en retenerte, grabarte para no arrepentirme si mi memoria se olvida y se me olvida el momento.

Yo todavía me arrepiento de no dedicarte aquellas palabras. Aquellas y las siguientes. Lo intenté, no puedes imaginarte cómo y cuánto y quise tantas tantas tantas tantas veces que perdí la cuenta. Estar contigo es… era… será…

Estar contigo sin buscarte y dándome cuenta de haberte encontrado. A veces cerrar los ojos y desear que me alcances, otras soñar que te espero llegar. Ay los sueños… Saber que me lees y revives los sueños, esos que recreo cada noche y donde lo hacemos juntos… de la mano, mano con mano, entre manos… sin manos. Sintiendo lo que siento y entendiendo cada palabra que escribo.

Yo? Quería y quiero estar contigo. Sin un adiós, un aquí estaré o un para ti… Estar antes de que te vayas, te alejes y no quede nada y no va más porque mis Musas te descubran. Me siento extraño y escribo sin sentido sabiendo que si desapareces mi inspiración me abandonará en señal de protesta. No la inspiración de escribir, esa te pertenece, hablo de la de respirar, de esa que si falta faltaré. Faltarás.

Sabes?

Me quedaré sin hablar antes de perderte para siempre. Me niego a sentirlo y a aceptar que si sucede sea para un hasta siempre. Silencio, me haré silencio, seré silencio para acordar y recordarme de ti y de cómo tu tacto me hacía feliz.

Me niego a bajar la cabeza, a dejar de vivir… a no sentirme de ti. Quererte crece con la edad, los años todavía me hacen hervir la sangre y no quiero perder trozos del pasado de cuando tu sonrisa me hizo feliz.

Un contigo aunque me haga más mayor y sea el último sobre la faz de la tierra que todavía hable y escriba de amor. Aunque ya nadie me lea y entienda que nada de lo que dejo me hará inmortal. 

Tal vez se trata de eso, de que lo sepas tú, de que sientas que me fui sin dejar de sentir por ti. Y todo eso el año que empieza y soñaba estar contigo, todo eso el año que justo empieza y ya me ha enseñado que se puede tener miedo y amar y que no existe una mejor versión de mí de la que vivió un contigo.

Jorge Juan García Insua

Así me gusta escribir

Sé que no es la primera vez que lo digo,

como sé que ni una de esas veces lo he dicho sin sentirlo.

Me gustas…

Me gustas porque no eres de viajes cortos cuando se trata de conocer tu cuerpo. Me gusta conocerte y reconocerte a través del tacto y el olor de tu piel. Me gusta que me gustes y soñar que te guste y que gustes junto a mí.

Gustar, gustarte, me gustas. Sí. Lo sabes. Te lo he dicho, repetido y he querido hacértelo sentir.

Cómo me gustas… quería ponerle palabras pero no, no me llegan, son… tan cortas y tanto, tanto me…

Me gusta no ser de paso y a ti que insista y me quiera quedar. Me gusta que nunca me hayas dicho adiós y que yo no sepa irme, no quiera ni me salga hacerlo. Por eso me quedo, por eso me gusta estar, estarte… para ti. Contigo.

Me gusta pensarte sin querer y quererte sin pensar. Pensar que te beso y cuando lo hago pensar que no es un sueño y que en cada beso me sientes y te dejas sentir.

Me gusta que recordemos momentos y que pocos o muchos sean intensos, verdaderos como lo que siento y más fuertes que un “te imaginas”… y te imagino a mi lado o yo al tuyo o de la mano o mirándote y que me escuches un “me gustas” verdadero.

Te mereces mucho más que un me gustas. Lo sé. Pero me gusta la paz que hay en tu mirada cuando va acompasada de esa sonrisa… esa en la que me gusta perderme y me gusta mirarte y mirarte besarte mirarte y mirarte besarte y sentir que no es suficiente, que quiero… más.

Te extraño y me gusta. Qué estupido verdad?

Tal vez muchos lo piensen. Pobres. Ellos no te han mirado, sentido, besado, abrazado ni soñado como lo hago yo…. Cada noche.

Me gusta ser estúpido si en eso consiste. Y podría ser mucho más, como nunca nadie lo ha sido antes para que sepas que me gustas, que no lo olvides, que lo recuerdes, que lo sientas… A ratitos, en silencio, en secreto… aunque yo lo escriba y lo publique. Para ti.

Y que te guste que me guste y que nos gustemos, que estemos y nos sobre ir a ninguna parte. Qué gusto que me gustes, que me leas, que te guste leerme.

Me gusta escribir y que sepas que lo hago para ti pensando en ti.

Siempre pensando en ti.

Así me gustas y me gusta escribir.

Jorge Juan García Insua

Una de Juanita

Cuando me ha visto ha levantado los brazos y se ha echado a llorar. Sentirla así me ha roto por dentro.

“No quiero morirme, no quiero morirme…”

Abrazados sobre la camilla ha pasado el tiempo. El suficiente para calmarnos los dos y recuperar el aliento.

“Lo siento Jorge, lo siento sobrino”

Y hemos necesitado tiempo para volver a

Recuperar el aliento.

“No quiero ser una carga, prefiero morirme que haceros perder el tiempo, a la nena, a ti, a tu hermano… Soy mayor pero quiero vivir, vivir… Dios tantos años… Mira lo que me tenía preparado… cumplir años para estar aquí… no quiero ser una carga”

Y más abrazo y más lágrimas.

“Y ahora pobre Patri…”

La he acariciado la mejilla, se la besado. El Nolotil empezaba a entrar por la vía.

Durante unos momentos con sus 92 años y esa locura que la acompaña ha empezado a explicar instantes de su vida. Desordenados, de sacrificio y entre emociones me ha dicho que no somos sus sobrinos… “sois mis hijos… como Marc, como Paula, la pequeña María… como los tuyos… quiero veros a todos… He pensado en tu padre Jorge y en mis hermanos, se fueron tan pronto y al pobre Avelino… no pude despedirme de él Jorge, pobre Avelino… ahora hará un año…

…Le dije a tu hermana que me quería morir en casa, pero no quiero, no quiero morir y si quiero es para no daros trabajo, sois muy buenos, no os lo merecéis, tenéis que cuidar de tu madre no de mi…”

“Recuerdas que un dia te dije que teníamos más de una madre?”

Durante unos minutos me he quedado en silencio, cogiendo su mano y dejando que se fuera tranquilizando y yo con ella

“Crees que irá bien?” – ha seguido.

“Sí, sé que irá bien y sabes que aquí estaremos contigo

“Habrá que ir reservando para el próximo año…”

“Cuando te arreglen ese hueso dichoso y vuelvas a estar en tu casa le decimos a mi hermana que haga la reserva”

“Vale…”

Y como si no hubiéramos hablado nada… “Sobrino y hoy aquí cuál es el menú?”

Un menú muy gallego por cierto hoy en St Pau, como debe ser para una veterana de la vida tan ilustre.

Salía del hospital y al subir al coche pensaba en el miedo que me provoca esa operación pero también me sentía lleno de orgullo de ser su sobrino, de mi familia, de mis hermanos y de que a pesar de los estragos de la edad en su mente mantenga momentos de lucidez emocional tan maravillosos y que pueda seguir compartiéndolos conmigo.

Hoy me ha dado un fémur roto y 92 lecciones de vida. Que sean 93…

Te queremos mucho.

Jorge Juan García Insua

Por si decide repetir, volver y avanzar

Una noche al acabar sesiones miré los mensajes recibidos y uno de ellos era un audio. Al escucharlo me hablaba con una voz casi sin fuerza pidiéndome ayuda.

No había foto en su perfil. Me pedía que la pudiera atender telefónicamente, no quería hacer sesiones presenciales ni tampoco que utilizáramos ninguna forma de sesión que implicara imagen.

Cuando me facilitó sus datos evitó y tapó cualquier atisbo de su cara.

La primera sesión conocí a una persona aislada. Un accidente, un abandono de su pareja, un despido, un aumento de peso y muchos miedos e inseguridades la habían llevado a no salir de su habitación y a cortar prácticamente cualquier lazo social. 

Sesión a sesión fue creando zonas de seguridad en su casa. Lentamente íbamos asociando cada avance con cada uno de esos miedos. Había ocasiones donde la sesión quedaba representada con una marca en la pared, para recordar el avance, para dejar que al día siguiente la luz entrara fuerza y consciente del paso dado y del camino recorrido. Sesión a sesión sumábamos marcas y conquistábamos espacios.

Así hasta ayer. Ayer teníamos sesión y cuando le escribí diciéndome que le enviaba enlace para la sesión me contestó…

– Te pico y me abres, pero sin luz por favor 

Al instante sonó el timbre. Abrí y apagué las luces de la recepción y las de la consulta. Dejé sólo una vela que apagué al instante temeroso y dubitativo.

Entró cubierta por una sudadera muy ancha, era difícil distinguir su rostro bajo unas grandes gafas de sol. Su voz seguía débil pero muy serena, pausada y aparentemente tranquila.

Me costó unos minutos situarme y sentirme cómodo, me preocupaba no saber, no respetar la distancia y el espacio y sobre todo gestionar la sorpresa de tenerla en la consulta.

Le pedí permiso para abrir yo la sesión. Necesitaba expresarle como me sentía… torpemente le dije…

– Antes de empezar y para poder situarme necesito reconocer mi sorpresa. Me alegro mucho de tenerte aquí y quiero reconocerte y felicitarte por el esfuerzo que has hecho. De todos los pasos que has ido dando este tiene un valor incalculable.

Discúlpame si he sido frío al recibirte, he dudado cómo haberlo y me ha dado miedo que habiendo dado ese paso no respetara el espacio o la distancia que suponía que necesitabas. Por eso he movido mi butaca para atrás y confieso que había encendido la vela y la he apagado para no molestarte.

– Gracias Jorge, siempre tan atento… muchas gracias. Gracias por ser tan sincero y lo siento, debería haberte avisado pero me ha salido así, daba un paso para delante y uno para atrás… temblaba.

No sé decirte qué se me ha pasado por la cabeza pero es algo que llevaba unos días pensando. Viendo tan cerca… hacía tanto tiempo que no salía… pensaba en cuando te pregunté cómo hacías estas sesiones telefónicas y me decías que te sentabas en la butaca con los cascos y sin luces, que era tu forma de conectar con la voz y así evitabas descentrarte y sentías que la sesión fluía. Pensé que no era justo dejarte tan solo – me dijo mientras reía tímidamente.

Cuando la sesión anterior pactamos aquella marca en la puerta de casa… no sé, activó algo en mí y de alguna forma empecé a pensar en salir… en volver a salir y en todos esos miedos, en todo lo que habíamos hablado sobre ellos. Pero me asustaba y quería volver a mi habitación. Pero entonces miraba las marcas… todas, todas Jorge. Las tocaba y tocaba… tocaba todas esas marcas que hemos ido haciendo…

– Bien. Y ahora que estás aquí que significan todas esas marcas para ti?

Y la sesión ha fluido. A pesar de mis temores y de los suyos. Los hemos puesto ahí, delante y durante algo más de una hora se han hecho pequeños. A ratos sentía que hubiera podido cerrar los ojos y seguir conectado y presente.

Al despedirse me ha pedido que no me levantara…

– No te preocupes, sé que lo harías. Seguro que lo haces siempre pero me sentiría incómoda y todo ha ido tan bien…

– … tan bien como para que la siguiente sea presencial?

– No lo sé. Tal vez. Alguna más seguro que es presencial. Tal vez si escribes me lo piense – y volvió a reír tímidamente.

– No lo sé… tal vez lo haga, si me lo permites.

– Permitido quedas.

Cuando salía de la consulta se giró…

– Puedo pedirte algo?

– Dime.

– Ahora que me has visto… Bueno más o menos… si nos cruzamos, si nos encontramos en cualquier sitio que no sea esta consulta…

– Prefieres que actúe como si no te conociera?

– Sí, por favor. 

– Así lo haré. Puedes estar tranquila.

– No te molesta verdad?

– No en absoluto. 

– Gracias… pero si escribes no pongas esto… qué vergüenza.

Hace no mucho me recordaban en una formación que el terapeuta, como el coach, debemos entrar en sesión con la mente abierta, receptiva, sin juicios. De lo contrario las mismas situaciones que pueden generar impotencia o frustración al paciente pueden convertirse en barreras y limitaciones para nosotros. Digas lo que digas eres cómo lo haces.

Yo tuve miedo al escuchar el timbre y abrir. Algo tan natural como recibir a una persona y ofrecerle la consulta como un espacio seguro me resultó incómodo por momentos. Reconocerlo, sacarlo y compartirlo me ayudó a vaciarme de esos miedos y dándole su espacio encontré el mío.

Ella se marchó cerrando la puerta con mucho cuidado y dejando una marca. Una que no he visto hasta esta mañana. Ahí seguirá, solo visible para ella, para mí o tal vez para algún paciente que lea estas líneas y curioso la busque.

Por si decide repetir, volver y avanzar.

Jorge Juan García Insua

Como si siempre hubiera estado escrito

Y sigo… seguimos…

In… disimulable

cómo esconder en el armario de habitación de hotel donde descansas 

para abrigarte y darte calor 

cuando llegues cansada y se dé ese segundo al día que dices que piensas en mi

ese en me desearías sentirme

ese que soñamos a km de distancia

y empezamos a recrear

y nos perdemos entre las sábanas

In… consciente

para explicarte al amanecer por qué bes

Tu espalda cuando me despierto

mis labios buscan donde nacen tus alas

Esas que veo extendidas cuando estás encima de mi

ese que mueves y mueves

volar… volar…

In… audito

como cuando no crees que te siga mirando

y yo no puedo dejar de hacerlo 

Te digo que lo hago para qué cuando muera 

lo haga tranquilo

Porque te llevaré tan en las pupilas 

que en la eternidad no te pueda olvidar

In.. creíble

cuando fluye y parece de otro mundo

como lo es que notes cuando me tocas 

que tu nombre lo llevo escrito

que mis venas se rompieron en una vida

Para formar tu nombre en las siguientes

In… controlable

como nuestro plan

como ser y estar 

como estar siendo

Y ser cuando estoy contigo

como repetirnos que es ahora

Como si necesitáramos convencernos,

explicarlo o hacerlo terrenal 

como si lo pudiéramos disimular

como si me importara el momento, el dónde, el cuándo o el cómo llegar

In… namorado

Como si me pudiera dar

sin pensar que en cada querer te doy la vida 

como si estando contigo 

Pudiera tener un solo pensamiento

que no sea un juntos contigo

como si pudiera dejar de escribir

de ti sobre ti acerca de ti

con cuidado, muy despacio 

para que me leas

para que me digas que ese segundo

ese que dices que has pensado en mi

ha sido bonito tan bonito tan bonito

como fuerte y lento

como si siempre hubiera estado escrito

Jorge Juan García Insua

* continuación de “Por si alguien no eras tú”… y con la sensación de seguir sin estar terminado.

Viaja tranquilo

Nunca esperas una llamada de despedida, ni siquiera cuando sabes que está muy cerca. Tampoco esperaba la tuya.

Me has llamado con la voz cansada pero todavía con ese punto canalla que te caracteriza y me has dicho que lo hacías porque era de “justos despedirse a quien te ha querido bien, que a todos nos llega la hora y que la tuya estaba muy cerca”. 

Y me has pedido que no llore, porque sabes que lo haré en silencio y que nadie me verá cuando lo haga. “No llores… porque no quiero irme pensando que te causo malestar, dolor o que sientas que tal vez con más tiempo…”. Me has pedido que no dijera nada, que como siempre necesitabas que escuchara… “Debería haberlo hecho antes pero ha estado muy bien, has estado perfecto y hace unos días en tu consulta sin saber que sería la última pero sabiendo los dos que perfectamente podía ser me ayudaste a irme con la conciencia tranquila”.

“Gracias por todo Jorge, de corazón gracias por todo”.

He dado un golpe en la mesa (qué impropio de mi, verdad?) mientras y sí, he llorado. Se me humedecían los ojos con el móvil en la mano y me han caído lágrimas. No he pensado en el tiempo que nos haya podido faltar ni en nuestras sesiones… lloraba de rabia. La contenida, la que me recuerda que estamos de paso y que a veces el camino se acelera y el fin llega antes de lo previsto o lo deseado. Rabia porque en ocasiones me digo que no más pero me miento y sé que diré sí, que no sabré decir que no…. Que volveré a sentir rabia.

Rabia porque es cierto que por instantes me siento responsable y frustrado.. una vez más. Sé que no deberia pero no quiero hacerlo de otra forma. No quiero y no me sale. Recuerdo en nuestro primer encuentro que te pregunté cómo me habías conocido y me dijiste que buscando en redes temas relacionados con la muerte te apareció algo que yo había escrito e «investigaste sobre mi”. Me dijiste que la forma en que relataba mi relación con la muerte te hizo sentir que sería la persona adecuada y que para ti, que nunca te habías abierto con nadie te aterraba hacerlo con un “extraño” que solo hubiera hablado de la muerte porque “se había empapado un montón de libros”.

Nunca te pregunté cómo pensabas que era mi relación con ella y nunca te pregunté por la tuya. Si lo pienso qué poco hemos hablado de muerte y cuánto lo hemos hecho de lo que te llevabas de esta vida. “Cuánto más me muero más pienso que debe haber otra después. Así que estate atento a las señales Jorge”. No sé si lo dijiste para consolarme cuando llegara este momento o porque realmente lo creías así, pero lo haré. Estaré atento a tus señales de dondequiera que vengan.

Y casualidades esta mañana me despierto con alguien me que recuerda una publicación del blog, algo muy íntimo y personal que hace ya algunos años decidí compartir. Sobre eso. Sobre la enfermedad y sobre la muerte. Sobre eso que te hizo pensar que conmigo sí podrías. Eso que al final me puso en tu camino. Y sí, también mientras lo recordaba se me han humedecido los ojos tras una noche que no he dormido mucho.

Ahora entiendo que no son sólo lágrimas de rabia e ira, también lo son de cariño mutuo y de la necesidad de compartir y sentir que somos compartidos.

Gracias a ti, de corazón. Por lo compartido, por tu confianza y por dejarme acompañarte en los últimos metros del camino. Ha sido un honor y tú, un regalo.

Viaja tranquilo.

Jorge Juan Garcia Insua

Por si alguien no eras tú

Im… posible

pasar de ti un solo instante

sería como pasar del sueño a la pesadilla

como controlar un abrazo que nunca he dado a nadie

por si no lo hacía bien, por si no sabia

por si se lo daba a alguien que no eras tú

In… controlable 

como lo es luchar contra el paso del tiempo

cómo evitar que mi locura se enamore de la suerte 

suerte de encontrarte, de tropezarme contigo

así de pronto, de repente

In…correcto

como el deseo de mi deseo

como los sueños que te comparto y los que no

como la vergüenza compartida y la que me callo

y sellas con un beso

Im…pensable

como tenerte entre los brazos

en silencio mientras los segundos pasan de mi cabeza a tu mente

como sentir que respiras en mi pecho

y se detiene el tiempo

que llegue un día que no pueda darte más 

In…finita

como tu mirada reflejada en la mia

esa que no te crees y no quieres ver 

la misma que siento y guardo con celo

Im… pagable, im… profanable, im… procedente, im… pronunciable

In… describible

Im…perdonable

como decir que no por miedo a que no salga bien

como mentirme cuando deseo que te quedes a dormir

como escribir pensando que no me leerás 

como repetirme que si no se da está bien 

como pasar dos vidas sin saber que eras tú 

In…combustible 

como las ganas de… y las de… y las…

sentir que te quemas y querer salir ardiendo

que me vuelvo cenizas y me respiras hondo

que un latido tuyo me lleva hasta cada uno de tus poros y me quedo en tu piel

In… explicable

como el ver que no se nos pasaron las ganas 

como las sensaciones al hacerlo otra vez

como asustarme de que te asuste…

… tanto corazón 

In… terminable

como todo lo que en esta vida me he perdido

como tu cuerpo a media luz

como susurrarte no quiero que te muevas

que pegado a ti soy feliz

In…olvidable

como cada encuentro 

como cada intento de borrar las despedidas 

como cada sueño que empieza en mí y siempre acaba donde estás tú 

como las cosas que pasan de repente

y pasan de palabras y pasan a ser sentido

… y sentimiento

Jorge juan García Insua

Chaplin, un metro cualquiera y la parada de Maragall

No he podido apagar la música y escuchar la conversación.

El padre debe tener mi edad y el niño poco más que mis hijos. 

– … pues si lo vuelven a hacer tú haces lo mismo! Así lo entenderán 

– Papá, no lo entiendes 

– Tú tienes que hacer como ellos, las cosas funcionan así y tienes que aprenderlo

El niño estaba compungido en el asiento, frustrado y negando la mirada al padre, que no acaba de “leer” a su hijo…

– Hijo, esos niños son así y no cambiarán y si quieres que no lo hagan más

– No me escuchas papá…

– Sí te escucho pero es que tu padre ya tiene muchos tiros pegados -insistía cortándole 

– No sé qué tiros has hecho pero no me escuchas!

– Qué no he escuchado?

– No lloro porque me decían cosas, lloro porque no quiero ser como ellos y decir esas cosas yo. Me dices lo que harías tú pero tú no estás ahí y cuando me ves así no ves, no me escuchas!

El padre se ha quedado sin saber qué decir. Podría imaginarme que tenía ganas de abrazarlo pero no lo ha hecho. Sentía que el niño necesitaba ese tacto y contacto de su padre pero no lo ha recibido. El padre escuchaba para responder, el niño escuchaba para crecer.

Me he sentido incómodo observándolo y he vuelto a escuchar música…  Someone you loved de Lewis Capaldi… y pensaba en las veces que un niño o un adolescente expresan esos sentimientos en sesión, las veces que no encuentran esa escucha, las veces que me siento con padres y les oriento en no centrarse en resolver sino en escuchar… y pensaba en todas las veces que tras esas sesiones me pregunto si yo hago bien eso que explico y si yo no habré sabido dárselo a mis hijos.

He pensado en los padres que llegan nerviosos, desorientados y dolidos con las palabras que sus hijos “les han dedicado” y no saben entender cómo han sido capaces de pronunciar y no darse cuenta del daño que llegan a hacer, heridos en lo más profundo cuando sus hijos les enfrentan. Y También pensaba en el padre que miraba porque en su expresión había angustia y no saber. Me pongo en su lugar y puedo sentir frustración por no poder eliminar con una varita mágica los problemas que un día pueda tener uno de mis hijos, porque me duelen y me duele verlos afectados, hasta perder objetividad y distancia y no saber tener la paciencia para estar y dejar que lo resuelvan solos, cuando inconscientemente estoy seguro que lo sabrán hacer infinitamente mejor que yo a su edad.

Nos equivocamos porque cuando esto sucede queremos escuchar desde el pasado. Ese pasado de miedo que solo nosotros entendemos y que ha conectado al ver a nuestro hijo. El pasado nunca ha sido bueno escuchando, tiene a hacerse el sordo y a alimentar nuestra inseguridades y hacernos bajar la cabeza, para no ver. Y ese niño hablaba desde el presente, el suyo y tan distinto del pasado de su padre.

Los niños no necesitan aprender a escuchar, lo hacen de forma natural, con los ojos abiertos, deseosos de entender, sin limitaciones… y a menudo queremos protegerlos tanto que les dejamos de escuchar, les ponemos tapones y buscamos donde conectar el pen-drive con nuestros «aprendizajes de la vida»… los nuestros claro, no los suyos…

Y los adultos no queremos aprender a ser meros acompañantes, queremos aparentar que eso es poco y nos empeñamos en querer que quemen etapas y aprendan rápido para que no tengan que pasar por lo que nosotros hemos pasado. Cuando en realidad nadie asegura que eso suceda, que tenga que ser así pero lo justificamos en nuestro supuesto conocimiento del mundo y de la vida, que siempre ha sido absolutamente limitado porque nuestra vida no puede ser la suya.

He salido del metro con esa escena en la cabeza y pensando que escuchar a niños y adultos nos acerca y alimenta relaciones de confianza y compplicidad. Escuchando y siendo escuchados nos sentimos respetados, valorados y aprendemos a hacerlo con quienes nos rodean. Cuántas de las personas que estábamos en el vagón habían pensado algo de todo esto al ver la escena? Cuántos estarán ahora divagando como lo hago yo? Cómo le irá mañana a ese niño? 

Bien, seguro que bien. A un niño que sabe escuchar y hacerse escuchar siempre le irá bien. Sigue creciendo y escuchando… y te escucharán. Conmigo ya lo has conseguido.

Jorge Juan Garcia Insua

“No esperes a que te toque el turno de hablar: escucha de veras y serás diferente.” – Charles Chaplin