Juntos somos Imposibles!!

Me apetecía hacer una tarde de despedida… era nuestro último día después de un verano intenso e inolvidable en muchos sentidos. Así que cuando a media tarde he cerrado el portátil les he propuesto pasar nuestra última tarde paseando por la playa…

Mientras caminábamos hablábamos de todo lo que habíamos hecho este verano y al llegar a la altura del Carrer del Mar se han encontrado con una inmensa araña repleta de niños que subían por ella.

J rápidamente se ha ido a escalar por ella y P ha seguido sentado a mi lado. Me ha cogido fuerte del brazo, ha pegado su cabecita a mi estómago y me ha dicho flojito… “Sabes lo que más me ha gustado del verano? El día del túnel en la playa, ese día juntos fuimos más que imposible”. Y mi corazón se ha parado y emocionado a partes iguales recordando aquella tarde día atrás.

Aquella tarde de playa cansados de luchar contra las olas se dispusieron a construir un túnel, su objetivo era hacer unos agujeros tan profundos como pudieran y unirlos con un túnel sin que la arena se viniera abajo.

Mientras cavaban como si la vida les fuera en ello y el nivel de arena en su cara empezaba a ser preocupante un Señor se puso al lado mirando. Y a los segundos se les acercó y dijo “Dejadlo. No lo conseguiréis. Se hundirá el túnel antes de unir vuestras manos. Imposible.

P me miro triste y miraba a J… “y vais a dejarlo solo porque os ha dicho que no se puede? Y si podemos y juntos hacemos lo imposible? – les dije intentando animarlos.

Y ahí me fui. Ni recuerdo la última vez que había hecho algo similar… y los tres comenzamos a cavar y cavar hasta donde mi brazo dio y con dos agujeros separados por casi un metro comenzamos poco a poco a unirlos con un túnel… y mientras el susodicho nos miraba y unos niños empezaban a hacer corrillo animándonos.

Finalmente conseguí quitar el último puñado de arena y metiéndonos literalmente en el hoyo conseguimos unir nuestras manos en medio del túnel. Fue de esas imágenes que valen un verano. Saltaban, aplaudían, gritaban y lo hacían alrededor todos los niños que hacían corro… y nosotros llevados por el momento brazos en alto como en una escena final de Rocky.

Papá! Papá! Juntos somos imposibles!!!” – gritaba alegre P saltando por la arena.

Y el susodicho aplaudía y reía.

No he conocido un niño que no sueñe con conseguir grandes cosas, con inagotable capacidad de superación e infinita determinación para perseguir sueños. Nos pasamos parte de la vida buscando y leyendo frases del empoderamiento que hemos ido perdiendo por el camino, y a veces, sobran unos puñados de arena mojada y dejar la vergüenza en la toalla para recordarnos que cuando nos aceptamos tal como somos, con nuestras virtudes y habilidades, somos capaces de casi cualquier cosa. Siempre hay alguien con la chispa necesaria para encendernos y llevarnos más allá. Lo esencial… no dejemos de soñar porque casi nada bueno sucede en esta vida si no lo hemos soñado antes. Y es tan bonito cuando sucede…

Cuanta razón tenía Albert Schweitzer cuando dijo “la edad arruga la piel pero renunciar a los sueños arruga el alma”.

Aquella tarde no pensé que le había causado tanto impacto lo sucedido a P… su frase me parece tan maravillosa como genial y resume a la perfección muchas de las ideas y valores de las que intento ser ejemplo para ellos.

Lo imposible va ser olvidarla y no llevarla grabada… Gracias J, gracias P por hacer del paseo un momento tan especial. Seguiré intentando y me esforzaré para que no se vayan a la cama sin sueños por cumplir, ellos forman parte indivisible de los míos.

Esta noche nos vemos en los sueños… juntos es imposible que se nos arrugue el alma.

Jorge Juan García Insua

Verano Azul

Los veranos de mi vida han tenido finales de toda índole. Los recuerdo con olor a sardinas a la brasa, de viajes increíbles en una bicicleta BH medio destartalada, a revolcones entre olas y confidencias juveniles, a biberones, a melones robados en carreteras secundarias, a viajes locos de rock salvaje, a sexo, a besos a escondidas y amores que nunca llegaron al otoño… y el que acabó con su sesión. Tal día como hoy, sobre esta misma hora cuando dijo que quería que septiembre fuera el inicio de su nueva vida y mi mente evocada de la imagen de todos esos coleccionables que empezarán en unos días y raro es el que pasa del tercer fascículo…

Así que decidí planteárselo tal cual… Imagínate que este septiembre es tu coleccionable, ese que detallará tu vida las próximas semanas, los próximos meses… cuál será la primera entrega?

Me lanzo una mirada perdida y una sonrisa llena de silencio… y así pasaron los segundos hasta que me dijo “la primera entrega es sobre quién va a acompañarme en las siguientes… y quién no”. Y así comenzó una intenso viaje de una hora.

“Y llegó aquí cansada, no me caen más lágrimas de lo cansada que estoy de llorar. Cansada de perseguirlo, cansada de huir, cansada de esconder lo que siento, cansada de no saber cómo compartirlo, cansada de fingir que todo esta bien cuando no ha ido nunca tan mal. Me siento sola. No quiero sentirme así nunca más “.

Y al final le resultó que la rutina no es tal, que lo que queremos cambiar no es lo que hacemos sino con quién, quién nos aporta, quién nos acompaña, quién cambia de estación con nosotros, quién seguirá coleccionando nuestros fascículos cuando ya no vengan con regalos, aunque alguno salga unos días tarde o no sean tan brillantes como la publicidad prometía…

Hace unos días leía que un canal de televisión repone cada verano la serie Verano Azul por falta de fondos para invertir en nuevas producciones, y que haciéndolo descubrió que la nostalgia es una poderosa arma de negocio pues todavía remueve y nos engancha. Lo malo de vivir de recuerdos es que si vives prendado de ellos dejas de generar nuevos, y cuando esto sucede, cuando siempre vuelves a los mismos acabas identificando el último de ellos… y aunque te duela entiendes que como las buenas series… o como los coleccionables… hubo un primero y hubo uno que puso punto final. Y es en ese momento cuando se cierran heridas. Es ese instante sanador el que te impulsa a comenzar de nuevo y pasar pagina, de capítulo, de serie…

Eso entendió al final de la sesión… aquel había sido su último verano, su Verano Azul… Las personas como sucede cada año pasamos por estaciones, el cambio es inevitable, no puedes hacer nada, no siempre está claro cuando acaba una y empieza otra. Sólo puedes aceptarlo y abrirte a ellas porque aunque una estación te venga mal girada te queda el consuelo de pensar que ninguna es para siempre.

Posiblemente no fue el mejor verano de su vida… pero sin duda dio paso a un emocionante septiembre lleno de maravillosas entregas.

Aquellas fueron sesiones con olor a verano… a paseos de la mano por la playa, a rayos de Sol a través de las persianas bajadas, a tardes de terraza sin prisas, a abrazos que duran una siesta… y ahora aquí, finalizando agosto delante de la piscina de mi verano, con el Sol medio desaparecido, la playa al fondo y el olor a mar he conectado con aquella sesión y con los veranos de mi vida… y con la enorme ilusión de un nuevo septiembre.

Jorge Juan García Insua

S de Esperanza

«-¿Por qué soy tan diferente a ellos?
– El Sol de la Tierra es más joven y brillante que el de Krypton. Tus células han absorbido su radiación, fortaleciendo tus músculos, piel, sentidos… La gravedad de la Tierra es menor y, en cambio, su atmósfera más rica. Aquí te has hecho más fuerte de lo que jamás habría imaginado. La única manera de saber cuánto es poner prueba a tus límites.
Darás a los habitantes de la Tierra un ideal por el que luchar, intentarán seguirte. Tropezarán. Caerán. Pero con el tiempo… se unirá a tí en el Sol, Kal. Con el tiempo… les ayudarás a lograr grandes proezas»
(*)

Siempre tengo la duda de si mis hijos entienden lo que para mí es importante y me esfuerzo en enseñarles que por encima de todo si hay algo que quiero inculcarles son valores. Esta mañana J quería ver Superman conmigo, absorto y con los ojos como platos miraba metido en el papel de superhéroe y tras esa secuencia me ha dicho…


Papá tú eres mi Superman! -me dicho cogiéndome la mano… Ayudas a los demás y haces cosas para ver tus límites… Sólo te falta volar, aunque si te pones una capa…

Y se me ha encogido el corazón… y le he apretado la mano con la emoción desbordada por mis dedos.

Te quiero mucho superpapá! -me ha susurrado mientras se acomodaba en mi regazo y yo con los ojos mojados incapaz de mover un músculo.

Y viendo a Superman descubrirse en su primer vuelo hemos volado con él, no ha hecho falta decir nada. Sobraban las preguntas y mirándonos teníamos todas las respuestas. P se ha acercado, se ha tumbado a mi lado, me ha dado un beso y nos hemos quedado en silencio viendo la película.

A Superman no le interesa la fama ni el reconocimiento. Promueve sentimientos como la compasión, la nobleza, la bondad, la amabilidad, el desinterés traducido en ayudar a los otros, la diferencia entre el bien y el mal y sobre todo, que no hace falta ponerse un traje de superhéroe para tener el poder de ayudar y cambiar situaciones que parecen ante algunos ojos imposibles.

Los padres de Superman creían que su mundo, Kripton, había perdido la posibilidad de elegir qué ser, los niños nacían predeterminados a ejercer un rol… y si un niño aspiraba a algo más? Y si cada niño es diferente y único? Superman encarna esa creencia, el sacrificio de sus padres es fruto del amor por su hijo, qué padres no se sacrificaría hasta el final por darle una oportunidad? Esa es su esperanza, eso significa el símbolo que lleva en el pecho. Esperanza en el potencial de cada uno para ser alguien mejor al servicio de los demás. Eso es lo que el padre de Superman le explica para hacerle entender quién es y lo que puede ofrecer a los habitantes de la Tierra.

No sé a lo que se dedicarán mi hijos cuando crezcan pero sí espero que sean dueños de su vida, que sean tan diferentes como deseen, que respeten a los demás por encima de todo, que sean cabezotas y se esfuercen por lo que quieran de verdad, que se rían mucho de sí mismos y nunca de los demás, que sepan pedir perdón y aprender de sus errores, que asuman riesgos, que no den importancia a lo físico y sí a lo que hay debajo, que el camino a veces tiene curvas y que todas ellas tienen algo que enseñarles si son humildes para aprender, que el mundo está lleno de ángeles, que sean apasionados e intensos en el amor, que se arriesguen y que la vida a veces no es justa pero ellos… ellos siempre serán maravillosos.. y mi fuente inagotable de fuerza.

Superman se oculta al mundo por miedo y con el tiempo y la guía de su padre aprende a aceptar la responsabilidad que se le dio, y haciéndolo comienza un ejercicio de autodesarrollo, crecimiento y aceptación propia…. J no estaba equivocado, tengo mucho que aprender de él… y de Superman.

La primera película que ví en un cine fue Superman II, me llevó mi padre y mi abuela… me cautivó y marcó como no podía imaginar. Aquella tarde aquel niño soñó con lo que parecía imposibles, pero su inocencia le hizo pensar que para volar necesitaba una capa. Aún recuerdo aquella tarde en el Cine de Paseo La Salut… Desde entonces es un personaje que por muchos motivos ha ido apareciendo y ligándose a momentos de mi vida, muchas personas importantes para mí me lo han ido recordando… hoy ha vuelto a suceder, ya sin capa y tengo la sensación de que lo ha hecho para cerrar un círculo.

J me ha pedido que para el próximo Carnaval nos disfracemos de superhéroes. Él será Spiderman, P Batman y yo… quiere que yo sea Superman…

Y esa ha sido mi promesa. El camino me pone una capa por delante… tal vez sea el momento de volvérmela a poner…

Jorge Juan García Insua

(*) El hombre de acero (2013). Zack Snyder.

Ssssshhhhhhh!

Me han dicho que la relación que tengo con el silencio es particular…

Particular? -repregunté.

Sí, rara -afirmó.

Sí, soy de esas persona raras que se sienten cómodos con el silencio, que lejos de sentirse solo con él siento que me acompaña y que incluso hay momentos donde lo necesito porque a través de él puedo conectar con situaciones, con personas, conmigo, contigo.

Cuando de forma habitual el silencio puede ser interpretado como una falsa sensación de normalidad, de “hacer como si nada hubiera pasado”, apatía o indiferencia, yo creo que el silencio dice que no y dice que sí, no puedes aunque quieras adornarlo, es respuesta y da espacio a la pregunta si te concedes el tiempo necesario para formularla adecuadamente.

Lejos de ser ausencia recoge la presencia cuando es auténtica y la protege para que crezca y se fortalezca. Para algunos será distancia y enfado… para otros paz, serenidad, cercanía y felicidad. Cuando dudas sobre ti es espejo, te recuerda el camino recorrido y te acompaña aunque no lo escuches. Cuestiona lo que vemos y nos despierta cambios que sólo así podemos concebir… desde el silencio. Solo así seguimos esperando… desde el silencio.

Cuando es compartido se convierte en un lenguaje propio con la maravillosa capacidad de hacer cómplices, de mostrar respeto y cariño. El silencio es una compleja forma de comunicación que necesita de una conexión inmensa, confianza absoluta y te abre las puertas a escuchar lo que no se oye. Al silencio no puedes quitarle el turno de palabra, así es de especial.

El silencio es el estruendo emocional más intenso que podemos llegar a vivir, capaz de rompernos por dentro y remendarnos a continuación. El silencio acompaña a la mirada transparente que dice “estoy contigo” y al abrazo que grita “estoy para ti”. Y en ambos casos deja cicatriz…. silenciosa e invisible para la piel y enorme para el corazón. Es honesto, a la conciencia no la puedes mentir. En silencio me encontrarás..
La segunda estrella a la derecha todo recto hasta el amanecer, ahí, justo ahí… en silencio tú y yo.

Silencio. El que por encima de muros de dolor te acompaña en el duelo. Lágrimas huérfanas de sonido. El mismo al que le hablas cuando de nuevo sale el Sol. Ssssshhhhhh… soledad compartida, cuarto oscuro, mirar el mar desde el Pont del Petroli y sentir la sal mientras se deposita en tu piel… en silencio…. un beso.

Decía T. Bruneau “el silencio es la lengua de todas las fuertes pasiones: amor, cólera, sorpresa y miedo» y un viejo proverbio que “el silencio prolongado lleva a la locura”. Locura… amor… miedo… silennnnnnnncio.

El silencio como la vida es bueno cuando uno lo acepta. Como todas las cosas hay que aceptarlas tal como son, simplemente porque son así. Y abrirse a él. Desnudo para mí y desnudo yo para quien conecta conmigo entre silencios.

Bonito sería si nuestras palabras fueran más hermosas que nuestros silencios. Ni toda distancia es olvido ni todo silencio es olvido. Palabra.

Sí es raro, sí… soy muy raro.

Jorge Juan García Insua

Este mundo está falto de Mafaldas

«Si un niño te trata mal es porque le gustas…«_

Iba caminando cuando he escuchado esta frase y al girarme he visto como una madre se lo decía a su hija pequeña, que debía tener aproximadamente la edad de mis hijos. No le he dicho nada pero debería… He hecho la intención, me he girado pero no me he parado. Y ahora me arrepiento…

Debería haberlo hecho porque Señora un niño no trata mal a una niña porque le gusta. Lo hace porque al permitir eso estamos aceptando aceptando la violencia y todos tenemos la obligación de enseñar y hacer comprender que ese comportamiento es violencia…. Y el resto depende del maquillaje que le queramos poner.

Déjeme Señora que comparta con Usted mi opinión e intente expresar cómo lo veo y creo que debería verse… Los niños, más allá de ser niños o niñas, porque eso al final a esa edad (y a cualquiera) es indiferente, han de aprender a respetar y ser respetados y está en manos de los padres y del entorno en el que educamos a nuestros hijos potenciar su desarrollo emocional y el tipo de relaciones interpersonales que deben tener niñas, niños, hombres y mujeres.

El género no debería ser nunca motivo de desaprobación o juicio ni tampoco convertirse en una excusa para reprimir sentimientos ni justificar menosprecio en cualquier de sus formas. Los niños aprenden de lo que los padres hacemos y de cómo vivimos. Enseñemos les a comportarse con coherencia y sobretodo respeto.

Si queremos enseñar hábitos y ya lo decía Aristóteles, debemos aprender a ser nuestra mejor versión posible. Y para alcanzarla tenemos que desaprender, escuchar, criticarnos, ver y comprender la realidad de nuestro entorno y cambiar lo que no funciona. Y la igualdad de géneros y la ausencia de violencia machista todavía «no funciona» y para que lo haga hemos de dar el peso y valor necesario a las palabras evitando así asentir con el silencio como si no fueran importantes. Lo son… y de que lo sean cada vez más dependerá la vida de personas hoy, mañana y por desgracia al otro.

Señora… si soy sincero su frase me asusta. Pensará que soy tremendista o posiblemente algo peor, pero no puedo ser imparcial y hoy no me sale hacer el esfuerzo. Esta vez no. Y no puedo porque he conocido a demasiadas personas que han luchado, luchan y siguen luchando por superar situaciones que empezaron con una frase como esa.

Nadie que haya escuchado historias como las que he escuchado puede evitar que se le estruje el corazón al escuchar una frase así. Podría hablarle de sesiones para días oscuros de lunes a domingo, de ojos mojados, llenos de pesados pasados, de relaciones truncadas que no pudieron crecer, de amores perdidos, de días duros de vergüenza, miedo en las entrañas y de vidas dedicadas a curar cicatrices…

Y cómo quiero pensar que el camino a veces tiene curvas y se hace de noche pero que ningún túnel es eterno y al final siempre hay luz déjeme acabar con Mafalda, porque quien mejor que una niña inocente y con valores para concienciar del derecho a todo niño a ser y ser tratado bonito, sin importar su género:

Entendería que me moleste conmigo y le agradezco la atención si algún día estas palabras le llegan. No es mi intención ni de lejos ofender pero ésto no va solo de mí o de Usted, ni siquiera de mis hijos o su hija… va mucho más allá.

Sólo pretendo llamar la atención y poner el foco sobre algo que no debemos normalizar ni mucho acostumbrarnos, porque nos define a todos como personas y la forma en que nos relacionamos y amamos. Ojalá llegue el día que nadie tenga que arrepentirse de haber escuchado una frase como esa.

Además Señora… Y si alguien le gustas, si a alguien realmente le importas te amará bonito… porque créame si le digo que no hay otra forma de amar.

Este mundo está falto de Mafaldas…

Jorge Juan García Insua

El sentido de mis latidos

Estos días a raíz de mis últimas publicaciones he recibido muchos comentarios acerca de mi vida, todos emocionantes, cargados de cariño y especialmente ayer tras volver a publicar “Chache” en recuerdo de mi padre. Son todos ellos motivos maravillosos por lo que exponerme en estas publicaciones es de las decisiones más bonitas que he tomado en mi vida, y agradezco en el alma cada uno de ellos.

Uno de estos comentarios ha sido de una gran amiga que desde todo el cariño que me tiene que me ha regalado esta mañana una frase “con lo que yo me he quejado estos meses Jorge… y los palos que te ha dado a ti la vida. Le has dado tanto a la vida que te mereces todo el amor que ésta pueda darte por todo lo que tú le has entregado”. Removido me he quedado unos segundos en silencio pensando en todo lo que contenían esas palabras e inconscientemente le he contestado con otra… “el corazón no muere cuando deja de latir. El corazón muere cuando los latidos dejan de tener sentido”.

Siempre me ha resultado una frase muy inspiradora en la que me siento reflejado y refleja lo que me ilusiona en la vida. Tal vez sí que la vida en ocasiones ha sido dura conmigo y me ha dado lecciones que a menudo he tardado demasiado en aprender pero no más de lo que lo es con muchos otros y me gusta decir que todas esas vivencias, sean del tipo que sean, me han convertido en lo que soy y me han llevado donde estoy. Y siento que soy lo que quiero ser y estoy donde quiero estar.

La vida no tiene marcha atrás, guste o no solo tiene marchas hacia delante y a menudo falla hasta el freno de mano. La vida se transforma y te transforma. Te enseña que comenzar siempre da miedo y que un final triste puede venir un maravilloso principio. La clave es qué y quién es realmente importante para ti, qué decides llevar en tu mochila y con quién decides compartir el peso y el camino.

Recuerdo ahora un fragmento de un texto de Berth Hellinger que compartí en las redes hace mucho tiempo…

«La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad. La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que queda solo lo importante. La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que Es. La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces. La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.

La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no necesitas ni alas ni raíces, sino solo desaparecer en las formas y volar desde el Ser. La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro. La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender a vivir. La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo.

La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección. La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como rio. La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”. La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe. La vida te quita el amor verdadero, no te lo concede ni permite, hasta que dejas de intentar comprarlo con baratijas.

La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar. La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar. La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos. La vida te acorta, te quita, te rompe, te desilusiona, te agrieta, te rompe … hasta que solo en ti queda AMOR».

De las muchas cosas que me ha enseñado mi camino es que si voy para atrás que sea para entender, porque para vivir siempre… siempre… siempre… siempre hacia delante.

Y si quieres nos vemos en él.

Jorge Juan García Insua

La vida es para valientes (Parte II)

Estaba medio dormido cuando los golpes de la camilla al ser encajada me despertaron. Giré la cabeza y dos enfermeras intubaban y ponían vías a mi nuevo compañero. Antes de marcharse dejaron entrar a su hijo para explicarle donde podía dejar sus cosas y la normativa de visitas del Hospital.

Cuando desperté me quedé mirándolo. Era muy mayor y la imagen de aquella persona en la camilla, lleno de vías y tubos, respiración cansada, sin dentadura y el color amarillento de su piel era de todo menos alentadora.

De madrugada me sobresaltó los ruidos de la cama de al lado. Corrí la cortina con la mano y mi “vecino” estaba sentado, arrancándose las vías y tubos mientras gritando que no quería estar allí y que se marchaba. La imagen era grotesca. Enérgico y malhumorado hasta niveles indescriptibles se levantó mientras la sangre recorría sus brazos y una de sus piernas. Ya de pie, se le cayó la bata y decidido se dirigió hacia la puerta de la habitación desnudo.

En aquel momento solo se me ocurrió pulsar una y otra vez el botón de alarma para avisar a las enfermeras mientras en una escena digna de los Hermanos Marx me presentaba a mi fugitivo compañero y le pedía que esperara a que vinieran. Pero aquello parecía sobresaltarse mucho más y repetía que no esperaba a nadie y que se marchaba a casa…. Y aquel que se suponía estaba en el último aliento, que no hablaba y no se podía moverse salió desnudó caminando tambaleante por el pasillo…

Cuando su hijo llegó al día siguiente le expliqué lo sucedido y después habló con las enfermeras… y mi compañero de habitación empezó a hablar para dejar claro a todos que se iba, que no seguiría un solo día más allí y que no tenía intención de morirse, o al menos no en el hospital. No se fue tan rápido como deseaba pero pocos días después me volví a quedar dueño y señor de la habitación.

Llegó desahuciado y se fue a los pocos días a casa, tal como había dicho, ante la sorpresa de médicos y enfermeras que no podían creer lo que había pasado esa noche. Ninguna de las opciones médicas pasaba por lo que había sucedido, y a él tampoco parecía importarle.

Cuando meses después empezar mi recuperación ya fuera del hospital y tenía que vendarme piernas y sufrir fuertes dolores tras pequeños pasos recordaba lo sucedido aquella noche en el hospital. Su determinación y ejemplo me llevo a ir más allá del intento y pensar que si él había hecho aquello yo no iba a quedarme atrás. Se lo debía a muchas personas y se lo debía a él.

Nunca supe realmente por qué había ingresado, nunca encontraron que sepa un cuadro claro… tal vez sucedió que yo lo necesitaba, que tenía una lección que enseñarme y para que a aquel joven no se le olvidara la dio de la forma más magistral y con toda la parafernalia posible que permitía una habitación de hospital. Aquella noche te convertiste en una versión moderna del Sr Scrooge de Charles Dickens que se transformó en el Espíritu del Presente para señalarme el camino.

Imposible saber hasta dónde hubiera llegado yo si Antonio, que así se llamaba, no ingresa aquella noche…. pero no hubo día de recuperación que no me acordara de él.

Te debo una disculpa Antonio… nunca de supe agradecer lo que hiciste por mí y que aquel día estirarás de nuestro lazo. Estés donde estés que sepas que seguí tú ejemplo y que en mi caso y por fortuna los médicos tampoco acertaron… A mí también me dijeron que no podría y por eso lo hice.

Te llevo conmigo…

Jorge Juan García Insua

La vida es para valientes (Parte I)

Esta tarde mientras esperaba para cruzar el paso de cebra delante de mi casa ha pasado una ambulancia y detrás de ella un taxi… y esa imagen me ha transportado a muchos años atrás.

Aún no había llegado a la mayoría de edad cuando estuve ingresado una larga temporada … inmovilizado completamente y los médicos me insistían que no debía moverme, aunque lo cierto es que de quererlo tampoco hubiera podido y a duras penas tenía fuerzas para asentir con la cabeza…

Mi primer compañero de habitación en aquella quinta planta del Hospital Can Ruti fue un hombre que pasó una sola noche conmigo, la previa a una operación de cáncer de pulmón. Fue una noche intensa y llenas de intensos silencios, tan solo rotos por una de las declaraciones de amor hacia su pareja más bonitas que años después todavía puedo recordar.

Su mujer me pidió permiso para correr la cortina que separaba las dos camas y se sentó a su lado. No pude evitar girar la cabeza e intentar ver a través de aquella tela, que se volvía medio transparente por el efecto de la luz encendida en su mesita. Las sombras hicieron el resto… Se sentó al lado de su marido, le dio la mano y él completamente roto se medio levantó para abrazarla, como se abraza cuando piensas que será la última vez.

Cuando creyó comenzar a controlar la emoción fue recordando entre sollozos y voz entre cortada cómo se habían conocido todavía adolescentes y como aquella relación estaba llena de historias y momentos hasta llegar a aquella noche.

Nunca le dije que llore casi tanto como él, que cerré mi boca con fuerza mientras me caían las lágrimas y sin poder evitar tener la cabeza girada viendo las sombras de aquella escena, que me rompí con ellos. Allí, en aquella habitación este todavía niño adolescente vivió tal vez su primera historia de amor… verdadero.

Aún hoy y pasados tantos años hay momentos donde quiero o necesito conectar con el amor o con el miedo a perder a la persona que quieres y por la que morirías llevo mi mente a aquella noche. Aún hoy me emociono… «me mata pensar que no te he querido suficiente…».

La mañana siguiente cuando tras prepararlo para el quirófano se quedó tumbado en su cama, ya encarada esperando al celador, me miró, al hacerlo vi pintadas en su cuerpo las líneas que señalaban cómo iba a ser operado y me dijo “lo siento… creo que no estás en la planta más adecuada para alguien tan joven como tú y perdona que no te hayamos dejado dormir, pero tengo miedo y tengo miedo de perderla. Espero que tu próximo compañero sea más divertido. Mucha suerte y no te estés aquí demasiado tiempo!”.

No supe contestar ni reaccionar de ninguna forma. No me salieron las palabras ni tan solo fui capaz de respirar… y así me quede mientras se lo llevaban.

Y cuando salió de la habitación lloré y aprendí que para amar no hace falta abrir los ojos, basta con abrir el corazón, entregarlo y escuchar.

Esa noche pregunté y me dijeron que me cambiaban el compañero, que la operación había ido “bien” pero que estaría en cuidados intensivos un tiempo antes de subirlo de nuevo a planta, y que en un rato conocería a mi nuevo compañero…

Jorge Juan García Insua

Amor después de amar

Abrazarla le daba la vida, pero no podía dejar de pensar que aunque podía escuchar sus latidos y aquella especial conexión en cualquier momento se levantaría y se marcharía. Como otras veces… la acompañaría al coche y al volver se sentiría vacío.

Él le había pedido que se quedara en más de una ocasión. Sin éxito confiaba en que la memoria de la piel, el amor, el sueño y el placer fueran invitación suficiente… Una noche, sólo una noche y hubiera bastado. Soñaba con despertar a su lado, mimarla y decirle lo bonita que estaba con los ojos somnolientos y el cabello enmarañado. Era tan bonita que podría pasar las noches mirándola inmóvil para no despertarla, contando sus respiraciones y deslizando casi sin tocarla sus dedos por sus brazos y mejillas.

Tantas veces se lo hubiera pedido de rodillas como tantas permaneció en silencio… por miedo a conocer su respuesta, que no sintiera lo mismo, que desapareciera el hechizo, que se sintiera presionada a hacer algo que no deseaba o que no le salía… de dentro, del corazón… Le había dicho que se había enamorado de ella y de todo lo que era y que la quería libre, para ser, para estar, para entrar en su vida y para salir… aunque ella no podía ni imaginar como le amargaban sus ausencias y el eco de esas palabras.

Romántico hasta la médula no podía evitar llegar a casa y estirarse sobre las sábanas que minutos atrás habían compartido y viajar al futuro juntos mientras el aroma de su piel llenaba la habitación y lo adormecía lentamente. Después de estar con ella despertaba extrañado, la buscaba con los ojos cerrados y al no encontrarla se auto convencía para seguir esperando el día que en todo cambiara y no quedaran puertas por abrir ni ventanas por mirar si no era junto a ella.

Y dejó la cama sin hacer y las sábanas revueltas… por si decidía volver… para echarla menos de menos… con su pecho por si decidía dormir en él y sus alas por si decidía volar. Amando después de amar.

Jorge Juan García Insua

*Fragmento de un texto todavía no publicado.

Ojos perfectos para amores en colores

Todas las sesiones acababan por mi parte con la misma pregunta… ¿Hay algo más que necesites de mí? 

Todas tuvieron siempre la misma respuesta… “Un abrazo”. 

Cuando llegamos a la última no hizo falta que te preguntara porque ambos nos levantamos y nos fundimos en un largo abrazo mientras notaba como tu respiración se esforzaba en contener la emoción… yo en contener la mía.

Nunca deberíamos habernos conocido, el que haya pasado, o al menos de esa forma, no debería haber sucedido nunca y tengo que reconocerte que tengo algún que otro texto escrito que decidí no publicar sobre la rabia que me generaba no la sesión en sí sino el motivo de la misma y la responsabilidad que todos y cada uno tenemos sobre lo que estabas viviendo y el enorme coste personal y profesional que yo sabía de primera mano que te estaba suponiendo.

Recuerdo que al acabar la última sesión quise darte un detalle que anclara todo el camino recogido y te di avergonzado un trozo de papel doblado hasta la extenuación. Lo desplegaste, leíste en silencio y luego recitaste:

Y DE TI

Dicen del cielo que es infinito

De las estrellas que son inalcanzables

De la Luna que es para los enamorados

Y del hombre…

Dicen de la Paz que es silencio

De la ternura que se alimenta de lágrimas

De los besos que son para los enamorados

Y de la mujer…

Y de la persona que hay en ti

Dirán que recorrió el camino

Entre la mentira y el perdón

Que la vida le debe amores en colores

Que dejó puertas abiertas

Para ver entrar la Luz

Maneras de vivir…

Y me volviste a abrazar.

Hoy me he encontrado con el borrador de esas líneas, y como siempre pasa con las cosas importantes ha coincidido con que me has escrito para recordarme una promesa que aún no había cumplido. En una sesión dijiste «creeré que algo puede cambiar cuando vea a más hetero maquillado como yo y sin avergonzarse de ello» y yo decidí recoger el guante. He estado a punto varías veces, a decir verdad, y la excusa perfecta sería decir que no había encontrado hasta hoy cómplice. Primero pensé en pedírtelo a ti´pero hubiera roto la sorpresa. Luego pensé en pedirle a mi sobrina pequeña que disfrutaría como loca maquillando mi rostro, pero este fin de semana decidí que el simbolismo de todo esto requería de manos más expertas… porque como ya me conoces, ya que lo hacemos vamos a hacerlo bien y poner el corazón en ello.

Acompañarte en tu proceso respetando tu espacio, ofreciéndote silencios y respetando tu angustia me llevó a vivir tu miedo y el miedo de los demás a que pudieras amar, porque de eso trataba… de amor… y de temor.

Tienes todo el derecho a amar y que te amen, a mostrarte sin temer ser juzgado por tu orientación sexual. Me resulta inconcebible que el odio reste derechos a las personas. El mundo pertenece a personas como tú que con un talento inmenso para enseñar y guiar a otros ha de lidiar con la homofobia, los prejuicios y el miedo al mismo tiempo que se siente abocado a sacrificar su vida personal para poder ejercer la profesión que le llena. Tienes razón y todavía queda mucho camino por recorrer y has cargado demasiado tiempo con piedras que no eran tuyas. El único que no estaba confundido eras tú. Dijo Billy Wilder en Con faldas y a lo loco “nadie es perfecto”, sería demasiado esperarlo de algunas mentes limitadas.

Confío en que seamos capaces de acortar las distancias entre nuestro mundo, el tuyo que es el mío, y el de todos esos “demás”, porque mundo que yo sepa hay solo uno y todos vivimos (y amamos) en él.

Me enseñaron que lo importante no es lo que se promete sino lo que se cumple y aquí me tienes. Esta es mi forma de mostrar el enorme respeto y cariño que te proceso… a ti, a todo lo que he aprendido durante estos meses y a todos los que como tú han de superar frustraciones ajenas.

No tengas vértigo, me gusta verte saltar barreras y romper muros… No hay maquillaje más perfecto que ese, y yo estaré saltando junto a ti.

Nos vemos en el camino.

Jorge Juan García Insua

El matrimonio y el arte de repararse

Hoy me han pedido matrimonio.

No una vez… sino dos.

Y lo ha hecho alguien que no me conoce prácticamente de nada, salvo de verme en algunos momentos trabajando. Hasta entonces no se había fijado en mí, o al menos no como para sentirse atraída. La diferencia es que esta mañana mientras desayunaba me ha leído, detenidamente hasta el punto de emocionarse y enamorarse de aquello que con más o menos acierto intento describir con palabras.

Tras su segundo intento de desposarme y mientras compartíamos confidencias me sentía avergonzado de cómo alguien podía sentir algún tipo de conexión a través de este blog, y sobre todo, de lo acertado de todo aquello que sobre mí creía saber. En un momento me ha dicho que sentía que allá donde me había roto me había hecho más fuerte, pero lejos de dar la espalda al mundo y a la vida me había abrazado a ella, y que sólo eso ya le parecía algo maravilloso y admirable.

Escuchándola y mientras mis mejillas se sonrojaban a niveles estratosféricos he recordado un “Estado” que le cogí prestado días atrás a alguien con quien conecto mucho y que hacía referencia a un arte japonés, el Kintsugi, el arte de hacer bello y fuerte lo frágil. Consiste en reparan objetos rotos, enalteciendo la zona dañada rellenando las grietas con oro. El valor de este arte reside en creer que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso. Y no sólo me parece hermoso sino romántico hasta la médula. Lejos de querer ocultar los defectos y grietas, o directamente deshacerse de la pieza, las cicatrices se remarcan y celebran para que su belleza recaiga en el reconocimiento de su vulnerabilidad, su valentía y su capacidad de recuperación.

Entiendo el Kintsugi es un sentido e incondicional acto de amor donde una herida deja de ser oscuridad para pasar a ser luz e iluminar a otros y hay tanta resilencia en esta filosofía que no puedo evitar sentirme identificado y representado. Es una metáfora de la vida misma, en que la que a menudo nos falta paciencia para dejar sanar nuestras heridas emocionales o dar el espacio para que sanen otros a los que queremos, donde las ocultamos, las negamos y tapamos para que nadie las vea, llevando el peso del dolor interno y la falsa vergüenza de que puedan ser descubiertas. Cuántos miedos y perjuicios llevamos en la mochila… Y si en lugar de eso hiciéramos todo lo contrario, mostrándolas, reconstruyéndolas y creciendo en el esfuerzo. ¿Y si nos enorgulleciéramos de hacerlo? Y si además nos lo reconocieran y reforzaran el enorme esfuerzo que nos supone, nos las acariciaran y besaran…

Deberíamos enseñar a nuestros hijos esta técnica para que de pequeños se empaparan de la importancia de dar segundas oportunidades y en lo atractivo que puede tener cualquier imperfección. Para que en una cultura donde todo tiene fecha de caducidad y donde las redes sociales siguen potenciando y malformando ideas de belleza imposibles se pudiera perfeccionar el defecto y reconocer nuestra vulnerabilidad e incapacidad para ser perfectos.

Suena a cruzada pero con el paso de los años he tenido la enorme fortuna de cruzarme con “piezas” únicas, irrempazables y fascinantes, que mientras se remendaban crecían y nos hacían crecer a quienes compartíamos con ellas angustias, miedos, emociones y pasos. Como en el Kintsugi con los objetos reparados, acompañar y sentirse acompañado en ese camino de ruptura, dificultad y transformación refuerza los lazos y crea vínculos intensos y especiales.

Aquel día guardé el estado sin tener todavía muy claro por qué y me llevaba a querer reservarlo. Hoy le has dado sentido, me has recordado que debo sentirme orgulloso de escribir, de mostrarme y has dibujado un trocito en algunas de mis reparaciones…

He pensado que ya que leerme te había hecho llegar tarde hoy a trabajar y que en cambio a mi me has provocado muchas sonrisas que menos que escribir de ti, y que si mañana, por leerme y leer de ti, vuelves a llegar tarde que sea sonriendo tú.

No sé si algún día nos llegaremos a casar… pero en cualquier caso ambos tendremos una bonita historia que contar.

Gracias por tu cariño y por ser parte de mi camino.

Un beso…

Jorge Juan García Insua

Conexiones, Lunas y olor a Mar

En Sol aún no había salido y por la ventana entraba olor a mar cuando la llamada rompió el silencio de la madrugada.

Rápidamente cogió el teléfono y susurrando contestaba mientras se deslizaba aún dormido por encima de las sábanas para no despertarla. Ella se levantó somnolienta poco después y al llegar al pasillo y verlo sentado en el lateral del sofá se quedó en la penumbra, en silencio, mirándolo…

Cómo no quererlo, cómo no sentirse atraída por quien la trataba con tanto cariño y suavidad. Hasta él ningún hombre había sido capaz de quitarle la armadura a besos, recorriendo con sus labios su espalda y recreándose cuando llegaba al cuello. Nadie hasta él había besado sus lágrimas mientras la abrazaba fuertemente, nadie hasta él había respondido a sus inseguridades y temores con tanto amor, sin abrir los ojos… “porque no necesito abrirlos para verte, te veo cuando te siento y lo que siento me enamora de tí” le había dicho horas antes… Verlo así en la penunbra mientras la luz del portátil iluminaba y definía las líneas de su cuerpo… se moría de ganas de decirle que volviera a la cama, que deslizara sus manos por sus caderas mientras la abrazaba por detrás… pero cómo no alargar aquel momento, sólo para ella, solo de ella y hacerlo eterno.

Tan inquebrantable por fuera como vulnerable por dentro. Él le había dicho que no se creara tantas expectativas, que él también desteñía, que tenía poco de protagonista de comedia romántica y mucho de diablo desangelado al que el amor le había sido esquivo y que durante demasiado tiempo había pensado muchas veces cuál era su número en la lista de espera… Decía que no quería vivir del pasado, que no quería escapar de fantasmas ni de historias que nunca se han cerrado y que echaba de menos alguien que quiera darle la mano y no soltarla cuando venga lo que tenga que venir. Ella le decía que eran tantos sus silencios y él que decían tantas cosas que a menudo no sabía como callarlos.

Incluso medio vencido por el sueño parecía sereno a contraluz. Son esos momentos en que piensas que a su lado cualquier cosa puede suceder, que das por seguro que si quieres estará siempre, siempre, siempre..

Cómo no sentirse deseada por su personalidad, por su historia y por lo particular de su forma de vivir, por sus contradicciones y por su facilidad para hacerte vivir bonito. Capaz de todo mientras se niega a hacer promesas, un poco torpe, realista lo justo, incansable soñador, inquieto, inteligente, y todavía tan inocente e ingenuo para el amor… siempre esperando que si vas a ser el amor de su vida des un paso y se lo demuestres. Quien no ha querido tener alas para sentirse Dios y divino.

Le había dicho en un momento de debilidad mientras se esforzaba en contemplar sus verdes ojos cerrados que sobre ella no había escrito y sin vacilar le contestó… “Sí lo he hecho, y más de una vez. Desde muchas veces atrás estás ahí”. Y ella se preguntaba si era real lo que sentía, si podía confiar y dejar atrás sus heridas, dejándose llevar como cuando la cogió de las manos y acompasaron sus pulsaciones y latidos mientras le hablaba y controlaba su respiración. Ella que siempre intentaba mostrarse fuerte, inconquistable… y a él le habían bastado unos minutos para tocar su corazón. Tan acostumbrada a luchar sola y coser los descosidos de su corazón se había enamorado de alguien que la quería por lo que tan pocas personas habían sabido ver, y que lejos de interesarle su pasado le abría de par en par su presente.

Preguntas, preguntas, preguntas, preguntas… y una única respuesta para todas ellas. Una de esas que te hacen temblar las manos y tejen de sueños los días. Entonces y siempre.

Y mientras él se tumbaba a su espalda pensó que rara vez la belleza que atrae es la que enamora… sentía su respiración y sus manos recorrían sus piernas… y pensó que tal vez aquel que ahora la acariciaba no sería inmortal pero lo que la hacía sentir sería eterno. Leerlo pueden hacerlo todas, pensó, escucharle susurrar con infinita ternura tras su oreja solo era para ella.

En Sol seguía sin salir, por la ventana entraba el olor a mar y mientras sus dedos húmedos dibujaban en su espalda alas soñaron despiertos con los ojos cerrados…

Jorge Juan García Insua

*Fragmento de una historia todavía inacabada y no publicada

El final de una parte del camino

Y resulta que aún tenía más que aprender…

Cuando esta mañana me desperté y encendía mi portátil no caí en la cuenta de que no escuchaba a Pati… de hecho ha sido P el que al levantarse e ir al lavabo a ver Pati se ha dado cuenta de que Pati no estaba bien, y nos la ha enseñado en sus manos mientras la acariciaba. Poco a poco todos íbamos siendo conscientes de lo que iba a suceder.

Nuestra querida perdiz ha querido que fuese con ella con quienes tuviera que acompañar a mis hijos en su primer duelo. Y no sé si seré capaz, no sé si sabré hacerlo.. de poco me sirve lo estudiado, lo aprendido y todos los duelos donde he acompañado porque este es el primero que hemos de pasar los tres.

Y más allá de abrazarlos, acariciarlos y dejar que decidan cómo, cuándo y dónde quieren despedirse de Pati reconozco mi incapacidad para hacer nada más y mentiría si no dijera que le he había cogido cariño a nuestra plumífera amiga y que me produce gran tristeza su pérdida. Notar las lágrimas de mis hijos en mi pecho mientras los tenía entre los brazos me dejaba sin palabras…

De nuevo entiendo por qué entro por la puerta aquel día y que la lección más importante estaba todavía por llegar. He tenido la enorme suerte de conocer a personas tan inmensas que hicieron de su despedida la mejor de las enseñanzas, ahora espero saber hacerlo yo en un momento emocionalmente tan intenso para J y P.

Te gustará saber Pati que solo hablan de llenar de dibujos tuyos las paredes y de ponerle tu nombre a esta centenaria casa… te bastaron dos días para dejar una huella imborrable.

Días como hoy sumamos capítulos a la experiencia de vivir pero noches como la de hoy necesitan un punto y aparte. Nunca es fácil decir adiós pero siempre es necesario hacerlo desde el corazón.

Gracias por acompañarnos en esta parte del camino.

Te recordaremos siempre.

RIP querida Pati.

Jorge Juan García India

Pati, la perdiz

Todo empezó como suelen viajar los viajes iniciaticos… una historia donde nos encontramos con dificultades en forma de virus para comenzarlo y de futuro incierto… sin saber a ciencia cierta cómo llegaríamos ni cuando nos harían volver…

Y la primera mañana entró por la puerta… pequeña, vigorosa, decidida y claro… decir que J y P no tardaron ni un segundo en adoptarla es obvio. Le conseguimos una caja grande, le hicimos ventanas y descubrimos que quería estar con nosotros porque por la huerta rondaba un enorme gato negro salvaje que se relamía cada vez que la veía en la distancia.

Lógicamente J y P rápidamente se organizaron para cambiarle el papel, darle pan, galletas y otros manjares gallegos, le cambian el papel para que no esté con caquitas… hasta que llegó la segunda noche…

Y debe ser que Pati, que así se llama la perdiz en cuestión, está en plena adolescencia y en un intento desesperado de refrendar su yo y autonomía salvaje, decidió deleitarnos con “píos y píos” durante toda la noche, así que rozamos la locura y yo la necesidad imperativa de comprar una olla…

La mañana siguiente requería una reunión familiar y una alianza, a la que no faltó Pati. El acuerdo buscarle cobijo a Pati durante las noches con alguna de las gallinas familiares de forma que pudiéramos recogerla durante el día. Pero la naturaleza que es caprichosa tiene normas que impiden poner juntas a gallinas con perdices… bajo riesgo de muerte para estas últimas… y claro no fui capaz de encontrarle cama al “bicho” y al final acabo durmiendo en el lavabo… para desesperación del lindo gatito negro.

Esta mañana cuando P me la traía a la cama y la miraba pensaba que todo esto tenía que significar algo. De todas las casas eligió la nuestra, podría haber escapado y sigue aquí, quería dejarla “en adopción“ y no lo conseguí y al final… tengo que pedirle permiso para entrar al lavabo.

Empiezo a entender que gracias a Pati mis hijos han reconectando con mi segunda tierra, están siendo responsables, trabajan el respeto por la vida y los animales, conectan con los sentimientos de protección, entienden que todos necesitamos algo más que comida y agua para sobrevivir y a buen seguro que pasarán los años y se acordarán de aquel verano donde una perdiz adolescente entró para poner nuestras vacaciones boca abajo.

Ahora nos toca hacer un curso acelerado de perdices y llegar a acuerdos de convivencia. He aceptado que Pati se queda en la casa mientras sigamos aquí, que el lavabo es suyo y que si entra ese lindo gatito la defenderemos con uñas y dientes… así es la familia… El día que tengamos que dejarla “en adopción” nos iremos con un sentimiento agridulce por separarnos de ella y al mismo tiempo felices de todo lo que con ella hemos compartido.

Al final tendré que darle las gracias al “gatito”… y a la magia de esta preciosa aldea al borde de la ría.

Love Pati. Love La Barquiña.

Jorge Juan García Insua

Tiempo para ser tú

Cuenta la leyenda que llegó a la Tierra para ser guía del resto de mortales y al principio no sabíamos si era un ángel caído o en su sonrisa pícara y verbo jocoso se escondía un medio diablo. En un momento donde necesitábamos agarrarnos a un símbolo, donde empezábamos a perder la fe y los aplausos se habían silenciado se levantó para recordarnos que los héroes no siempre llevan capa aunque desde hace semanas todos los días nos llena de efectos especiales.

Para ser exacto no necesita mucho traje ni tampoco parece muy preocupado en marcar talla, su poder es muy distinto. Hasta es posible que si estos días estás por Sabadell te hayas cruzado con él o hayas pasado a su lado sin darte cuenta del aura que desprende.

No importa, no te preocupes… Porque si todos fuésemos superhéroes como él no necesitaríamos que aparezca para recordarnos dónde está el suelo, que ante esta vida nadie es invulnerable, que tenemos suerte si caemos y solo nos hacemos rasguños en la rodilla o en el codo porque otros como él se han dejado más dos meses de vida en el esfuerzo titánico de levantarse y caminar. Un esfuerzo reservado para muy pocos, para los elegidos.

Como de grande ha de ser para “castigarse” porque algunos días son malos y se siente de bajón, e incluso en esos días es capaz de sacar fuerzas de ese inmenso corazón para preocuparse por los demás, esperando que llueva para llorar, luchando contra la sensación de que has hecho todo lo que debías hacer y que puede no bastar.

Verte me recuerda que el tiempo es un regalo, que no podemos compartir con todos porque es limitado y que sólo puedes ofrecerlo si decides estar para el otro. Por eso las personas verdaderamente importantes las podemos contar con los dedos de una mano, porque no podemos dedicarle tiempo a todo el mundo y debemos decidir en quiénes lo queremos invertir. Así se forjan los recuerdos imborrables y las relaciones que nos marcan de por vida.

Se que tus pasos ahora has de caminarlos solo, pero yo soy tú y nunca estaré suficientemente lejos si piensas en mí.

Te veo fuera… soy el que está con los brazos abiertos y más lágrimas que tú.

Jorge Juan García Insua