En una semana extraña para mi llegué a una Diada de Sant Jordi lleno de señales que me empujan a pensar.
El día empezó muy temprano y a la hora de las brujas recibí un regalo… un libro, pero no una cualquiera, un libro en blanco.
Hace algunos años escribí que no hay nada tan apasionante y a la vez tan poderoso como un libro en blanco, porque pocas veces en la vida nos tomamos el tiempo para pensar en cómo queremos llenar esas páginas para que si algún día alguien llegara a leerlo entienda que lo que lee fue algo tan auténtico que sólo se da una vez en la vida. Este es muy especial por lo que significa y más especial por quién me lo regala.
Y me resulta maravilloso que llegue en un momento de mi vida dónde he dicho que No a muchas cosas y a cambio no dejan de abrirse puertas y recoger cariño y gratitud.
Tenerlo entre mis manos y sentir el miedo a comenzarlo, a no estar a la altura, a perderlo, a no dejarme nada, a que se me acaben las hojas… y en cambio ansioso por comenzarlo y dejar plasmados en él imágenes , instantes y sobre todo momentos… porque la vida y este libro no necesita grandes historias pero sí vidas de abrazos cruzados, maravillosos momentos y pequeños detalles… de esos que sólo se viven una vez y se comparten para siempre.
A veces hay metáforas que sobrepasan la fuerza de las palabras y a media mañana viví una de ellas.
Me pican a la puerta y al abrir me encuentro con una joven adolescente a la que acompaño en sus procesos que, sin esperarla ni esperarlo, me regala una rosa…
Déjame confesar que me deja sin palabras el hecho de que hayas venido hasta mi casa (y te hayas saltado alguna clase…) sólo para felicitarme y regalarme una rosa, pero más aún (si eso puede ser) que al entregármela me digas que no crees que “haya un Jordi que se la merezca más que tú, que luchas día tras día con tantos monstruos y dragones, los míos y los de muchos otros”.
Me emocionaste, me llenaste de lágrimas y me dejaste sin palabras así que lo que te quería decir te lo dije con un abrazo.
Gracias de corazón por esta rosa de reconocimiento, por confiar en mi y gracias por responder con un acto tan bonito a todas las dudas de estos días.
Me hiciste sentir muy orgulloso de lo que hago y de lo que soy. Regalos así no tienen precio. Hacen falta días de dudas para darte cuenta de lo bonitos que son el resto… este fue uno de estos últimos.
La vida está llena de señales, que aparecen ante nosotros, en forma de casualidad insistente que nos recuerda cuál es el camino y que para todo hay una razón si sabemos ver con la mirada adecuada.
Con total seguridad no te mereces el tiempo que te voy a dedicar, pero ante la agresividad más cobarde de lo oculto y las palabras necias he decidido darle luz y espacio a todo lo que representas y de lo que desde que tengo conciencia he renegado.
Dudaba de por dónde comenzar…
Me cuesta entender y mira que me dedico a esto, cómo en tu ceguera mental llegaste a pensar que amenazándome dejaría de atender a alguien, aún menos que pensaras que lo dejaría de hacer, por el hecho de que quien me lo pida sea homosexual.
Una llamada oculta, un mensaje obsceno. Otra, me insultas. Otra, me amenazas con cualquier aberración que en ese momento se te pase por la cabeza… y así 14 días, de momento… reconozco que tienes un amplio surtido de barbaridades.
Y lo haces llamándome y soltando entre tus lindeces cosas como que si lo ayudo, si atiendo a su petición y hago lo que sé hacer me convertiré en gay o según tú en algo peor como maricón. Y ante el poco efecto que ves que me producen tus ocultas llamadas y tus amenazas no se te ocurre otra cosa que insistir e insistir, supongo que alentado por la incomprensible esperanza de que acabarás por amedentrarme.
Ya que llevo tantos días aguantándote me he ganado el derecho a dar mi opinión, por si quieres leerla. Aunque honestamente dudo que lo hagas. Desde el momento que aprovechas un foto mía maquillado para insultarme y soltar toda tu rabia y rencor sobre mi doy por hecho que no llegaste a leer dos lineas de aquella publicación de mi Blog y que no has entendido nada.
Aún no entiendo que creas que acompaño y ayudo “a un enfermo”. Igual aún no te has dado cuenta y siento ser yo quien te lo aclare pero la homosexualidad dejo de ser considerada enfermedad hace más de 40 años y además fue la primera vez que un criterio científico se tomaba no por evidencias científicas, que las había, sino por la enorme presión social que existía… tan enorme como tu cueva.
La homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia sí. Y ya puestos diré no me necesita por su sexualidad sino por lo duro que puede llegar a ser vivir entre energúmenos como tú. Ahí, a su lado y en el de todos los que hace siglos salimos de la cueva me encontrarás siempre. En contra de cualquier forma de acoso e intolerancia y desde el respeto y la dignidad.
A mi no se ocurriría nunca preguntar a nadie que me pide ayuda por su sexualidad, su religión, origen, tendencia política… mi trabajo no entiende de intolerancias ni fanatismos y yo tampoco.
Si ser su psicoterapeuta me convierte en maricón deberías plantearte en las siguientes llamadas llamarme negro, cabrón, médico, barrendero, abogada, dependienta, encargada, ejecutivo, payaso, contable, nadadora, entrenadora personal, puta, chulo de barrio, taxista, comercial, gerente, profesor, atleta, policía, arquitecto, autista, maltratada, infantil, Peter Pan, coach, adolescente, ansioso, divagador, telefonista, madre, gamberro, raro…
…. porque el problema, el tuyo, no es él ni mucho menos su orientación sexual. Soy yo y lo que ves en mi que tanto te molesta, te duele y te lleva hacia un camino de miedo, ira y rabia. Y todo eso sin conocerme…
Perfecto, si es así sigue haciéndolo. Porque su camino, como el de todos esos que te he puesto, está lleno de inicios y en el tuyo sólo atisbo a ver un final tan oscuro como la cueva dónde habitas.
Hace ya algunos años adquirí el compromiso ante un maravilloso grupo de personas (mi querido Sistema) de intentar dar lo mejor de mi y acompañar a otros de todas las formas que me fuera posible para avanzar, superar problemas, vivir con cargas o sin ellas, con la cabeza alta, con mirada limpia, sin prejuicios ni barreras … y por encima de todo esforzarme en ser ejemplo para mis hijos y aquellos que me importan y me quieren. Hacerlo y seguir haciéndolo implica ser fiel a mis valores, a aquello que desde pequeño me han enseñado tantas y tantas personas importantes en mi vida y que los años me han demostrado que no estaban equivocados.
No mereces ser tú por quién los traicione, ni a ellos ni a mismo. Sé que de seguir así seguiré durmiendo tranquilo a pesar de tus amenazas pero también tengo la absoluta seguridad que no podría conciliar el sueño si dejo de ser quien soy. Mientras yo duermo eres tú el que se despierta de noche sudando envuelto en sus propias tinieblas. Esa es tu decisión, la mia la tomé hace ya mucho.
Así que…
Lo siento por ti. Sí, lo siento mucho y de lo digo de corazón. Pero no sé si siento más que me amenace un cobarte tan vacío o me duele pensar cómo y cuánto debe sufrir alguien con tanto miedo que sólo sabe expresarlo amenazándome, a mí y a aquello que represento.
Llegados a este punto déjame que te aclare algo. Defectos tengo a puñados, más de lo que podrías coger con las manos, me he equivocado más de lo puedas imaginar pero tarde o temprano entenderás que no me moverás de mis valores por más que sigas. Esa batalla la tenías perdida antes de comenzarla.
Tengo demasiadas personas y cosas que me importan y me dan la vida como para preocuparme por ti. Puedes seguir y perder el tiempo o llamarme y decirme qué puedo hacer ti.
Tú decides, de ti depende. Yo lo tengo claro. Siempre lo he tenido. No cambiaré y no será tu intolerancia la que me haga cambiar.
Ahora ya sabes a quién estás amenazando y lo que puedes hacer si quieres salir y dejar atrás eso que tanto te consume.
La homosexualidad existe en más de 500 especies… la homofobia sólo en una. En la tuya, que no es la mía.
Hace un par de meses recibí un mensaje como respuesta a publicar «Todos tus días mis 14 de febrero» que me sonó a crítica y que decía…
» El #Psicologia no lo relaciono con el artículo, no se parece el aporte del mismo a la Psicologia. Lo poco que puedo inferir es el divague mental del autor»
Tengo la costumbre de contestar a todos los comentarios que recibo, me siento en la placentera obligación de hacerlo con quienes dedican unos minutos a leerme, pero reconozco que en este caso no lo hice. Lo dejé marcado porque pensé que no debía contestar en caliente, que se merecía una reflexión porque posiblemente era una de la muchas personas que podían pensar lo mismo. Además eras mi primera crítica y lo hacías sobre uno de los post que más me identifican.
Hoy mientras contestaba a mensajes me he vuelto a encontrar con este y me ha hecho pensar…
… Sí, tienes razón en una cosa… divago… me declaro de profesión divagador mental. Y debe ser que me hago mayor o porque cada vez me queda menos vergüenza pero le estoy cogiendo gustillo.
Déjame que comparta algo contigo. Hay una concepción muy equivocada de la psicología. La mayoría de personas creen que la psicología y los psicólogos nos dedicamos a tratar sólo trastornos mentales e incluso que un psicólogo no puede tener momentos «de bajón», de duda… y se nos percibe algo así como seres imperfectamente perfectos. La verdad es que hay muy poco de eso, te lo dice el psicólogo más imperfecto de todos y poco de perfecto encontrarás al menos en mi.
Hay algo que sí sé que es verdad y que ademas vivo a diario. No podría decirte un porcentaje exacto pero te aseguro que de los centenares de procesos dónde he acompañado a otras personas tanto desde la psicoterapia como desde el Coaching en muy pocos (muy muy pocos) no ha aparecido el Amor, así com mayúscula, en cualquiera de sus formas y objetos de deseo.
Y aunque algunos lleguen disfrazados de los que las personas llaman «pajas mentales» y nuestra mente busque y se pierda en caminos para negarlo o disfrazarlo esos motivos que los acaban acercando a mi son fruto de emociones, sentimientos y amor… lo es porque difícilmente somos y nos reconocemos sin él, y cuando lo sufrimos, nos falta o nos hace daño sufrimos como pocas cosas pueden doler.
Lo sentimos de forma tan intensa que nos empuja a hacer y dejar de hacer, nos llega desde el más bonito de los sueños hasta la más amarga de las realidades, tanto que nos es difícil soportarlo, entenderlo y aceptarlo… Y esto es psicología y es vida.
He tenido el regalo de escuchar y compartir historias de amor adolescente, inquieto, rabioso e impulsivo y lleno de miedo, historias donde los años no han podido apagar la llama, dónde la muerte solo ha podido fortalecer los lazos y vivir de recuerdos, historias eternas que han durado unas horas y algunas imposibles que han atormentado todo una vida.
Psicología es reír sin saber por qué, llorar de felicidad y por necesidad cuando explotas en lágrimas hasta quedarte vacío, soñar despierto y ver la realidad desde las nubes, respirar profundamente y sentir que estás vivo. Hay psicología en las miradas, en los besos y en los abrazos y no puedes imaginarte las posibilidades de curación que tiene coger la mano a alguien que te importa.
Psicología es vivir sabiendo que el camino nunca sigue la senda que esperabas y que nuestro lugar está donde nos sentimos y sentimos que nos dejan sentir. Es miedo, dudas, batallas interiores, comprensión, inspiración, consciencia, aceptación, amor por uno mismo y hacia los demás.
De eso escribo. Soy persona, me considero humano y sí, soy psicólogo (entre muchas otras cosas). Pero mi formación no me define ni define este Blog, lo que me define es mi mirada y cómo siento a través de ella. Y si me has leído, aunque no me hayas conocido en persona y a nivel personal, habrás visto que desnudarme no siempre es fácil (para mí tampoco) y que según van avanzando las publicaciones irremediablemente voy abriendo puertas y ventanas que hasta entonces estaban cerradas para mi y para la mayoría de personas con las que comparto y he compartido momentos y cuánto más me desnudo, más hablo de Amor.
Así que cómo ya habrás visto a estas alturas tengo la plena intención de seguir haciéndolo y tal vez no te haya resultado interesante pero para mí el sólo hecho de estar escribiendo sobre la relación entre la psicología y el amor ya me parece un regalo. Sólo pretendía explicarme, seguir abriendo los ojos ante todo y sobre todo darte las gracias, por leerme, por dedicar unos minutos de tu tiempo a escribrirme… ah! y por «provocarme» un post.
El camino a veces tiene sentidos opuestos, pero incluso en ese instante se dan cuenta de que tienen un punto de encuentro. Este ha sido el nuestro.
Un abrazo,
Jorge Juan García Insua
«La mente puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo»-Seligman
–Jorge! Te acuerdas cómo me felicitabas en las sesiones? Hoy me han felicitado y casi han repetido tus palabras! Cómo me he acordado de ti!
Hacia tiempo que no sabía nada de ti y no te imaginas como me ha gustado recibir tu mensaje.
Algo que aprendí en mi formación como psicólogo y luego trabajé en la de Coach fue a hacer consciente a la persona que tengo delante del valor y la importancia de cada uno de los pequeños pasos y logros que consiguen dar. Y desde entonces es uno de los momentos mágicos que tiene una sesión y que luego repasamos en la sesión de cierre. Cuando nos reconocen crecemos emocionalmente y esto tiene un valor inmenso.
En situaciones donde estamos pasando por momentos emocionalmente difíciles y dolorosos acostumbramos a centrarnos en todo lo que hacemos mal o que nos hace daño y en cambio, nos cuesta reconocer nuestros propios logros y valorar cuánto esfuerzo nos llevó conseguirlos. Acompañar en ese proceso y reconocer a la otra persona la importancia de ese esfuerzo y del logro alcanzado permite mirar al futuro con confianza, autoestima y con la seguridad de que podemos conseguir nuestras metas cuando nos centramos en ellas.
Cuando haces ese reconocimiento de forma sincera y con la gratitud de quien comparte algo tan intimo contigo, la persona que tienes delante encuentra la confianza y la fuerza en las experiencias del pasado donde ya demostró que era capaz. Y entonces sencillamente brilla y hace brillar porque sólo es grande en la vida quién sabe vivir siendo pequeño.
Él dio durante varias semanas un paso tras otro, siempre avanzando, superando limitaciones, miedos y aceptando que errores cometemos todos pero lo que nos hace grande es cómo los reconocemos y aprendemos de ellos, aunque a veces esto nos lleve tiempo.
Demasiadas veces le habían inculcado e insistido en lo “malo” y a pesar de quererlo con el alma no habían sabido reforzar todo lo bueno que había en él… hasta que la maldita ansiedad dio la voz de alarma y llegó a mi.
Al finalizar la última sesión hizo algo especial. Sentado frente a mi sacó un pañuelo de su bolsillo y al abrirlo había un trozo de lazo rojo, el mismo que utilice en la segunda sesión para regalarle una pulsera que anclara sus esfuerzos, sus mejoras y le recordara cuando lo necesitara todo bueno que hay en él.
– Jorge me gustaría dártelo para que cuando lo necesites recuerdes todo lo bueno que hay en ti y todo lo que has hecho por mi y por muchos otros. -Y escuchándolo sentí que el «niño» era adulto y que los últimos coletazos de la adolescencia estaban entre aquel pañuelo de papel.
Ninguno de los dos pudo evitar emocionarse, le di las gracias con los ojos llorosos por compartir algo tan bonito conmigo y le dije que me entregaba un lazo infinitamente más valioso que el que yo le había dado porque éste que ahora yo tenía dentro la lección más hermosa que un todavía adolescente estaba dando a quien le había acompañado en sesión durante varios meses. Recuerdo cómo nos despedimos con un Shimura Sinpachi y un abrazo.
Hoy uno de mis hijos ha abierto el cajón donde lo guardaba y al preguntarme le he hablado de ti y de lo que significa ese lazo… para ti y sobretodo para mi. A estas alturas empiezan a entender que detrás de todo lazo hay una historia. Durante unos segundos me lo he puesto para sentirlo y conectar con él, contigo, dejándolo luego en el comedor, a la vista… hasta que el corazón me diga que debo volver a guardarlo.
Hoy me has recordado lo bueno que hay en mi. Coger el lazo y recordar tus sesiones me ha estremecido y ha reforzado los pasos que quiero dar y hacia dónde dirigirme. Tú y yo hemos conectado en el momento y lugar apropiado… para enseñarme…como debe ser… como siempre sucede.
La vida es un rompecabezas donde no siempre las piezas encajan a la primera pero todas tienen su lugar y por qué. Gracias por recordármelo y reforzarme… y gracias por mantener nuestro lazo.
Jorge Juan García Insua
Shimura Sinpachi: “Si no dejas de mirar atras, tropezarás cada vez que intentes avanzar hacia delante”
La primera vez que me llamaste me dijiste que eras raro y que te habían dicho que era casi tan raro como tú y cuando aquella noche descolgué a tu llamada:
–Eres Jorge?
-Sí, soy yo
–El psicólogo y Coach?
-Sí… al menos coincide con el Jorge al que estás llamando
–Hola, A me ha dado tu teléfono… quiero que me ayudes a morir en paz conmigo mismo…
En nuestra primeras sesiones recorriste el difícil camino de la negación. Te agarrabas a ella porque creías que te «protegía» y evitaba tener que aceptar decisiones y te permitía seguir evitando relaciones. Al mismo tiempo te aterrorizaba irte sin resolver esos temas que te quitaban el sueño y la vida.
Recorrimos ese camino juntos mientras superabas el temor a fallarte a ti mismo y paso a paso fuiste soltando lastres hasta encontrar las respuestas a qué querías y qué necesitabas hacer para poder ir «en paz» cuando llegara el momento, pero «sin prisas» como sueles decir.
Así acabo tu primer proceso.
Hoy querías empezar un segundo y me pediste que lo comenzáramos en el hospital, porque no querías retrasarlo y porque una sesión conmigo te ayudaría a romper la lenta dinámica del día de día. Esta vez estabas muy centrado y con las ideas muy claras de lo que querías conseguir.
Vernos y conectar de nuevo ha sido muy fácil, cómo si no hubieran pasado semanas desde la última vez y me has dicho que esta vez querías trabajar la culpa y el sentimiento de que que puedas morir sin haber tenido algunas conversaciones que para ti son necesarias, que te atormentan unas y temes otras, y que llegado este momento no sabes cómo enfocarlas o si conseguirán lo que pretendes.
Al hacer este tipo de sesiones habitualmente me encuentro que la persona que está en fase terminal de un enfermedad tiende a aislarse y apartarse de las personas con las que ha convivido o relacionado según la muerte se acerca. En tu caso en lugar de desconectarte haces todo lo contrario, y necesitas reconectarte con esas partes de tu vida que durante años crees que no has atendido o que no has estado a la altura. Hoy has tomado conciencia que cada vez que te conectas con uno de esos «pendientes» te recolectas con una parte de ti que mantenías oculta y silenciada.
Ha sido una sesión llena de pasos y emoción donde has recorrido caminos y decidido no rehuirlos y recorrerlos con seguridad y esta vez sí con la cabeza alta. Para mí ha sido un lujo caminar hoy contigo y todo un aprendizaje.
Al finalizarla han pasado cosas en forma regalo…. Te he preguntado cómo querías acabarla y me has dicho que en silencio y con un abrazo. Así que en silencio nos hemos levantado y mientras nos abrazábamos miraba por la ventana de tu habitación… y no he podido evitar que mi mente se clavara en el recuerdo… planta quinta del hospital… demasiadas cosas han sucedido en esa planta que pertenecen a mi propia historia y cómo todo eso conectaba ahora con la tuya.
Sé que lo has notado, lo sé porque has hecho más fuerte tu abrazo. Y con el mismo silencio te he dado las gracias, de corazón, por abrazarme y reconfortarme.
Y cuando has sentido que los dos estábamos preparados me has hablado…
–Sabes Jorge… sigo pensando que me cobras muy poco
-Bueno… hasta donde sé creo que aún no te he cobrado nunca y que siempre te he insistido antes de vernos cada vez que eso es algo no tengo intención alguna de cambiar. Hay momentos en esta vida a los que no podemos poner precio, tus sesiones considero son una de ellos
–Por eso… eso es demasiado barato. Piensa que si no lo haces ahora una vez muerto y sabiendo lo que sabes sobre mis herederos tal vez no cobres nunca
Le sonreí y nos reímos mientras nos abrazamos de nuevo… y he replicado…
-Sabes mis padres me enseñaron a no vivir de herencias y no haré una excepción con la tuya
–Y no te dijeron de qué podías vivir?
-De aquello que hiciera bien… y en esa búsqueda estamos…
Me ha dado la mano con firmeza y me miro asistiendo con la mirada.
–Tenían razón cuando me dijeron que eras más raro que yo…
-Eso viniendo de ti es el mejor de los cumplidos que alguien puede decir de mi
–Me alegro mucho de haberte conocido justo en esta fase de mi vida, o de lo que me queda de ella. Y mira que no sé bien bien cómo haces eso que haces ni lo que eres
-Hace poco me dijeron que “somos lo que creemos y defendemos”, espero algún día estar a la altura para decir algo así y de sea lo que puedas decir de mi
–Ya lo estás… a mi me echarían de ese club! A ti deberían hacerte Presidente!
Y nos volvimos a abrazar.
–Nos estamos poniendo tiernos “doctor”… y mira que está quedando grabado…
-Sabes que puedo pararlo cuando tú quieras…
–No! No, así puedes luego escribir sobre ello… -riendo escandalosamente. Pero eso sí, si lo haces llámame M, no quisiera aqui una fila de fans asaltando la habitación..
-Intentaré recoger el guante…
–Te seguiré insistiendo… lo de pagar
-Lo sé. Y sabes que siempre te daré la misma respuesta. Pero sí te pido algo…
–Tu dirás
-Todavia no es un buen día para morir
Se rio y me disparó con el dedo mientras se acomodaba en la silla.
–Muy bien «doctor», pero no me lo pidas muchas veces más, no quisiera faltar a mi palabra.
-Piensa en cuantas veces en tus sesiones aparece la muerte y en cambio cuántas y cuantas hablas de vida…
–Coño Jorge! Es verdad! Ves como eres raro
Tiempo atrás tomé conciencia que era muy afortunado de poder vivir tres vidas y de sería muy tonto no aprovechar esta y esperar a una cuarta, pero desde que acompañó a M en su proceso y acabo una sesión pienso que cada hora que pasa conmigo me regala una más.
Y ese M es el motivo por el que no puedo cobrarte… ¿Qué debería yo pagarte a cambio? ¿Cuál es el precio de una hora de tu vida? ¿Cuál es el precio de lo que me llevo?
Ni en 1000 vidas tendré suficiente para pagarte.
Ahora ya lo sabes el por qué.
Y sé que harás lo imposible para cumplir tu palabra. La vida se juega siempre en campo contrario, y si te atreves a jugarle de tú a tú y resistir, tal vez no ganarás, pero tendrás siempre la posibilidad de empatar… y hay empates con sabor a victoria.
Alguna vez ha escuchado una canción y has pensado en mi? Has cerrado los ojos y te has emborrachado de promesas? Alguna vez te han entrado ganas locas de llamarme a medianoche y decirme que sueñas mi nombre? Has notado las manos llenas soñando tocarme los labios? Te has despertado escuchándome hablar a tu Estrella? Has notado la habitación llena de susurrarte tanto? Y has notado cómo te lleno los labios? Cómo el silencio se llena de sonrisas y pasan muchas muchas horas…
Has soñado imaginando que estamos?
Estar. Estamos, sí. Estar contigo, para ti siempre estado
Mis hojas ya no están nunca en blanco
Las horas se pasan volando
Te veo y nunca hay prisa
No lo sabía, no lo sabia ver Que acabaría sin dejar de pensar en ti
Soñaba despierto y te sentía entre el sueño y la realidad… allí donde viven lo ángeles.
Tan despierto como dormido he comenzado a recorrer tu espalda con mis labios, protegido por las sábanas me he dejado llevar y comenzado a escribir en ella.
Suavemente dejo caer la yema de mis dedos, escribiendo esas mismas palabras que una y otra vez no puedo evitar decirte y por cada punto un beso, una huella que sella y sólo tú puedes entender.
Qué fácil es escribir en tu piel… sólo he de seguir la linea que han dejado mis besos.
Tu cuerpo es como un libro con una gema preciosa en la portada y cada una de las páginas que tengo delante una oportunidad para soñar, reír, llorar, escribir, dibujar, revelar deseos, jugar con realidades imposibles, querer, amar y ser amada… tu libro es mi mundo, el que lleva tu nombre y dónde eres la absoluta protagonista.
Déjame susurrarte que no habrá nunca lectura más interesante que la que habla de ti… esas que te atrapan y no puedes dejar de leer, que te dejan las noches en vela y pasas las páginas con avidez y donde cada palabra acaba formando parte de ti.
Déjame soñar con su lectura y releerla cada mañana, en cada despertar añadir nuevas y extrañas palabras, esas que antaño nos daba vergüenza decir y que no puedo esperar a pronunciar y dedicártelas a ti.
Para ti.
Déjame intentar con todo el alma ser culpable de dejarlas grabadas, poner voz al corazón y acostarme contigo para soñarte de cerca.
Y ahora deja que pare el tiempo, que se pare aquí, que tus páginas me hablen …nos quedan tantas cosas por decir y me muero de ganas de saber que nos depara el siguiente capítulo…
Pasé la mano por su mejilla, deslizando los dedos casi sin tocarla, sin dejar de sentirla…
-Nadie me había mirado nunca así…
-No quiero incomodarte pero no sabría mirarte de otra forma. Mirar es una cosa, mirarte a ti es diferente y la forma en que miramos demuestra el corazón que tenemos…
– Entonces el tuyo…
– Sssssshhh… el mío hace mucho te pertenece y en silencio te late tan fuerte que incluso en la distancia escuchas lo que te siento
Si pudieras verte como te veo entenderías todo, lo verías todo, mirarías todo. Si me dieran el regalo de un último deseo sería mirarte. Sin que sepas que lo hago, a hurtadillas, a escondidas, inalcanzable, hermosa, buscándote a ciegas y con los ojos cerrados, a oscuras y sin dejar de mirarte.
Mirar mirándote. Así. Con paciente silencio. Me llaman loco porque no entienden que las miradas hablen en silencio y la locura está en mirarte y dejar que mis pupilas hablen por si mismas. No lo entienden y yo no sé explicarlo…. sólo mirarte… para que me hagas subir y luego bajar, subir, bajar, subir, bajar…
Miradas hacia atrás que me llevan hacia delante. ¡Qué más da lo que significa! Es lo que tú sientes al sentirte mirada y mimada de mirante mirada. ¿Dónde van las miradas de ojos cerrados? A tu mirada, donde tú miras, mirándote mirar. Robabas miradas y se cruzaron las nuestras.
-Me gusta la forma en que la que me haces mirar mirarte
-Me gusta que me mires y al mismo tiempo me da miedo que dejes de hacerlo
-No podría… nunca… no se trata de tenerte delante de mis ojos sino de que quieras seguir dentro de ellos.
Deseo incontrolable de… basorexia lo llaman, eso es que todavía no te han mirado como mirada yo no puedo dejar de hacer. Compulsiva, enfermiza… y pensar que todo empezó con una mirada de mirar mirarte…
Y te miro mirándote respirando miradas para hacerte compañía y perderme en tu horizonte. Para grabarte mientras duermes con oculta mirada, bonita y serena sin fin. Para dejarte una nota que leas cuando despiertes… “amor, estoy aquí viviendo tu mirada y nunca habrán suficientes noches en una vida para vivirla mirándote”.
Mirarte cerquita, con calor. Mírate con cariño, besarte con la mirada, notar su sabor y prendarme de tu mirada cuando dices que hueles a mi. Mirada mirado de Here comes the sun (tu tu ru ru) hasta Let it be…
-El regalo de esta medianoche es mirar tu mirada y mirarme mirado en ella.
Suena el teléfono. Domingo media tarde. El número es familiar y contesto.
-Necesito que me ayudes, no puedo más. Quiero enviarte a mi hija y que haga terapia contigo.
-Quieres enviarme… estoy entendiendo que no es ella la que te ha pedido venir, de hecho, por la forma en que me lo dices me atrevo a decir que ella no sabe que quieres que venga
–No, no… aún no se lo he dicho Jorge. Es que quería hablar contigo antes y ver qué pensabas tú de todo…
-Y qué es todo?
–Discutimos todo el día Jorge. Todo lo que le digo le sienta mal, me dice que no la entiendo y cada día peor. El otro día hasta me gritó… y luego es super cariñosa, viene, me abraza… pero cuando tengo que corregirla o decirle cosas que quiero que haga, o que no las haga, no escucha, no quiere escuchar y ahí chocamos.
-Tu hija tiene 16 años verdad?
-Sí, cumplió los 16 en enero y no veo el momento de que pase la adolescencia, cada año vamos a peor
-Además de esos «choques» que tiene contigo, y que recuerdo me habías dicho que tenía también con su hermana pequeña, hay algún otro problema de comportamiento que te preocupe… en el colegio? Con tu pareja? Con sus abuelos?
–En el cole va bien, no saca sobresalientes pero va bien… iría mejor si no fuera por algún «amigo» y que está todo el día con el móvil Jorge. Alguna vez ha chocado con mi madre pero es por lo mismo, cuando la intenta corregir o le dice lo que debe hacer, en el fondo adora a su abuela.
-Entonces, qué esperas de mí exactamente?
-Que la hagas razonar. Tú seguro que puedes hablar con ella y hacerle entrar en razón, que entienda que lo hago por su bien, que me preocupo por ella…
-Cómo crees que yo podría conseguir eso?
-Jorge tú sabes comunicarte con cualquiera, lo que hiciste conmigo pues ahora con ella. Ella te escuchará seguro. A mí me escuchaste y me ayudaste mucho.
-Me estás pidiendo que me siente con tu hija y que la escuche. Es eso?
-Bueno… sí, eso y eso que haces… ya me entiendes
-Déjame que te haga una pregunta… Has intentado estar a su lado y escucharla?
–Sí claro.
-Recuerdo una sesión donde hablamos de por qué nuestra relación como Coach y Clienta funcionaba. Te acuerdas que desde el primer día te dije que aquel era tu espacio y que en mi siempre encontrarías al alguien dispuesto a escuchar, sin juicios ni prejuicios, que desde el momento que entrabas por la puerta estaría para tí hasta que salieras
-Sí, claro. Eso creo que le irá muy bien a mi hija
-Qué te impide hacerlo tú?
Silencio. Un largo silencio…
Colgar y venirme a la cabeza esa frase que dice que «La adolescencia es esa fase donde el niño se da cuenta de que todos lo adultos son imperfectos». No conozco a ningún padre que no haya tenido miedo de la adolescencia de sus hijos e incluso en alguna ocasión me reconozco entre ellos. Y no conozco a ningún niño o adolescente en el que no haya visto una cualidad que lo haga especial. Siempre hay un lado bueno, siempre. Algo que lo hace especial, que lo diferencia y que supone una oportunidad para reconectar con él, para hablar bien de él , para sentirse orgulloso, para regalarle tiempo y ofrecerle el que necesite. Ese que nos empeñamos en malgastar en cosas con infinito menos valor, para ellos y sobre todo para nosotros.
Y para compartir ese tiempo la única condición es escuchar desde el amor, desde una postura real de empatía. les pedimos que entienda un punto de vista adulto para el que todavía no están preparados y al hacerlo no nos damos cuenta de que insistir en esa via perdemos la oportunidad de conocerlos desde su mundo y peculiar forma de ver el mundo que les rodea, esa que nosotros estamos perdiendo a pasos agigantados.
Nos excusamos diciendo que queremos protegerlos del mundo y somos nosotros los que tenemos miedo de lo que hay ahí fuera. No ellos. Ahí nacen y se alimentan muchas de nuestras barreras, en nuestros miedos y en nuestra pérdida de capacidad para hablar desde la misma naturalidad y franqueza que lo hacen ellos.
Tal vez esas dificultades para conectar con el hijo en plena adolescencia no son muy diferentes de las que los padres pueden tener en otros ámbitos del día a día, y al contrario, ofrecen una impagable oportunidad para demostrarnos cómo de preparados estamos para escuchar dejando atrás prejuicios y respuestas preconcebidas.
Esa malentendida independencia a la que aspira todo adolescente y que trae tan de cabeza a la mayoría de padres puede verse como una amenaza a la pérdida de esa adorable etapa infantil o como una maravillosa oportunidad de crear una relación de confianza, cariño y respeto que les refuerza el adulto que un día serán.
Y no, su hija no será clienta mía. Y no, su madre tampoco lo volverá a ser. Pero cuando nos despedíamos me has dicho que desde un día de verano que le enviaste una publicación mía ella me lee y en alguna ocasión algo escrito por mi había sido tema de conversación.
Así que con todo mi cariño no os sorprenderá que me haya dejado llevar y me haya puesto a escribir. Tal vez con un poco de suerte mañana esas líneas os inviten a seguir conversando…
Sólo déjame hacerte un comentario final… tienes razón y si todo lo atiendo y hago así no me haré rico, pero momentos y conversaciones como la de esta tarde no tienen precio.
Me importas. Lo sabes, lo sientes. Bonita, tan bonita, eres tan bonita… despiertas y das vida a mi lado embaucador, ese que le apellidas zalamero y que es el reflejo de mi locura y de mi mejor recuerdo, ese que un día otro, y otro más dejas tú.
Me he creído inquebrantable y al tocarme has visto emociones a flor de piel. Así soy. Soy un ser extraño cada vez más lejos de lo que fui y más cerca de ti. Miedo, no lo tengas. Sueña, sueña y hazlo conmigo, junto a mi y no me iré. No podría, no quiero, no sabría. Aún intentándolo sé que a tu lado se quedaría mi sombra, mi alma y lo mejor de mi… cegada y sorprendida de lo que me haces sentir.
No todos podemos ser locos
hay que ganárselo, merecerlo
provocarlo y compartirlo
mi locura es tan sagrada
como lo que siento por ti
Tu aparente fragilidad es refugio para mi inseguridad. Te miro. Bonita, tan bonita. Mi debilidad. Me falta sentido para aguantar tus pupilas, esas que esconden un ángel que deseo abrazado a mi cuerpo, que susurre buscando calor acariciando hasta llegar al corazón. Emociones siempre a flor de piel, ni llaves ni candados, piel sólo piel.
Me gusta que me abraces
Sin preguntarte por qué
Todavía escondo un niño
Ese que te quiere bajo la manta
Para llenarte de historias
Acerca de caricias a escondidas
Despiertas emociones en mi que creí olvidadas, bonitas, tan bonitas como tú. Cada persona que he conocido me ha hecho quién soy, cada decisión que he tomado me ha guiado hasta aquí… junto a ti y en el reflejo en tus ojos me veo en el camino, me veo a ti y a mi.
Me importas como para avisarte que estoy en periodo de prueba y tendrás que decidir. Piénsalo bien antes de llegar a confundir dónde empiezo yo y acabas tú, porque yo ya no sé ver la línea y he dejado de pensar con claridad excepto cuando pienso en ti. No apuestes por mi si te asusta, hazlo si remueve, ve con todo, no te dejes nada. Hazlo por todos los días que se llenan de emoción y todos los te quiero que sueñes caben en una relación.
Culpable, soy culpable. Te intentas convencer de que te enseño sueños que creías no existir pero sólo te muestro aquello que soñaste antes que yo. Culpable? De soñarlos tan fuerte como tú. De convencerte que la altura nunca es tan grande cuando ya has saltado, que el vértigo desaparece cuando abres los brazos y que no existe destino capaz de hacerte daño cuando cierras los ojos y eres feliz.
Bonita, tan bonita
mi instante favorito
mi pensamiento recurrente
bajaré una tímida sonrisa
para pediré permiso
permiso …
para cogerte la mano
Y regalarte la sonrisa
Esa que tú ya has visto
Y decirte que regalos
Ninguno como haberte conocido
No es cierto
Que sepa escribir
Sé que cuesta entender
Tus ojos dictan las palabras
Mis dedos tipografía al corazón
Es tu piel la que despierta emociones
Que envía a mi estado mental
Bonita, más bonita, tan bonita… Deja que te diga… que te diga… que te diga que te…
Crees que se puede tocar el corazón de las personas? Tú podrías…
Me dijo bajando el tono…
Y con el mismo tono la cogí la mano y…
Sí, creo que se puede tocar el corazón de las personas. Sólo has de recordar no dar el primer paso sin antes pedir permiso, si te lo dan, si te hacen ese regalo, no lo toques sin abrir y ofrecer al mismo tiempo el tuyo. Y cuando lo toques hazlo con todo el cariño y cuidado que se merece.
Has tenido alguna vez la sensación de encontrarte con la persona que aún con lo ojos cerrados sientes su presencia? Te has sentido alguna vez enamorada sin haberlo visto y has tenido miedo del primer encuentro? Alguna vez has cogido una mano y has deseado que ese instante fuera para siempre?
Alguna vez te has saltado todo para poder estar junto a él? Te llevaste el recuerdo de minutos intensos? Te has sentido viva al irte a dormir preguntándote si ha sido real?
Alguna vez te sucedió que no hizo falta prometer una segunda vez? Te hubieras quedado allí de pie abrazada? Olvidaste por instantes cuándo habías tocado fondo y te perdiste en sus labios? Has podido olvidar aquel primer beso? Qué sientes cuándo lo recuerdas?
Te has despertado pensando por qué te estaba pasando a ti? Te está pasando a ti? Has mirado tu habitación todavía desordenada mientras tienes una bonita sonrisa reveladora… la que te regaló él? Tal vez has pensado en alejarte y no te han hecho caso los pies? Puedes recordar el sabor de su sonrisa?
El silencio, un beso y una sonrisa, pon el orden que quieras o deja que se desordenen entre ellos… eso pasa cuándo tocas un corazón y te lo dejas tocar. No lo puedes controlar. No se puede controlar. Ni dejar de tocar. Y cuando amas de corazón no necesitas tocar ni ser tocado.
Me cuesta reconocerlo. Sé que llevas días avisándome y que se acerca el día, el momento del último km.
Pero me cuesta y se me hace difícil dar el paso porque llevas tanto conmigo, sabes tanto de mi y de los km recorridos que va a ser como si me faltara algo y no me apetece comenzar de nuevo, ya no me acuerdo de cómo se empieza de nuevo…
Me decían que no servías para esto, que no eras la mejor opción ni para un corredor ni para un supinador «algo» cabezota, pero por encima de todo eso me pudo mi alma romántica y reconozco que me enamoraste desde el primer momento y siempre has estado ahí. 500…600… 700… 800 km o más… perdí la cuenta hace mucho. Hemos compartido madrugones, horas de falta de sueño, canciones… muchas canciones, confidencias, lágrimas y un sin fin de molestias y dolores, días de barro y agua pero siempre volvías a estar dispuesta a seguir la aventura.
Pocas han visto en mi tantos cambios como tú. Me conociste cuando aún salía para demostrarme que mi cuerpo todavía podía llegar más allá y buscaba saber dónde estaba su límite. Sólo tú sabes hasta dónde llegué en su búsqueda. Has vivido conmigo pájaras monumentales por sentirme Dios y no querer controlar el ritmo, descenso a los infiernos cuando el viento y los km se te ponen en contra, vómitos cuando tus piernas no dan para más y te falta el aliento… Comenzar sabiendo que te llevaba en los pies me llenaba de una falsa sensación de control y poder, de pensar que cuando yo no pudiera más y me doliera hasta el último suspiro tú seguirías hasta llegar a la meta.
También has visto cómo volví a disfrutar con cada paso, a disfrutar de cada una de las pequeñas sensaciones que me ha regalado este deporte. Me has visto correr hasta no tener que demostrar nada a nadie excepto a mí mismo y simplemente sonreír cuando la mañana te recibe con las primeras luces del Sol y amaneceres que se quedan grabados en as retinas, de ciudades desiertas en noche cerrada dónde solo se escuchan tus pisadas y hacen volar la imaginación, de la sensación del cuerpo caliente y el viento frío de invierno y del placer cuando llegas sin aliento y sabiendo que no te has dejado nada por dar. Me enseñaste a correr por placer, a correr con los ojos cerrados con la seguridad de quien ve más allá del horizonte y cuando más disfrutaba corriendo más lejos me llegabas. Cuántas veces he pensado que había ido tan lejos que no tendría corazón suficiente para volver!
Contigo cada carrera ha sido una victoria particular, de esas que sólo yo entiendo y sólo para mí tienen sentido , pero hasta eso es especial. Te corresponden todas las medallas. Incluso en los días más duros has compartido conmigo visualizaciones, imágenes, sueños, respiraciones mil y un momentos especiales de risas compartidos con quienes a veces corrían a mi lado… mejor dicho, yo al suyo.
Tal vez para algunos nada de esto tenga sentido, pero no es lo que eres sino todo lo que has compartido conmigo. Y ha sido tanto…
Mis hijos me preguntaron una vez «papá, por qué corres? Aquel día les contesté… porque hubo un día que me dijeron que no podría hacerlo más. Hubo un tiempo que lo hacía por los demás, tal vez por derrotar la distancia y al tiempo, por saber hasta dónde podía dar y no reconocer que a pesar de todo los limites no estaban en mi cuerpo sino en mi cabeza… y km a km aprendí a correr para mí mismo y a no conformarme.
Dame unos días, unos centenares de km más para irlo aceptando y mientras tanto vamos negociando los términos de tu jubilación. Muchas veces me han dicho que era único runner que conocían que tenía muy pocas zapatillas, tú eres uno de los motivos.
Eso sí… tal vez no saldremos a correr pero seguro que nos quedan muchos paseos por dar. Ha dejado de importarme llegar a esa meta, sólo quiero seguir disfrutando del camino y de quién lo quiera correr conmigo.
Si no dime de qué sirve llegar si no te queda grabado en la retina cada momento del viaje?
Jorge Juan García Insua
Jorge Juan García Insua
«Nadie nace siendo un corredor perfecto. Y ninguno de nosotros se convierte en uno. Pero a medida que sumamos escalones, nos convertimos en mejores corredores. Y esa es la belleza de este deporte. No hay atajos. Nadie regala nada. Ganas cada kilometro y cada resultado» Peter Magill