Me he despertado y sentía que el de rojo me había traído mono de km… y mis padres me enseñaron que si te regalan algo hay que ser agradecido.
Después de desentumecer piernas y de algunas decenas de km te encuentras con una de esas escenas de foto que te invitan a parar y disfrutar del momento.
Justo entonces llega el mensaje. Alguien me escribe en el blog…
“Jorge! Bon Nadal y mis mejores deseos para el 2021! Gracias por tu ayuda y espero que sigas arreglando el mundo ahí fuera y metiendo el dedo en muchas llagas “.
Mi carcajada debe haberse escuchado hasta en Badalona y me has provocado una sonrisa que me durará todas lasFiestas, así que gracias por este regalo. No sabes la de veces que me han hecho ese comentario de las llagas en lo que llevamos de año y cómo me acuerdo de ti cada vez que eso sucede.
Querida C… puestos a reflexionar ese mensaje sólo puede ser propio de la C que conocí hace ya algunos años, la que hasta cuando se arrastraba iba con la sonrisa puesta, la que discutía conmigo sobre los trastornos de Freud y mirábamos catálogos de divanes que algún día utilizaríamos para psicoanalizarnos.
Te leo y siento que todo ahora esta perfecto , el proceso ha llegado a su final y he dejado de “preocuparme” por ti. Estás de nuevo en tu mejor momento y te basta y sobra un mensaje para contagiarlo.
Sólo confié en ti y no dejé de creer… no hice nada más.
Ah… y no te preocupes que no diré nada… queda entre tú y yo… posiblemente esto no lo lea nadie, a mi reputación no le conviene y me llenarían de comentarios sobre lo que no parece.
Un día cualquier es el ultimo día y al siguiente no es más que un día de estos.
El mundo es enorme pero no lo bastante para encontrar a alguien com tú.
Prefiero una vida de subidas y bajadas que una llena de miedo por lo que pudo ser y nunca llegue a saber cómo nombrarlo.
Hay vidas pequeñas y vidas que guardan mil mundos.
Algunas son oscuras, tristes y tan pesadas que no hay espalda que puedan con ellas. Otras son más grandes que la mayor de la montañas, que renacen con cada rayo del Sol y se acunan en la Luna.
Quiero ser un trozo de las que tú hayas vivido y una sonrisa cuando te apetezca recordar.
Abre mis brazos, muestra tus alas, enséñame a volar con lo que llevemos puestos y enséñame a ver la vida como tú la ves. Tuve que aprender a respirar contigo y no sé cómo hacerlo ahora que debo hacerlo sin ti.
Coge una tiza y pinta en el suelo FELIZ. Siéntame encima mientras sujetas la taza de café y cierra los ojos. Olor a sueño. Saborea mis reservas de cariño y te quieros. Déjame sentarme a tu lado, abrazarte, no quiero más puertas abiertas ni quiero salir.
Envíame un mensaje y para en seco mi corazón. Qué hay en ese mensaje? Qué significa para tí? Qué te impulsa a enviarlo? Cuánto de ti hay en él?
Preguntas. Respuesta? No llega la respuesta. No me importan las respuestas si sólo las he responder yo, en realidad la respuesta la sabía antes de enviar la pregunta. Enamorado? Enganchado? Conectado?
Ay amor.. que vienes tal como te vas. A veces sin despedirte, sin avisar cuando vas a llegar y cuándo me vas a olvidar. Y si Badalona es la ciudad de mi vida que sea porque allí nos unimos por primera vez… Una vida por una vida, es el pago por compartir instantes contigo.
Mírame y dime qué esperas de mí. Estoy gastado y algo usado, de esos tipos que le importan hasta las piedras, que cierra los ojos cuando habla con el corazón. Con los años he aprendido a llevarme bien con el tiempo y a controlar el ansia de que sucedan cosas que sólo tienen lugar en mi cabeza, de cuando el paraíso estaba en tu boca.
Tal vez conmigo pensaste que sólo llegarias a recorrer carreteras secundarias, dónde todo sale al revés y lo único que poco o nada importa es si vienes o vas. Pero también te aseguro que si las recorres verías que nada pasa por costumbre y todo es de verdad, no hay te quiero fabricados ni besos vacíos…
Besos y sólo besos, de los que te llevan de viaje a ninguna parte, en contra dirección y sin rumbo fijo. No esperan por nadie ni quieren a nadie a quien esperar. O estás ahí para ellos o los pierdes para siempre, porque los besos, los auténticos se alimentan del momento, de la intensidad de la necesidad y de la pasión de las ganas para dejar huella. Por eso recordamos el primer beso… y el último.
Besos de los que valen la pena, de los que paran el reloj, de los que das uno y te remueve días, semanas, meses, año… vidas.
Tú. La mayor de las bolas de fuego, incontrolable, impulsiva, vivaz, risueña, majestuosa, espectáculo de colores a los ojos de cualquiera. Te teme la calma, te adora mi lápiz. Confieso momentos que mis dedos se infringen el castigo adolescente de escribir tu nombre hasta la extenuación, y me consuela pensar que eso sólo puede pasar porque por unos segundos has pensado en mi, de rebote, sin querer, de casualidad… y si…? y si…? y si…?
Punto y seguido que el tiempo, el miedo y el frío transforman en punto y aparte. Y como todas las historias bonitas que leemos y querríamos no acabaran nunca nos negamos a pasar la penúltima hoja y a saber cuál es el punto final. La última hoja del libro, por muy bonita que sea la historia siempre es blanca y algunas nunca llevan Fin.
Tal vez ese es el riesgo, la pregunta que aún no hemos sabido responder, ni tú ni yo… dónde acabo yo y empiezas tú.
Pero sea cual sea la respuesta si algo sé es que uno siempre sabe dónde está el final y todos, todos, todos los adiós tienen grabado un hasta luego.
Hubo un día que fuimos todo que el mundo deseaba ser… Y tu legado, todas las mañanas que ya no nos verán despertar.
Siempre hay un primer paso entre quererte el resto de mi vida y olvidarte para siempre. El camino te enseña que debes caminar cuando no te pertenecen los motivos para quedarte.
Hoy me ha enviado un mensaje para felicitarme la Navidad… como el pasado año el primero en llegarme ha sido el suyo.
Nuestros caminos sólo se cruzaron poco más de una hora… una amiga de una amiga de… le recomendó, insistió que viniera a hablar conmigo… y aquella tarde lo hizo.
Al abrir la puerta me encontré con una chica menuda de grandes ojos redondeados y ligeramente maquillados, sonrisa tímida y enorme. Pero lo que más me llamó la atención era su voz, suave y melosa a pesar de tanta timidez.
Cuando nos sentamos me presenté y como siempre hago antes de entrar en sesión le di opción a que me preguntara cualquier cosa que necesitara saber de mí… “Esa guitarra que tienes en la entrada… es tuya? – me preguntó.
–Sí, sí lo es. Me la regalaron mis padres siendo yo adolescente y más allá de lo musical tiene un significado muy especial para mí. Como lo tiene el que la tenga ahí, a la entrada de mi casa. Contesté.
– Me encanta Jorge… la música y sobre todo la guitarra acústica son todo para mí… es como una forma de comunicación, de hablar, expresarme… creo que es la forma en la que mejor me expreso y me hago entender – explicaba medio susurrando.
Casi sin necesidad de más me explicó que se sentía bloqueada, confusa, incluso vacía… Se había dedicado en cuerpo y alma a la música hasta que un desengaño le había hecho perder la ilusión y no encontraba la forma de seguir, de superar el dolor y la angustia. “Ahora… me siento pequeña, como si me faltaba algo… no sé, supongo que te parecerá una tontería venir aquí por esto, pensarás que estoy loca”. Y sus palabras se empezaron a hacer escasas, me miraba y podía escuchar su silencio. La observaba sereno y conectaba con sus miedos. Sin saberlo ella le regaló una canción, y aquel se convirtió inesperadamente en el último de los regalos entre ellos.
-Se me ocurre algo… ven, siéntate aquí en el suelo conmigo, pongamos la manta y ponte cómoda… – le dije mientras me miraba extrañada. Ahora que lo pienso sonó un poco “raro”…
Me levanté y cogí la funda de la guitarra, me arrodillé delante de ella, saqué la guitarra y unas púas y se la entregué con cuidado… Recuerdo que la cogió con el mismo cuidado mientras me miraba sonriente, la acarició y mientras se la acomodaba empezó a afinarla y de forma natural sus dedos se deslizaban y me regalaban arpegios… Bien… para qué has venido hoy realmente? – le pregunté.
Y empezó la actuación… Tempo de corcheas. La sesión se musicalizó y sus palabras se acompañaban de notas que nunca hubiera podido imaginar salieran de mi guitarra. Entre compases, blancas, negras, escalas improvisadas y suaves rasgados la sesión tomó forma y sentido. Ella susurraba, hablaba, entonaba, lloraba, se sumergía en silencios para retomar puestos y estribillos… mientras sus dedos impulsiva e inconscientemente se deslizaban por los trastes.
Recuerdo mientras me formaba como uno de mis maestros, Jordi Vilà nos explicaba la conexión entre coach y cliente con una metáfora… cuando una sesión tiene magia y conexión “bailas con el cliente”nos dijo. La primera vez que pude sentir que baile fue en una sesión en un banco de una plaza cercana a la escuela donde me formé… la segunda fue ésta y hoy, al coger la guitarra en el mismo lugar de mi comedor dónde la cogió ella el recuerdo de aquella hora ha sido tan intenso como entonces. Y el recuerdo de aquella experiencia me ha hecho bailar otra vez.
No la vi más, le bastó una sesión para romper su bloqueo y recuperar la voz de sus emociones y sentimientos. A pesar de eso, la distancia y el tiempo pasado aquellos acordes nos mantienen conectados todavía.
Esa felicitación es la excusa para volver a conectar y escuchar de mi memoria la música con la que llenó aquella lejana, única y primeriza sesión… si es que puedo llamarla así… tendré que preguntárselo a Jordi…
Es mucho lo que aprendí en aquellas clases y mucho lo que entendí que me quedaba por aprender… pero difícilmente poder olvidar que la sensación de saber que estás bailando con y para otra persona es muy especial.
Y sí, tenías razón Jordi. Hay magia en esos momentos y te acompañan para siempre.
Alguien escribió eso de que sin música la vida sería un error. Cierto. Es el lenguaje universal para todas las emociones, que no surgen de la música sino que viajan en la experiencia sonora a la que quedan prendadas. La música para ella era un mundo en sí misma, un lenguaje infinito que él no supo o no quiso entender… sólo tenía que cerrar los ojos y escuchar, escuchar lo que no se dice, lo que se toca… y te toca.
Que la música te acompañe siempre…
Jorge Juan García Insua
“Cada persona es el reflejo de la música que escucha”. John Lennon
Estaba borrando notas antiguas y archivos olvidados en un disco duro pero me he encontrado con unas pocas líneas, sin demasiado sentido cuando las escribí.
Habitualmente borro sin más. Ideas que ya no me resuenan, que no conectan con mi momento, notas de hace meses o años que empecé y se quedan en unas pocas líneas… la mayoría no pasan la criba pero algunas sorprendentemente cuando de nuevo me cruzo con ellas adquieren un significado completamente distinto, revelador y sin saber cómo me llevan por caminos que entonces no supe ver ni entender.
Tal vez no estaba entonces preparado parar seguir escribiendo y sólo esperaban el momento adecuado para presentarse de nuevo y conectar… Como esta vez ha sucedido.
Aquella lejana mañana salí del despacho dispuesto a realizar una entrevista, ojeé de nuevo el CV, las notas que previamente había tomado y me dirigí a saludar al candidato y acompañarlo a la sala donde realizaríamos la entrevista.
García se apellidaba. Cuando me vio se levantó, le saludé por su apellido, nos dimos la mano y le pedí que me acompañara a una salida contigua.
–Nos sentamos… Sr García… -le dije mientras hacía señas para indicarle cuál sería su sitio durante la entrevista y esperaba a que se acomodara para sentarme yo…. Jorge García… -dije.
–Sí, Jorge García – me dijo.
Por unos segundos tuve que hacer el esfuerzo por concentrarme y resituarme en la entrevista.
Escuchar mi nombre y nuestro evidente parecido físico hacia la situación cuanto menos particular. Hice una breve introducción recordando nuestro primero contacto telefónico días atrás, situando el inicio de la entrevista y el resto fue muy fluido. Era evidente que llevaba muchas entrevistas a la espalda, su discurso estaba bien enlazado, sin casi fisuras y con un tono muy natural incluso cuando trató el tiempo que había estado de baja por una grave enfermedad.
No sé cuántas entrevistas había realizado yo hasta aquel momento, muchas, pero nunca antes a nadie que se llamara como yo ni con la sensación que teníamos tantas similitudes. Ya que destacaba en su cv que era un gran aficionado a la lectura en un momento de la entrevista decidí llevar la entrevista a ese terreno….
–¿Veo Jorge que destacas tu afición por la lectura… ¿cuál es el libro que más te ha marcado? – pregunté
–Uno sólo? Creo que si tuviera que destacar le uno sería “El médico” de Noah Gordon. Lo leí de adolescente y recuerdo que me entusiasmó, empezar y no parar… años más tarde cuando estuve ingresado por el problema que le he comentado fue de los libros que mi padre me trajo al hospital para que pudiera entretenerme, nunca he sido demasiado de tv… y esa segunda lectura… bueno, aún me entusiasmó más.
Esa respuesta la hubiera podido dar yo casi con las mismas palabras. ¿Qué tiene ese libro que te haya marcado tanto? – le pregunté conteniendo la sorpresa
– El personaje, su personalidad… ¿Lo ha leído? – me preguntó… y al ver que mi respuesta era una mirada atenta prosiguió.
–El protagonista lucha por cumplir su sueño, el coraje de superar situaciones y crecer a través de ellas. A veces he leído opiniones donde describen el libro como la lucha de un hombre contra la muerte y creo que todo lo contrario…
Narra la pasión de un hombre por la vida… pensé yo mientras decía él. La misma respuesta que años atrás había dado yo. El mismo libro…
Hay un aspecto fundamental que cualquier psicólogo intentamos valorar en una entrevista de trabajo o evaluación, y se trata del autoconocimiento que tiene el candidato. Más allá de su experiencia, estudios… cuando mayor tenga la persona de sí misma más cerca está de poder demostrar su potencial en un trabajo y aquel Jorge Juan García que tuve enfrente demostró un nivel de autoconocimiento muy superior al mío en aquel momento.
Suena a locura pero me encantaría tener la oportunidad de que el Jorge actual entrevistara a aquel Jorge, igual no pasaba el filtro, pero sería una experiencia tan enriquecedora poder verme, escucharme y valorarme después de tanto camino recorrido.
Recordar esa entrevista me hace pensar en mi propia evolución y en qué le diría a mi yo pasado si ahora entráramos en una sala para una entrevista… Qué evaluación haría de él, de su potencial… No lo sé, me cuesta hasta imaginar lo pero seguro que no le avanzaría nada de lo que vivirá durante los años venideros, cada una de esas experiencias le llevaran a mi y no tengo la sensación de querer cambiar nada. Muchas cosas no le saldrán como espera, quiere o desea y en muchísimas otras posiblemente tomará la menos acertada de las decisiones, pero de eso se trata y eso es lo bonito de todo esto.
Sí le diría que no se preocupe cuando se dé cuenta que no siempre recorrerá el camino con las mismas personas, cambié yo y cambiaron ellos. Caminamos juntos cuando fue el momento y dejamos de hacerlo cuando necesitábamos a personas nuevas que nos sacudieran, empujaran, abrazaran en días amargos y nos enseñaran a caminar de otras formas…. Y si no siempre nos quedan los lazos rojos.
Le diría que no tenga miedo, no siempre será fácil pero es más fuerte de lo cree. Aprenderás que el pasado no se puede cambiar, se fue… pero al mismo tiempo tiene mucho que enseñarte si le preguntas con los ojos bien abiertos sin heridas ni cicatrices. Aprenderás que a veces nadar contra corriente tiene poco de valiente y mucho más de cobarde de lo que la mayoría piensa, que los charcos con el tiempo dan para buenos cafés y con buenas heridas se construyen inmensos puentes.
Y el futuro… relájate y disfruta de cada momento porque yo no siempre he sabido hacerlo… si tienes paciencia te ofrecerá oportunidades para ir más allá de dónde siempre pensaste ir, te pondrá delante vidas intensas y distintas que te mantendrán la sangre caliente. A menudo tendrás dudas, pensarás que no saldrá bien y te temblarán las piernas… pero créeme la altura nunca será el problema si te coges de la mano correcta y la agarras fuerte. Cierra los ojos y salta.
Mi camino, como el tuyo y el de todos, está lleno de curvas, muchas sin señalizar… sé que te asustará resbalar una y otra vez y no saber si sabrás ponerte de nuevo en pie. Es difícil explicar por qué ha de ser así pero cuando eso pase respira hondo y levanta la cabeza… el Sol siempre está tras las nubes. Y calienta.
La vida llenará tu camino de muchos libros, «El médico» solo fue uno de ellos, tú tendrás que decidir qué haces con ellos… si los utilizas para sujetar estanterías, apoyar monitores, hacer bonito o para abrirlos y abrirte con ellos…. recuerda que la vida te regala casualidades, tú pones las intenciones. El secreto está en las ganas y en la pasión.
Si has llegado hasta aquí seguro que te estarás preguntando si «pasó» la entrevista… Sí, lo hizo. Aposté por él y hasta dónde puedo hablar fue muy bien. Claro que no tiene mucho mérito, era una apuesta segura.
Deberían estar prohibidas las alarmas a estas horas, no creo que los humanos estemos biológicamente preparados para levantarnos tan temprano…pero será que tienes poco de humano y mucho de diablo. Cuando estás dormido estás en tu mejor momento, no necesitas desvelarte para volverte de este mundo, rasgarme la espalda, hacerte presente y llevarme hasta…
Elegantes y calientes caricias y dedos hambrientos… de… necesidad, hambre… intimidad. Manos que hablan, piernas que se tocan y entrelazan, miradas a oscuras que se descubren de madrugada. Olor. Piel. Sabor.
Te mueves sigilosamente buscando contacto, mi contacto… mmmm… queriendo saber si sigo a tu lado. Hasta con el ruido de la alarma haces del despertar el momento perfecto. Lentamente te mueves como si conectaras con cada poro y pasarás lista de cada centímetro. En ese instante te escucho por dentro, noto tu mirada, me estremece como abrazas mi cintura y respiras mi nuca mientras separas mi cabello…
– la alarma…
– Sshhhh… suena para recordar que él momento perfecto -me susurras.
Y te mueves suave, abriendo caminos… Maldito seas como me… Acelerada hasta el último tramo sintiendo cómo bajas y le explicas tus motivos y le pides permiso para perderle el respeto. Dices que el amor es una batalla y que tras ella hay que relamer las heridas… quiero perder todas si es contra ti. No me hagas prisionera, no esperes que sea yo la que se retire… si vamos a hacerlo que sea a muerte y que pierda el primero que deje de besar, de comer, respirar y morder… hagamos un nudo de nuestras gargantas.
Caballero, educado y con un punto gris para las que ven… inquietante, brillante, de mentalidad torcida y sonrisa irreverente para las que te quieran mirar. No Me digas que te marcharás tras el tercer asalto… Jorge por Dios! Cómo hace el destino que dos personas se hagan importantes, que se echen de menos… azar o destino? Tú has comenzado, educación retorcida para ese encanto esquivo e hipnótico.
Cómo conformarme contigo en blanco y negro mientras te comportas y desbordas colores, no te alejes, no te escondas para decirme luego que por qué me he ido tan lejos… tú que ríes mientras muerdes, que me despiertas para dejarme luego pensando si tendré que conformarme con alguna de tus fotos… no más blanco y negro por favor, no más.
Dime, júrame que no escribirás sobre esto… me moriría de vergüenza… júramelo por tu Luna creciente y llena, cómplice y suicida, que le hablas, que no se aleja, que enamoras y le escribes para que te siga abriendo caminos y nunca se vaya lejos.
Y en unos minutos saldrás corriendo y saltando escaleras de 6 en 6, subirás al coche, subirás el volumen y le meterás prisa al tiempo, soñarás despierto… y yo aquí prendida, recordando momentos prohibidos entre el silencio de tu calor y el ruido de tu aroma…mientras pienso en la locura perfecta de una alarma imperfectamente impecable.
Me besas y te recreas… Disfrutas el instante. Dormir contigo, despertar en ti.
Memorizo tu perfume para llevármelo puesto cuando me vuelvas a despertar… y cuando eso pase no sonará la alarma pero creeré escuchar y seré yo la que te busque… de 6 en 6…
Cuando tienes hijos pequeños sabes que cualquier momento es especial y suceden momentos mágicos, que no esperas y que generan recuerdos de esos que el corazón te dice que pasarán los años y seguirán presentes… Así que esto va sobre magia y emociones.
Ayer estaba dándole las buenas noches a J y escuché un sollozo en el comedor. Cuando llegué P estaba sentado en el borde del sofá, emocionado… al verlo se senté junto a él y al abrir los brazos rápidamente se me abrazó con fuerza y notaba cómo le caían las lágrimas…
– “Papá… quiero ser pequeño!”
– Cariño… eres pequeño y sabes… pase lo que pase siempre serás mi pequeño. Es lo bueno que tiene ser papá, aunque irás cumpliendo años yo siempre tendré más que tú, así que siempre serás mi pequeño… ahora no lo ves así pero te aseguro que en unos años no te gustará tanto…
Lo abracé, lentamente y como suele pasarnos paramos el tiempo… la intensidad y fuerza de su abrazo se amoldó a mi pecho, pasó sus manos por debajo de mi camiseta y su respiración fue sincronizándose con la mía y recuperando poco a poco la normalidad.
Me abrazó más fuerte… ¿Qué te preocupa cariño? – le susurré mientras le acariciaba y besaba las lágrimas.
– Cuando crezca no cabré en tu cama… – me dijo mirándome mientras sollozaba amargamente.
– Compraremos una más grande… – le dije mientras acariciaba su nuca. Así podrás seguir viniendo a dormir siempre que quieras.
– ¿Y si no sé hacerlo bien cuando sea mayor?
Aquella pregunta provocó que en mi mente se agolpaban respuestas y en cambio respiré, cerré los ojos y las silencié todas. Aquellas palabras y la intensidad con las que expresaba, sus manos en mi pecho… me hacía reflexionar sobre todo lo que quería expresar y lo que de esa forma tan especial quería decirme. Cuando más callada estaba mi mente más me costaba encontrar las palabras. Me podía el miedo a no saber expresar todo lo sentía y quería decir, a no hacerlo con la inocencia y dulzura que lo había hecho él… A no estar a su altura. Qué grande él, que pequeño y absurdo yo.
No sabía cómo decirle cómo de intensos son los momentos que comparto con ellos, cómo me pesan las decisiones pensando si son las correctas y si les ayudan en el camino, la de vueltas e interpretaciones que no puedes evitar hacer de prácticamente cualquier cosa que tiene que ver con ellos… y todo para que llegue un día y te desmonten de una forma tan apabullante.
Las veces que me he preguntado si soy el mejor padre posible para ellos, si sienten la enorme confianza que me generan sus pasos y la seguridad de en algo tan pequeño todavía hay dos seres inmensos para un mundo que todavía los tiene que descubrir.
Y entre todas esas dudas y miedos, que no eran suyos sino sólo míos, lo senté en mi regazo, nos miramos y le dije flojito…
– P… de un niño tan bonito como tú solo puede salir un mayor maravilloso, mucho más maravilloso de lo que tu papá será nunca. Y cuando eso pase, que pasará algún día, espero que sigas viniendo a mi cama para que no me olvide nunca de ser niño y me sigas enseñando a ser mayor. Hagas lo que hagas seré el papá más orgulloso del mundo entero.
Y me dio un beso…
Honestamente no sé si mis palabras fueron las más acertadas o si debería haber dicho otras… ni lo sé ni lo pensé, pero sí sé que esas salieron de algún sitio muy profundo, que son de amor absoluto e incondicional, que ese beso fue especial y que todo lo que nos podíamos decir iba en él.
Siempre he sentido que puedo conectar con mis hijos de una forma especial, pero ayer… no hay palabras para expresar ese instante ni la huella que esos momentos junto a vosotros dejan en mí.
Cuando casi a medianoche llegué a mi cama allí estaba P… abrazado a su inseparable peluche perrito Negret… me tumbé con mucho cuidado y ayer fui yo quien se giró hacia él y lo abracé y me quedaba profundamente dormido mientras le daba las gracias por ser y por estar allí para mí. Tenía razón, él todavía tan niño y la cama se nos hizo tan pequeña…
No sabía cuánto necesitaba dormir abrazado a ti hasta te vi en mi cama. Tal vez algún día leas esto y entiendas por qué…. tal vez entonces sepa hacerlo con las palabras adecuadas.
Mientras os prometo seguir intentando no perder el niño que me todavía me quede, así aún quedarán posibilidades de que me enseñéis a ser el mayor que vosotros seréis.
Os quiero J & P.
Papá
«Lleva mucho tiempo crecer hasta convertirse en un niño». Pablo Picasso.
Me siento como si hubiera perdido las alas, si es que alguna vez las tuve. Rebobinar, es de las pocas veces que querría rebobinar…
Si fuera un superhéroe sería como esos que inundan Netflix… uno de esos que se pierden y se caen, que no paran de tropezarse, que se consumen entre intentos que no les llevan a dónde quieren llegar, que en ocasiones sienten que no les comprenden, demasiado ofuscados para ver quien está a alrededor y que se atormentan en lugar de dejarse llevar por la emoción y el corazón.
Pero hoy no me siento así, estoy muy lejos de cualquier de ellos. Soy respecto a ellos muchos más cobarde e infinitamente más pequeño. Por eso no estás y tampoco yo estoy aquí. Cómo de lejos estoy de merecerte…
A la vulnerabilidad no suelen sentarle bien los trajes, aunque hoy necesite uno, pero no uno cualquiera… No necesito pensar mucho para decirte que tú serías el mejor y más especial de todos ellos. Nadie puede ni imaginarse cómo sería entonces de capaz, ni dónde estaría mi límite… Qué absurdo puedo llegar a ser, tenerlo delante y no saber ni por dónde poner un pie.
Uno colorido sería seguro, porque irradias luz, de esa tan inmensa que ciega a quienes no sabemos ver…. de la que ilumina el camino cuando se tuerce y desaparece bajo los pies, de esa que enseña a todos que está el Sol, la Luna y tú. Siempre tú.
Sin máscara, para perderme en tu mirada y encontrar a mi estupidas preguntas respuestas en tus labios. Tú no la necesitas y en cambio yo aún sigo aprendiendo a respirar sin ella. Quién querría estar junto a un eterno aprendiz…
Tu cabello suelto, para convencerte de que sí crece, como crece quién está a tu lado y que en su movimiento ondulado se respira y se desea estar atado de manos y pies.
La A como escudo. En el corazón. Siempre en el corazón. A de latido y fuente de energía eterna. Rosa… inmensamente rosa… capaz de silenciar mi silencios, descongelar mis miedos y elevarme del suelo.
No sé si algún día estaré a altura para rodar la escena que te mereces, puede ser que no pase de Serie B, que no encuentre presupuesto pero siempre serías la protagonista y en mi escena final… estás entre mis brazos y beso tu cuello…
Cómo me gustaría contarte mi guion, para que lo cojas y lo reescribas, para que lo re inventes y lo llenes tu ADN, del olor de tu piel y tu sabor, para que le des cariño y sentido… mis diálogos necesitan una brújula y escenas de calor, quiero en ellos sentirte cerquita y que me llenes de tiritas y me cubras con tu lazo… el nuestro.
Si en algún momento hay que matar al héroe haz que sea que sea de amor. Culpable de esconderte las ganas de llorar, de seguir guardando los besos que siempre te quise dar. Quería ir delante por costumbre y hoy el estar de rodillas le regalo lo bonito de ir detrás.
Detrás de tu A… primera del abecedario, líder de las vocales, complemento de acción, preposición, como mentí y destino. Afirmación universal, reina de las estrofas y musa de las rimas de poetas… A de acariciar, de admirar, ángel, alma, abrazar… de amar.
Una vez me dijeron que de mis cicatrices nacen mis mayores virtudes. Pero no deseo ni quiero, por nada del mundo, llevar una con tu nombre. Ese no es su sitio. Ya está grabado en el corazón, y seguirá ahí hasta se pare.
Lleva ya mucho tiempo conmigo. Observadora desde un sitio privilegiado, atenta, silenciosa al mismo tiempo que acompaña, escucha y siempre confidente. Ha hecho suyo ese espacio de mi castillo, sobrio si no fuera por su color, a ratos vacío si no fuera por su alma, silencioso excepto cuando me acompaña en la escucha….
Hace ahora casi un año no se nos fue por los pelos y casi al límite de la bocina, tras dos trasplantes conseguimos revitalizarla y darle una segunda vida. Desde entonces ha crecido, exuberante, vistosa y sugerente es imposible no fijarse en algún momento en ella cuando entras su espacio, mi espacio, más privado.
Hacía días que la miraba y veía que algo no iba bien. No brillaba como semanas atrás. Empezaba a tener manchas y estaba alicaída. Ayer noche mientras cenaba P cogió una ramita caída y me la enseño… mira papá! Era la señal de que no podía esperar más
Como cada uno de sus cambios no lo había sabido ver. Ese espacio suyo que yo daba por seguro era más que suficiente se le había quedado pequeño, la estaba asfixiando y limitando hasta matarla lentamente.
Así que hoy decidimos comprarle una casa más grande, kilos de tierra renovada y trasplantar la de nuevo. Y ahora que vuelve a ocupar su lugar le han bastado unas horas para volver a mostrarse majestuosa, volverá a ser la confidente que necesito y la amiga que todo lo ve, todo lo sabe. Siempre guardando silencio y mirando con ojos limpios y abiertos.
Como cualquiera de nosotros sólo necesitaba que me fijara en ella, que le prestara un poco de atención en medio de ajetreadas agendas y días rápidos. Ella no sabia como pedirlo y su esfuerzo la consumía y la apagaba, incapaz de encontrar la fórmula. Ambos somos igual de torpes… somos los mismos de siempre pero ya no somos los de antes.
Y yo, dando por hecho, seguía como si nada. La veía y la hablaba pero no la miraba ni la escuchaba y así es difícil poder conectar, sentir… y si no hubiera sido por P y su sorpresa a ver esa pequeña rama, seca, sobre la mesa tal vez hubiera llegado tarde.
Creo en las terceras oportunidades y lo creo porque yo la tuve. Y tú que llegaste ya en esta tercera vida y en un momento extraño y de cambio me recuerdas hoy algo tan importante como la necesidad de estar. En ocasiones quiero estar y estar tanto para tantas personas que me olvido de hacer lo mismo para quienes siempre estáis ahí, a mi lado, en silencio, observando y regalándome oxigeno y complicidad.
No puedo prometerte cambiar radicalmente… igual para eso necesitaría una cuarta vida, van muy caras y solicitadas como para abusar… no me atrevo a pedirla y no creo ser merecedor de tanto pero si que me esforzaré en seguir dando lo mejor de mi, de la mejor forma que sepa y pueda.
Prometo, eso sí, seguir equivocándome, darle vueltas a emociones y sensaciones, seguir abriendo los ojos cuando otros prefieren tenerlos cerrados y cuando los cierre, que sea para soñar y ver bonito.
Viniendo de alguien tan imperfecto como yo puede no parece mucho para otros, pero tal vez eso sea lo que me hace distinto a la vez que nos une, ambos intentemos ser nosotros mismos y entregarnos cuando algo nos apasiona. Entre tanto ruido tenemos la virtud de callar y guardar aquello que nos da la vida. Ese es nuestro pecado y al mismo tiempo lo que nos da la vida.
Sabes… tenías razón aquella tarde cuando me hiciste ver que intentar ser uno mismo es una putada. Al final debes aceptar que no dejarás de cagarla y que en ese camino de aprendizaje mucho días no pasas de ser una copia barata de lo que deseas llegar a ser. A pesar de todo siempre compensa y no cambiaría nada de todo lo que he vivido y de lo mucho que cada una de esas experiencias me han enseñado y hacia dónde me han llevado.
Escribiéndote me he acabado escribiendo… así de especial eres. Siempre dando más de lo que recibes. Es más fácil disimular una sonrisa que explicar por qué estás triste… Hoy no era sobre mi camino sino sobre el tuyo y me doy cuenta de que soy yo el que un día se cruzó en el tuyo. Llegaste como un regalo lleno de amor, como un abrazo eterno de personas vitales en mi vida y al final te has convertido en parte de ella.
Sigamos caminando… te quiero a mi lado regalándome vida.
Jorge Juan García Insua
“Cuidemos de las plantas, porque las que no se lleva el viento se incrustan en el alma” Anónimo
Dicen que el corazón es un manicomio y que siempre hay espacio para una locura más.
De la cabra al cencerro atravesando una jaula de grillos.
Y la llamé loca. Sí. A ti, sí.
Mira que no a todo el mundo se lo digo.. no, ni mucho menos… Ese regalo sólo es para las personas que realmente lo son, de nivel TOP, las que dan caché a la palabra, las que te alteran la vida, las que se vacían en cada mirada, las que viven incluso cuando creen que mueren… esas, de las que ya quedan muy pocas… muy pocas…
Quiero una loca en vida.
Sí. La quiero… bien loca.
Que se ruborice cuando no se reconoce mientras susurra “ahora pensarás que estoy loca” y no puede parar de reír… Contagiosa. Viral.
Que se acelere cuando hable y sus palabras vayan más deprisa que sus pensamientos… cuando cada palabra desborde intensidad y magnetismo…
Loca…. que me mira raro cuando le digo que la locura dejo de entenderse como una enfermedad mental a finales del siglo XIX para pasar a definir un estado de ánimo, una parte de la personalidad… “eso es que no me conocían a mi” me dice y ríe, ríe con locura. Contamíname y esconde la vacuna… qué locura!
Me gusta así de loca… tanta locura la vacía de limitaciones y la llena de ironía y libertad. Libertad para reírse de si misma y acariciar con ternura tanta impulsividad… dice que la locura tonifica la piel… y lo entenderías si acariciaras sus mejillas… La locura de subir la temperatura. Cuánto calor cabe en tu locura?
Así es la locura que te define… impredecible, ruidosa, a medio camino siempre entre mi refugio y mi socorro. Incalificable. Indefinible. Incantadora… jajajaja así es su facilidad para jugar con todo. Para darle la vuelta, para dártela a ti, para ver las cosas como nadie las sabe ver.
Se acerca y se aleja para recordarme que nada es eterno y todo puede ser para siempre, que cada día nos levantamos con la locura de saber que la última palabra siempre es nuestra… o suya.
No quería acabar el día sin darte las gracias por provocar esta locura de escrito, por escucharme aunque estés en momento de máxima locura.
El mérito no está en decirlo… no, el mundo está lleno de locos, te lo digo yo… sino en darle a la vida alas y pasión para hacerla realidad, y de eso el mundo está muy falto… mira que de locos me he cruzado con unos cuántos.
Así que gracias, de verdad. Gracias por recordarme que todos tenemos locuras y como dijo J. Billings a menudo nos cuesta entender que es lo más interesante que tenemos.
«La vida no se trata de encontrar refugio en la tormenta. Se trata de aprender a bailar bajo la lluvia»
Este domingo recibí una llamada inesperada.
Tuya.
Te habían hablado de mi y recomendado llamarme, pensando que yo podía ayudarte me pedías que te contara mi historia, como si en ella estuvieran todas las respuestas y soluciones a tus fantasmas y preocupaciones…
Te escuché y te dije que te equivocabas, que lo sentía pero que nada más lejos de la realidad. No soy mago, no tengo varita y ni mucho menos aspiro a tener todas las respuestas. Lejos de ser ese que crees que soy mi experiencia no es la de alguien valiente como te has imaginado, sino la de algún cobarde que también tuvo miedo, del de verdad, de ese que te paraliza como lo hace contigo en estos momentos… y en esa sensación aterradora e inestable no tuve más remedio que encontrar la fuerza para seguir.
Entonces no te lo expliqué pero creo que me entenderás mejor si te empiezo explicando que han habido tres noches en mi vida que me ha costado conciliar el sueño, una de ella fue precisamente el día que me dieron el alta… No sé por qué me levanté muy de madrugada, me senté en el ordenador y me puse a escribir… Recuerdo cómo empecé…
“Hoy me han dicho que has muerto, que esta vez es de verdad, que esta vez es la definitiva y que finalmente has perdido. No sé lo que he ganado yo pero creo que después de estos años de hacernos daño mutuamente, de miedos, desconfianzas y cicatrices me he ganado el derecho a hablar en tu despedida, a tomar la palabra y por una vez, explicarte cómo me siento”
No sé cuántas horas estuve escribiendo pero fueron muchas porque esa noche no volví a la cama. Firmé en el final y puse el título… “El camino del hombre delgado”, grabé y guardé aquel escrito. Y durante años estuvo así, guardado, desconocido para todos y esperando su momento… hasta que un día decidí coger unos párrafos e incluirlos en un escrito de este blog personal. Son contadas ocasiones las que algo de lo que escribí aquella noche lo he hecho público, incluso rara vez lo había recuperado y vuelto a leer en tu totalidad. La primera vez fue después de un fin de semana de formación en Coaching Sistémico y después no volví a recuperarlo hasta este verano cuando empecé a prepararme Presentaciones, Conferencias y Storytelling para JOY.
Al re-leerme tomaba conciencia de que aquellos párrafos caminan a través de la locura, el miedo, la incertidumbre… están llenos de gratitud y de amor hacia los que allí llamaba mi “Guardia Pretoriana”… mis hermanos, cuñados, la que entonces era mi pareja y un reducidísimo grupo que siempre, siempre y más allá de aquellos meses estuvieron y están a mi lado. Mi impulso era compartirlo con ellos pero no lo hice nunca, en el fondo porque creo que ni haciendo eso les demostraría la gratitud y el cariño que les tengo y que me sentía como que era poco para tanto que les debía. Y cuando creo que no encuentro palabras para expresar lo que siento opto por el silencio, que siempre encuentra la forma de hacerlo.
Al tiempo que escribía aquel texto volcaba en él mi relación con la hepatitis y lo hacía a través de todas aquellas situaciones que durante los largos años de tratamiento me habían marcado y línea a línea intenté cerrar cada una de las heridas abiertas. Escribir sobre ellas me obligaba a afrontarlas, a aceptar que estaba herido más allá de lo físico y me obligaba a verlas y aceptarlas con una perspectiva distinta, con mayor distancia y serenidad.
Escribir aquella noche me permitió abrazar mis sombras y aceptar que una vez más en mi vida tenía que entender que no podía cambiar lo que me había pasado, eso estaba y estaría ahí, pero sí podía y sólo dependía de mí como quería vivir con ello, sin culpas ni piedras en mi mochila.
Volver a conectar con todo aquello me enseña cómo he cambiado y crecido desde entonces, a pesar de esa experiencia y sobre todo gracias a esa experiencia y a quienes la vivieron conmigo.
Sabes cómo se forman las perlas… Las perlas son producto del dolor, el resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable en una ostra, como un virus. En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia llamada nácar y cuando este virus penetra en la ostra, las células de nácar cubren esta sustancia extraña con capas, capas y capas para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado se va formando una hermosa perla. Así que una ostra que no haya sido herida de algún modo, no puede producir perlas porque la perla es una herida cicatrizada. Ella es capaz de sanarse, como yo fui capaz de sanar mi herida emocional.
Cuando eres un enfermo de hepatitis te asustan los prejuicios que de ti otros tendrán… No he conocido a ningún enfermo que no se haya sentido juzgado, con o sin motivo, y esa es una cruz difícil de cargar. Decidí que yo no iba a disimular nada y estaba decidido a crecer y aprender de aquella experiencia. Me ha costado años tratar mis heridas y convertirlas en “perlas”, así que como ves no soy ningún Superman.
Durante el segundo tratamiento tuve muchas veces el pensamiento de que luchaba porque quería ser libre, y en aquellos momentos la libertad era poder hacer y deshacer sin encontrarme exhausto, poder planificar salidas, familia, amigos sin el temor de no poder ir, de no encontrarme con fuerzas para salir de casa, de ir o venir sin estar pendiente de pastillas, inyecciones, dolores, sangrados… y en muchos momentos aquello me paralizaba y me culpaba por ello.
Iluso pensaba que llegaba al segundo tratamiento más fuerte, física y mentalmente. Preparado para soportar lo que hiciera falta y convencido de que esta vez a pesar de todo lo que me advertían podría con todo. Pero esta vez bastaron 24 horas del inicio de la medicación tocar suelo e hincar las rodillas. Incapaz de levantarme, de mover un músculo sin sentir dolor y pinchazos, el sabor a sangre constante, el dolor de cabeza intenso…
Recuerdo llamar a mi hermana la segunda noche de tratamiento para pedirle que estuviera preparada, que tenía miedo de cómo iba a estar al día siguiente y que tal vez tendría que ir al hospital. No sé cómo pero aguanté y me asustaba pensar que al día siguiente no sería capaz de levantarme y conducir hasta mi trabajo. Me dolían las manos, era incapaz de cerrarlas o doblar un dedo, me ardía la piel que se llenaba de manchas, incapaz de caminar con normalidad y me faltaba el aire cuando daba cuatro pasos. A pesar de todo llegué hasta Cerdanyola aquel día, como lo había hecho hasta entonces, me senté en mi mesa y a solas lloré. Lloré de rabia, pero lloré para prometerme que haría ese esfuerzo cada día hasta acabar el tratamiento…
Por eso cuando me llamaste el domingo y me pedías que te hablara de mi historia, que querías aprender de mí, tomarme como ejemplo… te dije que yo no era ejemplo de nada ni mucho menos podía dar respuestas a tus preguntas.
«Dragón» por J (*)
Serás tú quien haya de pensar cuáles son las preguntas, asumiendo que tal vez las respuestas no existen o en el mejor de los casos entender que sólo puedes contestarlas tú, porque empiezas un camino que te cambiará y te llevará más lejos de dónde ahora puedes imaginar. Dices que tienes miedo y que buscas en mi el valor… y el valor que yo pueda tener, poco o mucho, nació de tu misma situación. Somos más parecidos de lo que piensas. Ni tú ni yo nacimos cobardes y ambos descubrimos hasta dónde somos valientes en el camino.
Hay veces que encuentras el camino, otras te encuentra a ti y si te sientes perdido dale tiempo para mostrarse y para encontrarte… nadie se encuentra sin haberse perdido antes y yo no soy la excepción. Siempre destacamos las personas maravillosas con las que nos cruzamos y nos regalan luz, pero más especiales son aquellas que deciden compartir con nosotros sus sombras. Eso es lo que te hace y nos hace distintos y especiales. Ese es el regalo.
Ahora que sabes esto de mi si sigues pensando que soy una de las personas que te puede ayudar a recorrer el camino estaré. Estaré orgulloso de formar parte de tu Guardia Pretoriana y tienes mi compromiso de que recorreré el camino junto a ti.
Sabes dónde estoy. Nos vemos caminando.
Jorge Juan García Insua
(*) El primer dibujo a témpera de mi hijo J, representando el «monstruo del Dragón de St Jordi»
Te mereces que te llegue el amor verdadero aunque no se le esperara.
Te mereces que sea paciente para que veas y compruebes que es de verdad.
Te mereces que te dé un día tras otro y te quiera bonito como dice la canción…
Mereces que te ame y que sea como nunca te han amado… y te mereces que te quiera hasta hacerte llorar de felicidad.
Te mereces alguien que anhele dormir a tu lado y que sueñe con llenarte de besos mientras su mano y la tuya se encuentran bajo las sábanas.
Mereces alguien que se derrita con tu sonrisa y que pierda el sueño sólo por verte dormir, alguien que sepa acariciarte y que se le erice la piel mientras lo hace la tuya.
Te mereces alguien que te sueñe y te escriba y que cuando lo haga sea de verdad verdadera, te mereces que esté ahí, que siga ahí y que sea por ti.
Te mereces alguien que cuando vea la Luna la llame con tu nombre y que solo lo sepas tú.
Y te lo mereces porque merecerlo a veces asusta.,,
…Como se asusta la Luna cuando ve salir el Sol y siente su energía y calor.
Y sé que te lo mereces porque de eso se trata, de querer y dejarse querer… de sentir… de vivir y de disfrutar contigo y junto a ti.
Te mereces ser feliz.
Y defendería esto que escribo en el cielo y en la tierra…. y te lo susurra quien ha estado en los dos sitios y decidió quedarse abajo porque hasta las estrellas deciden bajar y estrellarse de vez en cuando.