Deberían estar prohibidas las alarmas a estas horas, no creo que los humanos estemos biológicamente preparados para levantarnos tan temprano…pero será que tienes poco de humano y mucho de diablo. Cuando estás dormido estás en tu mejor momento, no necesitas desvelarte para volverte de este mundo, rasgarme la espalda, hacerte presente y llevarme hasta…
Elegantes y calientes caricias y dedos hambrientos… de… necesidad, hambre… intimidad. Manos que hablan, piernas que se tocan y entrelazan, miradas a oscuras que se descubren de madrugada. Olor. Piel. Sabor.
Te mueves sigilosamente buscando contacto, mi contacto… mmmm… queriendo saber si sigo a tu lado. Hasta con el ruido de la alarma haces del despertar el momento perfecto. Lentamente te mueves como si conectaras con cada poro y pasarás lista de cada centímetro. En ese instante te escucho por dentro, noto tu mirada, me estremece como abrazas mi cintura y respiras mi nuca mientras separas mi cabello…
– la alarma…
– Sshhhh… suena para recordar que él momento perfecto -me susurras.
Y te mueves suave, abriendo caminos… Maldito seas como me… Acelerada hasta el último tramo sintiendo cómo bajas y le explicas tus motivos y le pides permiso para perderle el respeto. Dices que el amor es una batalla y que tras ella hay que relamer las heridas… quiero perder todas si es contra ti. No me hagas prisionera, no esperes que sea yo la que se retire… si vamos a hacerlo que sea a muerte y que pierda el primero que deje de besar, de comer, respirar y morder… hagamos un nudo de nuestras gargantas.
Caballero, educado y con un punto gris para las que ven… inquietante, brillante, de mentalidad torcida y sonrisa irreverente para las que te quieran mirar. No Me digas que te marcharás tras el tercer asalto… Jorge por Dios! Cómo hace el destino que dos personas se hagan importantes, que se echen de menos… azar o destino? Tú has comenzado, educación retorcida para ese encanto esquivo e hipnótico.
Cómo conformarme contigo en blanco y negro mientras te comportas y desbordas colores, no te alejes, no te escondas para decirme luego que por qué me he ido tan lejos… tú que ríes mientras muerdes, que me despiertas para dejarme luego pensando si tendré que conformarme con alguna de tus fotos… no más blanco y negro por favor, no más.
Dime, júrame que no escribirás sobre esto… me moriría de vergüenza… júramelo por tu Luna creciente y llena, cómplice y suicida, que le hablas, que no se aleja, que enamoras y le escribes para que te siga abriendo caminos y nunca se vaya lejos.
Y en unos minutos saldrás corriendo y saltando escaleras de 6 en 6, subirás al coche, subirás el volumen y le meterás prisa al tiempo, soñarás despierto… y yo aquí prendida, recordando momentos prohibidos entre el silencio de tu calor y el ruido de tu aroma…mientras pienso en la locura perfecta de una alarma imperfectamente impecable.
Me besas y te recreas… Disfrutas el instante. Dormir contigo, despertar en ti.
Memorizo tu perfume para llevármelo puesto cuando me vuelvas a despertar… y cuando eso pase no sonará la alarma pero creeré escuchar y seré yo la que te busque… de 6 en 6…
Cuando tienes hijos pequeños sabes que cualquier momento es especial y suceden momentos mágicos, que no esperas y que generan recuerdos de esos que el corazón te dice que pasarán los años y seguirán presentes… Así que esto va sobre magia y emociones.
Ayer estaba dándole las buenas noches a J y escuché un sollozo en el comedor. Cuando llegué P estaba sentado en el borde del sofá, emocionado… al verlo se senté junto a él y al abrir los brazos rápidamente se me abrazó con fuerza y notaba cómo le caían las lágrimas…
– “Papá… quiero ser pequeño!”
– Cariño… eres pequeño y sabes… pase lo que pase siempre serás mi pequeño. Es lo bueno que tiene ser papá, aunque irás cumpliendo años yo siempre tendré más que tú, así que siempre serás mi pequeño… ahora no lo ves así pero te aseguro que en unos años no te gustará tanto…
Lo abracé, lentamente y como suele pasarnos paramos el tiempo… la intensidad y fuerza de su abrazo se amoldó a mi pecho, pasó sus manos por debajo de mi camiseta y su respiración fue sincronizándose con la mía y recuperando poco a poco la normalidad.
Me abrazó más fuerte… ¿Qué te preocupa cariño? – le susurré mientras le acariciaba y besaba las lágrimas.
– Cuando crezca no cabré en tu cama… – me dijo mirándome mientras sollozaba amargamente.
– Compraremos una más grande… – le dije mientras acariciaba su nuca. Así podrás seguir viniendo a dormir siempre que quieras.
– ¿Y si no sé hacerlo bien cuando sea mayor?
Aquella pregunta provocó que en mi mente se agolpaban respuestas y en cambio respiré, cerré los ojos y las silencié todas. Aquellas palabras y la intensidad con las que expresaba, sus manos en mi pecho… me hacía reflexionar sobre todo lo que quería expresar y lo que de esa forma tan especial quería decirme. Cuando más callada estaba mi mente más me costaba encontrar las palabras. Me podía el miedo a no saber expresar todo lo sentía y quería decir, a no hacerlo con la inocencia y dulzura que lo había hecho él… A no estar a su altura. Qué grande él, que pequeño y absurdo yo.
No sabía cómo decirle cómo de intensos son los momentos que comparto con ellos, cómo me pesan las decisiones pensando si son las correctas y si les ayudan en el camino, la de vueltas e interpretaciones que no puedes evitar hacer de prácticamente cualquier cosa que tiene que ver con ellos… y todo para que llegue un día y te desmonten de una forma tan apabullante.
Las veces que me he preguntado si soy el mejor padre posible para ellos, si sienten la enorme confianza que me generan sus pasos y la seguridad de en algo tan pequeño todavía hay dos seres inmensos para un mundo que todavía los tiene que descubrir.
Y entre todas esas dudas y miedos, que no eran suyos sino sólo míos, lo senté en mi regazo, nos miramos y le dije flojito…
– P… de un niño tan bonito como tú solo puede salir un mayor maravilloso, mucho más maravilloso de lo que tu papá será nunca. Y cuando eso pase, que pasará algún día, espero que sigas viniendo a mi cama para que no me olvide nunca de ser niño y me sigas enseñando a ser mayor. Hagas lo que hagas seré el papá más orgulloso del mundo entero.
Y me dio un beso…
Honestamente no sé si mis palabras fueron las más acertadas o si debería haber dicho otras… ni lo sé ni lo pensé, pero sí sé que esas salieron de algún sitio muy profundo, que son de amor absoluto e incondicional, que ese beso fue especial y que todo lo que nos podíamos decir iba en él.
Siempre he sentido que puedo conectar con mis hijos de una forma especial, pero ayer… no hay palabras para expresar ese instante ni la huella que esos momentos junto a vosotros dejan en mí.
Cuando casi a medianoche llegué a mi cama allí estaba P… abrazado a su inseparable peluche perrito Negret… me tumbé con mucho cuidado y ayer fui yo quien se giró hacia él y lo abracé y me quedaba profundamente dormido mientras le daba las gracias por ser y por estar allí para mí. Tenía razón, él todavía tan niño y la cama se nos hizo tan pequeña…
No sabía cuánto necesitaba dormir abrazado a ti hasta te vi en mi cama. Tal vez algún día leas esto y entiendas por qué…. tal vez entonces sepa hacerlo con las palabras adecuadas.
Mientras os prometo seguir intentando no perder el niño que me todavía me quede, así aún quedarán posibilidades de que me enseñéis a ser el mayor que vosotros seréis.
Os quiero J & P.
Papá
«Lleva mucho tiempo crecer hasta convertirse en un niño». Pablo Picasso.
Me siento como si hubiera perdido las alas, si es que alguna vez las tuve. Rebobinar, es de las pocas veces que querría rebobinar…
Si fuera un superhéroe sería como esos que inundan Netflix… uno de esos que se pierden y se caen, que no paran de tropezarse, que se consumen entre intentos que no les llevan a dónde quieren llegar, que en ocasiones sienten que no les comprenden, demasiado ofuscados para ver quien está a alrededor y que se atormentan en lugar de dejarse llevar por la emoción y el corazón.
Pero hoy no me siento así, estoy muy lejos de cualquier de ellos. Soy respecto a ellos muchos más cobarde e infinitamente más pequeño. Por eso no estás y tampoco yo estoy aquí. Cómo de lejos estoy de merecerte…
A la vulnerabilidad no suelen sentarle bien los trajes, aunque hoy necesite uno, pero no uno cualquiera… No necesito pensar mucho para decirte que tú serías el mejor y más especial de todos ellos. Nadie puede ni imaginarse cómo sería entonces de capaz, ni dónde estaría mi límite… Qué absurdo puedo llegar a ser, tenerlo delante y no saber ni por dónde poner un pie.
Uno colorido sería seguro, porque irradias luz, de esa tan inmensa que ciega a quienes no sabemos ver…. de la que ilumina el camino cuando se tuerce y desaparece bajo los pies, de esa que enseña a todos que está el Sol, la Luna y tú. Siempre tú.
Sin máscara, para perderme en tu mirada y encontrar a mi estupidas preguntas respuestas en tus labios. Tú no la necesitas y en cambio yo aún sigo aprendiendo a respirar sin ella. Quién querría estar junto a un eterno aprendiz…
Tu cabello suelto, para convencerte de que sí crece, como crece quién está a tu lado y que en su movimiento ondulado se respira y se desea estar atado de manos y pies.
La A como escudo. En el corazón. Siempre en el corazón. A de latido y fuente de energía eterna. Rosa… inmensamente rosa… capaz de silenciar mi silencios, descongelar mis miedos y elevarme del suelo.
No sé si algún día estaré a altura para rodar la escena que te mereces, puede ser que no pase de Serie B, que no encuentre presupuesto pero siempre serías la protagonista y en mi escena final… estás entre mis brazos y beso tu cuello…
Cómo me gustaría contarte mi guion, para que lo cojas y lo reescribas, para que lo re inventes y lo llenes tu ADN, del olor de tu piel y tu sabor, para que le des cariño y sentido… mis diálogos necesitan una brújula y escenas de calor, quiero en ellos sentirte cerquita y que me llenes de tiritas y me cubras con tu lazo… el nuestro.
Si en algún momento hay que matar al héroe haz que sea que sea de amor. Culpable de esconderte las ganas de llorar, de seguir guardando los besos que siempre te quise dar. Quería ir delante por costumbre y hoy el estar de rodillas le regalo lo bonito de ir detrás.
Detrás de tu A… primera del abecedario, líder de las vocales, complemento de acción, preposición, como mentí y destino. Afirmación universal, reina de las estrofas y musa de las rimas de poetas… A de acariciar, de admirar, ángel, alma, abrazar… de amar.
Una vez me dijeron que de mis cicatrices nacen mis mayores virtudes. Pero no deseo ni quiero, por nada del mundo, llevar una con tu nombre. Ese no es su sitio. Ya está grabado en el corazón, y seguirá ahí hasta se pare.
Lleva ya mucho tiempo conmigo. Observadora desde un sitio privilegiado, atenta, silenciosa al mismo tiempo que acompaña, escucha y siempre confidente. Ha hecho suyo ese espacio de mi castillo, sobrio si no fuera por su color, a ratos vacío si no fuera por su alma, silencioso excepto cuando me acompaña en la escucha….
Hace ahora casi un año no se nos fue por los pelos y casi al límite de la bocina, tras dos trasplantes conseguimos revitalizarla y darle una segunda vida. Desde entonces ha crecido, exuberante, vistosa y sugerente es imposible no fijarse en algún momento en ella cuando entras su espacio, mi espacio, más privado.
Hacía días que la miraba y veía que algo no iba bien. No brillaba como semanas atrás. Empezaba a tener manchas y estaba alicaída. Ayer noche mientras cenaba P cogió una ramita caída y me la enseño… mira papá! Era la señal de que no podía esperar más
Como cada uno de sus cambios no lo había sabido ver. Ese espacio suyo que yo daba por seguro era más que suficiente se le había quedado pequeño, la estaba asfixiando y limitando hasta matarla lentamente.
Así que hoy decidimos comprarle una casa más grande, kilos de tierra renovada y trasplantar la de nuevo. Y ahora que vuelve a ocupar su lugar le han bastado unas horas para volver a mostrarse majestuosa, volverá a ser la confidente que necesito y la amiga que todo lo ve, todo lo sabe. Siempre guardando silencio y mirando con ojos limpios y abiertos.
Como cualquiera de nosotros sólo necesitaba que me fijara en ella, que le prestara un poco de atención en medio de ajetreadas agendas y días rápidos. Ella no sabia como pedirlo y su esfuerzo la consumía y la apagaba, incapaz de encontrar la fórmula. Ambos somos igual de torpes… somos los mismos de siempre pero ya no somos los de antes.
Y yo, dando por hecho, seguía como si nada. La veía y la hablaba pero no la miraba ni la escuchaba y así es difícil poder conectar, sentir… y si no hubiera sido por P y su sorpresa a ver esa pequeña rama, seca, sobre la mesa tal vez hubiera llegado tarde.
Creo en las terceras oportunidades y lo creo porque yo la tuve. Y tú que llegaste ya en esta tercera vida y en un momento extraño y de cambio me recuerdas hoy algo tan importante como la necesidad de estar. En ocasiones quiero estar y estar tanto para tantas personas que me olvido de hacer lo mismo para quienes siempre estáis ahí, a mi lado, en silencio, observando y regalándome oxigeno y complicidad.
No puedo prometerte cambiar radicalmente… igual para eso necesitaría una cuarta vida, van muy caras y solicitadas como para abusar… no me atrevo a pedirla y no creo ser merecedor de tanto pero si que me esforzaré en seguir dando lo mejor de mi, de la mejor forma que sepa y pueda.
Prometo, eso sí, seguir equivocándome, darle vueltas a emociones y sensaciones, seguir abriendo los ojos cuando otros prefieren tenerlos cerrados y cuando los cierre, que sea para soñar y ver bonito.
Viniendo de alguien tan imperfecto como yo puede no parece mucho para otros, pero tal vez eso sea lo que me hace distinto a la vez que nos une, ambos intentemos ser nosotros mismos y entregarnos cuando algo nos apasiona. Entre tanto ruido tenemos la virtud de callar y guardar aquello que nos da la vida. Ese es nuestro pecado y al mismo tiempo lo que nos da la vida.
Sabes… tenías razón aquella tarde cuando me hiciste ver que intentar ser uno mismo es una putada. Al final debes aceptar que no dejarás de cagarla y que en ese camino de aprendizaje mucho días no pasas de ser una copia barata de lo que deseas llegar a ser. A pesar de todo siempre compensa y no cambiaría nada de todo lo que he vivido y de lo mucho que cada una de esas experiencias me han enseñado y hacia dónde me han llevado.
Escribiéndote me he acabado escribiendo… así de especial eres. Siempre dando más de lo que recibes. Es más fácil disimular una sonrisa que explicar por qué estás triste… Hoy no era sobre mi camino sino sobre el tuyo y me doy cuenta de que soy yo el que un día se cruzó en el tuyo. Llegaste como un regalo lleno de amor, como un abrazo eterno de personas vitales en mi vida y al final te has convertido en parte de ella.
Sigamos caminando… te quiero a mi lado regalándome vida.
Jorge Juan García Insua
“Cuidemos de las plantas, porque las que no se lleva el viento se incrustan en el alma” Anónimo
Dicen que el corazón es un manicomio y que siempre hay espacio para una locura más.
De la cabra al cencerro atravesando una jaula de grillos.
Y la llamé loca. Sí. A ti, sí.
Mira que no a todo el mundo se lo digo.. no, ni mucho menos… Ese regalo sólo es para las personas que realmente lo son, de nivel TOP, las que dan caché a la palabra, las que te alteran la vida, las que se vacían en cada mirada, las que viven incluso cuando creen que mueren… esas, de las que ya quedan muy pocas… muy pocas…
Quiero una loca en vida.
Sí. La quiero… bien loca.
Que se ruborice cuando no se reconoce mientras susurra “ahora pensarás que estoy loca” y no puede parar de reír… Contagiosa. Viral.
Que se acelere cuando hable y sus palabras vayan más deprisa que sus pensamientos… cuando cada palabra desborde intensidad y magnetismo…
Loca…. que me mira raro cuando le digo que la locura dejo de entenderse como una enfermedad mental a finales del siglo XIX para pasar a definir un estado de ánimo, una parte de la personalidad… “eso es que no me conocían a mi” me dice y ríe, ríe con locura. Contamíname y esconde la vacuna… qué locura!
Me gusta así de loca… tanta locura la vacía de limitaciones y la llena de ironía y libertad. Libertad para reírse de si misma y acariciar con ternura tanta impulsividad… dice que la locura tonifica la piel… y lo entenderías si acariciaras sus mejillas… La locura de subir la temperatura. Cuánto calor cabe en tu locura?
Así es la locura que te define… impredecible, ruidosa, a medio camino siempre entre mi refugio y mi socorro. Incalificable. Indefinible. Incantadora… jajajaja así es su facilidad para jugar con todo. Para darle la vuelta, para dártela a ti, para ver las cosas como nadie las sabe ver.
Se acerca y se aleja para recordarme que nada es eterno y todo puede ser para siempre, que cada día nos levantamos con la locura de saber que la última palabra siempre es nuestra… o suya.
No quería acabar el día sin darte las gracias por provocar esta locura de escrito, por escucharme aunque estés en momento de máxima locura.
El mérito no está en decirlo… no, el mundo está lleno de locos, te lo digo yo… sino en darle a la vida alas y pasión para hacerla realidad, y de eso el mundo está muy falto… mira que de locos me he cruzado con unos cuántos.
Así que gracias, de verdad. Gracias por recordarme que todos tenemos locuras y como dijo J. Billings a menudo nos cuesta entender que es lo más interesante que tenemos.
«La vida no se trata de encontrar refugio en la tormenta. Se trata de aprender a bailar bajo la lluvia»
Este domingo recibí una llamada inesperada.
Tuya.
Te habían hablado de mi y recomendado llamarme, pensando que yo podía ayudarte me pedías que te contara mi historia, como si en ella estuvieran todas las respuestas y soluciones a tus fantasmas y preocupaciones…
Te escuché y te dije que te equivocabas, que lo sentía pero que nada más lejos de la realidad. No soy mago, no tengo varita y ni mucho menos aspiro a tener todas las respuestas. Lejos de ser ese que crees que soy mi experiencia no es la de alguien valiente como te has imaginado, sino la de algún cobarde que también tuvo miedo, del de verdad, de ese que te paraliza como lo hace contigo en estos momentos… y en esa sensación aterradora e inestable no tuve más remedio que encontrar la fuerza para seguir.
Entonces no te lo expliqué pero creo que me entenderás mejor si te empiezo explicando que han habido tres noches en mi vida que me ha costado conciliar el sueño, una de ella fue precisamente el día que me dieron el alta… No sé por qué me levanté muy de madrugada, me senté en el ordenador y me puse a escribir… Recuerdo cómo empecé…
“Hoy me han dicho que has muerto, que esta vez es de verdad, que esta vez es la definitiva y que finalmente has perdido. No sé lo que he ganado yo pero creo que después de estos años de hacernos daño mutuamente, de miedos, desconfianzas y cicatrices me he ganado el derecho a hablar en tu despedida, a tomar la palabra y por una vez, explicarte cómo me siento”
No sé cuántas horas estuve escribiendo pero fueron muchas porque esa noche no volví a la cama. Firmé en el final y puse el título… “El camino del hombre delgado”, grabé y guardé aquel escrito. Y durante años estuvo así, guardado, desconocido para todos y esperando su momento… hasta que un día decidí coger unos párrafos e incluirlos en un escrito de este blog personal. Son contadas ocasiones las que algo de lo que escribí aquella noche lo he hecho público, incluso rara vez lo había recuperado y vuelto a leer en tu totalidad. La primera vez fue después de un fin de semana de formación en Coaching Sistémico y después no volví a recuperarlo hasta este verano cuando empecé a prepararme Presentaciones, Conferencias y Storytelling para JOY.
Al re-leerme tomaba conciencia de que aquellos párrafos caminan a través de la locura, el miedo, la incertidumbre… están llenos de gratitud y de amor hacia los que allí llamaba mi “Guardia Pretoriana”… mis hermanos, cuñados, la que entonces era mi pareja y un reducidísimo grupo que siempre, siempre y más allá de aquellos meses estuvieron y están a mi lado. Mi impulso era compartirlo con ellos pero no lo hice nunca, en el fondo porque creo que ni haciendo eso les demostraría la gratitud y el cariño que les tengo y que me sentía como que era poco para tanto que les debía. Y cuando creo que no encuentro palabras para expresar lo que siento opto por el silencio, que siempre encuentra la forma de hacerlo.
Al tiempo que escribía aquel texto volcaba en él mi relación con la hepatitis y lo hacía a través de todas aquellas situaciones que durante los largos años de tratamiento me habían marcado y línea a línea intenté cerrar cada una de las heridas abiertas. Escribir sobre ellas me obligaba a afrontarlas, a aceptar que estaba herido más allá de lo físico y me obligaba a verlas y aceptarlas con una perspectiva distinta, con mayor distancia y serenidad.
Escribir aquella noche me permitió abrazar mis sombras y aceptar que una vez más en mi vida tenía que entender que no podía cambiar lo que me había pasado, eso estaba y estaría ahí, pero sí podía y sólo dependía de mí como quería vivir con ello, sin culpas ni piedras en mi mochila.
Volver a conectar con todo aquello me enseña cómo he cambiado y crecido desde entonces, a pesar de esa experiencia y sobre todo gracias a esa experiencia y a quienes la vivieron conmigo.
Sabes cómo se forman las perlas… Las perlas son producto del dolor, el resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable en una ostra, como un virus. En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia llamada nácar y cuando este virus penetra en la ostra, las células de nácar cubren esta sustancia extraña con capas, capas y capas para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado se va formando una hermosa perla. Así que una ostra que no haya sido herida de algún modo, no puede producir perlas porque la perla es una herida cicatrizada. Ella es capaz de sanarse, como yo fui capaz de sanar mi herida emocional.
Cuando eres un enfermo de hepatitis te asustan los prejuicios que de ti otros tendrán… No he conocido a ningún enfermo que no se haya sentido juzgado, con o sin motivo, y esa es una cruz difícil de cargar. Decidí que yo no iba a disimular nada y estaba decidido a crecer y aprender de aquella experiencia. Me ha costado años tratar mis heridas y convertirlas en “perlas”, así que como ves no soy ningún Superman.
Durante el segundo tratamiento tuve muchas veces el pensamiento de que luchaba porque quería ser libre, y en aquellos momentos la libertad era poder hacer y deshacer sin encontrarme exhausto, poder planificar salidas, familia, amigos sin el temor de no poder ir, de no encontrarme con fuerzas para salir de casa, de ir o venir sin estar pendiente de pastillas, inyecciones, dolores, sangrados… y en muchos momentos aquello me paralizaba y me culpaba por ello.
Iluso pensaba que llegaba al segundo tratamiento más fuerte, física y mentalmente. Preparado para soportar lo que hiciera falta y convencido de que esta vez a pesar de todo lo que me advertían podría con todo. Pero esta vez bastaron 24 horas del inicio de la medicación tocar suelo e hincar las rodillas. Incapaz de levantarme, de mover un músculo sin sentir dolor y pinchazos, el sabor a sangre constante, el dolor de cabeza intenso…
Recuerdo llamar a mi hermana la segunda noche de tratamiento para pedirle que estuviera preparada, que tenía miedo de cómo iba a estar al día siguiente y que tal vez tendría que ir al hospital. No sé cómo pero aguanté y me asustaba pensar que al día siguiente no sería capaz de levantarme y conducir hasta mi trabajo. Me dolían las manos, era incapaz de cerrarlas o doblar un dedo, me ardía la piel que se llenaba de manchas, incapaz de caminar con normalidad y me faltaba el aire cuando daba cuatro pasos. A pesar de todo llegué hasta Cerdanyola aquel día, como lo había hecho hasta entonces, me senté en mi mesa y a solas lloré. Lloré de rabia, pero lloré para prometerme que haría ese esfuerzo cada día hasta acabar el tratamiento…
Por eso cuando me llamaste el domingo y me pedías que te hablara de mi historia, que querías aprender de mí, tomarme como ejemplo… te dije que yo no era ejemplo de nada ni mucho menos podía dar respuestas a tus preguntas.
«Dragón» por J (*)
Serás tú quien haya de pensar cuáles son las preguntas, asumiendo que tal vez las respuestas no existen o en el mejor de los casos entender que sólo puedes contestarlas tú, porque empiezas un camino que te cambiará y te llevará más lejos de dónde ahora puedes imaginar. Dices que tienes miedo y que buscas en mi el valor… y el valor que yo pueda tener, poco o mucho, nació de tu misma situación. Somos más parecidos de lo que piensas. Ni tú ni yo nacimos cobardes y ambos descubrimos hasta dónde somos valientes en el camino.
Hay veces que encuentras el camino, otras te encuentra a ti y si te sientes perdido dale tiempo para mostrarse y para encontrarte… nadie se encuentra sin haberse perdido antes y yo no soy la excepción. Siempre destacamos las personas maravillosas con las que nos cruzamos y nos regalan luz, pero más especiales son aquellas que deciden compartir con nosotros sus sombras. Eso es lo que te hace y nos hace distintos y especiales. Ese es el regalo.
Ahora que sabes esto de mi si sigues pensando que soy una de las personas que te puede ayudar a recorrer el camino estaré. Estaré orgulloso de formar parte de tu Guardia Pretoriana y tienes mi compromiso de que recorreré el camino junto a ti.
Sabes dónde estoy. Nos vemos caminando.
Jorge Juan García Insua
(*) El primer dibujo a témpera de mi hijo J, representando el «monstruo del Dragón de St Jordi»
Te mereces que te llegue el amor verdadero aunque no se le esperara.
Te mereces que sea paciente para que veas y compruebes que es de verdad.
Te mereces que te dé un día tras otro y te quiera bonito como dice la canción…
Mereces que te ame y que sea como nunca te han amado… y te mereces que te quiera hasta hacerte llorar de felicidad.
Te mereces alguien que anhele dormir a tu lado y que sueñe con llenarte de besos mientras su mano y la tuya se encuentran bajo las sábanas.
Mereces alguien que se derrita con tu sonrisa y que pierda el sueño sólo por verte dormir, alguien que sepa acariciarte y que se le erice la piel mientras lo hace la tuya.
Te mereces alguien que te sueñe y te escriba y que cuando lo haga sea de verdad verdadera, te mereces que esté ahí, que siga ahí y que sea por ti.
Te mereces alguien que cuando vea la Luna la llame con tu nombre y que solo lo sepas tú.
Y te lo mereces porque merecerlo a veces asusta.,,
…Como se asusta la Luna cuando ve salir el Sol y siente su energía y calor.
Y sé que te lo mereces porque de eso se trata, de querer y dejarse querer… de sentir… de vivir y de disfrutar contigo y junto a ti.
Te mereces ser feliz.
Y defendería esto que escribo en el cielo y en la tierra…. y te lo susurra quien ha estado en los dos sitios y decidió quedarse abajo porque hasta las estrellas deciden bajar y estrellarse de vez en cuando.
Soy de los que piensan que la inocencia es una virtud que deberíamos congelar para que no se pierda con los años… Y desde que soy padre no hago sino convencerme más y más a diario de ese pensamiento.
Esta historia comienza cuando despues de cenar mi pequeño P se me arrumacó en el sofá, se pegó a mi cuerpo mientras me rodeaba fuerte con sus brazos y como suelo hacer le empecé a acariciar lentamente la nuca, sintiendo su pelo entre mis dedos… algo que a menudo les hago cuando les doy las buenas noches y que nos relaja a los dos.. a los tres… En ese momento que estoy con los ojos cerrados, conectados por el abrazo y las caricias me dijo “¿sabes lo peor que tiene el cole papá?… que te echo mucho de más”.
Y dejó de ser un abrazo… más…
P tiene el don de la emoción. Desde su infinita inocencia su mirada todavía insegura conecta conmigo y me desarma para recordarme que siempre es buen momento para expresar lo que sentimos tal cual lo sentimos. Más allá de las palabras la expresión de las emociones es algo que se aprende ya en la infancia y él lo hace con una especial naturalidad.
Cuando lo hace me enseña que cuando no sabemos cómo decirlo siempre es mejor inventarnos las palabras o llenarlas de nuevos significados que dejar de hacerlo por temor o miedo… porque cuando no lo decimos, cuando se queda dentro se pierde y perdemos una maravillosa oportunidad de emocionar y emocionarnos, de conectar con los demás y de conectarnos con nosotros mismos.
Como todos los niños, P y J no tienen experiencias pasadas, no se reprimen, no hay prejuicios ni lastres ni cicatrices y cuando lo expresan lo hacen con sentimiento infinito. Tenemos la obligación de no cortarles las alas, de no contaminar su imaginación y creatividad y de intentar absorber de ellos todo lo que tienen para enseñarnos, que es muchísimo. Expresarnos con la emoción que lo hacen ellos sólo puede hacernos crecer más allá de lo que un adulto cree poder llegar a hacerlo jamás.
Todos los días convivimos con emociones y a pesar de ello algunas nos son grandes desconocidas. Se nos dan en situaciones complicadas que provocan que pensemos que debemos ocultarlas y no mostrar esos sentimientos a nuestros hijos (y a nosotros mismos), pensando que lo contrario nos mostraría rotos y débiles ante ellos o que tal vez no sepan entenderlas o gestionarlas, y en muchas de esas ocasiones, no estamos sino proyectando en ellos nuestras propias carencias y miedos.
Haciéndolo y negando nuestro natural derecho a sentir reforzamos nuestra armadura y nuestro temor a expresar emociones y aprender que tienen que decirnos y enseñarnos de nosotros mismos … y así perdemos una maravillosa oportunidad de mostrarnos como somos.
Hace unas semanas leí un libro precioso sobre el autismo infantil, lleno de historias estremecedoras de niños y miradas, «El niño al que se le olvidó cómo mirar» -de J. Martos y M. Llorente- y que por encima del trastorno nos enseña que hay muchas formas de ver, ser y enfrentar el mundo cuando es un niño quien lo mira. P con su mirada de ojos grandes y sus palabras a corazón abierto me ha hecho ver y entender muchas cosas de aquella lectura.
Justo en el momento de mi vida donde más soy capaz de conectar con mis emociones, abrazarlas y compartirlas, de expresar lo que siento y mostrarme tan vulnerable como siempre he sido pero no siempre mostraba pienso que ojalá el adulto que soy nunca avergüence al niño que una vez fui y que cuando en mi camino aparezcan piedras, mi musa y lo que en mi quede de la mirada de niño me recuerden que nada es imposible.
Y si no lo creo… que estén ellos para convencerme de lo contrario…. mientras me regalan un largo, largo, largo e intenso abrazo.
El pasado no avisa al llegar y hace soplar el viento hasta hacerte creer que ha vencido.
El pasado nunca ha sido un buen compañero de viaje, lleva un equipaje demasiado grande para encajar en cualquier sitio, demasiado pesado para dejarte caminar sin tener la sensación de que el aliento te falta a cada paso y al final, cuando el cansancio te puede y te preguntas por qué cargas con todo eso… no te sientes cómodo con ninguna de las excusas que a modo de respuesta te das.
Hay un pasado que es como los restos de un naufragio, acosado por la sal y los años, deseando desaparecer, en cuarentena abandonado a su suerte, desgastado por el frío de la marea… condenado a ser ceniza, ficción para el futuro, soledad para el presente, devastado por la memoria.
Cuando llame a tu puerta no le abras sin pensar antes qué vas a decirle antes de dejarle entrar. Si entra descubrirás cómo eres de frágil y te engañará deseando llevarte a aparentar lo que no eres. Y lo sé porque yo también me he sentido así de frágil y he pagado el precio de sacarlo.
Así que cuando te tumbas delante mío y encuentras las palabras para hablar del presente te confesaré que escuchándote te veo en futuro.
Y si decides seguir a cambio sólo te ofrezco irme cada mañana antes de que te llegues a levantar, dejándote un peluche y el más tierno de los besos en tu cuello, otro en la mejilla y la promesa que cuando el día se acabe volveré.
A menudo te verás perdida en mi viaje interior, mi pecho desbordado de emociones y la locura como el más normal de mis estado mentales. Locuras llenas de recuerdos intensos como las mareas del norte, tan peligrosas de ver de cerca como románticas de vivir de cerca.
Con los años he aprendido que me queda mucho para aprender a escribir sobre lo que siento y que hacerlo sobre el pasado es abrazar la sensación del viento en contra, aceptar que no soy ejemplo de nada y que de cada batalla salgo vencido pero con el regalo de haberte conocido.
Cuando tengas dudas y escuches que pican a la puerta mira el reloj que dibujaremos un día los dos en la pared, irá siempre hacia delante como tus sueños y recuerda que en algún lugar pienso en ti y que más pronto que tarde volveré.
Volveré porque nuestros caminos son como dos paralelas que llevan demasiado mirándose de reojo, a menudo y de vez en vez, esperando la curva apropiada para dibujar un lazo, rojo posiblemente, rojo.
En ocasiones esta profesión es tan especial y puñetera que a última hora de la tarde te pone delante a personas en sesiones que no querrías tener, ahí no… No por ese motivo. Y no es la primera vez que me sucede pero en ese instante querría en una y mil vidas compartir con ella un café, un japo o un paseo… pero no una sesión. Y quiero entonces pensar eso de que todo pasa por algo, pero no y a veces hasta yo pienso que lo que pasa es una mierda, que nos toca bailar con el torpe… pero me dura poco, eso ya lo sabes y supongo que por eso, entre otras cosas, estás delante de mí.
A pesar de ello no puedo decir que no y digo que sí sabiendo que confía en mí, que está dispuesta a depositar en mi esperanzas, miedos, diablillos voladores saboteadores y el deseo de no perderse por el camino que se le abre.
La sesión empieza para mí mucho antes, mientras la preparo tomo conciencia de que no puedo ser objetivo, de que no será una sesión ni un proceso más y lo asumo, porque sé que ella también lo asume y no le importa. Y seguirá decidida a compartir, a luchar y a crecer teniéndome a mí como espectador privilegiado. Y yo, dispuesto a dar lo mejor de mi en su espacio y su momento.
Entonces suena la música y bailamos.
Cuando acaba y cierro la puerta, cojo mis folios y me siento en el sofá… mi mano empieza inconscientemente a tomar notas, a redondear palabras, dibujar líneas… mi cerebro se acelera y mis dedos toman la iniciativa y el control… y los dejo hacer, saben lo que han de hacer hasta que acaban de escribir la última de las anotaciones… y las repaso…
Al repasarlas me emociono, me dejo llevar y me siento vacío. Como debe ser, porque la sensación de no haberme dejado nada me reconforta y recompone. Me siento agradecido por ser el elegido, por tener la oportunidad de seguirla en ese camino y conecto con el recuerdo de cuando un buen amigo me insistía en que la enfermedad no había llegado para llevarme con ella sino para darme una colleja o como decía él “la vida da unas buenas hostias, y aunque te duelan a veces algunas llegan a tiempo” y con tiempo para recordarme qué quería hacer en este mundo y aclararme cuál debía ser mi camino.
Si mi vida hubiera sido distinta seguro que no hubiera vivido el momento de ayer. En mi camino he conocido a muchas personas que pienso se fueron demasiado pronto y por algún motivo otros seguimos en el camino. Quizá se trata de eso y ese es el plan. Y tal vez sencillamente mi vida ha sido como tenía que ser y estoy donde debo estar y para quien debo estar.
Hace unos años me hice la promesa de cumplir mi promesa, de hacer de mi vocación una parte importante de mi vida, de superar mis Propios miedos y entregarme y estar a la altura de quienes tuvieran el valor y el coraje de superarse y dejar atrás la incertidumbre y la desazón. Tardes como ésta hacen que valga la pena tanto esfuerzo y preparación.
Todos intentamos ser más buenos que malos, todos… sólo que algunos lo parecemos más porque tenemos la suerte de tropezarnos con personas especiales, muy especiales… que aún no saben cuánto lo son…
Llegará el día que todo esto será sólo un trocito de lo que habrás vivido y me dirás que está muy bien eso del cielo, pero que el cielo desde el cielo no se ve y aquí abajo… la vista, como la vida, es espectacular.
No confíes en mi. Te dije que era un Tercero y es lo más parecido a un Cuarto.
Y te contienes la ganas de gritar, los nervios, los anhelos… el silencio y la espera te dan la oportunidad de pensar y soñar con la respuesta… entonces empiezas a volar. Entre los minutos y las horas el miedo a perder, a que te vuelva a pasar, a que al otro lado no haya nadie…
Cuando vas llena de luz y las pulsaciones pausadas el mensaje coge fuerza y la electricidad es el canal, la aliada que le da alas a la señal, que la recoge de tus manos para darle forma de emoción… el miedo a pasar de largo a no decirlo, a darte tanto, a la indecisión… se queda en la rampa de salida para recorrer las ondas sin lastres y conectar…
Torpe él, batallando entre causas perdidas lo recibe y se encuentra fuera de lugar, por inesperado, por anhelado… mira atrás, abre los ojos y vuelve a mirar, lo lee, lo vuelve a leer… Ateo de convicción cree por un ratito en Dios…
Y quiere caminar pero las piernas se clavan, quiere abrir los ojos pero cerrados sabe que los sueños son más intensos y nunca vienen grandes, quiere llamar pero le puede el que nadie conteste… cree que no lo merece pero escribe, desliza los dedos y mientras lo hace sale de su propio cuerpo porque no sabe hacerlo cubriéndose la espalda y el día empieza… y el día acaba… porque nada de lo pase en las siguientes horas será tan especial.
Palabras que por arte de magia cruzan al otro lado, espacios que abrazan silencios y premian al que no deja de creer y vuelas… y todo parece perfecto cuando la mirada se fija en el movimiento de sus alas.
Entonces llega la llamada, entre luces apagadas y corazones abiertos… La noche está llena de luz y la voz nunca ha sido tan dulce ni ha tenido tanta fuerza…
Y en ese instante todo puede suceder… ya que estamos de paso dejemos huellas bonitas.
Mientras hacías sumas «triples» te quedaste mirando fijamente el enorme rollo de lazo rojo sobre la mesa… ¿papá, para qué quieres tanto lazo? – me preguntó P.
He cogido el rollo con las manos, sentía su suavidad y ante su mirada brillante e inquieta he necesitado respirar profundamente antes de intentar contestarle… Sabes P… papá se siente unido a muchas personas con las que comparte un trocito de este rollo de lazo…
Cada vez que papá ayuda a alguien, que comparten conmigo emociones, alegrías, tristezas… llega un día que les regalo un trozo de lazo y cuando lo hago les digo que ese trocito de lazo simboliza aquello que desde ese momento nos une, aquello que hemos compartido, la generosidad de haberme regalado confidencias y confianza, lo maravilloso de ver cómo avanzan, crecen, se sumergen en si mismos, se rebelan, se transforman y sobre todo… sienten y viven.
Porque cuando eso sucede cariño, papá también crece.. siente y necesita expresar que una parte de mí va con ese lazo… Para mi a veces es difícil de explicarle esto con palabras así que lo hago con un lazo y les digo que cuanto tengan un mal día, cuando las cosas no salen como uno espera, cuando se sientan tristes… toquen el lazo para coger aire, para pensar en todo el esfuerzo que les ha llevado llegar a donde están, los muros que han superado, las cicatrices que han sanado… y que no olvide que somos muchos los que estamos muy orgullosos del camino recorrido.
–El lazo eres tú, es como si estuvieras en él! – nos dijo J.
–Sí J! Justo, el lazo soy yo! -Y se me abrazó fuerte, como si no hubiera mañana.
–Pues yo quiero un trocito de ti, así cuando no te vea y te eche de menos lo tocaré – me dijo P emocionado y con la voz entrecortada…
Y algo se rompió en mi mientras cogía un trozo de lazo y te lo ponía en la muñeca… sus miradas llorosas no perdían detalle y a mí me temblaba el pulso. Cuando quedó bien sujeto subieron el puño orgullosos… P me regaló un largo y fuerte abrazo, al que se unió su hermano. Y allí, sentados y abrazados en medio del comedor el tiempo se paró y el lazo entre los tres ocupó su lugar, el que siempre ha sido, el que nada ni nadie puede romper.
Y en un ratito, en la penumbra de la noche, te acomodarás entre mis brazos… allí donde cada vez el espacio se te va quedando pequeño. Esta noche no me lanzarás preguntas temerosas pero como cada vez que empiezas a dormirte me acariciarás el pecho y me recordarás que lo importante es lo más importante. Desde la verdad de la inocencia y del amor más profundo que pueda existir me dormiré con el miedo de si sabré estar, de si sabré demostraros lo que significáis para mi y lloraré… porque hay momentos donde dejo de lado mi inocencia y me pierdo en una ciega adultez y lo absurdo de dar las cosas por sentado alejándome de lo que realmente soy… pero sé que cuando eso pase estaréis tú y J…
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y, de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante. Hoy ha sido uno de esos. A menudo sueño despierto y me voy al cielo… pero nada de lo que allí pasa es comparable a cada instante que paso con vosotros.
Gracias a todos mis lazos rojos por dar sentido a estos momentos.