Este mundo está falto de Mafaldas

«Si un niño te trata mal es porque le gustas…«_

Iba caminando cuando he escuchado esta frase y al girarme he visto como una madre se lo decía a su hija pequeña, que debía tener aproximadamente la edad de mis hijos. No le he dicho nada pero debería… He hecho la intención, me he girado pero no me he parado. Y ahora me arrepiento…

Debería haberlo hecho porque Señora un niño no trata mal a una niña porque le gusta. Lo hace porque al permitir eso estamos aceptando aceptando la violencia y todos tenemos la obligación de enseñar y hacer comprender que ese comportamiento es violencia…. Y el resto depende del maquillaje que le queramos poner.

Déjeme Señora que comparta con Usted mi opinión e intente expresar cómo lo veo y creo que debería verse… Los niños, más allá de ser niños o niñas, porque eso al final a esa edad (y a cualquiera) es indiferente, han de aprender a respetar y ser respetados y está en manos de los padres y del entorno en el que educamos a nuestros hijos potenciar su desarrollo emocional y el tipo de relaciones interpersonales que deben tener niñas, niños, hombres y mujeres.

El género no debería ser nunca motivo de desaprobación o juicio ni tampoco convertirse en una excusa para reprimir sentimientos ni justificar menosprecio en cualquier de sus formas. Los niños aprenden de lo que los padres hacemos y de cómo vivimos. Enseñemos les a comportarse con coherencia y sobretodo respeto.

Si queremos enseñar hábitos y ya lo decía Aristóteles, debemos aprender a ser nuestra mejor versión posible. Y para alcanzarla tenemos que desaprender, escuchar, criticarnos, ver y comprender la realidad de nuestro entorno y cambiar lo que no funciona. Y la igualdad de géneros y la ausencia de violencia machista todavía «no funciona» y para que lo haga hemos de dar el peso y valor necesario a las palabras evitando así asentir con el silencio como si no fueran importantes. Lo son… y de que lo sean cada vez más dependerá la vida de personas hoy, mañana y por desgracia al otro.

Señora… si soy sincero su frase me asusta. Pensará que soy tremendista o posiblemente algo peor, pero no puedo ser imparcial y hoy no me sale hacer el esfuerzo. Esta vez no. Y no puedo porque he conocido a demasiadas personas que han luchado, luchan y siguen luchando por superar situaciones que empezaron con una frase como esa.

Nadie que haya escuchado historias como las que he escuchado puede evitar que se le estruje el corazón al escuchar una frase así. Podría hablarle de sesiones para días oscuros de lunes a domingo, de ojos mojados, llenos de pesados pasados, de relaciones truncadas que no pudieron crecer, de amores perdidos, de días duros de vergüenza, miedo en las entrañas y de vidas dedicadas a curar cicatrices…

Y cómo quiero pensar que el camino a veces tiene curvas y se hace de noche pero que ningún túnel es eterno y al final siempre hay luz déjeme acabar con Mafalda, porque quien mejor que una niña inocente y con valores para concienciar del derecho a todo niño a ser y ser tratado bonito, sin importar su género:

Entendería que me moleste conmigo y le agradezco la atención si algún día estas palabras le llegan. No es mi intención ni de lejos ofender pero ésto no va solo de mí o de Usted, ni siquiera de mis hijos o su hija… va mucho más allá.

Sólo pretendo llamar la atención y poner el foco sobre algo que no debemos normalizar ni mucho acostumbrarnos, porque nos define a todos como personas y la forma en que nos relacionamos y amamos. Ojalá llegue el día que nadie tenga que arrepentirse de haber escuchado una frase como esa.

Además Señora… Y si alguien le gustas, si a alguien realmente le importas te amará bonito… porque créame si le digo que no hay otra forma de amar.

Este mundo está falto de Mafaldas…

Jorge Juan García Insua

El sentido de mis latidos

Estos días a raíz de mis últimas publicaciones he recibido muchos comentarios acerca de mi vida, todos emocionantes, cargados de cariño y especialmente ayer tras volver a publicar “Chache” en recuerdo de mi padre. Son todos ellos motivos maravillosos por lo que exponerme en estas publicaciones es de las decisiones más bonitas que he tomado en mi vida, y agradezco en el alma cada uno de ellos.

Uno de estos comentarios ha sido de una gran amiga que desde todo el cariño que me tiene que me ha regalado esta mañana una frase “con lo que yo me he quejado estos meses Jorge… y los palos que te ha dado a ti la vida. Le has dado tanto a la vida que te mereces todo el amor que ésta pueda darte por todo lo que tú le has entregado”. Removido me he quedado unos segundos en silencio pensando en todo lo que contenían esas palabras e inconscientemente le he contestado con otra… “el corazón no muere cuando deja de latir. El corazón muere cuando los latidos dejan de tener sentido”.

Siempre me ha resultado una frase muy inspiradora en la que me siento reflejado y refleja lo que me ilusiona en la vida. Tal vez sí que la vida en ocasiones ha sido dura conmigo y me ha dado lecciones que a menudo he tardado demasiado en aprender pero no más de lo que lo es con muchos otros y me gusta decir que todas esas vivencias, sean del tipo que sean, me han convertido en lo que soy y me han llevado donde estoy. Y siento que soy lo que quiero ser y estoy donde quiero estar.

La vida no tiene marcha atrás, guste o no solo tiene marchas hacia delante y a menudo falla hasta el freno de mano. La vida se transforma y te transforma. Te enseña que comenzar siempre da miedo y que un final triste puede venir un maravilloso principio. La clave es qué y quién es realmente importante para ti, qué decides llevar en tu mochila y con quién decides compartir el peso y el camino.

Recuerdo ahora un fragmento de un texto de Berth Hellinger que compartí en las redes hace mucho tiempo…

«La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad. La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que queda solo lo importante. La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que Es. La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces. La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.

La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no necesitas ni alas ni raíces, sino solo desaparecer en las formas y volar desde el Ser. La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro. La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender a vivir. La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo.

La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección. La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como rio. La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”. La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe. La vida te quita el amor verdadero, no te lo concede ni permite, hasta que dejas de intentar comprarlo con baratijas.

La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar. La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar. La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos. La vida te acorta, te quita, te rompe, te desilusiona, te agrieta, te rompe … hasta que solo en ti queda AMOR».

De las muchas cosas que me ha enseñado mi camino es que si voy para atrás que sea para entender, porque para vivir siempre… siempre… siempre… siempre hacia delante.

Y si quieres nos vemos en él.

Jorge Juan García Insua

La vida es para valientes (Parte II)

Estaba medio dormido cuando los golpes de la camilla al ser encajada me despertaron. Giré la cabeza y dos enfermeras intubaban y ponían vías a mi nuevo compañero. Antes de marcharse dejaron entrar a su hijo para explicarle donde podía dejar sus cosas y la normativa de visitas del Hospital.

Cuando desperté me quedé mirándolo. Era muy mayor y la imagen de aquella persona en la camilla, lleno de vías y tubos, respiración cansada, sin dentadura y el color amarillento de su piel era de todo menos alentadora.

De madrugada me sobresaltó los ruidos de la cama de al lado. Corrí la cortina con la mano y mi “vecino” estaba sentado, arrancándose las vías y tubos mientras gritando que no quería estar allí y que se marchaba. La imagen era grotesca. Enérgico y malhumorado hasta niveles indescriptibles se levantó mientras la sangre recorría sus brazos y una de sus piernas. Ya de pie, se le cayó la bata y decidido se dirigió hacia la puerta de la habitación desnudo.

En aquel momento solo se me ocurrió pulsar una y otra vez el botón de alarma para avisar a las enfermeras mientras en una escena digna de los Hermanos Marx me presentaba a mi fugitivo compañero y le pedía que esperara a que vinieran. Pero aquello parecía sobresaltarse mucho más y repetía que no esperaba a nadie y que se marchaba a casa…. Y aquel que se suponía estaba en el último aliento, que no hablaba y no se podía moverse salió desnudó caminando tambaleante por el pasillo…

Cuando su hijo llegó al día siguiente le expliqué lo sucedido y después habló con las enfermeras… y mi compañero de habitación empezó a hablar para dejar claro a todos que se iba, que no seguiría un solo día más allí y que no tenía intención de morirse, o al menos no en el hospital. No se fue tan rápido como deseaba pero pocos días después me volví a quedar dueño y señor de la habitación.

Llegó desahuciado y se fue a los pocos días a casa, tal como había dicho, ante la sorpresa de médicos y enfermeras que no podían creer lo que había pasado esa noche. Ninguna de las opciones médicas pasaba por lo que había sucedido, y a él tampoco parecía importarle.

Cuando meses después empezar mi recuperación ya fuera del hospital y tenía que vendarme piernas y sufrir fuertes dolores tras pequeños pasos recordaba lo sucedido aquella noche en el hospital. Su determinación y ejemplo me llevo a ir más allá del intento y pensar que si él había hecho aquello yo no iba a quedarme atrás. Se lo debía a muchas personas y se lo debía a él.

Nunca supe realmente por qué había ingresado, nunca encontraron que sepa un cuadro claro… tal vez sucedió que yo lo necesitaba, que tenía una lección que enseñarme y para que a aquel joven no se le olvidara la dio de la forma más magistral y con toda la parafernalia posible que permitía una habitación de hospital. Aquella noche te convertiste en una versión moderna del Sr Scrooge de Charles Dickens que se transformó en el Espíritu del Presente para señalarme el camino.

Imposible saber hasta dónde hubiera llegado yo si Antonio, que así se llamaba, no ingresa aquella noche…. pero no hubo día de recuperación que no me acordara de él.

Te debo una disculpa Antonio… nunca de supe agradecer lo que hiciste por mí y que aquel día estirarás de nuestro lazo. Estés donde estés que sepas que seguí tú ejemplo y que en mi caso y por fortuna los médicos tampoco acertaron… A mí también me dijeron que no podría y por eso lo hice.

Te llevo conmigo…

Jorge Juan García Insua

La vida es para valientes (Parte I)

Esta tarde mientras esperaba para cruzar el paso de cebra delante de mi casa ha pasado una ambulancia y detrás de ella un taxi… y esa imagen me ha transportado a muchos años atrás.

Aún no había llegado a la mayoría de edad cuando estuve ingresado una larga temporada … inmovilizado completamente y los médicos me insistían que no debía moverme, aunque lo cierto es que de quererlo tampoco hubiera podido y a duras penas tenía fuerzas para asentir con la cabeza…

Mi primer compañero de habitación en aquella quinta planta del Hospital Can Ruti fue un hombre que pasó una sola noche conmigo, la previa a una operación de cáncer de pulmón. Fue una noche intensa y llenas de intensos silencios, tan solo rotos por una de las declaraciones de amor hacia su pareja más bonitas que años después todavía puedo recordar.

Su mujer me pidió permiso para correr la cortina que separaba las dos camas y se sentó a su lado. No pude evitar girar la cabeza e intentar ver a través de aquella tela, que se volvía medio transparente por el efecto de la luz encendida en su mesita. Las sombras hicieron el resto… Se sentó al lado de su marido, le dio la mano y él completamente roto se medio levantó para abrazarla, como se abraza cuando piensas que será la última vez.

Cuando creyó comenzar a controlar la emoción fue recordando entre sollozos y voz entre cortada cómo se habían conocido todavía adolescentes y como aquella relación estaba llena de historias y momentos hasta llegar a aquella noche.

Nunca le dije que llore casi tanto como él, que cerré mi boca con fuerza mientras me caían las lágrimas y sin poder evitar tener la cabeza girada viendo las sombras de aquella escena, que me rompí con ellos. Allí, en aquella habitación este todavía niño adolescente vivió tal vez su primera historia de amor… verdadero.

Aún hoy y pasados tantos años hay momentos donde quiero o necesito conectar con el amor o con el miedo a perder a la persona que quieres y por la que morirías llevo mi mente a aquella noche. Aún hoy me emociono… «me mata pensar que no te he querido suficiente…».

La mañana siguiente cuando tras prepararlo para el quirófano se quedó tumbado en su cama, ya encarada esperando al celador, me miró, al hacerlo vi pintadas en su cuerpo las líneas que señalaban cómo iba a ser operado y me dijo “lo siento… creo que no estás en la planta más adecuada para alguien tan joven como tú y perdona que no te hayamos dejado dormir, pero tengo miedo y tengo miedo de perderla. Espero que tu próximo compañero sea más divertido. Mucha suerte y no te estés aquí demasiado tiempo!”.

No supe contestar ni reaccionar de ninguna forma. No me salieron las palabras ni tan solo fui capaz de respirar… y así me quede mientras se lo llevaban.

Y cuando salió de la habitación lloré y aprendí que para amar no hace falta abrir los ojos, basta con abrir el corazón, entregarlo y escuchar.

Esa noche pregunté y me dijeron que me cambiaban el compañero, que la operación había ido “bien” pero que estaría en cuidados intensivos un tiempo antes de subirlo de nuevo a planta, y que en un rato conocería a mi nuevo compañero…

Jorge Juan García Insua

Amor después de amar

Abrazarla le daba la vida, pero no podía dejar de pensar que aunque podía escuchar sus latidos y aquella especial conexión en cualquier momento se levantaría y se marcharía. Como otras veces… la acompañaría al coche y al volver se sentiría vacío.

Él le había pedido que se quedara en más de una ocasión. Sin éxito confiaba en que la memoria de la piel, el amor, el sueño y el placer fueran invitación suficiente… Una noche, sólo una noche y hubiera bastado. Soñaba con despertar a su lado, mimarla y decirle lo bonita que estaba con los ojos somnolientos y el cabello enmarañado. Era tan bonita que podría pasar las noches mirándola inmóvil para no despertarla, contando sus respiraciones y deslizando casi sin tocarla sus dedos por sus brazos y mejillas.

Tantas veces se lo hubiera pedido de rodillas como tantas permaneció en silencio… por miedo a conocer su respuesta, que no sintiera lo mismo, que desapareciera el hechizo, que se sintiera presionada a hacer algo que no deseaba o que no le salía… de dentro, del corazón… Le había dicho que se había enamorado de ella y de todo lo que era y que la quería libre, para ser, para estar, para entrar en su vida y para salir… aunque ella no podía ni imaginar como le amargaban sus ausencias y el eco de esas palabras.

Romántico hasta la médula no podía evitar llegar a casa y estirarse sobre las sábanas que minutos atrás habían compartido y viajar al futuro juntos mientras el aroma de su piel llenaba la habitación y lo adormecía lentamente. Después de estar con ella despertaba extrañado, la buscaba con los ojos cerrados y al no encontrarla se auto convencía para seguir esperando el día que en todo cambiara y no quedaran puertas por abrir ni ventanas por mirar si no era junto a ella.

Y dejó la cama sin hacer y las sábanas revueltas… por si decidía volver… para echarla menos de menos… con su pecho por si decidía dormir en él y sus alas por si decidía volar. Amando después de amar.

Jorge Juan García Insua

*Fragmento de un texto todavía no publicado.

Ojos perfectos para amores en colores

Todas las sesiones acababan por mi parte con la misma pregunta… ¿Hay algo más que necesites de mí? 

Todas tuvieron siempre la misma respuesta… “Un abrazo”. 

Cuando llegamos a la última no hizo falta que te preguntara porque ambos nos levantamos y nos fundimos en un largo abrazo mientras notaba como tu respiración se esforzaba en contener la emoción… yo en contener la mía.

Nunca deberíamos habernos conocido, el que haya pasado, o al menos de esa forma, no debería haber sucedido nunca y tengo que reconocerte que tengo algún que otro texto escrito que decidí no publicar sobre la rabia que me generaba no la sesión en sí sino el motivo de la misma y la responsabilidad que todos y cada uno tenemos sobre lo que estabas viviendo y el enorme coste personal y profesional que yo sabía de primera mano que te estaba suponiendo.

Recuerdo que al acabar la última sesión quise darte un detalle que anclara todo el camino recogido y te di avergonzado un trozo de papel doblado hasta la extenuación. Lo desplegaste, leíste en silencio y luego recitaste:

Y DE TI

Dicen del cielo que es infinito

De las estrellas que son inalcanzables

De la Luna que es para los enamorados

Y del hombre…

Dicen de la Paz que es silencio

De la ternura que se alimenta de lágrimas

De los besos que son para los enamorados

Y de la mujer…

Y de la persona que hay en ti

Dirán que recorrió el camino

Entre la mentira y el perdón

Que la vida le debe amores en colores

Que dejó puertas abiertas

Para ver entrar la Luz

Maneras de vivir…

Y me volviste a abrazar.

Hoy me he encontrado con el borrador de esas líneas, y como siempre pasa con las cosas importantes ha coincidido con que me has escrito para recordarme una promesa que aún no había cumplido. En una sesión dijiste «creeré que algo puede cambiar cuando vea a más hetero maquillado como yo y sin avergonzarse de ello» y yo decidí recoger el guante. He estado a punto varías veces, a decir verdad, y la excusa perfecta sería decir que no había encontrado hasta hoy cómplice. Primero pensé en pedírtelo a ti´pero hubiera roto la sorpresa. Luego pensé en pedirle a mi sobrina pequeña que disfrutaría como loca maquillando mi rostro, pero este fin de semana decidí que el simbolismo de todo esto requería de manos más expertas… porque como ya me conoces, ya que lo hacemos vamos a hacerlo bien y poner el corazón en ello.

Acompañarte en tu proceso respetando tu espacio, ofreciéndote silencios y respetando tu angustia me llevó a vivir tu miedo y el miedo de los demás a que pudieras amar, porque de eso trataba… de amor… y de temor.

Tienes todo el derecho a amar y que te amen, a mostrarte sin temer ser juzgado por tu orientación sexual. Me resulta inconcebible que el odio reste derechos a las personas. El mundo pertenece a personas como tú que con un talento inmenso para enseñar y guiar a otros ha de lidiar con la homofobia, los prejuicios y el miedo al mismo tiempo que se siente abocado a sacrificar su vida personal para poder ejercer la profesión que le llena. Tienes razón y todavía queda mucho camino por recorrer y has cargado demasiado tiempo con piedras que no eran tuyas. El único que no estaba confundido eras tú. Dijo Billy Wilder en Con faldas y a lo loco “nadie es perfecto”, sería demasiado esperarlo de algunas mentes limitadas.

Confío en que seamos capaces de acortar las distancias entre nuestro mundo, el tuyo que es el mío, y el de todos esos “demás”, porque mundo que yo sepa hay solo uno y todos vivimos (y amamos) en él.

Me enseñaron que lo importante no es lo que se promete sino lo que se cumple y aquí me tienes. Esta es mi forma de mostrar el enorme respeto y cariño que te proceso… a ti, a todo lo que he aprendido durante estos meses y a todos los que como tú han de superar frustraciones ajenas.

No tengas vértigo, me gusta verte saltar barreras y romper muros… No hay maquillaje más perfecto que ese, y yo estaré saltando junto a ti.

Nos vemos en el camino.

Jorge Juan García Insua

El matrimonio y el arte de repararse

Hoy me han pedido matrimonio.

No una vez… sino dos.

Y lo ha hecho alguien que no me conoce prácticamente de nada, salvo de verme en algunos momentos trabajando. Hasta entonces no se había fijado en mí, o al menos no como para sentirse atraída. La diferencia es que esta mañana mientras desayunaba me ha leído, detenidamente hasta el punto de emocionarse y enamorarse de aquello que con más o menos acierto intento describir con palabras.

Tras su segundo intento de desposarme y mientras compartíamos confidencias me sentía avergonzado de cómo alguien podía sentir algún tipo de conexión a través de este blog, y sobre todo, de lo acertado de todo aquello que sobre mí creía saber. En un momento me ha dicho que sentía que allá donde me había roto me había hecho más fuerte, pero lejos de dar la espalda al mundo y a la vida me había abrazado a ella, y que sólo eso ya le parecía algo maravilloso y admirable.

Escuchándola y mientras mis mejillas se sonrojaban a niveles estratosféricos he recordado un “Estado” que le cogí prestado días atrás a alguien con quien conecto mucho y que hacía referencia a un arte japonés, el Kintsugi, el arte de hacer bello y fuerte lo frágil. Consiste en reparan objetos rotos, enalteciendo la zona dañada rellenando las grietas con oro. El valor de este arte reside en creer que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso. Y no sólo me parece hermoso sino romántico hasta la médula. Lejos de querer ocultar los defectos y grietas, o directamente deshacerse de la pieza, las cicatrices se remarcan y celebran para que su belleza recaiga en el reconocimiento de su vulnerabilidad, su valentía y su capacidad de recuperación.

Entiendo el Kintsugi es un sentido e incondicional acto de amor donde una herida deja de ser oscuridad para pasar a ser luz e iluminar a otros y hay tanta resilencia en esta filosofía que no puedo evitar sentirme identificado y representado. Es una metáfora de la vida misma, en que la que a menudo nos falta paciencia para dejar sanar nuestras heridas emocionales o dar el espacio para que sanen otros a los que queremos, donde las ocultamos, las negamos y tapamos para que nadie las vea, llevando el peso del dolor interno y la falsa vergüenza de que puedan ser descubiertas. Cuántos miedos y perjuicios llevamos en la mochila… Y si en lugar de eso hiciéramos todo lo contrario, mostrándolas, reconstruyéndolas y creciendo en el esfuerzo. ¿Y si nos enorgulleciéramos de hacerlo? Y si además nos lo reconocieran y reforzaran el enorme esfuerzo que nos supone, nos las acariciaran y besaran…

Deberíamos enseñar a nuestros hijos esta técnica para que de pequeños se empaparan de la importancia de dar segundas oportunidades y en lo atractivo que puede tener cualquier imperfección. Para que en una cultura donde todo tiene fecha de caducidad y donde las redes sociales siguen potenciando y malformando ideas de belleza imposibles se pudiera perfeccionar el defecto y reconocer nuestra vulnerabilidad e incapacidad para ser perfectos.

Suena a cruzada pero con el paso de los años he tenido la enorme fortuna de cruzarme con “piezas” únicas, irrempazables y fascinantes, que mientras se remendaban crecían y nos hacían crecer a quienes compartíamos con ellas angustias, miedos, emociones y pasos. Como en el Kintsugi con los objetos reparados, acompañar y sentirse acompañado en ese camino de ruptura, dificultad y transformación refuerza los lazos y crea vínculos intensos y especiales.

Aquel día guardé el estado sin tener todavía muy claro por qué y me llevaba a querer reservarlo. Hoy le has dado sentido, me has recordado que debo sentirme orgulloso de escribir, de mostrarme y has dibujado un trocito en algunas de mis reparaciones…

He pensado que ya que leerme te había hecho llegar tarde hoy a trabajar y que en cambio a mi me has provocado muchas sonrisas que menos que escribir de ti, y que si mañana, por leerme y leer de ti, vuelves a llegar tarde que sea sonriendo tú.

No sé si algún día nos llegaremos a casar… pero en cualquier caso ambos tendremos una bonita historia que contar.

Gracias por tu cariño y por ser parte de mi camino.

Un beso…

Jorge Juan García Insua

Conexiones, Lunas y olor a Mar

En Sol aún no había salido y por la ventana entraba olor a mar cuando la llamada rompió el silencio de la madrugada.

Rápidamente cogió el teléfono y susurrando contestaba mientras se deslizaba aún dormido por encima de las sábanas para no despertarla. Ella se levantó somnolienta poco después y al llegar al pasillo y verlo sentado en el lateral del sofá se quedó en la penumbra, en silencio, mirándolo…

Cómo no quererlo, cómo no sentirse atraída por quien la trataba con tanto cariño y suavidad. Hasta él ningún hombre había sido capaz de quitarle la armadura a besos, recorriendo con sus labios su espalda y recreándose cuando llegaba al cuello. Nadie hasta él había besado sus lágrimas mientras la abrazaba fuertemente, nadie hasta él había respondido a sus inseguridades y temores con tanto amor, sin abrir los ojos… “porque no necesito abrirlos para verte, te veo cuando te siento y lo que siento me enamora de tí” le había dicho horas antes… Verlo así en la penunbra mientras la luz del portátil iluminaba y definía las líneas de su cuerpo… se moría de ganas de decirle que volviera a la cama, que deslizara sus manos por sus caderas mientras la abrazaba por detrás… pero cómo no alargar aquel momento, sólo para ella, solo de ella y hacerlo eterno.

Tan inquebrantable por fuera como vulnerable por dentro. Él le había dicho que no se creara tantas expectativas, que él también desteñía, que tenía poco de protagonista de comedia romántica y mucho de diablo desangelado al que el amor le había sido esquivo y que durante demasiado tiempo había pensado muchas veces cuál era su número en la lista de espera… Decía que no quería vivir del pasado, que no quería escapar de fantasmas ni de historias que nunca se han cerrado y que echaba de menos alguien que quiera darle la mano y no soltarla cuando venga lo que tenga que venir. Ella le decía que eran tantos sus silencios y él que decían tantas cosas que a menudo no sabía como callarlos.

Incluso medio vencido por el sueño parecía sereno a contraluz. Son esos momentos en que piensas que a su lado cualquier cosa puede suceder, que das por seguro que si quieres estará siempre, siempre, siempre..

Cómo no sentirse deseada por su personalidad, por su historia y por lo particular de su forma de vivir, por sus contradicciones y por su facilidad para hacerte vivir bonito. Capaz de todo mientras se niega a hacer promesas, un poco torpe, realista lo justo, incansable soñador, inquieto, inteligente, y todavía tan inocente e ingenuo para el amor… siempre esperando que si vas a ser el amor de su vida des un paso y se lo demuestres. Quien no ha querido tener alas para sentirse Dios y divino.

Le había dicho en un momento de debilidad mientras se esforzaba en contemplar sus verdes ojos cerrados que sobre ella no había escrito y sin vacilar le contestó… “Sí lo he hecho, y más de una vez. Desde muchas veces atrás estás ahí”. Y ella se preguntaba si era real lo que sentía, si podía confiar y dejar atrás sus heridas, dejándose llevar como cuando la cogió de las manos y acompasaron sus pulsaciones y latidos mientras le hablaba y controlaba su respiración. Ella que siempre intentaba mostrarse fuerte, inconquistable… y a él le habían bastado unos minutos para tocar su corazón. Tan acostumbrada a luchar sola y coser los descosidos de su corazón se había enamorado de alguien que la quería por lo que tan pocas personas habían sabido ver, y que lejos de interesarle su pasado le abría de par en par su presente.

Preguntas, preguntas, preguntas, preguntas… y una única respuesta para todas ellas. Una de esas que te hacen temblar las manos y tejen de sueños los días. Entonces y siempre.

Y mientras él se tumbaba a su espalda pensó que rara vez la belleza que atrae es la que enamora… sentía su respiración y sus manos recorrían sus piernas… y pensó que tal vez aquel que ahora la acariciaba no sería inmortal pero lo que la hacía sentir sería eterno. Leerlo pueden hacerlo todas, pensó, escucharle susurrar con infinita ternura tras su oreja solo era para ella.

En Sol seguía sin salir, por la ventana entraba el olor a mar y mientras sus dedos húmedos dibujaban en su espalda alas soñaron despiertos con los ojos cerrados…

Jorge Juan García Insua

*Fragmento de una historia todavía inacabada y no publicada

El final de una parte del camino

Y resulta que aún tenía más que aprender…

Cuando esta mañana me desperté y encendía mi portátil no caí en la cuenta de que no escuchaba a Pati… de hecho ha sido P el que al levantarse e ir al lavabo a ver Pati se ha dado cuenta de que Pati no estaba bien, y nos la ha enseñado en sus manos mientras la acariciaba. Poco a poco todos íbamos siendo conscientes de lo que iba a suceder.

Nuestra querida perdiz ha querido que fuese con ella con quienes tuviera que acompañar a mis hijos en su primer duelo. Y no sé si seré capaz, no sé si sabré hacerlo.. de poco me sirve lo estudiado, lo aprendido y todos los duelos donde he acompañado porque este es el primero que hemos de pasar los tres.

Y más allá de abrazarlos, acariciarlos y dejar que decidan cómo, cuándo y dónde quieren despedirse de Pati reconozco mi incapacidad para hacer nada más y mentiría si no dijera que le he había cogido cariño a nuestra plumífera amiga y que me produce gran tristeza su pérdida. Notar las lágrimas de mis hijos en mi pecho mientras los tenía entre los brazos me dejaba sin palabras…

De nuevo entiendo por qué entro por la puerta aquel día y que la lección más importante estaba todavía por llegar. He tenido la enorme suerte de conocer a personas tan inmensas que hicieron de su despedida la mejor de las enseñanzas, ahora espero saber hacerlo yo en un momento emocionalmente tan intenso para J y P.

Te gustará saber Pati que solo hablan de llenar de dibujos tuyos las paredes y de ponerle tu nombre a esta centenaria casa… te bastaron dos días para dejar una huella imborrable.

Días como hoy sumamos capítulos a la experiencia de vivir pero noches como la de hoy necesitan un punto y aparte. Nunca es fácil decir adiós pero siempre es necesario hacerlo desde el corazón.

Gracias por acompañarnos en esta parte del camino.

Te recordaremos siempre.

RIP querida Pati.

Jorge Juan García India

Pati, la perdiz

Todo empezó como suelen viajar los viajes iniciaticos… una historia donde nos encontramos con dificultades en forma de virus para comenzarlo y de futuro incierto… sin saber a ciencia cierta cómo llegaríamos ni cuando nos harían volver…

Y la primera mañana entró por la puerta… pequeña, vigorosa, decidida y claro… decir que J y P no tardaron ni un segundo en adoptarla es obvio. Le conseguimos una caja grande, le hicimos ventanas y descubrimos que quería estar con nosotros porque por la huerta rondaba un enorme gato negro salvaje que se relamía cada vez que la veía en la distancia.

Lógicamente J y P rápidamente se organizaron para cambiarle el papel, darle pan, galletas y otros manjares gallegos, le cambian el papel para que no esté con caquitas… hasta que llegó la segunda noche…

Y debe ser que Pati, que así se llama la perdiz en cuestión, está en plena adolescencia y en un intento desesperado de refrendar su yo y autonomía salvaje, decidió deleitarnos con “píos y píos” durante toda la noche, así que rozamos la locura y yo la necesidad imperativa de comprar una olla…

La mañana siguiente requería una reunión familiar y una alianza, a la que no faltó Pati. El acuerdo buscarle cobijo a Pati durante las noches con alguna de las gallinas familiares de forma que pudiéramos recogerla durante el día. Pero la naturaleza que es caprichosa tiene normas que impiden poner juntas a gallinas con perdices… bajo riesgo de muerte para estas últimas… y claro no fui capaz de encontrarle cama al “bicho” y al final acabo durmiendo en el lavabo… para desesperación del lindo gatito negro.

Esta mañana cuando P me la traía a la cama y la miraba pensaba que todo esto tenía que significar algo. De todas las casas eligió la nuestra, podría haber escapado y sigue aquí, quería dejarla “en adopción“ y no lo conseguí y al final… tengo que pedirle permiso para entrar al lavabo.

Empiezo a entender que gracias a Pati mis hijos han reconectando con mi segunda tierra, están siendo responsables, trabajan el respeto por la vida y los animales, conectan con los sentimientos de protección, entienden que todos necesitamos algo más que comida y agua para sobrevivir y a buen seguro que pasarán los años y se acordarán de aquel verano donde una perdiz adolescente entró para poner nuestras vacaciones boca abajo.

Ahora nos toca hacer un curso acelerado de perdices y llegar a acuerdos de convivencia. He aceptado que Pati se queda en la casa mientras sigamos aquí, que el lavabo es suyo y que si entra ese lindo gatito la defenderemos con uñas y dientes… así es la familia… El día que tengamos que dejarla “en adopción” nos iremos con un sentimiento agridulce por separarnos de ella y al mismo tiempo felices de todo lo que con ella hemos compartido.

Al final tendré que darle las gracias al “gatito”… y a la magia de esta preciosa aldea al borde de la ría.

Love Pati. Love La Barquiña.

Jorge Juan García Insua

Tiempo para ser tú

Cuenta la leyenda que llegó a la Tierra para ser guía del resto de mortales y al principio no sabíamos si era un ángel caído o en su sonrisa pícara y verbo jocoso se escondía un medio diablo. En un momento donde necesitábamos agarrarnos a un símbolo, donde empezábamos a perder la fe y los aplausos se habían silenciado se levantó para recordarnos que los héroes no siempre llevan capa aunque desde hace semanas todos los días nos llena de efectos especiales.

Para ser exacto no necesita mucho traje ni tampoco parece muy preocupado en marcar talla, su poder es muy distinto. Hasta es posible que si estos días estás por Sabadell te hayas cruzado con él o hayas pasado a su lado sin darte cuenta del aura que desprende.

No importa, no te preocupes… Porque si todos fuésemos superhéroes como él no necesitaríamos que aparezca para recordarnos dónde está el suelo, que ante esta vida nadie es invulnerable, que tenemos suerte si caemos y solo nos hacemos rasguños en la rodilla o en el codo porque otros como él se han dejado más dos meses de vida en el esfuerzo titánico de levantarse y caminar. Un esfuerzo reservado para muy pocos, para los elegidos.

Como de grande ha de ser para “castigarse” porque algunos días son malos y se siente de bajón, e incluso en esos días es capaz de sacar fuerzas de ese inmenso corazón para preocuparse por los demás, esperando que llueva para llorar, luchando contra la sensación de que has hecho todo lo que debías hacer y que puede no bastar.

Verte me recuerda que el tiempo es un regalo, que no podemos compartir con todos porque es limitado y que sólo puedes ofrecerlo si decides estar para el otro. Por eso las personas verdaderamente importantes las podemos contar con los dedos de una mano, porque no podemos dedicarle tiempo a todo el mundo y debemos decidir en quiénes lo queremos invertir. Así se forjan los recuerdos imborrables y las relaciones que nos marcan de por vida.

Se que tus pasos ahora has de caminarlos solo, pero yo soy tú y nunca estaré suficientemente lejos si piensas en mí.

Te veo fuera… soy el que está con los brazos abiertos y más lágrimas que tú.

Jorge Juan García Insua

Y pasa el tiempo…

2555 días son los que a estas alturas ya me habéis regalado. Y pasan tan rápido que siento vértigo.


Cada año me sucede lo mismo. Os dejaría congelados en ese momento, en esa edad, en esa mezcla de dulzura, inocencia, pasión y magia… Pero al mismo tiempo tengo ganas de saber como seréis con un año más, con otro… y otro, y tengo miedo de perderme algo de tanto que os queda por ver, por aprender, por disfrutar y por vivir.


Y cada uno de esos miles de días que llevamos compartiendo han sido un regalo, indescriptiblemente especial que me llena y alimenta.

Es un viaje inevitable en esta fecha, volver al momento en que llegasteis a este mundo y recorrer todo los habéis vivido hasta el presente para soñar con vuestro futuro. El mundo es mejor desde que estáis en él… Esta misma frase recuerdo habérsela susurrado a J una noche de agosto cuando aún no teníais ni dos meses de vida. Me despertaron sus sollozos y me levanté para relajarlo entre mis brazos mientras le tatareaba una canción de Sambora… Me mirabas fijamente con tus preciosos ojitos, pasaste del llanto a la sonrisa y los cerraste lentamente, mirándome de reojo para que entendiera que dormirte no significaba que quisieras que te devolviera a la cuna y que querías seguir en mis brazos. Y así lo hice.

Cuando la otra noche dormías abrazado a mi recordé ese momento, esa noche. Me emocioné y volví a tararearte a Sambora.

En una semana llena de celebraciones, nervios y grandes momentos íntimos y familiares habéis vuelto a darme una lección de lo que significa el amor, del apoyo incondicional que me dais, que lo mucho que me queréis y que al final, por encima de todas las cosas, solo queréis verme feliz y compartir momentos conmigo. Se trataba de que fuera vuestro día, vuestra semana y habéis hecho que también fuera la mía.

Cuando hace unas noches el sonido de las sirenas de una ambulancia rompía nuestro momento de darnos las buenas noches, P me preguntaste que haría si tú fueras dentro de una y yo no pudiera ir dentro contigo… correría detrás te dije. Ten por seguro que fuera donde fuera que te llevara esa ambulancia papá iría detrás corriendo y no dejaría de hacerlo hasta estar junto a ti cuando parara y abrieran la puerta … Me diste un beso mientras abrazabas a Pingüin y me dijiste que ahora entendías porqué salía a correr y corría tanto. Lo haces para estar siempre con nosotros me dijiste. Y cerraste los ojitos mientras te besaba y acariciaba tu pelo.

Siempre con vosotros…

Cuando salía de vuestra habitación y arrimaba la puerta me resbalaban las lagrimas, me senté en mi cama, tenías razón… haría cualquier cosa por poder disfrutar de vosotros más vidas de las que me quedan por vivir y kilómetros por correr.

Compartía con vosotros mis inquietudes e inseguridades por esforzarme en estar para vosotros… y una vez más lo hicisteis tan sencillo… Me dijisteis que el mejor regalo era estar conmigo. Y temblé. Me hicisteis temblar con nunca antes lo había hecho. Y un día más me sentí feliz, y lloré feliz de compartirlo con vosotros.

Gracias por ser como sois.

Gracias por dejarme ser.

Os quiero con la vida.


Jorge Juan García Insua


https://youtu.be/kp1DlW81n7I

Confesiones Pcadoras

Todo empezó como empiezan las cosas que no tienen sentido… buff, creo que me estoy yendo por Sabina…

Que emociones tan especiales me provoca ver el logo “15 años” de PCatS… hay tanto detrás de ese logo y que tan pocos saben… Hoy me apetece compartir algo sobre todo eso y por segunda vez recupero un trocito de lo que escribí mi segunda noche de insomnio, allá por finales del 2013…


“… y no os hubiera fallado, ni podía ni quería por nada del mundo. Cuando entre sollozos me decías que te daba miedo que yo te fallara también y me preguntabas si yo estaría allí te conteste con un firme Sí, que no habría enfermedad ni desgaste que me impedirían estar allí, a vuestro lado, para vosotros y que os hablaría de corazón y lleno de orgullo como os había prometido pasara lo que pasara.

Ahora me miro los dedos mientras tecleo y recuerdo mis miedos al decirte una noche que necesitaba más tiempo para acabar el trabajo, y que nunca te confesé que la verdad es que la mierda de artrosis no me dejaba casi ni coger el ratón, que tenía casi que deformar la muñeca para poder plasmar en la pantalla aquellas ideas que me venían a la mente, y que el dolor era insoportable pero que no te preocuparas, que lo haría, que estaría listo… y me doy cuenta de que no lo hice porque desde el momento que me dejaste acompañarte en tu aventura pecadora no lo hice por ego, ni siquiera por reconocimiento… en absoluto, fue por amor, porque hubiera hecho cualquier cosa por seguirte, por compartir contigo, por estar a tu lado, por verte volar más alto de lo que nunca haría yo y porque hacerlo así me hacia feliz.

Esta noche me doy cuenta de lo que significó aquel rudimentario diseño, de todos los sentimientos que hay en él… Así que seguiría mientras tú me lo pidieras y el día que leas esto, si sigo en este mundo entenderás por qué.

Y como os prometí fui, y fuimos, y os hablé. De corazón, sin guion y entre lágrimas de emoción me desnudé para ti y para Jaume. Era vuestro día y no podía ser de otra forma. Acabé aquel torpe discurso diciendo que soñaba que la relación entre mis hijos, allí presentes y con todos como testigos, fuera con los años tan especial como la nuestra, que si eso sucedía algo habría hecho bien como padre… no necesitaba decir mucho más.”

Me siento orgulloso del recorrido de tu sueño durante estos 15 años, de haber aprendido mucho junto a ti y de seguir haciéndolo… PCatS está lleno de personas entusiastas, intensas, soñadoras, comprometidas, leales, auténticas y vitales que forman el mejor de los equipos posibles y que son el reflejo de quien esta al frente. Es diferente, PCatS siempre lo ha sido, por eso es especial.

Hay muchas formas de sellar un compromiso y la mía con PCatS nació de sencillo dibujo a mano mientras jugaba con tipografía… Aquel momento de inspiración no era fruto del trabajo ni mucho menos de ningún tipo de capacidad artística, sino de la necesidad de comprometerme con los sueños de mi hermana. Te volvería a decir Sí un millón de veces.

Eso significa PCatS para mí y hoy es un buen día para recordarlo, compartir y para disculparme, porque PCatS me ha dado mucho más de lo que yo nunca podré devolver. Y soy feliz de tener semejante deuda.

Hoy me confieso públicamente Pcador de corazón.

Quería hacer un pequeño, honesto y sentido homenaje a estos 15 años… y quería darte las GRACIAS por dejarme volar contigo.

A tí y a toda la familia PCatS.

TQ.
Jorge Juan García Insua

Va por ti Mi Capitán!!

Capitán!, ¿cómo estás Capitán? ¿Cómo va el día?

Cómo echo de menos que me llames con esa energía y vitalidad para comenzar a explicarnos qué tal el día, a veces a horas muy intempestivas… No sé cómo comenzar… mi mente necesita hablarte y mis dedos tiemblan sobre las teclas y mentiría si te dijera que no se resisten a escribir, que no tengo el corazón en un puño desde que he hablado con tu mujer, que cuando ella me ha dicho que si pudiera se pondría en esa camilla de la UCI en tu lugar no he pensado lo mismo y se me han llenado de lágrimas los ojos… y que no he tenido el valor de decírselo y me lo he callado para no hacerla llorar más.

Echo de menos esa extraña habilidad para hacernos conectar, para enviarme un mensaje o un comentario cuando menos lo espero y necesito, para recordarme que debía cerrar el portátil y desconectar, para ofrecerte sin esperar nada a cambio, para estar sin hacer ruido, para alentar sin palabras… como sólo pueden hacer quienes tienen magia. Siempre me he sentido muy afortunado de saber que ahí estabas si lo necesitaba y que lo decías de verdad. Fiel, honesto, humilde, respetuoso, valiente, bondadoso, optimista, divertido, cercano… especial.

Ahora me siento inútil, tanto estudiar, tanto prepararme y no puedo hacer nada. Siento rabia por no poder hacer más por ti. Sé que pensar esto no tiene sentido, lo sé y sé que me echarás en cara en unos días haber escrito esto… como sé que aun sabiéndolo es inevitable que lo sienta.

Meses atrás Empecé a ver La Casa de Papel porque no dejabas de decirme que tenía algo de “Profesor”… y hoy me siento como el alumno torpe e insensato que empieza y que quiere comerse el Mundo y el Mundo impasible y cruel le golpea y le pone en su insignificante lugar.

Pero no quiero escribir sobre mí porque lo importante, lo que de verdad importa eres tú. Me queda escuchar y acompañar a tu esposa y a tu hija mientras esperan y esperamos con ansia que superes esto y vuelvas con ellas, y a ratitos con nosotros. Intentaré estar a la altura… quiero que sigamos haciendo planes de ese viaje pendiente por tu tierra.

Tenemos un largo abrazo pendiente, me lo debes… Así que ves despidiéndote de ese maldito virus y no me hagas esperar mucho porque quiero darte una medalla y traspasarte los galones. Nadie más grande que tú para llevarlos.

Aquí te espero. 

Te quiero A.

Jorge Juan García Insua

Vínculos virales

“Y aquella noche hicieron el amor, intensa y apasionadamente, como sólo puede hacerse cuando se acompasan los gemidos y cada latido desborda el placer del sabor a piel erizada y emocionada por caricias eternas.

Y con cada inspiración la distancia desaparecía y la conexión se hacía más fuerte e indomable, desafiando imposibles y creando un vínculo eterno entre ellos.

Bastó una foto, un impulso, un mensaje, una voz, una mirada lejana para atar el lazo que los unía, todavía invisible para muchos y al mismo tiempo tan visible para el resto.

Los dos sabían que de aquel amor nacía el destino, cada vez que se miraban se veían el corazón y se condenaban a quererse hasta el final.

Si vas a decirme Te Quiero no quiero saber el cómo ni el por qué, le dijo él… Si vas a Amarme, dijo ella, que sea abriéndote en canal el pecho para que pueda besarte el corazón.

Y aquel amanecer la vida se vistió de largo y los invitó a su fiesta… y entre besos y caricias llegaron de la mano… y bailaron… y siguieron soñando.”

Jorge Juan García Insua

*Fragmento de un relato todavía incompleto