La sonrisa caótica de las mariposas

«Existe un breve momento en la vida en el que te sientes más perdido que nunca. Ese momento es el principio de un encuentro«. Daniela Riviera Zacarías.

Me he quedado mirando un cuadro. Mariposas… manos… y me pidió que pintáramos algo juntos, sentí vergüenza y admiración a partes iguales. Lo primero por mi creencia de no dar el nivel, lo segundo por lo reconfortante que alguien que admiras te pida compartir algo tan personal.

Admiro a las personas que saben pintar y esto sólo se puede entender si te has puesto delante de una hoja en blanco, con tus lápices o pinturas y dejas que tus manos conecten con tu mundo interior, ahí donde se libran las batallas, donde tienes más que perder que ganar y dónde cada línea, cada color… es un rastro de lo que hay dentro de ti.

Tener la hoja de mi viejo bloc en blanco delante me lleva a una sesión donde ella cogió uno de los folios que tenía sobre la mesa, un lápiz y mientras aquellos ojos grandes tenían la mirada ausente empezó a dibujar líneas. A primera vista no tenían sentido. Algunas era feroces e impulsivas, otras suaves, lentas, sinuosas… dejó el centro de la hoja limpia, en blanco…

Su rostro se serenó. Me acerqué ligeramente y fue suficiente para que cambiara el dibujo por las primeras palabras….

Así estoy por dentro… Hay días que todo es caos, mi vida, mis relaciones, mi trabajo… y no sé qué hacer para poner orden -mientras su mirada volvía a perderse en las líneas que acababa de dibujar.

Me acerqué un poco más, en silencio y mi mirada le decía que estaba allí para ella. Pasaron los minutos y mirando su rostro percibía como por él pasaban todas las sensaciones posibles. Finalmente respiró hondo…

¿Sabes por qué no he puesto nada en el centro?

– No -dije.

Iba a poner su nombre -dijo con tono de sorpresa y la voz baja mientras sus ojos se humedecían. Como si la culpa fuera suya, pero en realidad es el mío el que debería poner. Es mi caos! Llevo demasiado escondiéndome en mi caos.

A partir de ese momento cada palabra suya iba acompañada de una nueva línea que poco a poco iba uniendo aquellos trazos exaltados. Y lo que antes parecían muestras de frustración empezó a dejar al descubierto el miedo a perder a la persona que quería, el miedo a que cicatrices del pasado se abrieran, la soledad emocional que se escondía en unos día a día frenéticos y agotadores, sentimientos tan profundos que ni ella había podido ni querido acceder. Aquel desastre inicial tomó forma de un dibujo barroco y de ensueño, lleno de formas increíblemente enlazadas a base de tonalidades y en el centro dibujó un corazón.

Al finalizar la sesión se quedó mirando su dibujo y a mí. Ahora su mirada era limpia y transparente.

– Déjame que te pregunte… coges el dibujo y percibo en tus manos que dudas. Qué deseas hacer con él? -pregunté

Pensaba que te lo quedarías…

– No… Es tu sesión y es tu dibujo. No me corresponde a mí decidir sobre ella ni sobre él -contesté.

Cogió el folio, lo dobló y lo rompió en decenas de trocitos que dejó sobre mi mesa…

Siempre has dicho que si quiero cambiar algo he de hacer algo diferente a lo que he hecho, no? Pues punto y aparte. Empecemos con un folio nuevo, en blanco…

Son muchas las emociones que de intensas nos nublan y nos desesperan. Unos escribimos para salir de esa espiral y encontrar el camino, otras personas necesitan encontrar su forma de conectar con la serenidad de un lienzo en blanco y lanzar una recta a la línea de flotación de su inconsciente. En esos momentos nos falta la serenidad para ver más allá y el dibujo desahoga y tiene un increíble poder restaurador. Dibujando aprendí que la espiral nos lleva más hacia atrás que hacia delante y que no hay crecimiento ni evolución sin retroceso.

A menudo nos presionamos pensando que debemos encontrarnos a nosotros mismos y nos negamos el permiso a perdernos. Nadie se encuentra sin haberse perdido muchas veces, dibujado muchas espirales y pasado por muchas curvas… pero reconocerlo es un acto de respecto hacia nosotros mismos y fortaleza interior que nos hace vulnerables. Y la vulnerabilidad es un abrigo pesado de bolsillos llenos de incertidumbre difícil de llevar.

El camino a menudo no es recto pero no olvides que las sonrisas más bellas están dibujadas sobre curvas…

Jorge Juan García Insua

Simple… si te dan agradece

Y ya van 50…

Si no hubiera recibido ese mensaje del Blog no me hubiera dado cuenta.

50 ya… parece increíble.

Y cada una de esas 50 veces que he publicado lleva consigo una deuda que contraigo y que posiblemente no podré nunca pagar… suerte que posiblemente tampoco me digáis que la queréis cobrar.

Sé que me llevo a escribir cada una de las 50 veces y eso le da todavía más fuerza al lazo que me une con esas historias y con vosotr@s. Esto comenzó como algo íntimo y muy personal, de un abrazo acompañado de invitación de mi “maestro” Tomás López que activó algo dentro de mí y casi sin darme cuenta ha crecido hasta ser más vuestro que mío. Así debe ser y me hace feliz que así sea. Tenía razón Tomás… nunca me había expuesto de esta forma, nunca me había mostrado tan vulnerable y en cambio gracias a eso personas y situaciones maravillosas se cruzaron en mi camino.

Dijo G.B Stern que «la gratitud en silencio no sirve a nadie» y el primer paso del pago de mi deuda debe comenzar por daros la gracias, y como las gracias debe darse por algún motivo, he comenzado hoy a escribir… Sentir tanta gratitud y no expresarla sería tan sin sentido como envolver un regalo y nunca llegar a entregarlo. Ese error ya lo cometí y esta vez quiero y tengo la oportunidad de hacerlo mejor. Cuanto de cierto hay en eso de que nacemos para cometer errores, no para ser personas perfectas.

Quiero daros la gracias por cada una de las más de 3.000 veces que me habéis leído, por cada una de las veces que habéis compartido conmigo cómo conectábais, emocionábais y por cada uno de los mensajes que habéis publicado.

También quiero hacerlo porque cada vez que eso ha sucedido me he sentido especial compartiendo una parte de mí con vosotros, y esto hace unos años era inconcebible para mí. He reñido, amado y llorado mucho, mucho más de lo que lo que lo he dejado escrito. He publicado cosas que salen de lo más profundo y que prácticamente nadie sabía ni había compartido, y vosotros me habéis dado el espacio y el cariño para hacerlo como sintiera y necesitara me habéis cambiado y he crecido con vosotros, siempre desde el amor y más profundo de los respetos. Cada línea que leíais estrechaba nuestros lazos, los que quienes protagonizaban y los de quienes leían. Nunca mi camino soñó ser tan ancho.

Quiero daros la gracias porque no conozco otra forma dar el valor que os merezco y el reconocimiento a lo que he recibido de vosotros, de olvidar lo que he dado para grabar lo que he recibido y porque creo que el corazón siempre recuerda cuándo y quién le fue agradecido. El mejor regalo nunca es algo, siempre es alguien y con esos regalos quiero quedarme.

Ahora que escribo tomo conciencia de todo lo que he vivido a lo largo de 50 publicaciones y de las muchas más que nunca llegué a publicar. Y lo más importante… sé que todavía tengo sueños imposibles, heridas, cicatrices y sin sabores, pero lejos de intentar borrarlos u olvidarlos descubro que hay formas bonitas de leerlos y enseñarlos. Sólo necesitas dar con la persona de mirada adecuada.

Escribo esto y no sé si habrá 51, 52… o si no habrá más… tanto quién aquí publica como quién desear entrar, estar y compartirlo conmigo lo hace desde la libertad y voluntad de querer que así sea, sin más compromiso que predisponerse a compartir y si se da el caso sentir, emocionarse, reír, llorar…

El camino sigue y si hay algo contrario a mí es vivir en el pasado. Seguiremos, yo y vosotros, compartiendo trocitos de vida entrelazada que tienen sentido cuando se disfrutan sin piloto automático, con la mirada de un niño (o dos…) y abrazando sensaciones sin intención de querer cambiarlas.

Esto sólo ha sido una parada para mirar atrás, respirar hondo, abrazar, besar y coger impulso. Lo mejor siempre está por venir y seguiremos arriesgándonos porque si no funciona tendré una increíble historia de la que aprender y si sale bien… bueno, imagina que bonito es que las cosas te salgan bien… Es lastimoso para el corazón saber que has perdido un tren cuando te das cuenta que no volverá a pasar, y esa es una carga que no quiero llevar.

“Disfruta de las pequeñas cosas, porque tal vez un día vuelvas la vista atrás, y te des cuenta de que eran cosas grandes”. Robert Brault

Musas, parcas, demonios y ángeles… Estoy y estaré.

Nos vemos en el camino.

Jorge Juan García Insua

Estrella y perdón

Será que no

que no sé pedir perdón

Y que me dueles

Como duele el perdón

Podrías ser todo

Y en cambio escribo solo

Entre sábanas tumbado en mi salón

Y tú? Callas y te siento lejos

Mi secreto favorito

Es mi condena más cruel

Tócame el pecho

Respira y siente calor

Allí donde notes latidos

introduce lentamente tus dedos

Notarás mariposas y una estrella

Detrás encontrarás el corazón

Rodéalo con tus huellas

Donde notes algo extraño

No es una cicatriz más

Tu nombre grabado

Y dudas…

duele, duele, duele

perder lo que nunca tuve

Quién no soñó con una Estrella?

Siento, siento, siento

el pasado se desvanece

y siento que no sé

perdón… no sé por qué pedir perdón

Lo siento y siento

Eres más importante que yo

Escribo porque siento

y siento que no sé

perdón, no sé pedir perdón

Jorge Juan García Insua

Hoy no voy a escribir

– Y hoy tampoco vas a escribir? No publicarás nada?

– No, no creo, aunque tampoco te lo puedo asegurar.

Te diré la verdad para ser honesto conmigo y contigo. No lo sé porque hasta que me lo has preguntado no lo había pensado. Tal vez porque esa es la magia de este blog, perdería su esencia si me tuviera que “poner a escribir” porque sí, porque toca… porque me daría pereza, me engañaría a mi y a ti que me dedicas unos minutos de tu precioso tiempo y me regalas el deseo matutino de tomarte el café conmigo, o yo contigo…

Y también porque lo que he escrito no quiero publicarlo, porque todavía hay una parte de mi ligada a la vergüenza y hay cosas que sólo me pertenecen a mi y así debe seguir siendo…

Porque no hacerlo supone un ejercicio de humildad y vulnerabilidad que posiblemente sólo tenga sentido para mi…

… Porque hoy no me gusto…

Porque mi musa se ha cogido el fin de semana libre, mis lápices se han quedado sin punta y con las parcas son pocos los días que me llevo bien aunque les deba dos vidas…

Porque no soy capaz de escribir de todo lo que siento y lo normal es que no sepa cómo hacerlo ni por dónde empezar …

Porque a veces recibes mensajes sobre lo que han leído de ti que te sorprenden tanto que necesitas tiempo para digerirlos…

Porque el silencio me pedía espacio y a estas alturas ya sabes cómo nos llevamos de bien…

Porque a la vida no puedes meterle prisa, sencillamente pasa. No todo es ya y ahora. Todo tiene su momento y la vida su tiempo

Ves! No iba a escribir y al final mira lo que has inspirado. Ahora entenderás que no supiera qué ni cómo responderte… y que si de alguna forma has conectado conmigo, con lo que escribo o con lo que te hace sentir te mereces que cada vez que publique unas líneas o una palabra sea tan auténtico y verdadero como el lazo que nos une.

Gracias por seguir ahí… sintiendo y emocionándote.

Te guardo un trocito de lazo.

Jorge Juan García Insua

Verano Azul

Los veranos de mi vida han tenido finales de toda índole. Los recuerdo con olor a sardinas a la brasa, de viajes increíbles en una bicicleta BH medio destartalada, a revolcones entre olas y confidencias juveniles, a biberones, a melones robados en carreteras secundarias, a viajes locos de rock salvaje, a sexo, a besos a escondidas y amores que nunca llegaron al otoño… y el que acabó con su sesión. Tal día como hoy, sobre esta misma hora cuando dijo que quería que septiembre fuera el inicio de su nueva vida y mi mente evocada de la imagen de todos esos coleccionables que empezarán en unos días y raro es el que pasa del tercer fascículo…

Así que decidí planteárselo tal cual… Imagínate que este septiembre es tu coleccionable, ese que detallará tu vida las próximas semanas, los próximos meses… cuál será la primera entrega?

Me lanzo una mirada perdida y una sonrisa llena de silencio… y así pasaron los segundos hasta que me dijo “la primera entrega es sobre quién va a acompañarme en las siguientes… y quién no”. Y así comenzó una intenso viaje de una hora.

“Y llegó aquí cansada, no me caen más lágrimas de lo cansada que estoy de llorar. Cansada de perseguirlo, cansada de huir, cansada de esconder lo que siento, cansada de no saber cómo compartirlo, cansada de fingir que todo esta bien cuando no ha ido nunca tan mal. Me siento sola. No quiero sentirme así nunca más “.

Y al final le resultó que la rutina no es tal, que lo que queremos cambiar no es lo que hacemos sino con quién, quién nos aporta, quién nos acompaña, quién cambia de estación con nosotros, quién seguirá coleccionando nuestros fascículos cuando ya no vengan con regalos, aunque alguno salga unos días tarde o no sean tan brillantes como la publicidad prometía…

Hace unos días leía que un canal de televisión repone cada verano la serie Verano Azul por falta de fondos para invertir en nuevas producciones, y que haciéndolo descubrió que la nostalgia es una poderosa arma de negocio pues todavía remueve y nos engancha. Lo malo de vivir de recuerdos es que si vives prendado de ellos dejas de generar nuevos, y cuando esto sucede, cuando siempre vuelves a los mismos acabas identificando el último de ellos… y aunque te duela entiendes que como las buenas series… o como los coleccionables… hubo un primero y hubo uno que puso punto final. Y es en ese momento cuando se cierran heridas. Es ese instante sanador el que te impulsa a comenzar de nuevo y pasar pagina, de capítulo, de serie…

Eso entendió al final de la sesión… aquel había sido su último verano, su Verano Azul… Las personas como sucede cada año pasamos por estaciones, el cambio es inevitable, no puedes hacer nada, no siempre está claro cuando acaba una y empieza otra. Sólo puedes aceptarlo y abrirte a ellas porque aunque una estación te venga mal girada te queda el consuelo de pensar que ninguna es para siempre.

Posiblemente no fue el mejor verano de su vida… pero sin duda dio paso a un emocionante septiembre lleno de maravillosas entregas.

Aquellas fueron sesiones con olor a verano… a paseos de la mano por la playa, a rayos de Sol a través de las persianas bajadas, a tardes de terraza sin prisas, a abrazos que duran una siesta… y ahora aquí, finalizando agosto delante de la piscina de mi verano, con el Sol medio desaparecido, la playa al fondo y el olor a mar he conectado con aquella sesión y con los veranos de mi vida… y con la enorme ilusión de un nuevo septiembre.

Jorge Juan García Insua

S de Esperanza

«-¿Por qué soy tan diferente a ellos?
– El Sol de la Tierra es más joven y brillante que el de Krypton. Tus células han absorbido su radiación, fortaleciendo tus músculos, piel, sentidos… La gravedad de la Tierra es menor y, en cambio, su atmósfera más rica. Aquí te has hecho más fuerte de lo que jamás habría imaginado. La única manera de saber cuánto es poner prueba a tus límites.
Darás a los habitantes de la Tierra un ideal por el que luchar, intentarán seguirte. Tropezarán. Caerán. Pero con el tiempo… se unirá a tí en el Sol, Kal. Con el tiempo… les ayudarás a lograr grandes proezas»
(*)

Siempre tengo la duda de si mis hijos entienden lo que para mí es importante y me esfuerzo en enseñarles que por encima de todo si hay algo que quiero inculcarles son valores. Esta mañana J quería ver Superman conmigo, absorto y con los ojos como platos miraba metido en el papel de superhéroe y tras esa secuencia me ha dicho…


Papá tú eres mi Superman! -me dicho cogiéndome la mano… Ayudas a los demás y haces cosas para ver tus límites… Sólo te falta volar, aunque si te pones una capa…

Y se me ha encogido el corazón… y le he apretado la mano con la emoción desbordada por mis dedos.

Te quiero mucho superpapá! -me ha susurrado mientras se acomodaba en mi regazo y yo con los ojos mojados incapaz de mover un músculo.

Y viendo a Superman descubrirse en su primer vuelo hemos volado con él, no ha hecho falta decir nada. Sobraban las preguntas y mirándonos teníamos todas las respuestas. P se ha acercado, se ha tumbado a mi lado, me ha dado un beso y nos hemos quedado en silencio viendo la película.

A Superman no le interesa la fama ni el reconocimiento. Promueve sentimientos como la compasión, la nobleza, la bondad, la amabilidad, el desinterés traducido en ayudar a los otros, la diferencia entre el bien y el mal y sobre todo, que no hace falta ponerse un traje de superhéroe para tener el poder de ayudar y cambiar situaciones que parecen ante algunos ojos imposibles.

Los padres de Superman creían que su mundo, Kripton, había perdido la posibilidad de elegir qué ser, los niños nacían predeterminados a ejercer un rol… y si un niño aspiraba a algo más? Y si cada niño es diferente y único? Superman encarna esa creencia, el sacrificio de sus padres es fruto del amor por su hijo, qué padres no se sacrificaría hasta el final por darle una oportunidad? Esa es su esperanza, eso significa el símbolo que lleva en el pecho. Esperanza en el potencial de cada uno para ser alguien mejor al servicio de los demás. Eso es lo que el padre de Superman le explica para hacerle entender quién es y lo que puede ofrecer a los habitantes de la Tierra.

No sé a lo que se dedicarán mi hijos cuando crezcan pero sí espero que sean dueños de su vida, que sean tan diferentes como deseen, que respeten a los demás por encima de todo, que sean cabezotas y se esfuercen por lo que quieran de verdad, que se rían mucho de sí mismos y nunca de los demás, que sepan pedir perdón y aprender de sus errores, que asuman riesgos, que no den importancia a lo físico y sí a lo que hay debajo, que el camino a veces tiene curvas y que todas ellas tienen algo que enseñarles si son humildes para aprender, que el mundo está lleno de ángeles, que sean apasionados e intensos en el amor, que se arriesguen y que la vida a veces no es justa pero ellos… ellos siempre serán maravillosos.. y mi fuente inagotable de fuerza.

Superman se oculta al mundo por miedo y con el tiempo y la guía de su padre aprende a aceptar la responsabilidad que se le dio, y haciéndolo comienza un ejercicio de autodesarrollo, crecimiento y aceptación propia…. J no estaba equivocado, tengo mucho que aprender de él… y de Superman.

La primera película que ví en un cine fue Superman II, me llevó mi padre y mi abuela… me cautivó y marcó como no podía imaginar. Aquella tarde aquel niño soñó con lo que parecía imposibles, pero su inocencia le hizo pensar que para volar necesitaba una capa. Aún recuerdo aquella tarde en el Cine de Paseo La Salut… Desde entonces es un personaje que por muchos motivos ha ido apareciendo y ligándose a momentos de mi vida, muchas personas importantes para mí me lo han ido recordando… hoy ha vuelto a suceder, ya sin capa y tengo la sensación de que lo ha hecho para cerrar un círculo.

J me ha pedido que para el próximo Carnaval nos disfracemos de superhéroes. Él será Spiderman, P Batman y yo… quiere que yo sea Superman…

Y esa ha sido mi promesa. El camino me pone una capa por delante… tal vez sea el momento de volvérmela a poner…

Jorge Juan García Insua

(*) El hombre de acero (2013). Zack Snyder.

Ssssshhhhhhh!

Me han dicho que la relación que tengo con el silencio es particular…

Particular? -repregunté.

Sí, rara -afirmó.

Sí, soy de esas persona raras que se sienten cómodos con el silencio, que lejos de sentirse solo con él siento que me acompaña y que incluso hay momentos donde lo necesito porque a través de él puedo conectar con situaciones, con personas, conmigo, contigo.

Cuando de forma habitual el silencio puede ser interpretado como una falsa sensación de normalidad, de “hacer como si nada hubiera pasado”, apatía o indiferencia, yo creo que el silencio dice que no y dice que sí, no puedes aunque quieras adornarlo, es respuesta y da espacio a la pregunta si te concedes el tiempo necesario para formularla adecuadamente.

Lejos de ser ausencia recoge la presencia cuando es auténtica y la protege para que crezca y se fortalezca. Para algunos será distancia y enfado… para otros paz, serenidad, cercanía y felicidad. Cuando dudas sobre ti es espejo, te recuerda el camino recorrido y te acompaña aunque no lo escuches. Cuestiona lo que vemos y nos despierta cambios que sólo así podemos concebir… desde el silencio. Solo así seguimos esperando… desde el silencio.

Cuando es compartido se convierte en un lenguaje propio con la maravillosa capacidad de hacer cómplices, de mostrar respeto y cariño. El silencio es una compleja forma de comunicación que necesita de una conexión inmensa, confianza absoluta y te abre las puertas a escuchar lo que no se oye. Al silencio no puedes quitarle el turno de palabra, así es de especial.

El silencio es el estruendo emocional más intenso que podemos llegar a vivir, capaz de rompernos por dentro y remendarnos a continuación. El silencio acompaña a la mirada transparente que dice “estoy contigo” y al abrazo que grita “estoy para ti”. Y en ambos casos deja cicatriz…. silenciosa e invisible para la piel y enorme para el corazón. Es honesto, a la conciencia no la puedes mentir. En silencio me encontrarás..
La segunda estrella a la derecha todo recto hasta el amanecer, ahí, justo ahí… en silencio tú y yo.

Silencio. El que por encima de muros de dolor te acompaña en el duelo. Lágrimas huérfanas de sonido. El mismo al que le hablas cuando de nuevo sale el Sol. Ssssshhhhhh… soledad compartida, cuarto oscuro, mirar el mar desde el Pont del Petroli y sentir la sal mientras se deposita en tu piel… en silencio…. un beso.

Decía T. Bruneau “el silencio es la lengua de todas las fuertes pasiones: amor, cólera, sorpresa y miedo» y un viejo proverbio que “el silencio prolongado lleva a la locura”. Locura… amor… miedo… silennnnnnnncio.

El silencio como la vida es bueno cuando uno lo acepta. Como todas las cosas hay que aceptarlas tal como son, simplemente porque son así. Y abrirse a él. Desnudo para mí y desnudo yo para quien conecta conmigo entre silencios.

Bonito sería si nuestras palabras fueran más hermosas que nuestros silencios. Ni toda distancia es olvido ni todo silencio es olvido. Palabra.

Sí es raro, sí… soy muy raro.

Jorge Juan García Insua

Este mundo está falto de Mafaldas

«Si un niño te trata mal es porque le gustas…«_

Iba caminando cuando he escuchado esta frase y al girarme he visto como una madre se lo decía a su hija pequeña, que debía tener aproximadamente la edad de mis hijos. No le he dicho nada pero debería… He hecho la intención, me he girado pero no me he parado. Y ahora me arrepiento…

Debería haberlo hecho porque Señora un niño no trata mal a una niña porque le gusta. Lo hace porque al permitir eso estamos aceptando aceptando la violencia y todos tenemos la obligación de enseñar y hacer comprender que ese comportamiento es violencia…. Y el resto depende del maquillaje que le queramos poner.

Déjeme Señora que comparta con Usted mi opinión e intente expresar cómo lo veo y creo que debería verse… Los niños, más allá de ser niños o niñas, porque eso al final a esa edad (y a cualquiera) es indiferente, han de aprender a respetar y ser respetados y está en manos de los padres y del entorno en el que educamos a nuestros hijos potenciar su desarrollo emocional y el tipo de relaciones interpersonales que deben tener niñas, niños, hombres y mujeres.

El género no debería ser nunca motivo de desaprobación o juicio ni tampoco convertirse en una excusa para reprimir sentimientos ni justificar menosprecio en cualquier de sus formas. Los niños aprenden de lo que los padres hacemos y de cómo vivimos. Enseñemos les a comportarse con coherencia y sobretodo respeto.

Si queremos enseñar hábitos y ya lo decía Aristóteles, debemos aprender a ser nuestra mejor versión posible. Y para alcanzarla tenemos que desaprender, escuchar, criticarnos, ver y comprender la realidad de nuestro entorno y cambiar lo que no funciona. Y la igualdad de géneros y la ausencia de violencia machista todavía «no funciona» y para que lo haga hemos de dar el peso y valor necesario a las palabras evitando así asentir con el silencio como si no fueran importantes. Lo son… y de que lo sean cada vez más dependerá la vida de personas hoy, mañana y por desgracia al otro.

Señora… si soy sincero su frase me asusta. Pensará que soy tremendista o posiblemente algo peor, pero no puedo ser imparcial y hoy no me sale hacer el esfuerzo. Esta vez no. Y no puedo porque he conocido a demasiadas personas que han luchado, luchan y siguen luchando por superar situaciones que empezaron con una frase como esa.

Nadie que haya escuchado historias como las que he escuchado puede evitar que se le estruje el corazón al escuchar una frase así. Podría hablarle de sesiones para días oscuros de lunes a domingo, de ojos mojados, llenos de pesados pasados, de relaciones truncadas que no pudieron crecer, de amores perdidos, de días duros de vergüenza, miedo en las entrañas y de vidas dedicadas a curar cicatrices…

Y cómo quiero pensar que el camino a veces tiene curvas y se hace de noche pero que ningún túnel es eterno y al final siempre hay luz déjeme acabar con Mafalda, porque quien mejor que una niña inocente y con valores para concienciar del derecho a todo niño a ser y ser tratado bonito, sin importar su género:

Entendería que me moleste conmigo y le agradezco la atención si algún día estas palabras le llegan. No es mi intención ni de lejos ofender pero ésto no va solo de mí o de Usted, ni siquiera de mis hijos o su hija… va mucho más allá.

Sólo pretendo llamar la atención y poner el foco sobre algo que no debemos normalizar ni mucho acostumbrarnos, porque nos define a todos como personas y la forma en que nos relacionamos y amamos. Ojalá llegue el día que nadie tenga que arrepentirse de haber escuchado una frase como esa.

Además Señora… Y si alguien le gustas, si a alguien realmente le importas te amará bonito… porque créame si le digo que no hay otra forma de amar.

Este mundo está falto de Mafaldas…

Jorge Juan García Insua

El sentido de mis latidos

Estos días a raíz de mis últimas publicaciones he recibido muchos comentarios acerca de mi vida, todos emocionantes, cargados de cariño y especialmente ayer tras volver a publicar “Chache” en recuerdo de mi padre. Son todos ellos motivos maravillosos por lo que exponerme en estas publicaciones es de las decisiones más bonitas que he tomado en mi vida, y agradezco en el alma cada uno de ellos.

Uno de estos comentarios ha sido de una gran amiga que desde todo el cariño que me tiene que me ha regalado esta mañana una frase “con lo que yo me he quejado estos meses Jorge… y los palos que te ha dado a ti la vida. Le has dado tanto a la vida que te mereces todo el amor que ésta pueda darte por todo lo que tú le has entregado”. Removido me he quedado unos segundos en silencio pensando en todo lo que contenían esas palabras e inconscientemente le he contestado con otra… “el corazón no muere cuando deja de latir. El corazón muere cuando los latidos dejan de tener sentido”.

Siempre me ha resultado una frase muy inspiradora en la que me siento reflejado y refleja lo que me ilusiona en la vida. Tal vez sí que la vida en ocasiones ha sido dura conmigo y me ha dado lecciones que a menudo he tardado demasiado en aprender pero no más de lo que lo es con muchos otros y me gusta decir que todas esas vivencias, sean del tipo que sean, me han convertido en lo que soy y me han llevado donde estoy. Y siento que soy lo que quiero ser y estoy donde quiero estar.

La vida no tiene marcha atrás, guste o no solo tiene marchas hacia delante y a menudo falla hasta el freno de mano. La vida se transforma y te transforma. Te enseña que comenzar siempre da miedo y que un final triste puede venir un maravilloso principio. La clave es qué y quién es realmente importante para ti, qué decides llevar en tu mochila y con quién decides compartir el peso y el camino.

Recuerdo ahora un fragmento de un texto de Berth Hellinger que compartí en las redes hace mucho tiempo…

«La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad. La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que queda solo lo importante. La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que Es. La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces. La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.

La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no necesitas ni alas ni raíces, sino solo desaparecer en las formas y volar desde el Ser. La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro. La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender a vivir. La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo.

La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección. La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como rio. La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”. La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe. La vida te quita el amor verdadero, no te lo concede ni permite, hasta que dejas de intentar comprarlo con baratijas.

La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar. La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar. La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos. La vida te acorta, te quita, te rompe, te desilusiona, te agrieta, te rompe … hasta que solo en ti queda AMOR».

De las muchas cosas que me ha enseñado mi camino es que si voy para atrás que sea para entender, porque para vivir siempre… siempre… siempre… siempre hacia delante.

Y si quieres nos vemos en él.

Jorge Juan García Insua

Amor después de amar

Abrazarla le daba la vida, pero no podía dejar de pensar que aunque podía escuchar sus latidos y aquella especial conexión en cualquier momento se levantaría y se marcharía. Como otras veces… la acompañaría al coche y al volver se sentiría vacío.

Él le había pedido que se quedara en más de una ocasión. Sin éxito confiaba en que la memoria de la piel, el amor, el sueño y el placer fueran invitación suficiente… Una noche, sólo una noche y hubiera bastado. Soñaba con despertar a su lado, mimarla y decirle lo bonita que estaba con los ojos somnolientos y el cabello enmarañado. Era tan bonita que podría pasar las noches mirándola inmóvil para no despertarla, contando sus respiraciones y deslizando casi sin tocarla sus dedos por sus brazos y mejillas.

Tantas veces se lo hubiera pedido de rodillas como tantas permaneció en silencio… por miedo a conocer su respuesta, que no sintiera lo mismo, que desapareciera el hechizo, que se sintiera presionada a hacer algo que no deseaba o que no le salía… de dentro, del corazón… Le había dicho que se había enamorado de ella y de todo lo que era y que la quería libre, para ser, para estar, para entrar en su vida y para salir… aunque ella no podía ni imaginar como le amargaban sus ausencias y el eco de esas palabras.

Romántico hasta la médula no podía evitar llegar a casa y estirarse sobre las sábanas que minutos atrás habían compartido y viajar al futuro juntos mientras el aroma de su piel llenaba la habitación y lo adormecía lentamente. Después de estar con ella despertaba extrañado, la buscaba con los ojos cerrados y al no encontrarla se auto convencía para seguir esperando el día que en todo cambiara y no quedaran puertas por abrir ni ventanas por mirar si no era junto a ella.

Y dejó la cama sin hacer y las sábanas revueltas… por si decidía volver… para echarla menos de menos… con su pecho por si decidía dormir en él y sus alas por si decidía volar. Amando después de amar.

Jorge Juan García Insua

*Fragmento de un texto todavía no publicado.

El matrimonio y el arte de repararse

Hoy me han pedido matrimonio.

No una vez… sino dos.

Y lo ha hecho alguien que no me conoce prácticamente de nada, salvo de verme en algunos momentos trabajando. Hasta entonces no se había fijado en mí, o al menos no como para sentirse atraída. La diferencia es que esta mañana mientras desayunaba me ha leído, detenidamente hasta el punto de emocionarse y enamorarse de aquello que con más o menos acierto intento describir con palabras.

Tras su segundo intento de desposarme y mientras compartíamos confidencias me sentía avergonzado de cómo alguien podía sentir algún tipo de conexión a través de este blog, y sobre todo, de lo acertado de todo aquello que sobre mí creía saber. En un momento me ha dicho que sentía que allá donde me había roto me había hecho más fuerte, pero lejos de dar la espalda al mundo y a la vida me había abrazado a ella, y que sólo eso ya le parecía algo maravilloso y admirable.

Escuchándola y mientras mis mejillas se sonrojaban a niveles estratosféricos he recordado un “Estado” que le cogí prestado días atrás a alguien con quien conecto mucho y que hacía referencia a un arte japonés, el Kintsugi, el arte de hacer bello y fuerte lo frágil. Consiste en reparan objetos rotos, enalteciendo la zona dañada rellenando las grietas con oro. El valor de este arte reside en creer que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso. Y no sólo me parece hermoso sino romántico hasta la médula. Lejos de querer ocultar los defectos y grietas, o directamente deshacerse de la pieza, las cicatrices se remarcan y celebran para que su belleza recaiga en el reconocimiento de su vulnerabilidad, su valentía y su capacidad de recuperación.

Entiendo el Kintsugi es un sentido e incondicional acto de amor donde una herida deja de ser oscuridad para pasar a ser luz e iluminar a otros y hay tanta resilencia en esta filosofía que no puedo evitar sentirme identificado y representado. Es una metáfora de la vida misma, en que la que a menudo nos falta paciencia para dejar sanar nuestras heridas emocionales o dar el espacio para que sanen otros a los que queremos, donde las ocultamos, las negamos y tapamos para que nadie las vea, llevando el peso del dolor interno y la falsa vergüenza de que puedan ser descubiertas. Cuántos miedos y perjuicios llevamos en la mochila… Y si en lugar de eso hiciéramos todo lo contrario, mostrándolas, reconstruyéndolas y creciendo en el esfuerzo. ¿Y si nos enorgulleciéramos de hacerlo? Y si además nos lo reconocieran y reforzaran el enorme esfuerzo que nos supone, nos las acariciaran y besaran…

Deberíamos enseñar a nuestros hijos esta técnica para que de pequeños se empaparan de la importancia de dar segundas oportunidades y en lo atractivo que puede tener cualquier imperfección. Para que en una cultura donde todo tiene fecha de caducidad y donde las redes sociales siguen potenciando y malformando ideas de belleza imposibles se pudiera perfeccionar el defecto y reconocer nuestra vulnerabilidad e incapacidad para ser perfectos.

Suena a cruzada pero con el paso de los años he tenido la enorme fortuna de cruzarme con “piezas” únicas, irrempazables y fascinantes, que mientras se remendaban crecían y nos hacían crecer a quienes compartíamos con ellas angustias, miedos, emociones y pasos. Como en el Kintsugi con los objetos reparados, acompañar y sentirse acompañado en ese camino de ruptura, dificultad y transformación refuerza los lazos y crea vínculos intensos y especiales.

Aquel día guardé el estado sin tener todavía muy claro por qué y me llevaba a querer reservarlo. Hoy le has dado sentido, me has recordado que debo sentirme orgulloso de escribir, de mostrarme y has dibujado un trocito en algunas de mis reparaciones…

He pensado que ya que leerme te había hecho llegar tarde hoy a trabajar y que en cambio a mi me has provocado muchas sonrisas que menos que escribir de ti, y que si mañana, por leerme y leer de ti, vuelves a llegar tarde que sea sonriendo tú.

No sé si algún día nos llegaremos a casar… pero en cualquier caso ambos tendremos una bonita historia que contar.

Gracias por tu cariño y por ser parte de mi camino.

Un beso…

Jorge Juan García Insua

Conexiones, Lunas y olor a Mar

En Sol aún no había salido y por la ventana entraba olor a mar cuando la llamada rompió el silencio de la madrugada.

Rápidamente cogió el teléfono y susurrando contestaba mientras se deslizaba aún dormido por encima de las sábanas para no despertarla. Ella se levantó somnolienta poco después y al llegar al pasillo y verlo sentado en el lateral del sofá se quedó en la penumbra, en silencio, mirándolo…

Cómo no quererlo, cómo no sentirse atraída por quien la trataba con tanto cariño y suavidad. Hasta él ningún hombre había sido capaz de quitarle la armadura a besos, recorriendo con sus labios su espalda y recreándose cuando llegaba al cuello. Nadie hasta él había besado sus lágrimas mientras la abrazaba fuertemente, nadie hasta él había respondido a sus inseguridades y temores con tanto amor, sin abrir los ojos… “porque no necesito abrirlos para verte, te veo cuando te siento y lo que siento me enamora de tí” le había dicho horas antes… Verlo así en la penunbra mientras la luz del portátil iluminaba y definía las líneas de su cuerpo… se moría de ganas de decirle que volviera a la cama, que deslizara sus manos por sus caderas mientras la abrazaba por detrás… pero cómo no alargar aquel momento, sólo para ella, solo de ella y hacerlo eterno.

Tan inquebrantable por fuera como vulnerable por dentro. Él le había dicho que no se creara tantas expectativas, que él también desteñía, que tenía poco de protagonista de comedia romántica y mucho de diablo desangelado al que el amor le había sido esquivo y que durante demasiado tiempo había pensado muchas veces cuál era su número en la lista de espera… Decía que no quería vivir del pasado, que no quería escapar de fantasmas ni de historias que nunca se han cerrado y que echaba de menos alguien que quiera darle la mano y no soltarla cuando venga lo que tenga que venir. Ella le decía que eran tantos sus silencios y él que decían tantas cosas que a menudo no sabía como callarlos.

Incluso medio vencido por el sueño parecía sereno a contraluz. Son esos momentos en que piensas que a su lado cualquier cosa puede suceder, que das por seguro que si quieres estará siempre, siempre, siempre..

Cómo no sentirse deseada por su personalidad, por su historia y por lo particular de su forma de vivir, por sus contradicciones y por su facilidad para hacerte vivir bonito. Capaz de todo mientras se niega a hacer promesas, un poco torpe, realista lo justo, incansable soñador, inquieto, inteligente, y todavía tan inocente e ingenuo para el amor… siempre esperando que si vas a ser el amor de su vida des un paso y se lo demuestres. Quien no ha querido tener alas para sentirse Dios y divino.

Le había dicho en un momento de debilidad mientras se esforzaba en contemplar sus verdes ojos cerrados que sobre ella no había escrito y sin vacilar le contestó… “Sí lo he hecho, y más de una vez. Desde muchas veces atrás estás ahí”. Y ella se preguntaba si era real lo que sentía, si podía confiar y dejar atrás sus heridas, dejándose llevar como cuando la cogió de las manos y acompasaron sus pulsaciones y latidos mientras le hablaba y controlaba su respiración. Ella que siempre intentaba mostrarse fuerte, inconquistable… y a él le habían bastado unos minutos para tocar su corazón. Tan acostumbrada a luchar sola y coser los descosidos de su corazón se había enamorado de alguien que la quería por lo que tan pocas personas habían sabido ver, y que lejos de interesarle su pasado le abría de par en par su presente.

Preguntas, preguntas, preguntas, preguntas… y una única respuesta para todas ellas. Una de esas que te hacen temblar las manos y tejen de sueños los días. Entonces y siempre.

Y mientras él se tumbaba a su espalda pensó que rara vez la belleza que atrae es la que enamora… sentía su respiración y sus manos recorrían sus piernas… y pensó que tal vez aquel que ahora la acariciaba no sería inmortal pero lo que la hacía sentir sería eterno. Leerlo pueden hacerlo todas, pensó, escucharle susurrar con infinita ternura tras su oreja solo era para ella.

En Sol seguía sin salir, por la ventana entraba el olor a mar y mientras sus dedos húmedos dibujaban en su espalda alas soñaron despiertos con los ojos cerrados…

Jorge Juan García Insua

*Fragmento de una historia todavía inacabada y no publicada

El final de una parte del camino

Y resulta que aún tenía más que aprender…

Cuando esta mañana me desperté y encendía mi portátil no caí en la cuenta de que no escuchaba a Pati… de hecho ha sido P el que al levantarse e ir al lavabo a ver Pati se ha dado cuenta de que Pati no estaba bien, y nos la ha enseñado en sus manos mientras la acariciaba. Poco a poco todos íbamos siendo conscientes de lo que iba a suceder.

Nuestra querida perdiz ha querido que fuese con ella con quienes tuviera que acompañar a mis hijos en su primer duelo. Y no sé si seré capaz, no sé si sabré hacerlo.. de poco me sirve lo estudiado, lo aprendido y todos los duelos donde he acompañado porque este es el primero que hemos de pasar los tres.

Y más allá de abrazarlos, acariciarlos y dejar que decidan cómo, cuándo y dónde quieren despedirse de Pati reconozco mi incapacidad para hacer nada más y mentiría si no dijera que le he había cogido cariño a nuestra plumífera amiga y que me produce gran tristeza su pérdida. Notar las lágrimas de mis hijos en mi pecho mientras los tenía entre los brazos me dejaba sin palabras…

De nuevo entiendo por qué entro por la puerta aquel día y que la lección más importante estaba todavía por llegar. He tenido la enorme suerte de conocer a personas tan inmensas que hicieron de su despedida la mejor de las enseñanzas, ahora espero saber hacerlo yo en un momento emocionalmente tan intenso para J y P.

Te gustará saber Pati que solo hablan de llenar de dibujos tuyos las paredes y de ponerle tu nombre a esta centenaria casa… te bastaron dos días para dejar una huella imborrable.

Días como hoy sumamos capítulos a la experiencia de vivir pero noches como la de hoy necesitan un punto y aparte. Nunca es fácil decir adiós pero siempre es necesario hacerlo desde el corazón.

Gracias por acompañarnos en esta parte del camino.

Te recordaremos siempre.

RIP querida Pati.

Jorge Juan García India

Pati, la perdiz

Todo empezó como suelen viajar los viajes iniciaticos… una historia donde nos encontramos con dificultades en forma de virus para comenzarlo y de futuro incierto… sin saber a ciencia cierta cómo llegaríamos ni cuando nos harían volver…

Y la primera mañana entró por la puerta… pequeña, vigorosa, decidida y claro… decir que J y P no tardaron ni un segundo en adoptarla es obvio. Le conseguimos una caja grande, le hicimos ventanas y descubrimos que quería estar con nosotros porque por la huerta rondaba un enorme gato negro salvaje que se relamía cada vez que la veía en la distancia.

Lógicamente J y P rápidamente se organizaron para cambiarle el papel, darle pan, galletas y otros manjares gallegos, le cambian el papel para que no esté con caquitas… hasta que llegó la segunda noche…

Y debe ser que Pati, que así se llama la perdiz en cuestión, está en plena adolescencia y en un intento desesperado de refrendar su yo y autonomía salvaje, decidió deleitarnos con “píos y píos” durante toda la noche, así que rozamos la locura y yo la necesidad imperativa de comprar una olla…

La mañana siguiente requería una reunión familiar y una alianza, a la que no faltó Pati. El acuerdo buscarle cobijo a Pati durante las noches con alguna de las gallinas familiares de forma que pudiéramos recogerla durante el día. Pero la naturaleza que es caprichosa tiene normas que impiden poner juntas a gallinas con perdices… bajo riesgo de muerte para estas últimas… y claro no fui capaz de encontrarle cama al “bicho” y al final acabo durmiendo en el lavabo… para desesperación del lindo gatito negro.

Esta mañana cuando P me la traía a la cama y la miraba pensaba que todo esto tenía que significar algo. De todas las casas eligió la nuestra, podría haber escapado y sigue aquí, quería dejarla “en adopción“ y no lo conseguí y al final… tengo que pedirle permiso para entrar al lavabo.

Empiezo a entender que gracias a Pati mis hijos han reconectando con mi segunda tierra, están siendo responsables, trabajan el respeto por la vida y los animales, conectan con los sentimientos de protección, entienden que todos necesitamos algo más que comida y agua para sobrevivir y a buen seguro que pasarán los años y se acordarán de aquel verano donde una perdiz adolescente entró para poner nuestras vacaciones boca abajo.

Ahora nos toca hacer un curso acelerado de perdices y llegar a acuerdos de convivencia. He aceptado que Pati se queda en la casa mientras sigamos aquí, que el lavabo es suyo y que si entra ese lindo gatito la defenderemos con uñas y dientes… así es la familia… El día que tengamos que dejarla “en adopción” nos iremos con un sentimiento agridulce por separarnos de ella y al mismo tiempo felices de todo lo que con ella hemos compartido.

Al final tendré que darle las gracias al “gatito”… y a la magia de esta preciosa aldea al borde de la ría.

Love Pati. Love La Barquiña.

Jorge Juan García Insua

Y pasa el tiempo…

2555 días son los que a estas alturas ya me habéis regalado. Y pasan tan rápido que siento vértigo.


Cada año me sucede lo mismo. Os dejaría congelados en ese momento, en esa edad, en esa mezcla de dulzura, inocencia, pasión y magia… Pero al mismo tiempo tengo ganas de saber como seréis con un año más, con otro… y otro, y tengo miedo de perderme algo de tanto que os queda por ver, por aprender, por disfrutar y por vivir.


Y cada uno de esos miles de días que llevamos compartiendo han sido un regalo, indescriptiblemente especial que me llena y alimenta.

Es un viaje inevitable en esta fecha, volver al momento en que llegasteis a este mundo y recorrer todo los habéis vivido hasta el presente para soñar con vuestro futuro. El mundo es mejor desde que estáis en él… Esta misma frase recuerdo habérsela susurrado a J una noche de agosto cuando aún no teníais ni dos meses de vida. Me despertaron sus sollozos y me levanté para relajarlo entre mis brazos mientras le tatareaba una canción de Sambora… Me mirabas fijamente con tus preciosos ojitos, pasaste del llanto a la sonrisa y los cerraste lentamente, mirándome de reojo para que entendiera que dormirte no significaba que quisieras que te devolviera a la cuna y que querías seguir en mis brazos. Y así lo hice.

Cuando la otra noche dormías abrazado a mi recordé ese momento, esa noche. Me emocioné y volví a tararearte a Sambora.

En una semana llena de celebraciones, nervios y grandes momentos íntimos y familiares habéis vuelto a darme una lección de lo que significa el amor, del apoyo incondicional que me dais, que lo mucho que me queréis y que al final, por encima de todas las cosas, solo queréis verme feliz y compartir momentos conmigo. Se trataba de que fuera vuestro día, vuestra semana y habéis hecho que también fuera la mía.

Cuando hace unas noches el sonido de las sirenas de una ambulancia rompía nuestro momento de darnos las buenas noches, P me preguntaste que haría si tú fueras dentro de una y yo no pudiera ir dentro contigo… correría detrás te dije. Ten por seguro que fuera donde fuera que te llevara esa ambulancia papá iría detrás corriendo y no dejaría de hacerlo hasta estar junto a ti cuando parara y abrieran la puerta … Me diste un beso mientras abrazabas a Pingüin y me dijiste que ahora entendías porqué salía a correr y corría tanto. Lo haces para estar siempre con nosotros me dijiste. Y cerraste los ojitos mientras te besaba y acariciaba tu pelo.

Siempre con vosotros…

Cuando salía de vuestra habitación y arrimaba la puerta me resbalaban las lagrimas, me senté en mi cama, tenías razón… haría cualquier cosa por poder disfrutar de vosotros más vidas de las que me quedan por vivir y kilómetros por correr.

Compartía con vosotros mis inquietudes e inseguridades por esforzarme en estar para vosotros… y una vez más lo hicisteis tan sencillo… Me dijisteis que el mejor regalo era estar conmigo. Y temblé. Me hicisteis temblar con nunca antes lo había hecho. Y un día más me sentí feliz, y lloré feliz de compartirlo con vosotros.

Gracias por ser como sois.

Gracias por dejarme ser.

Os quiero con la vida.


Jorge Juan García Insua


https://youtu.be/kp1DlW81n7I