Cuál es la palabra para decirte que tanto como para sentir dolor en el pecho hasta no poder más, tanto como para buscarte con los ojos cerrados porque no hay luz si no estás, que hay una parte de mi que sólo está contigo, tanto que mi respiración es distinta y le falta compás si no la respiras tú.
Leí una vez que en oriente echar de menos se cuenta por estaciones… a mi me faltan ya primaveras, veranos, otoños… y no dejo de acumular inviernos en pleno agosto.
Y yo deseo el invierno contigo… a tu lado.
No encuentro palabras… es el precio a pagar… por tenerte, por recordarte… por enamorarme… Y cuanto más intento buscarlas más me doy cuenta de que cuanto más te quiero más te extraño y que te extrañaré más de lo que pueda querer jamás.
Ese el el precio. Pagado está. Mañana, volveré a pagar.
Y lo seguiré pagando. Quiero seguir pagándolo.
Extrañarte es estar lleno de ti.
Extrañarte es tocarte en sueños y sentir la caricia.
Extrañarte es dónde pertenezco.
Extrañarte es buscar tus labios y besarlos en la distancia, tan cerca…
Lo pagado es poco a cambio de tanto y mucho más.
Hay quien echa de menos lo que pudo haber sido y no fue, afortunado yo que echo de menos verte porque dejar de sentirte no puedo.
Ha sido un viaje especial. No especialmente largo, lo de menos era la distancia. Lo importante era el motivo.
Apenas 20 km los que separan la casa familiar de La Barquiña a la granja de conejos de Boiro, donde me regalaron hace apenas 15 días una coneja a la que días atrás P ya había prebautizada como ScoobyDoo.
Días donde algunos allegados al conocer al nuevo componente familiar de 4 patas y una cola me decía … “uy, qué mal lo va a pasar P cuando lo devuelvas”, “no crees que es mejor llevarlo para Barcelona que los niños se lleven semejante disgusto”… y opiniones del mismo estilo, siempre automáticas y dando por sentado lo qué supuestamente debería suceder llegado el momento. Ideas preconcebidas, sesgadas…
A todas iba respondiendo de la misma forma. Si darles cabida y confiando ciegamente en P y J y su capacidad emocional para gestionar ese momento y sobre todo, sabiendo que para ellos lo más importante es y será que ScoobyDoo esté donde mejor pueden cuidarlo y dónde mejor que con sus centenares de padres y hermanos.
Va a ser imposible olvidar con qué cariño le daba las buenas noches y me recordaba a mi que se las diera antes de dormir, como lo primero que hacía cada mañana aún con los ojos medio cerrados era cogerlo y comprobar que estaba bien… construyendo lazos tan fuertes que seguro que pasarán los años y seguirán recordando el verano que pasaron en Galicia con Scooby.
Mientras conducía de camino a la granja miraba por el espejo como P sereno le hablaba a su mascota… le recordaba lo vivido estos días, lo aprendido juntos y cómo le decía bajo la atenta mirada de su hermano y su prima cuánto lo quería y lo iba a echar de menos.… “No te olvidaremos nunca…”
Escuchándolo me emocionaba con él y en silencio me llenaba de orgullo de ver cómo convertía una despedida y en cierto modo un duelo en una escena tan bonita como solo unos niños son capaces de hacer, poniendo el corazón y anteponiendo su mascota a sus propios deseos, que lógicamente serían llevársela a Barcelona.
Llegado el momento P no ha dudado en bajar del coche con él y secundado por su hermano y María llevarlo hasta su jaula en el interior de la granja. No sé de dónde han sacado la entereza para abrazarlo y mientras lo besaban decirle cuánto lo querían y que ojalá puedan verse el próximo año…
Miraba la escena y al dueño de la granja. Posiblemente lo último que esperaba es que volviéramos para devolverle el conejo y devolverlo con su familia… Sorprendido y con lágrimas en los ojos no se creía la escena en la que tres niños enamorados de un conejo prestaban más atención al bienestar de éste y que se adaptara lo mejor posible a la nueva jaula que al dolor de separarse de su amigo de largas orejas. Así de generosos son los niños… cuánto podemos aprender de ellos.
Cuando al final se ha agachado para decirles que el próximo año pueden volver ellos le han respondido con un sentido abrazo. Sobraban palabras. Ese tierno abrazo hablaba por sí solo y ponía sello a ese lazo que se ha ido tejiendo durante estos días.
Mis hijos me han enseñado estos años a confiar en ellos y en su inmensa capacidad para entregarse, para gestionar momentos y situaciones emocionalmente intensas que para un adulto resultarían amargas y difíciles de digerir con naturalidad y sencillez.
Esta vez he podido ver y me han enseñado cómo soltar para seguir, cómo soltar para construir sobre el recuerdo de lo aprendido y compartido en lugar de quedarse atados al pensamientos de no verlo más, a la creencia de que les pertenece o el miedo a no saber disfrutar si no es con él.
Y yo, que a menudo vivo sesiones y procesos de duelos llenos de dolor y con dificultades para avanzar, que acompaño a personas que no saben cómo soltar y seguir me llevo una lección de cómo hacerlo desde una mirada distinta, inocente y generosa a rabiar.
Me llevo de esta experiencia el orgullo de ver a los tres pequeños de la familia crecer y entender que dar sin esperar a cambio es el mayor de los regalos y que hasta el más pequeño de los conejos tiene mucho que enseñar… sólo hace falta estar dispuesto a abrir los ojos, levantar las orejas y mirar como mira un niño, viviendo cada momento como una nueva posibilidad de explorar y disfrutar del mundo que nos rodea, sabiendo que cada día es único y que incluso abrir la puerta de una jaula es motivo suficiente para ser feliz.
Mientras los adultos nos atormentamos y preocupamos muchas veces en exceso, nos atamos a recuerdos aún sabiendo que nos hacen daño… ellos rápidamente cambian el chip y exprimen cada situación para jugar y ser felices, cuando se sienten libres y seguros sueltan y llenan su mochila de risas y sonrisas y en eso, niños y conejo, nos llevan mucha ventaja. Ser y estar. Ese es su secreto.
Gracias Scooby por compartir con nosotros un verano… Hay equipajes que no se pueden llevar en un bolsillo y que sólo se llevan en el corazón.
Gracias P, J y María por seguir dando lecciones de humanidad y no dejar que pierda la mirada infantil que a estas alturas me pueda quedar.
Jorge Juan García Insua
* Mil gracias de corazón al dueño de la granja de conejos de Boiro. Sin tu generosidad aquella tarde al regalar a un desconocido un conejo para sorprender a sus hijos nada de esto hubiera podido suceder.
Te miro en la penumbra, no necesito luz para que mis ojos recorran tu cadera, muevo torpemente mis dedos buscando tu tacto, se guían siguiendo tu calor, alimentados por la electricidad de tu figura bajan suben por ella… y me siento afortunado, sigues aquí…
Siento el millón de besos que me diste antes de caer rendida, siento tu cabeza en mi pecho donde aún resuena tu cabeza y como tu respiración recuperaba el aliento mientras me dabas la mano… así apretadas, unidas… trazando una línea invisible e indestructible de mi boca a la tuya.
Ay amor… eres una invitación a vivir la vida con vestido largo, a corbata a medio desanudar tirada por el suelo, a despertar soñando durmiendo junto a ti repartiéndonos sonrisas y disfrutar de lo poco que tengo entregándotelo a ti. Quiero disfrutar de lo que tenemos, ver dónde nos lleva y trasnochar una noche tan larga como el camino que quede por recorrer.
Eres presente con sabor a futuro, de ese que se va tal como viene y vuelve a venir, ese que no puedes ni sabes entender poner, eres musa y próximo baile, eres ganas de escribir en tu espalda con boca cada palabra de la que habrá de ser nuestra canción, para dejarla grabada, para recitarla suavemente, para susurrarla de forma escandalosa mientras la toco con los dedos en el aire y mi piel haciendo arpegios…
Decirte que aún cuando siento tu piel dentro de mi no puedo dejar de pensar en ti, que abrazarte es deshacer el corazón y desear que se quede dentro tuyo, que no lo dejes salir porque ya no sabe sobrevivir si no late dentro de ti… No quiero dejarme nada, quiero sentir las sábanas mojadas de ti y de mi, vacío de todo y llenarme de ti.
No sé cómo he llegado a ser lo que ves, pero cada vez que me tocas deseo convertirme en aquello que sólo tú sabes ver. Quiero darte besos, besos y sólo besos… no dejar ninguno por dar ni por perdido, coger los tuyos y construir con ellos sueños hasta no saber si son vida o son sueños donde te los robó cuando quiero.
Y pensar que todo comenzó en el sueño de un brazo que sentías mucho antes de recibir, el deseo de caminar descalzos y ensuciarnos los pies y embarrarnos de vida.
Apréstame el corazón, desliza tus uñas por mi pecho hasta mi abdomen y a cada parada separa tus labios de mi piel y dime quién soy yo, hazme nacer con cada palabra, déjame ser quien ves… tan educado como bufón , tan razón como locura, tan verdad como de extraño camino, tan malote como travieso… ansioso por perderse en tu mirada.
Mientras te recorro nos imagino abrazados dentro de una botella… llevados por la corriente, viviendo de tu tacto, simbiosis de tu aroma, salitre y sal, soñar con ser conquistador de los mares a tu lado, este y oeste, norte y sur, llenarte cada mañana de amaneceres imposibles y de besos a cada puesta de Sol.
… Y después de todo pensaré que sí ha valido la pena, aunque sólo fuera para convertirme en coleccionista de guías y brújulas que me recondujeran a la más bonita de las sonrisas.
Rápido …
No sea que llegue el amor
Puede ser el amor rápido?
Cuál es el tempo del amor?
No sé, no lo sé
Desconozco las respuestas
no sé si sabría formular las preguntas
Lo siento
Lo que siento me emociona
Puedo pararlo?
Pararlo para darle tiempo?
Y si el tiempo lo echa a perder?
Y si me pierde la vida? Y si te pierdo a ti?
Sentir miedo a perder
y sentirme de todo menos perdido
Tiempo
Para amar, ser amado
Ahora? Cómo saber si es el momento?
Lo siento
Lo que siento me emociona
Esa es la respuesta, a cualquiera que sea la pregunta
Tú. Siempre tú
Sientes tú? Qué sientes? Cómo lo sientes?
Hasta dónde lo sientes?
Ahora. Ahora a cada momento
Ahora a cada minuto
Momento presente para un tiempo perfecto
Imperecto para ser
Perfecto para amar
Perfecto para amarte
Ahora. Siempre
Lo siento, lo deseo
Te deseo siempre, para siempre
Tú, a ti, a tu tempo
Lento o rápido
Decide tú cómo quieres quererme
Yo lo haré queriéndote, mimándote
con ansia, sin mañana
A cada momento
A cada minuto
En presente y en siempre
Te todo contigo
Rápido te lo digo
No sea que el tiempo se acabe
No sea que sea cruel y el final
No sea contigo
Y te eche de menos
a cada momento
a cada minuto
Por si todo vuela
si todo desaparece
En presente y en siempre
Te todo tú
Siempre te todo tú
Jorge Juan García Insua
Hay un poder en la primera vez, en el primer día… y en compartirlo.
En un juntos.
-Y si hoy no me sale? – le ha preguntado ella
-Lo volvemos a intentar, intentar es divertido! – le ha contestado él mientras su hermano asentía y reían los tres.
Cuando vamos creciendo nos vamos auto convenciendo que cuánto menos caigamos, cuántos menos tropiezos, cuántas menos cosas cosas salgan mal… mejor y el miedo a rompernos o que nos rompan nos paraliza.
Así vamos perdiendo nuestra capacidad de asombro, de mirar las cosas, de ilusionarnos con el aquí y ahora… hasta que algo o alguien nos saca de ese pensamiento y nos empuja a arriesgarnos, a dar el paso, a vivir, a sentirnos niños…
Aristóteles decía que la capacidad de asombro llevaba a la filosofía. Quizás por eso todos los niños pequeños son grandes filósofos que no dejan de preguntarse por qué?, por qué?, por qué?
Y lo hacen maravillados y con cara de asombro. Disfrutando con intensidad de cada pequeño momento. Caen, se levantan y ríen y no es que caigan de nuevo… directamente se tiran, como deberíamos hacer los mayores.
Somos tan imperfectos que nos empeñamos en arrastrar el peso de nuestras vidas y sin darnos cuenta llenamos nuestra mochila de lágrimas, dolor, sufrimiento… como si cargar con eso nos fuera a aliviar. Esta mañana ningún de ellos pensaba en nada más que en llevarse una toalla, las super gafas de bucear, el mega bocata de Nutela que sus titos habían preparado para recuperar fuerzas y volver a la piscina… Aquí y ahora. Disfrutar del día… y mañana volverán a llenar la mochila de ilusiones renovadas. No se acordarán de las veces que no les salió, pero sí de lo que se divirtieron intentándolo… juntos.
Les escuchaba y escuchaba al niño que fui y que me niego a perder… aún tiene mucho que enseñarme y yo mucho que aprender.
Pienso que lo importante de la vida lo aprendemos de pequeños. El valor del momento, la felicidad de hacer lo que te hace feliz, el asombro por lo nuevo, la curiosidad infinita, la necesidad el tacto piel con piel con los que queremos… pero lo olvidamos cuando crecemos, cuando nos tropezamos, cuando nos hacen daño, cuando la vida nos da la vuelta y nos da miedo recuperarlo y tomar conciencia de lo que un día pudimos llegar a ser y no fuimos.
Nunca es tarde. Nada impide volverlo a intentar, siempre es buen momento. Solo hacer falta dar el paso, arriesgarse y alguien que te diga «intentarlo es divertido».
Ayer, hoy y mañana.
Y si hoy vas a llevar algo en tu mochila que sea lo que ayer te hizo feliz.
Sonríes
y haces el mundo girar
déjame sonar con mirarte
eres mirada de sonrisa
Sonrisa
déjame recorrerla
con la yema de mis dedos
besarlos después
quedarme mirándola
y pasa todo mientras nada pasa
No verla y poder sentirla
pensarla e imaginarla
enorme y perfecta
abandonarme a ella
vivirla y mirarla
mirarla y abrazarla
abrazarla y besarla
... Sonreírla
y pasa todo mientras pasa nada
Empezaré por el final Un extraño final feliz Con vuelta atrás Decidí morir fue egoista pensar que sólo tenía una vida me parecía tan corta para vivirla junto a ti
Cambié por amor cambié mis latidos por efímeras alas Hice un pacto de sangre mi vida a cambio de hacerte compañía ...un segundo cada día el resto de tu vida
Desciendo cuando el Sol se oculta cuando a oscuras Cierras los ojos para estar... estar Me acurruco tras de ti mi frio te calienta la piel
Mi alma conoce su lugar justo detrás de tu lunar suavemente te abrazo y siento de nuevo vida en mi en silencio te juro cuando la vida te traiga frío estaré junto a ti
Alargo el instante lo convierto en momento transformando la eternidad un segundo... un segundo breve, acelerado e intenso La única muerte es el tiempo que pasa hasta volver junto a ti
Llega el momento de volver me resisto A tenerte que olvidar pudiendo encontrarte para siempre ojalá mi historia no te provoque dolor no a ti, que entre tanta oscuridad la claridad siempre eres tú Morí voluntariamente lo hice por amor cambié todo por un segundo contigo cada día, eterno
Nunca sabré si me notas si me sientes si me respiras como yo te respiro a ti Vuelvo sin respuestas ansioso por volver al día siguiente
Volveré mañana pecado capital y te susurro amor, amor, amor... Estoy aquí aunque no me puedas ver
No sabía que los ángeles pueden llorar que lloraría al sentir tu cabeza en mi pecho dormida... Te acaricio el pelo te beso la frente un segundo... un segundo... Cuánta vida en un segundo? Cuánta muerte en tan poca vida? Sólo un segundo...
Tenerte y... no querer subir inventaré excusas para alargar el tiempo diré que tu cuerpo se cambió de sitio que abrazarlo me llena de despiste que cruzar las nubes me pierde y me hace ausente que tal vez el oficio de ángel no se hizo pensando en mi
No te prometo nada no te puedo pedir que vengas pero no se ha creado el día que no encuentre cómo venir sin preguntas, sin carga, sin pena te ofrezco volar volar hasta dónde te encuentres una historia hecha a medida sentido de muerte en vida
Hazme una señal si alguna noche me sientes como yo te siento a ti Sonríe como tú sabes busca mi pecho y acomódate en él dame tu mano cuando me des la espalda Maneras de morir
Maneras de vivir decidí hacerlo por segundos me daba miedo el final no poder volver atrás y lo cambié todo por la oportunidad de comenzar algo contigo todos los días tener contigo todos los días un nuevo final
Dulce y cálida siento tu piel te araño sentimientos intento para el tiempo fuerte e intenso para mañana arrancarme las alas dejarme caer descontar compases de espera sabiendo que si me quedo si me quedo... si me quedo... ... te perderé
Tras la vacuna y mientras esperaba los 10 minutos de rigor me he fijado en un hombre mayor que yo que, sentado y habiendo sido vacunado antes que yo, lloraba.
No he podido evitar saltarme la distancia de seguridad que marcaban las sillas y me he acercado a una silla de distancia…
-Señor, perdone… no he podido evitar verle llorar… puedo hacer algo por Usted?
Me ha mirado mientras se secaba los ojos…
-Joven, gracias… estoy bien. Pensaba en lo que hubiera dado porque mi mujer estuviera aquí ahora conmigo y el Covid no se la hubiera llevado, pienso en que yo podré volver a estar con nietos y ella no… pienso que por qué yo he tenido esta suerte y ella no
Me he sentado a su lado, acompañándolo porque no hacían falta palabras, ni las tenía ni nada de lo que hubiera podido decir hubiera cambiado nada de lo que me había dicho.
Solo me he sentado allí, a su lado. Para que supiera que no podía ni imaginar lo que había pasado ni podía sentir una milésima de todas las sensaciones que en aquel momento tenía.
Finalmente pasó el tiempo de espera, nos hemos levantado y he caminado detrás suyo. Por educación, por respeto y por agradecimiento.
Gracias por compartir conmigo esos instantes, por abrirse, por recordar ahora que parece que todos tenemos prisa por olvidar que el sacrifico ha sido y sigue siendo incalculable y que por encima de todas las restricciones están las personas que se han quedado atrás.
Ser capaces de no olvidar eso y de aprender algo de todo esto es el mejor de los homenajes posibles a todos los que hemos perdido a alguien durante la pandemia y a aquellos que siguen luchando por superar sus consecuencias.
Despertar… estrecharme a ti atarme a tus caderas con un lazo interminable euforia de sentir su tacto y el tuyo
Despertar… sentirme invencible, desnudo en cuerpo y alma pasar el lazo mil veces por cada de las miles de pecas de tu espalda sellarlo de labios
Despertar… aprenderte de memoria y escribir con detalle de ti imaginando lineas que con ojos cerrados puedo ver
Despertar… soñarte un mensaje que empiezo a ver susurro transformado en lenguaje imaginarte cuando lo leas
Despertar… angustiado porque no encuentro versos tantas cosas que decir apretar el lazo hasta dolerme y que mañana siga despertando besando pecas y fingiendo no levantarme para no sentirme vacío y llenarme de ti
Despertar… para atarme a tu vida llenarla de mi locura interminable mientras acaricias mi pecho soñar que lo tocaras como la primera vez aunque ya te lo sepas de memoria Decirte que cuando lo haces dejo de sentirme vacío y llenarme de ti
Debería comenzar dando las gracias a todos los que confiáis y habéis confiado en JOY pero eso es algo que no dejamos de hacer, conscientes de la responsabilidad que supone vuestra confianza y del enorme respeto que tenemos por nuestra profesión.
Siento en este aniversario la necesidad emocional de hablaros de Marta. Y como en el fondo JOY va de eso, de sentir, voy a hacerlo. Muchos asociáis mucho del trabajo a mi pero nada más lejos de la realidad. Así que dejarme que os cuente y confiese algo de esta historia…
Este proyecto nace de la casualidad de que alguien nos juntó en un grupo de trabajo de un máster y tal vez ese día el azar y el destino que estaban especialmente caprichosos dieron pie a una preciosa amistad y a una complicidad que pocas veces he tenido con nadie.
Siendo sincero no haría lo que hago si no fuera por Marta. Tenía la cabeza llena de sueños y deseos y no acababa de darles forma. Marta recogió esos sueños, los mezcló con los suyos y me puso alas, me demostró que si quería, si realmente quería podía ser… y lo hizo. Y sucedió. Podia decir cualquier barbaridad que ella me decía sí, hagámoslo, cómo lo harías?… y lo mejor es que me ayudaba a hacerlo realidad. Ahí está su magia.
Un proyecto como JOY no hubiera pasado la prueba del tiempo y de la pandemia sin ella. Imposible. Intuitiva, fiel, intensa, honesta, auténtica, sincera, cariñosa… un poquito pesada… siempre está ahí, reconduciendo, animando, empujando, dándome ese espacio que necesito para crear, para ser y sobre todo para crecer y volar.
En plena oleada cuando más cansado y frustrado estaba, cuando parecía que todo se guiraba y cerraban puertas hizo aquello que sólo un líder nato hace. Parar, pensar, apostar por los suyos, confiar, creer y abrazar. Lo hiciste conmigo, me ayudaste a reinventarme, a refundarnos y a recodar desde dónde empezó esta historia para tomar un nuevo y definitivo impulso.
A veces parece que no esté, entre su poco interés por ser foco de atención y mi tendencia al escenario sucede la injusticia de llevarme yo flores que no me corresponden y que se merece ella tanto sino más que yo. Es un lujo para mi compartir todo esto con una primerísima que sabe estar detrás para dejar que otros crezcan y que ademas disfruta con ello. Nadie hasta ella me había dado tanta libertad mental para trabajar, consciente de que así sacaba lo mejor de mi.
Pero todo esto no hace sino hacerla más grande. Hay que serlo para apostar por mi como socio en un proyecto tan especial como JOY.
Para algunos JOY es un trabajo, para nosotros es un regalo. Tú eres un regalo. Un espacio para crecer, reír, llorar, aprender y confiar. Sé que no hubiera nunca nacido JOY sin ti y por eso te estaré siempre agradecido. Te lo he dicho muchas veces y hoy quería hacerlo públicamente. Cuanta razón tenías cuando dijiste que buscábamos una profesión y JOY nos encontró a nosotros…
Me comprometí contigo a llevar esto hasta aquello que un día soñamos y sabes que me sobran locuras para seguir enJOYando contigo y seguir creciendo con este proyecto.
Hace un año publicamos un texto acerca del primer año de JOY. Hoy que hacemos 2 añitos necesito recuperarlo y dedicártelo Marta. Para ti. Gracias por estos dos años… me temo que tendrás que aguantarme muchos más.
El texto decía así…
El primer año de vida de JOY, como el de cualquier otro recién nacido es absolutamente apasionante y repleto de descubrimientos. Empieza a comunicarse, a relacionarse y torpemente a intentar controlar su cuerpo. Nosotros, como padres de la criatura, preocupados por dar nuestro nuestro apoyo y decididos a acompañarle en esta aventura que supone crecer.
Los primeros días fueron para los tres momentos extraños de incertidumbre, miedos y deseos de acelerar ese ansiado sueño cumplido. Se movía por instinto, siempre buscando la luz, llorando para nuestro desespero a menudo para recordarnos que tenía frío, hambre o calor y decidimos que preferíamos malcriarlo y cogerlo todo lo que pudiéramos en brazos, porque tenerlo así nos conectaba con él y con nuestros anhelos.
Poco después JOY empezó a sonreír y nosotros con él, cada mirada de curiosidad nos llevaba a un aprendizaje nuevo y nos enseñaba nuevas formas de ver e interpretar el mundo, el suyo y el nuestro. No tardo en girar su cabecita cuando escuchaba ruidos, en quedarse absorto ante el brillo de lo sucedía a su alrededor e intentaba balbucear. Cómo nos emocionábamos cada vez que hablábamos de ti… cómo nos hacías conectar con todo aquello que durante tanto tiempo habíamos imaginado y que ahora contigo cobraba sentido.
Un día vimos que ya sostenías tu cabecita, al poco se le iba un poco al lado, pero volvías a intentarlo mientras reías y reías… tenías ya tantas ganas de dar pasos que nunca se te pasaba por la cabeza que por tu edad no pudieras hacerlo.
Nosotros, todavía abrumados por la responsabilidad, te mirábamos orgullosos de esas ganas de comerte el mundo, de rebelarte contra las limitaciones propias de la edad, de no aceptar un no por respuesta y de devolver una sonrisa con una irrefrenable risa mientras nos mirabas intensamente. Nos veíamos reflejados en ti y nos sentíamos y sentimos felices de tenerte con nosotros.
Y así llegó el día que fue capaz de sentarse solo, de moverse a pesar de las dificultades y de hacerse entender cuando quería expresar sentimientos y emociones ante cualquiera que le muestre interés.
Finalmente JOY conseguiste ponerte en pie, agarrado de las manos de tus asombrados padres comenzabas a imitarnos, a decir tus primeras palabras y a coger por el camino todo lo que te llamaba la atención, siempre lleno de energía y de pasión por las personas que le rodean.
Y cuando parecía que el pequeño JOY iba a comenzar a correr llegó el virus, y como a todos los pequeños te tuvimos que cuidar y proteger en casa. Y tú nos enseñaste y recordaste que te sobra confianza, ilusión y pasión para esperar el momento, para seguir aprendiendo y desarrollándote para el momento en que el mundo esté preparado para ti… y cuando eso suceda estaremos a tu lado, como cada uno de tus primeros y apasionantes 365 días.
Hemos soñado, reído, llorado y sonreído contigo. Hemos visto crecer en ti alas y sobre todo hemos aprendido más de lo que nunca llegamos a imaginar cuando decidimos ir a por ti.
Eres todavía demasiado pequeño para entender qué significa este primer cumpleaños, pero un día te explicaremos cuánto de importante es y eres para nosotros y de lo maravilloso que es y eres a pesar de todas las dificultades… lo especial que eres y es poder celebrar tu existencia.
Así que muchas felicidades JOY!
Y gracias, gracias, gracias… GRACIAS de corazón a todos los que habéis conocido, interesado, jugado, acompañado, aprendido, experimentado, vivido y confiado en JOY. Todos sois parte de esta historia.
“Y la vida se pone de mi lado y con ella me empiezo a reír
Y ahora sueño que voy caminando por todas las cosas que faltan vivir y sentir”
En una semana extraña para mi llegué a una Diada de Sant Jordi lleno de señales que me empujan a pensar.
El día empezó muy temprano y a la hora de las brujas recibí un regalo… un libro, pero no una cualquiera, un libro en blanco.
Hace algunos años escribí que no hay nada tan apasionante y a la vez tan poderoso como un libro en blanco, porque pocas veces en la vida nos tomamos el tiempo para pensar en cómo queremos llenar esas páginas para que si algún día alguien llegara a leerlo entienda que lo que lee fue algo tan auténtico que sólo se da una vez en la vida. Este es muy especial por lo que significa y más especial por quién me lo regala.
Y me resulta maravilloso que llegue en un momento de mi vida dónde he dicho que No a muchas cosas y a cambio no dejan de abrirse puertas y recoger cariño y gratitud.
Tenerlo entre mis manos y sentir el miedo a comenzarlo, a no estar a la altura, a perderlo, a no dejarme nada, a que se me acaben las hojas… y en cambio ansioso por comenzarlo y dejar plasmados en él imágenes , instantes y sobre todo momentos… porque la vida y este libro no necesita grandes historias pero sí vidas de abrazos cruzados, maravillosos momentos y pequeños detalles… de esos que sólo se viven una vez y se comparten para siempre.
A veces hay metáforas que sobrepasan la fuerza de las palabras y a media mañana viví una de ellas.
Me pican a la puerta y al abrir me encuentro con una joven adolescente a la que acompaño en sus procesos que, sin esperarla ni esperarlo, me regala una rosa…
Déjame confesar que me deja sin palabras el hecho de que hayas venido hasta mi casa (y te hayas saltado alguna clase…) sólo para felicitarme y regalarme una rosa, pero más aún (si eso puede ser) que al entregármela me digas que no crees que “haya un Jordi que se la merezca más que tú, que luchas día tras día con tantos monstruos y dragones, los míos y los de muchos otros”.
Me emocionaste, me llenaste de lágrimas y me dejaste sin palabras así que lo que te quería decir te lo dije con un abrazo.
Gracias de corazón por esta rosa de reconocimiento, por confiar en mi y gracias por responder con un acto tan bonito a todas las dudas de estos días.
Me hiciste sentir muy orgulloso de lo que hago y de lo que soy. Regalos así no tienen precio. Hacen falta días de dudas para darte cuenta de lo bonitos que son el resto… este fue uno de estos últimos.
La vida está llena de señales, que aparecen ante nosotros, en forma de casualidad insistente que nos recuerda cuál es el camino y que para todo hay una razón si sabemos ver con la mirada adecuada.
Con total seguridad no te mereces el tiempo que te voy a dedicar, pero ante la agresividad más cobarde de lo oculto y las palabras necias he decidido darle luz y espacio a todo lo que representas y de lo que desde que tengo conciencia he renegado.
Dudaba de por dónde comenzar…
Me cuesta entender y mira que me dedico a esto, cómo en tu ceguera mental llegaste a pensar que amenazándome dejaría de atender a alguien, aún menos que pensaras que lo dejaría de hacer, por el hecho de que quien me lo pida sea homosexual.
Una llamada oculta, un mensaje obsceno. Otra, me insultas. Otra, me amenazas con cualquier aberración que en ese momento se te pase por la cabeza… y así 14 días, de momento… reconozco que tienes un amplio surtido de barbaridades.
Y lo haces llamándome y soltando entre tus lindeces cosas como que si lo ayudo, si atiendo a su petición y hago lo que sé hacer me convertiré en gay o según tú en algo peor como maricón. Y ante el poco efecto que ves que me producen tus ocultas llamadas y tus amenazas no se te ocurre otra cosa que insistir e insistir, supongo que alentado por la incomprensible esperanza de que acabarás por amedentrarme.
Ya que llevo tantos días aguantándote me he ganado el derecho a dar mi opinión, por si quieres leerla. Aunque honestamente dudo que lo hagas. Desde el momento que aprovechas un foto mía maquillado para insultarme y soltar toda tu rabia y rencor sobre mi doy por hecho que no llegaste a leer dos lineas de aquella publicación de mi Blog y que no has entendido nada.
Aún no entiendo que creas que acompaño y ayudo “a un enfermo”. Igual aún no te has dado cuenta y siento ser yo quien te lo aclare pero la homosexualidad dejo de ser considerada enfermedad hace más de 40 años y además fue la primera vez que un criterio científico se tomaba no por evidencias científicas, que las había, sino por la enorme presión social que existía… tan enorme como tu cueva.
La homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia sí. Y ya puestos diré no me necesita por su sexualidad sino por lo duro que puede llegar a ser vivir entre energúmenos como tú. Ahí, a su lado y en el de todos los que hace siglos salimos de la cueva me encontrarás siempre. En contra de cualquier forma de acoso e intolerancia y desde el respeto y la dignidad.
A mi no se ocurriría nunca preguntar a nadie que me pide ayuda por su sexualidad, su religión, origen, tendencia política… mi trabajo no entiende de intolerancias ni fanatismos y yo tampoco.
Si ser su psicoterapeuta me convierte en maricón deberías plantearte en las siguientes llamadas llamarme negro, cabrón, médico, barrendero, abogada, dependienta, encargada, ejecutivo, payaso, contable, nadadora, entrenadora personal, puta, chulo de barrio, taxista, comercial, gerente, profesor, atleta, policía, arquitecto, autista, maltratada, infantil, Peter Pan, coach, adolescente, ansioso, divagador, telefonista, madre, gamberro, raro…
…. porque el problema, el tuyo, no es él ni mucho menos su orientación sexual. Soy yo y lo que ves en mi que tanto te molesta, te duele y te lleva hacia un camino de miedo, ira y rabia. Y todo eso sin conocerme…
Perfecto, si es así sigue haciéndolo. Porque su camino, como el de todos esos que te he puesto, está lleno de inicios y en el tuyo sólo atisbo a ver un final tan oscuro como la cueva dónde habitas.
Hace ya algunos años adquirí el compromiso ante un maravilloso grupo de personas (mi querido Sistema) de intentar dar lo mejor de mi y acompañar a otros de todas las formas que me fuera posible para avanzar, superar problemas, vivir con cargas o sin ellas, con la cabeza alta, con mirada limpia, sin prejuicios ni barreras … y por encima de todo esforzarme en ser ejemplo para mis hijos y aquellos que me importan y me quieren. Hacerlo y seguir haciéndolo implica ser fiel a mis valores, a aquello que desde pequeño me han enseñado tantas y tantas personas importantes en mi vida y que los años me han demostrado que no estaban equivocados.
No mereces ser tú por quién los traicione, ni a ellos ni a mismo. Sé que de seguir así seguiré durmiendo tranquilo a pesar de tus amenazas pero también tengo la absoluta seguridad que no podría conciliar el sueño si dejo de ser quien soy. Mientras yo duermo eres tú el que se despierta de noche sudando envuelto en sus propias tinieblas. Esa es tu decisión, la mia la tomé hace ya mucho.
Así que…
Lo siento por ti. Sí, lo siento mucho y de lo digo de corazón. Pero no sé si siento más que me amenace un cobarte tan vacío o me duele pensar cómo y cuánto debe sufrir alguien con tanto miedo que sólo sabe expresarlo amenazándome, a mí y a aquello que represento.
Llegados a este punto déjame que te aclare algo. Defectos tengo a puñados, más de lo que podrías coger con las manos, me he equivocado más de lo puedas imaginar pero tarde o temprano entenderás que no me moverás de mis valores por más que sigas. Esa batalla la tenías perdida antes de comenzarla.
Tengo demasiadas personas y cosas que me importan y me dan la vida como para preocuparme por ti. Puedes seguir y perder el tiempo o llamarme y decirme qué puedo hacer ti.
Tú decides, de ti depende. Yo lo tengo claro. Siempre lo he tenido. No cambiaré y no será tu intolerancia la que me haga cambiar.
Ahora ya sabes a quién estás amenazando y lo que puedes hacer si quieres salir y dejar atrás eso que tanto te consume.
La homosexualidad existe en más de 500 especies… la homofobia sólo en una. En la tuya, que no es la mía.
Hace un par de meses recibí un mensaje como respuesta a publicar «Todos tus días mis 14 de febrero» que me sonó a crítica y que decía…
» El #Psicologia no lo relaciono con el artículo, no se parece el aporte del mismo a la Psicologia. Lo poco que puedo inferir es el divague mental del autor»
Tengo la costumbre de contestar a todos los comentarios que recibo, me siento en la placentera obligación de hacerlo con quienes dedican unos minutos a leerme, pero reconozco que en este caso no lo hice. Lo dejé marcado porque pensé que no debía contestar en caliente, que se merecía una reflexión porque posiblemente era una de la muchas personas que podían pensar lo mismo. Además eras mi primera crítica y lo hacías sobre uno de los post que más me identifican.
Hoy mientras contestaba a mensajes me he vuelto a encontrar con este y me ha hecho pensar…
… Sí, tienes razón en una cosa… divago… me declaro de profesión divagador mental. Y debe ser que me hago mayor o porque cada vez me queda menos vergüenza pero le estoy cogiendo gustillo.
Déjame que comparta algo contigo. Hay una concepción muy equivocada de la psicología. La mayoría de personas creen que la psicología y los psicólogos nos dedicamos a tratar sólo trastornos mentales e incluso que un psicólogo no puede tener momentos «de bajón», de duda… y se nos percibe algo así como seres imperfectamente perfectos. La verdad es que hay muy poco de eso, te lo dice el psicólogo más imperfecto de todos y poco de perfecto encontrarás al menos en mi.
Hay algo que sí sé que es verdad y que ademas vivo a diario. No podría decirte un porcentaje exacto pero te aseguro que de los centenares de procesos dónde he acompañado a otras personas tanto desde la psicoterapia como desde el Coaching en muy pocos (muy muy pocos) no ha aparecido el Amor, así com mayúscula, en cualquiera de sus formas y objetos de deseo.
Y aunque algunos lleguen disfrazados de los que las personas llaman «pajas mentales» y nuestra mente busque y se pierda en caminos para negarlo o disfrazarlo esos motivos que los acaban acercando a mi son fruto de emociones, sentimientos y amor… lo es porque difícilmente somos y nos reconocemos sin él, y cuando lo sufrimos, nos falta o nos hace daño sufrimos como pocas cosas pueden doler.
Lo sentimos de forma tan intensa que nos empuja a hacer y dejar de hacer, nos llega desde el más bonito de los sueños hasta la más amarga de las realidades, tanto que nos es difícil soportarlo, entenderlo y aceptarlo… Y esto es psicología y es vida.
He tenido el regalo de escuchar y compartir historias de amor adolescente, inquieto, rabioso e impulsivo y lleno de miedo, historias donde los años no han podido apagar la llama, dónde la muerte solo ha podido fortalecer los lazos y vivir de recuerdos, historias eternas que han durado unas horas y algunas imposibles que han atormentado todo una vida.
Psicología es reír sin saber por qué, llorar de felicidad y por necesidad cuando explotas en lágrimas hasta quedarte vacío, soñar despierto y ver la realidad desde las nubes, respirar profundamente y sentir que estás vivo. Hay psicología en las miradas, en los besos y en los abrazos y no puedes imaginarte las posibilidades de curación que tiene coger la mano a alguien que te importa.
Psicología es vivir sabiendo que el camino nunca sigue la senda que esperabas y que nuestro lugar está donde nos sentimos y sentimos que nos dejan sentir. Es miedo, dudas, batallas interiores, comprensión, inspiración, consciencia, aceptación, amor por uno mismo y hacia los demás.
De eso escribo. Soy persona, me considero humano y sí, soy psicólogo (entre muchas otras cosas). Pero mi formación no me define ni define este Blog, lo que me define es mi mirada y cómo siento a través de ella. Y si me has leído, aunque no me hayas conocido en persona y a nivel personal, habrás visto que desnudarme no siempre es fácil (para mí tampoco) y que según van avanzando las publicaciones irremediablemente voy abriendo puertas y ventanas que hasta entonces estaban cerradas para mi y para la mayoría de personas con las que comparto y he compartido momentos y cuánto más me desnudo, más hablo de Amor.
Así que cómo ya habrás visto a estas alturas tengo la plena intención de seguir haciéndolo y tal vez no te haya resultado interesante pero para mí el sólo hecho de estar escribiendo sobre la relación entre la psicología y el amor ya me parece un regalo. Sólo pretendía explicarme, seguir abriendo los ojos ante todo y sobre todo darte las gracias, por leerme, por dedicar unos minutos de tu tiempo a escribrirme… ah! y por «provocarme» un post.
El camino a veces tiene sentidos opuestos, pero incluso en ese instante se dan cuenta de que tienen un punto de encuentro. Este ha sido el nuestro.
Un abrazo,
Jorge Juan García Insua
«La mente puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo»-Seligman